Colapso
Capítulo 6
Este capítulo es largo, así que está dividido en 2 partes.
desde las cuencas de inundación hacia las más frágiles laderas de las colinas, lo cual dejó una población mayor que alimentar cuando el auge agrícola de las colinas decreció. Al igual que los jefes de la isla de Pascua que erigían estatuas cada vez mayores, coronadas finalmente con pukaos, y al igual que la elite anasazi que se agasajaba con collares de hasta dos mil cuentas de turquesa, los reyes mayas trataron de superarse mutuamente con templos cada vez más imponentes enlucidos con revestimientos de madera cada vez más gruesos; cosa que, por su parte, nos recuerda al extravagante consumo conspicuo de los modernos directivos de empresa estadounidenses. La pasividad de los jefes de Pascua y de los reyes mayas ante las grandes amenazas que de verdad se cernían sobre sus sociedades completa nuestra relación de paralelismos inquietantes.
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Preludio y fugas de los vikingos
Experimentos en el Atlántico • La
explosión de los vikingos •
Autocatálisis • La agricultura de los
vikingos • El hierro • Los jefes
vikingos • La religión de los
vikingos • Orcadas, Shetland, Feroe
• El entorno de Islandia • Historia
de Islandia • Vinlandia
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Cuando las personas de mi generación aficionadas al cine oímos la palabra “vikingos” nos imaginamos al jefe Kirk Douglas, protagonista de la inolvidable epopeya cinematográfica de 1958 Los vikingos, ataviado con su camisa de cuero tachonada y conduciendo a sus bárbaros barbudos en travesías de asalto, saqueo y muerte. Casi medio siglo después de haber visto esa película con una amiga universitaria todavía sigue fresca en mi memoria la escena inicial en la que los guerreros vikingos derriban las puertas de una fortaleza mientras sus desprevenidos ocupantes celebran una fiesta en su interior, para acto seguido estallar en gritos cuando los vikingos irrumpen avasallándolos y Kirk Douglas le suplica a su hermosa cautiva, Janet Leigh, que le proporcione más placer tratando de resistirse a él. Hay mucho de cierto en esas sangrientas escenas: es verdad que los vikingos aterrorizaron a la Europa medieval durante varios siglos. Incluso en su lengua (el antiguo norse) la palabra víkingar significaba “asaltantes”.
Pero hay otros capítulos de la historia de los vikingos igualmente románticos y más relevantes para este libro. Además de ser temibles piratas, los vikingos fueron ganaderos, comerciantes y los primeros exploradores europeos del Atlántico Norte. Los asentamientos que fundaron encontraron destinos muy distintos. Los vikingos que colonizaron la Europa continental y las Islas Británicas acabaron fusionándose con las poblaciones locales y desempeñaron un papel importante en la formación de varios estados nación, en concreto de Rusia, Inglaterra y Francia. La colonia de Vinlandia, que supuso la primera tentativa de colonizar América del Norte por parte de pueblos europeos, fue abandonada rápidamente; la colonia de Groenlandia, que fue durante 450 años la avanzadilla más remota de la sociedad europea, finalmente desapareció; la colonia de Islandia salió adelante tras muchos siglos de pobreza y dificultades políticas, hasta alzarse en los últimos tiempos como una de las sociedades más prósperas del mundo; y las colonias de las islas Orcadas, Shetland y Feroe sobrevivieron sin mucho esfuerzo. Todas esas colonias de vikingos procedían de una misma sociedad ancestral, de modo que sus diferentes destinos se debieron claramente a los diferentes entornos que cada grupo de colonos encontró.
Por tanto, la expansión de los vikingos hacia el oeste a través del Atlántico Norte nos brinda un instructivo experimento natural, exactamente igual que la expansión polinesia hacia el este a través del Pacífico.
La expansión de los Vikingos 1
Inserta en este vasto experimento natural, Groenlandia nos ofrece otro experimento más acotado: allí los vikingos encontraron otro pueblo, los inuit, cuya respuesta a los problemas medioambientales que planteaba Groenlandia fue muy diferente de la que ofrecieron los vikingos. Cuando
cinco siglos después finalizó ese experimento más acotado, los vikingos de Groenlandia habían desaparecido, dejando en manos de los inuit una Groenlandia ya sin disputar. La tragedia de los noruegos de Groenlandia (los escandinavos de Groenlandia) transmite por tanto un mensaje esperanzador: incluso en los entornos más difíciles, la desaparición de sociedades humanas no es inevitable, sino que depende de cómo responda la población.
