Caravaggio
Epílogo
Sin duda a los contemporáneos de Caravaggio les habría asombrado la magnitud de su fama póstuma. Pocos de los que le conocieron podrían haber imaginado que él y su obra sobrevivirían tanto tiempo, que se les recordaría mucho después de que ellos hubieran sido olvidados.
Pero así es. Apenas alguno de los artistas con los que Caravaggio tuvo relación ha dejado alguna huella en la posteridad. Su amigo siciliano Mario Minniti llegó a los sesenta años produciendo un gran número de retablos mediocres y labrándose una pequeña fortuna, aunque no una gran reputación, en Mesina. El que fuera su ayudante durante tanto tiempo, Cecco Boneri, intentó seguir por su cuenta como Cecco del Michelangelo, pero pronto cayó en una oscuridad casi total. El impetuoso arquitecto Onorio Longhi, que había sido su padrino en el duelo, regresó a Roma un año o dos después de la muerte de Caravaggio, para morir cinco años después de sífilis.
Giovanni Baglione, el viejo enemigo de Caravaggio, vivió largos años y prosperó, recibiendo numerosos encargos de papas, así como de príncipes y aristócratas. Cuando murió tenía casi ochenta años, era un caballero de Cristo y un hombre acaudalado. Pero tampoco tardaría en ser olvidado —o, al menos, recordado principalmente por ser el adversario y biógrafo de Caravaggio—. Orazio Gentileschi, que en una época se había reído con Caravaggio de «Gioan Bagaglia», era el único de su círculo de amigos que podía calificarse de artista. Pintor de considerable fuerza e imaginación, terminó su carrera en la corte de Carlos I y murió en Londres, a una edad avanzada, en 1639, pocos años antes del comienzo de la Guerra Civil inglesa. La hija de Orazio, Artemisia, que fue violada por Agostino Tassi, también llegó a ser una pintora de éxito por sus propios méritos.
¿Y qué fue de aquellos con los que Caravaggio comía, discutía y peleaba? ¿Qué fue de aquellos a los que amó y odió? ¿Del camarero con la herida en la cara, del cirujano-barbero de mirada atenta, del notario resentido? ¿De todos los proxenetas y soldados y jóvenes y muchachas que vivían vendiendo sus cuerpos? Algunos sobrevivieron en sus cuadros, como villanos o mártires, torturadores o apóstoles. La mayoría desaparecieron sin dejar rastro. Pero ha sobrevivido un fragmento: la última voluntad y testamento de Fillide Melandroni.
Fillide fue la primera modelo de Caravaggio. Su atractivo resulta desconcertante en Santa Catalina y en el retrato suyo que Caravaggio pintó en 1598, como una joven que sujeta una flor contra su pecho con una coqueta mirada de pasión contenida. Era Fillide la cortesana que quizá ganó el corazón y, desde luego, aligeró el bolsillo del aristócrata florentino Giulio Strozzi.
En el verano de 1618 Fillide tenía treinta y siete o treinta y ocho años, casi la misma edad que Caravaggio cuando murió. Seguía viviendo en Roma, pero ahora tenía su propia casa. Había prosperado en el mundo. Pero estaba mortalmente enferma, quizá con la misma enfermedad venérea que había acabado con la vida del amigo de Caravaggio, Onorio Longhi. Fillide murió el 3 de julio.
Poco después se hizo un inventario de sus considerables posesiones. El salón donde recibía visitas estaba decorado con paneles de piel repujada en oro. En el centro había una mesa cubierta con un tapete turco y alrededor ocho sillas tapizadas de piel. En el dormitorio tenía una gran cama con cuatro postes dorados y un gran dosel de tafetán y un baúl lleno de lujosos tejidos. Tenía libros, jarrones, plantas, un tintero de cobre plateado, un collar de perlas, veinte botones de oro y dos pendientes de oro con perlas.
El 19 de noviembre sus bienes estaban inventariados y se procedió a su reparto. Se leyó el testamento que había hecho cuatro años antes. Parece que deseaba que sus propiedades fueran vendidas y el dinero obtenido se repartiera entre sus beneficiarios en las cantidades estipuladas. Pero había un objeto que era para una persona determinada: «Item: afirma y declara que tiene en su casa una pintura o retrato de mano de Michelangelo da Caravaggio que pertenece a Giulio Strozzi. Desea que sea devuelto y entregado al señor Giulio».
