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Andrew Gross · Capítulo 16 de 91

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Capítulo 14

Sharon se dejó caer de nuevo en la silla con la mirada vidriosa, distante y perpleja. Un silencio denso se instaló en la estancia.

Kate miró fijamente a su padre. De pronto, lo veía distinto; ahora se daba cuenta. Ya no había por qué ocultarlo. Él lo sabía; cada noche al cruzar la puerta; en cada viaje que emprendían juntos; hasta cuando anoche la abrazó y le prometió que nunca iría a la cárcel…

Mentía.

Lo sabía.

—¿Qué estás diciendo, papá? —preguntó Justin, boquiabierto—. ¿Que esta gente quiere matarte?

—¡Ya lo has visto, Just! Lo viste anoche. Puedo dejar al descubierto parte de su organización. Puedo desenmascararlos en el juicio. Son gente peligrosa, hijo. El FBI… no cree que podamos volver a hacer vida normal.

—¿Podamos…? —Emily se levantó de un salto, esforzándose por entender—. ¿Quieres decir todos nosotros? ¿Es que estamos todos en peligro?

—Ya viste lo que pasó anoche, cariño. No creo que ninguno de nosotros pueda arriesgarse.

—Y cuando hablas de «vida normal», ¿a qué te refieres, papá? ¿A que estos guardas nos acompañarán por un tiempo cuando vayamos a la escuela o al centro? ¿A que, en pocas palabras, vamos a estar prisioneros?

—No, no me refiero a eso —le respondió Raab sentándose de nuevo—. Lo siento, pero es mucho más que eso, Em.

Se produjo una pausa, como si un terremoto hubiera sacudido el tejado y ellos estuvieran ahí sentados observándolo a punto de derrumbarse. Pero no era el tejado, sino sus vidas, lo que de pronto se venía abajo. Todos miraban fijamente a Raab, tratando de imaginar lo que eso significaba.

—Ben, vamos a tener que mudarnos, ¿verdad? —dijo Sharon con gravedad. Ni siquiera era una pregunta. Las lágrimas le nublaban los ojos—. Vamos a tener que escondernos, como delincuentes. Los hombres de ahí fuera han venido para eso, ¿verdad, Ben? Se nos van a llevar de casa.

Ben Raab apretó los labios y asintió.

—Eso creo, Shar.

Ahora las lágrimas surcaban libremente las mejillas de su mujer.

—¿Adónde nos van a llevar, papá? —gritó Emily contrariada—. ¿Te refieres a algún lugar de por aquí? ¿A otra escuela cerca?

Era su vida lo que le estaban arrancando de repente. La escuela, los amigos. El squash. Todo lo que conocía.

—No creo, Em. Y me parece que no podrás decirle a nadie dónde estás.

—¡Mudarnos! —Se volvió hacia su madre; luego hacia Kate, esperando que alguien dijera que aquello era alguna especie de broma—. ¿Cuándo?

—Pronto. —Su padre se encogió de hombros—. Mañana, pasado…

—¡Esto es un disparate, joder! —chilló Emily—. ¡Oh, Dios mío!

Era como si, al llegar a casa, les hubiera dicho que toda la gente que conocían, todo cuanto hacían había desaparecido en algún terrible accidente. Sólo que en este caso más bien eran ellos los desaparecidos.

Todos a cuantos conocían, su historia… su vida hasta ese momento quedaría en blanco, muerta.

Abandonada.

—¡No pienso irme a ningún sitio! —gritó Emily—. Yo me quedo; vete tú. Tú eres quien nos ha hecho esto. ¿Qué coño has hecho, papá?

Salió disparada del salón, y sus pasos resonaron en las escaleras. Se oyó un portazo en su dormitorio.

—Tiene razón —dijo Kate—. ¿Qué has hecho, papá?

Una cosa era verlo así, no la persona fuerte y respetada por la que siempre lo había tenido sino alguien débil, derrotado. Eso podía afrontarlo. La gente engaña a su mujer o pierde el juicio, roba en la empresa. Los hay que hasta van a la cárcel. Pero esto… Haberlos puesto a todos en peligro, haberlos convertido a todos en objetivo… A todos aquellos a los que en principio quería. Kate no podía dar crédito. Su familia se estaba resquebrajando ante sus ojos.

—¿Y Ruthie, Ben? —Sharon lo miró con los ojos vidriosos. Hablaba de su madre —. No podemos dejarla sin más. No se encuentra bien.

Raab se limitó a encogerse de hombros, impotente.

—Lo siento, Shar…

—No lo entiendo —dijo Justin—. ¿Por qué no podemos vivir aquí y ya está? ¿Por qué no pueden protegernos y punto? Es nuestra casa.

—Nuestra casa… —suspiró Raab— ya no será nuestra. El gobierno va a embargarla. Puede que tenga que ir a la cárcel hasta que se celebre el juicio. Creen que podrán conmutarme la pena por el tiempo cumplido. Luego me reuniría con vosotros.

—¿Te reunirías con nosotros…? —Sharon dio un grito ahogado. Abrió los ojos desmesuradamente; había en ellos una expresión temblorosa, implacable—. ¿Te reunirías con nosotros dónde exactamente, Ben?

Él negó con la cabeza. Tenía la mirada perdida.

—No lo sé, Shar…