El ocaso de la Groenlandia de los vikingos desencadenado por razones medioambientales y los esfuerzos de Islandia presentan analogías con los colapsos desencadenados por razones medioambientales de la isla de Pascua, Mangareva, los anasazi, los mayas y muchas otras sociedades preindustriales. Sin embargo, gozamos de ciertas ventajas para entender el colapso de Groenlandia y los problemas de Islandia. Acerca de la historia de Groenlandia, y sobre todo de la de Islandia, disponemos de registros escritos de la época procedentes tanto de esas mismas sociedades como de quienes comerciaron con ellas; registros que son por desgracia fragmentarios pero, no obstante, mucho mejores que la total ausencia de registros escritos recogidos por testigos de aquellas otras sociedades preindustriales. Los anasazi murieron o se dispersaron; la sociedad compuesta por los pocos supervivientes de la isla de Pascua acabó transformada por gentes ajenas a ella; pero la mayor parte de los actuales islandeses son todavía descendientes directos de los hombres vikingos y sus mujeres celtas; que colonizaron por primera vez Islandia. Concretamente, tanto la de la Groenlandia noruega como la de Islandia fueron sociedades europeas medievales cristianas. Así pues, sabemos qué significado tenían las iglesias en ruinas, el arte que se ha conservado y los utensilios hallados en los yacimientos arqueológicos; mientras que, por el contrario, es necesario formular muchas conjeturas para interpretar el significado de los restos arqueológicos de aquellas otras sociedades. Por ejemplo, cuando flanqueé una abertura del muro oeste de un edificio de piedra bien conservado que fue erigido en Hvalsey, Groenlandia, en torno al año 1300, sabía, comparándolo con las iglesias cristianas de otros lugares, que ese edificio también era una iglesia cristiana, que se trataba en concreto de una réplica casi exacta de una iglesia de Eidfjord, en Noruega, y que la abertura del muro oeste era, igual que en otras iglesias cristianas, la entrada
principal. En contraste con ello, no podemos esperar entender con tanto detalle el significado de las estatuas de piedra de la isla de Pascua.
Los destinos de Islandia y de la Groenlandia noruega revelan una historia aún más compleja, y por tanto mucho más instructiva, que los destinos de la isla de Pascua, los vecinos de Mangareva, los anasazi o los mayas. En ella intervinieron los cinco conjuntos de factores que expuse en el prólogo. Los vikingos deterioraron su medio ambiente, sufrieron cambios climáticos, y sus reacciones y valores culturales influyeron en el resultado final. El primero y el tercero de estos tres factores también intervinieron en la historia de Pascua y de los vecinos de Mangareva; y los tres influyeron en el caso de los anasazi y los mayas; pero, además, el comercio con extranjeros amistosos también desempeñó un papel esencial en la historia de Islandia y Groenlandia, al igual que en el caso de los vecinos de Mangareva y de los anasazi, aunque no en la historia de la isla de Pascua ni en la de los mayas. Por último, de todas estas sociedades solo en la Groenlandia vikinga influyó de forma fundamental la presencia de extranjeros hostiles (los inuit). Por tanto, si las historias de la isla de Pascua y de los vecinos de Mangareva podrían considerarse fugas que entrelazan dos y tres temas respectivamente, como sucede en el caso de algunas fugas de Johann Sebastian Bach, los problemas de Islandia constituirían una cuádruple fuga, como la imponente fuga inacabada con la que el agonizante Bach pretendía completar su última gran composición, El arte de la fuga.
Solo la desaparición de Groenlandia nos proporciona lo que el propio Bach no trató de llevar a cabo nunca, una quíntuple fuga al completo. Por todas estas razones, en este capítulo y en los dos siguientes se describirán las sociedades vikingas en lo que representa el ejemplo más pormenorizado de este libro: el segundo y mayor de los dos corderos del interior de nuestra boa constrictor.
El preludio de las fugas de Islandia y Groenlandia fue el estallido de población que hizo irrumpir a los vikingos en la Europa medieval a partir del año 793, desde Irlanda y el Báltico hasta el Mediterráneo y Constantinopla. Recordemos que todos los elementos básicos de la civilización europea medieval surgieron a lo largo de los diez mil años anteriores en las proximidades del Creciente Fértil, ese territorio del sudoeste asiático con forma de media luna que se extiende desde Jordania hasta el sudeste de Turquía en el norte y hasta Irán en dirección este. De
aquella región procedían los primeros cultivos, animales domésticos y medios de transporte sobre ruedas del mundo, los utensilios de cobre y después de bronce y hierro, así como el auge de las aldeas y ciudades, las jefaturas y reinos y las religiones organizadas. Todos esos elementos se extendieron paulatinamente y transformaron Europa de sudeste a noroeste, comenzando con la llegada de la agricultura a Grecia, procedente de Anatolia, en torno al año 7000 a.C. Escandinavia, el rincón europeo más alejado del Creciente Fértil, fue el último lugar de Europa en quedar transformado por todo ello: allí la agricultura llegó solo en torno al año 2500 a.C. También fue el lugar más apartado de la influencia de la civilización romana: a diferencia del territorio de la actual Alemania, los comerciantes romanos no llegaron jamás a Escandinavia, que tampoco compartía frontera alguna con el Imperio romano. Por tanto, Escandinavia siguió siendo hasta la Edad Media el lugar más atrasado de Europa.