El retrato de Fillide que realizó Caravaggio, el cuadro que siglos después sería consumido por las llamas en la Segunda Guerra Mundial, era lo más precioso que tenía. Quería que fuera para Strozzi, su protector, que le había permitido tenerlo durante tanto tiempo. Quizá le agradaba la idea de permanecer con él, en su retrato, después de morir. Quizá seguía amándole.
Por el inventario de sus pertenencias y los términos de su testamento se puede pensar que Fillide no era la misma mujer que cuando Caravaggio la conoció. En el pasado había ejercido su oficio de prostituta a la sombra del propio monasterio de las Convertites, una fundación religiosa para la reforma de prostitutas, y había agredido a su rival, Prudenza, en su casa gritando: «¡Sucia zorra! ¡Te voy a rajar, te voy a rajar!». Ahora, además del retrato que había pintado Caravaggio, en su casa había tres pequeñas pinturas religiosas: de la Natividad, de la Virgen María y de Magdalena Penitente, la prostituta arrepentida. Su testamento especificaba que quería ser enterrada en su parroquia. Al final, cuando la muerte se aproximaba, dejó varios legados a instituciones religiosas dedicadas a la Virgen a fin de que se dijeran misas por su alma y un quinto de todo su legado fue para las Convertites. Esta donación estaba escrita por el notario en la penúltima cláusula de su testamento.
Pero quién sabe lo que en realidad sentía Fillide o qué creía verdaderamente. Como el pintor de cabellos oscuros que conoció, se movía en un ámbito incierto, «entre lo sagrado y lo profano».
1. Retrato de Caravaggio, Ottavio Leoni. Un barbero romano
llamado Luca describió al pintor tal y como aparece aquí: «un joven fornido, con barba negra más bien rala, cejas pobladas y ojos negros
[…] vestido de negro».
2. El sacro monte en Varallo, en el moderno Piamonte.
3. Una serie de capillas, comunicadas por senderos de montaña,
contienen figuras polícromas que representan historias bíblicas con
una puesta en escena expresiva y a menudo sangrienta.
4. La lamentación, Guido Mazzoni. Caravaggio sufrió la influencia
de este realismo tan intenso. Conocía bien la obra de Mazzoni y
pintó un cuadro para la iglesia napolitana que albergaba esta
escultura.
5. María Magdalena, Donatello. Las esculturas de Donatello, con su
asombroso realismo, también pudieron haber modelado la
imaginación de Caravaggio.
6. Carlo Borromeo (detalle), Carlo Dolci. Hosco y ascético,
Borromeo era la fuerza dominante en Milán durante los años de
formación de Caravaggio. Sería una figura legendaria en la ciudad
durante siglos.
7. La adoración de los pastores (detalle), Simone Peterzano. El
joven Caravaggio firmó un contrato de aprendizaje con Peterzano, pero no está claro qué aprendió de este flojo discípulo de Tiziano.
8. La Galleria Farnese (detalle), Annibale Carracci. Para sus
patronos, los Farnese, Carracci revivió audazmente la mitología
pagana y erótica en la Roma de la Contrarreforma.
9. Perseo y Andrómeda, Giuseppe Cesari. El joven Caravaggio pasó varios meses insatisfecho como ayudante de Cesari, que le utilizaba
para pintar frutas y flores.
10. Muchacho pelando fruta. Quizá sea una de las pinturas más
tempranas de Caravaggio que han sobrevivido.
Si es así, muestra lo poco que había progresado como pintor cuando
tenía algo más de veinte años.
11. Muchacho con un cesto de frutas. «Un adolescente de piel
suave, ruborizado, de pelo oscuro rizado y expresión de intensidad amorosa», que quizá represente al Amado bíblico del Cantar de los
Cantares.
12. Muchacho mordido por un lagarto. En el lenguaje italiano de la
calle, el dedo mordido representaba el falo herido.
13. Niño mordido por un cangrejo, Sofonisba Anguissola.
14. Autorretrato como Baco. «Hay algo de aprendiz de brujo en esta
pintura, con insinuaciones de comportamientos ilícitos».
15. Baco y Ariadna, Tiziano.
16. Los tahúres. Dos desaprensivos tramposos están desplumando a
un joven aristócrata.
17. La buenaventura. «Una dulce sirena, que encanta con lisonjeros
sortilegios».
18. Retrato del Cardenal Francesco Maria del Monte, Ottavio Leoni. Amigo de escritores, músicos, artistas y científicos, Del
Monte fue el primer patrono de Caravaggio
19. El Palazzo Madama, en Roma, donde Caravaggio vivió varios
años bajo la protección de Del Monte.
20. Medusa. «Convierte en piedra a quien la mira. Toma un
momento del flujo de la vida y hace que dure eternamente. Es lo
mismo que hace Caravaggio. La magia de la Medusa es la suya, un
arte que petrifica».
21. Los músicos. Al pintar un ensayo en vez de la actuación
propiamente dicha, Caravaggio se introdujo entre los bastidores de
una pintura de concierto tradicional.
22. Concierto campestre, Tiziano. La música en un ambiente
pastoral.
23. Concierto, Callisto Piazza. La música como estímulo erótico.
24. El tañedor de laúd. Puede tratarse de Pedro Montoya, un castrato que contaba con el favor de Del Monte. Sus mejillas
hinchadas quizá se deban a los efectos hormonales de la castración.
25. Cesto con frutas. El único bodegón puro de Caravaggio que ha
sobrevivido.
26. Magdalena penitente. En un paroxismo de arrepentimiento,
Magdalena se ha arrancado las joyas y las ha tirado al suelo.
Caravaggio pone de relieve su humildad sentándola en un asiento
muy bajo.
27. San Francisco de Asís en éxtasis. «Esta pintura ofrece un
consolador sueño de la transfiguración, condición necesaria para la
unidad con Cristo». Parece ser un autorretrato.
28. Descanso en la huida a Egipto. Un ángel adolescente
escasamente cubierto se halla entre María y José. Caravaggio tomó
esta figura de una composición de Annibale Carracci (ilustración
29).
29. El juicio de Hércules, Annibale Carracci.
30. Júpiter, Neptuno y Plutón. Decoración para el techo del
laboratorio de alquimia que Del Monte tenía en su casa próxima a la
Porta Pinciana.
31. Baco. En la segunda ocasión en que Caravaggio representó al
dios del vino el modelo probablemente fue su amigo siciliano y
también pintor Mario Minniti.
32. Marta y María Magdalena. Fillide Melandroni, una cortesana no
demasiado penitente, fue la modelo de Magdalena. Su amiga Anna
Bianchi posiblemente posó para la figura de la hermana de María.
33. Santa Catalina. Fillide también posó para esta representación de
la mártir cristiana santa Catalina. «Se inclina hacia la rueda y sus
amenazadores clavos de acero gris como si se acercara a un
amante».
34. Retrato de Fillide Melandroni. Melandroni conservó este retrato
hasta la muerte. Más tarde pasaría a las colecciones nacionales
alemanas y sería destruido en un incendio durante la Segunda
Guerra Mundial.
35. Judith y Holofernes. De nuevo, Fillide frunce el ceño absorta
mientras representa el papel de la heroína bíblica que corta la cabeza
a un tirano.
36. El descendimiento de la cruz. El gran retablo de Caravaggio para
la iglesia de los oratorianos de Roma.
37. Pietà, Michelangelo. Caravaggio adaptó el brazo derecho de
Cristo, que cuelga inerte, para su versión de la misma figura en El
descendimiento de la cruz (ilustración 36).
38. La vocación de san Mateo. «Pasando Jesús de allí, vio a un
hombre sentado al telonio, de nombre Mateo, y le dijo: Sígueme. Y
él, levantándose, le siguió» (San Mateo, 9).
39. La creación de Adán (detalle), Michelangelo. La mano de Adán
en el fresco de Michelangelo fue el modelo de Caravaggio para la
mano de Cristo llamando a Mateo (ilustración 38).
40. El martirio de san Mateo. Caravaggio incluyó su autorretrato
entre los que huyen de la escena del crimen. Mira hacia atrás como
si lamentara no haber ayudado al mártir, herido en el suelo.
41. La conversión de san Pablo (primera versión). Uno de los pocos
fracasos de Caravaggio; fue rechazado inmediatamente por su
patrono, Tiberio Cerasi. El tambaleante sirviente parece un lancero
de una mala ópera cómica.
42. La crucifixión de san Pedro. San Pedro pidió que le crucificaran boca abajo porque se consideraba indigno de sufrir la misma muerte
que Jesucristo. Sus insensibles verdugos le levantan con
indiferencia.
43. La capilla Cerasi (vista frontal). La Asunción de la Virgen, de
Annibale Carracci, sobre el altar. A la izquierda, La crucifixión de
san Pedro y, a la derecha, La conversión de san Pablo, con la grupa
del caballo hacia la Virgen María de Carracci.