Sin embargo, los territorios escandinavos albergaban dos conjuntos de ventajas naturales a la espera de ser explotadas: la piel de los animales de los bosques nórdicos, la de las focas y la cera de abeja, considerados artículos de lujo que se exportaban al resto de Europa; y una línea costera enormemente accidentada (similar en Noruega a la de Grecia) que permitía que los viajes por mar fueran potencialmente más rápidos que por tierra y reportaba beneficios a quienes pudieran desarrollar las técnicas de navegación. Hasta la Edad Media, los escandinavos solo contaban con barcas de remo que carecían de velas. La tecnología de la navegación a vela procedente del Mediterráneo llegó finalmente a Escandinavia en torno al año 600 de nuestra era, en una época en la que el clima más cálido y la llegada de mejores arados estimuló la producción de alimentos y ocasionó una explosión de población humana en Escandinavia. Dado que la mayor parte de Noruega es abrupta y montañosa, solo el 3 por ciento de su extensión de tierra puede considerarse idónea para usos agrícolas, y esa tierra susceptible de ser roturada sufrió una creciente presión demográfica hacia el año 700, particularmente en el oeste de Noruega. Con cada vez menos oportunidades de establecer nuevas explotaciones agrarias en su propio territorio, la también cada vez mayor población comenzó a expandirse hacia el exterior. Con la llegada de las velas, los escandinavos desarrollaron rápidamente unos barcos rápidos, de poco calado y muy maniobrables que combinaban velas y remos y resultaban ideales para
transportar sus exportaciones de artículos de lujo a los ansiosos compradores de Europa y Gran Bretaña. Aquellos barcos les permitieron cruzar el océano, pero, además, también detenerse en playas poco profundas o remontar a remo el curso de ríos sin tener que limitarse a los pocos puertos con aguas lo bastante profundas.
Pero para los escandinavos de la Edad Media, igual que ha sucedido a lo largo de toda la historia con otros navegantes, el comercio allanó el camino a los asaltos. Una vez que algunos comerciantes escandinavos hubieron descubierto rutas marítimas para llegar a pueblos ricos que podían pagar las pieles con oro y plata, los ambiciosos hermanos menores de aquellos mismos comerciantes descubrieron que podían obtener ese oro y esa plata sin pagarlos. Los barcos que se utilizaban para comerciar también podían hacerse a la mar para navegar a vela o con remos por esas mismas rutas marítimas hasta llegar por sorpresa a ciudades costeras y ribereñas de algunos ríos, incluidas aquellas para las que había que adentrarse mucho en tierra remontando el río. Los escandinavos se convirtieron en vikingos, es decir, en asaltantes. Los barcos y marineros vikingos eran tan rápidos en comparación con los barcos y marineros del resto de Europa que podían huir antes de ser rebasados por los más lentos barcos locales; de manera que los europeos no intentaron jamás responder con incursiones en las tierras de los vikingos para destruir sus centros de operaciones. Los territorios que en la actualidad conforman Noruega y Suecia no estaban todavía unificados bajo el gobierno de reyes únicos, sino que seguían fragmentados en jefaturas o bajo el mando de reyezuelos que competían con ahínco por los botines del extranjero con los que atraer y recompensar a sus partidarios.
Los jefes derrotados en las luchas internas entabladas contra otros jefes se sentían especialmente motivados para probar suerte en el exterior.
Los asaltos de los vikingos comenzaron súbitamente el 8 de junio del año 793 con un ataque contra el rico pero indefenso monasterio de la isla de Lindisfarne, frente a la costa nordeste de Inglaterra. A partir de entonces, los asaltos se producían todos los veranos, cuando los mares estaban más en calma y favorecían la navegación; hasta que al cabo de algunos años los vikingos dejaron de molestarse en regresar a casa en otoño, sino que, por el contrario, establecieron asentamientos invernales en la costa fijada como
objetivo para poder comenzar antes los ataques en la primavera siguiente.