44. La conversión de san Pablo (segunda versión). Rechazando el
tumulto y el drama de su fallido tratamiento anterior del tema
(ilustración 41), Caravaggio interiorizó la acción de manera que
percibimos cómo se desarrolla en el alma de Pablo.
45. La cena en Emaús. Cuando Cristo resucitado se revela a los dos
discípulos, éstos reaccionan con gestos de asombro y admiración.
46. San Juan Bautista. Cecco, ayudante en el taller de Caravaggio, fue el modelo de esta representación del santo en el desierto como
un joven sonriente y extático.
47. Ignudo, Michelangelo. Los desnudos masculinos del techo de la
Capilla Sixtina evocan la edad dorada de la mitología clásica.
Caravaggio se apropió de motivos de la obra de Michelangelo
durante toda su vida.
48. El beso de Judas. «El rostro de Cristo, pálido, delicado, sensible
emocionalmente, contrasta con la cara ordinaria y más oscura de
Judas».
49. Escena callejera, Francesco Villamena. Una notoria batalla entre
las facciones profrancesa y proespañola de Roma. Caravaggio tomó
la capa ondeante para su escena callejera nocturna, El beso de
Judas.
50. San Mateo y el ángel (primera versión). Primera versión del
retablo, que fue rechazada por su falta de decoro. Durante la
Segunda Guerra Mundial sufrió el mismo destino que el perdido
Retrato de Fillide Melandroni (ilustración 34).
51. San Mateo y el ángel (segunda versión). Más refinado, pero
menos expresivo, el santo se ha metamorfoseado de un rústico
analfabeto en un digno sabio. La pintura todavía se halla sobre el
altar en la capilla Contarelli.
52. El tránsito de la Virgen, en el que una prostituta sirvió de
modelo de la Virgen. La obra fue rechazada por los sacerdotes de
Santa Maria della Scala: la última gota que quizá impulsara a
Caravaggio a cometer un asesinato.
53. El tránsito de la Virgen, Carlo Saraceni, la pintura que sustituyó
al retablo de Caravaggio, que fue rechazado (ilustración 52).
54. La incredulidad de santo Tomás. «Luego dijo a Tomás: Alarga
acá tu dedo y mira mis manos, y tiende tu mano y métela en mi
costado, y no seas incrédulo, sino fiel» (San Juan, 20).
55. El sacrificio de Isaac. Abraham sujeta a su aterrorizado hijo como si el muchacho fuera un cordero para sacrificarlo. Aquí se
vislumbra el último paisaje en la obra de Caravaggio.
56. Omnia vincit amor (El amor victorioso). El modelo de Cupido
fue Cecco. A un visitante inglés en Roma se le dijo que «era el
cuerpo y la cara de su amigo o sirviente [de Caravaggio] que se
acostaba con él».
57. Amor divino, Giovanni Baglione. El ángel vengador triunfa
sobre el demonio, que ha sido sorprendido in fraganti con su joven efebo. El Satán sodomita de la izquierda es una injuriosa caricatura
de Caravaggio.
58. Boceto para La Resurrección, Giovanni Baglione. Este boceto mantiene la composición del retablo perdido para el Gesù, del que Caravaggio se mofó abiertamente: «Es una birria…, lo peor que ha
hecho».
59. San Jerónimo escribiendo. Una pintura de solemnidad penitente. Quizá fuera un regalo para Scipione Borghese, sobrino del Papa, por
ayudar a Caravaggio a obtener el perdón por una agresión en el
verano de 1605.
60. San Francisco orando. El santo está absorto en la contemplación
de su propia mortalidad y de la crucifixión de Cristo en el Gólgota,
«el lugar de la calavera».
61. San Juan Bautista. Completamente distinto del san Juan
anterior, cuyo modelo fue Cecco, este adolescente de ceño fruncido «casi podría ser una representación del sombrío estado de ánimo de
Caravaggio durante sus últimos años en Roma».
62. Madona del Rosario. Este retablo fue muy admirado por Peter
Paul Rubens, que formaba parte del grupo de expertos que adquirió
la pintura para una importante iglesia de Amberes en 1621.
63. Madona de Loreto. Dos humildes peregrinos a Loreto, con ropa
remendada y costra de suciedad en los pies, tienen una visión
milagrosa de la Madona y el niño.
64. Madona de los palafreneros. La Virgen María y el niño Jesús aplastan a Satán en forma de serpiente bajo la mirada de Ana. El
cuadro fue retirado de San Pedro probablemente por el escote de la
Virgen.
65. Contrato para la malograda Madona de los palafreneros. Aparte
de su firma en la sangre (ilustración 80), éste es el único ejemplo
que sobrevive de la escritura de Caravaggio.
66. Vista de Zagarolo, en los montes Albanos, a las afueras de
Roma. El Palazzo Colonna en Zagarolo fue el primer escondite de
Caravaggio tras el asesinato de Ranuccio Tomassoni.
67. La cena en Emaús. Una interpretación muy distinta de un tema
que Caravaggio había tratado tan sutilmente cinco años antes
(ilustración 45). Después del crimen, su estilo se volvió cada vez
más sombrío, oscuro y mórbido.
68. David con la cabeza de Goliat. Cecco como David, Caravaggio
como la cabeza cortada de Goliat. Con frecuencia se ha fechado
erróneamente al final de la vida del artista, pero en realidad fue
pintado en 1606, como una petición de clemencia por el homicidio.
69. Cupido dormido. Pintado en Malta para un humanista florentino, este cuadro está inspirado en una célebre escultura de Michelangelo.
70. Las siete obras de misericordia. «Esta oscura calle, escenario de
desesperación, dolor y muerte, es el microcosmos del pintor para
representar la brutalidad de la propia existencia».
71. Caridad romana (detalle), Perino del Vaga.
72. La flagelación. La tortura como un acto ilegítimo de intimidad.
73. La crucifixión de san Andrés. La pintura no muestra a san
Andrés mientras es atado en la cruz, como se ha pensado a veces,
sino el momento de su muerte. Sus verdugos tratan en vano de
bajarlo.
74. San Jerónimo escribiendo. Pintado para un destacado miembro
de los caballeros de Malta, es una demostración del talento de
Caravaggio a su nuevo círculo de patronos en la Orden de San Juan.
75. Retrato de fray Antonio Martelli. «Esta representación de un
hombre obstinado y enérgico, ya mayor, con los ojos acuosos fijos
en la distancia, anticipa en medio siglo el retrato maduro de
Rembrandt».
76. Retrato de Alof de Wignacourt con su paje. En vez de un hábito
monástico, el gran maestre lleva una armadura del siglo XVI,
evocando la heroica defensa de Malta en el asedio de 1565.
77. La resurrección de Lázaro. «Lázaro, sal fuera» (San Juan, 11).
Cuando Cristo le ordena que se levante de la tumba, Lázaro no
parece deseoso de despertar de la muerte.
78. La adoración de los pastores. La más trágica de las natividades:
María es una madre refugiada completamente sola en la oscuridad
con su hijo indefenso.
79. Privación del hábito de un caballero de Malta (detalle),
Wolfgang Kilian. La ceremonia de privatio habitus tuvo lugar bajo
el retablo de Caravaggio, que se vislumbra en el extremo del
oratorio.
80. La decapitación de san Juan (detalle, guardas). Caravaggio
firmó su nombre en la sangre que brota del cuello del santo. Es su
única firma en una pintura.
81. San Juan Bautista. La última representación conocida del santo
que hizo Caravaggio. En esta ocasión, el modelo fue un atezado
adolescente siciliano.
82. La adoración de los pastores. Pintado para una cofradía
franciscana de Palermo, es el último de los retablos de Caravaggio en Sicilia. Al parecer, fue robado por orden de un capo de la Mafia
en 1969 y no se ha recuperado.
83. El entierro de santa Lucía. «La iconografía de la pintura sugiere
ingeniosamente esperanza y redención, pero el tono es sombrío.
Casi la mitad del cuadro está constituido por oscura piedra
desnuda».
84. La negación de san Pedro. Una de las dos pinturas que pueden
fecharse después de que el pintor recibiera una cuchillada en el
rostro a finales de 1609. La gravedad de las heridas se trasluce en el
estilo desigual y desmañado de la obra.
85. El martirio de santa Úrsula. La última obra de Caravaggio
contiene también su último autorretrato. Detrás de la cabeza
inclinada de Úrsula, aparece la cara del pintor. Parece gemir
mientras mira ciegamente hacia el espacio.
La influencia de Caravaggio llegó hasta la Ilustración, continuó en
el periodo romántico y se ha infiltrado en el ADN del cine moderno.
86. Experimento con un pájaro en una bomba de aire, Joseph
Wright de Derby.
87. La balsa de la Medusa, Theodore Géricault.
88. Fotograma de Malas calles, dirigida por Martin Scorsese.