De esos momentos iniciales surgió una estrategia mixta y flexible de métodos alternativos para obtener riqueza, en función de la fuerza relativa de la flota de los vikingos y de los pueblos marcados como objetivo. A medida que la fuerza o el número de vikingos se incrementaba en relación con los habitantes del lugar, los métodos iban variando del comercio pacífico, pasando por la extorsión mediante tributos a cambio de la promesa de no asaltar o el saqueo y posterior repliegue, hasta llegar finalmente a la conquista y establecimiento de estados vikingos en el exterior.
Los vikingos procedentes de las distintas zonas de Escandinavia partieron en diferentes direcciones para llevar a cabo sus asaltos. Los de la zona de la actual Suecia, apodados “varegos”, navegaron hacia el este adentrándose en el mar Báltico, remontaron ríos que desde Rusia vertían sus aguas en el Báltico, continuaron hacia el sur hasta llegar a la cabecera del Volga y otros ríos que desembocaban en el mar Negro y el mar Caspio, comerciaron con el rico Imperio bizantino y fundaron el principado de Kiev, que se convirtió en precursor del Estado ruso moderno. Los vikingos procedentes de la actual Dinamarca navegaron hacia el oeste, en dirección a la costa noroccidental de Europa y la costa oriental de Inglaterra, se abrieron paso por los ríos Rin y Loira, se establecieron en sus desembocaduras, así como en Normandía y Bretaña, fundaron el estado de Danelaw en el este de Inglaterra y el ducado de Normandía en Francia, y rodearon la costa atlántica de España para penetrar en el Mediterráneo a través del estrecho de Gibraltar y asaltar Italia. Los vikingos de la actual Noruega navegaron hacia Irlanda y la costa norte y oeste de Gran Bretaña y establecieron un centro mercantil importante en Dublín. En todas las zonas de Europa en las que se establecieron, los vikingos se casaron con la población local y fueron asimilados por la misma de forma paulatina, lo cual tuvo como consecuencia que las lenguas y los asentamientos escandinavos diferenciados desaparecieran finalmente fuera de Escandinavia. Los vikingos suecos se diluyeron entre la población rusa y los daneses, entre la población inglesa, mientras que los vikingos que se establecieron en Normandía abandonaron finalmente su lengua escandinava y empezaron a hablar francés. En ese proceso de asimilación fueron incorporados tanto genes como palabras escandinavas. Por ejemplo, la actual lengua inglesa debe a los invasores escandinavos, entre otras docenas
de términos de uso cotidiano, palabras como awkward (“difícil”), die (“morir”), egg (“huevo”) o skirt (“falda”).
Durante estos viajes hacia territorios europeos habitados, muchos barcos vikingos fueron desviados por los vientos hacia el Atlántico Norte, que en aquel período de clima cálido no presentaba los témpanos que posteriormente se convertirían en un obstáculo para la navegación e influirían en el destino de la colonia escandinava de Groenlandia y del Titanic. Esos barcos desviados de su ruta descubrieron y colonizaron así otras tierras anteriormente ignotas tanto para los europeos como para otros pueblos: las deshabitadas islas Feroe poco después del año 800; Islandia en torno al año 870; Groenlandia, ocupada en aquel momento solo en su extremo norte por los predecesores indígenas americanos de los inuit a quienes se conoce como el pueblo dorset, alrededor del año 980; y en el año 1000 Vinlandia, una zona de exploración que abarcaba Terranova, el golfo de San Lorenzo y posiblemente algún otro territorio costero del nordeste de América del Norte, repleto de indígenas americanos cuya presencia obligó a los vikingos a marcharse de allí al cabo de solo un decenio.
Los asaltos vikingos a Europa declinaron conforme se producían tres transformaciones: sus objetivos europeos acabaron cada vez más por esperar su llegada y defenderse de ellos; el poder tanto de los reyes ingleses y franceses como del emperador alemán aumentó, y el creciente poder del rey noruego comenzó a refrenar al hervidero de incontrolados jefes saqueadores y a canalizar sus esfuerzos hacia la creación de un Estado comercial honorable. En el continente, los francos repelieron a los vikingos en el Sena en el año 857, consiguieron una victoria importante en el año 891 en la batalla de Lovaina, situada en la actual Bélgica, y los expulsaron de Bretaña en el año 939. En las Islas Británicas los vikingos fueron expulsados de Dublín en el año 902 y su reino de Danelaw en Inglaterra se desintegró en el año 954, si bien fue restaurado mediante posteriores ataques entre los años 980 y 1016. El año 1066, famoso por la batalla de Hastings en la que Guillermo el Conquistador (Guillermo de Normandía) comandó en la conquista de Inglaterra a los descendientes francófonos de los antiguos asaltantes vikingos, también puede adoptarse para señalar el final de los ataques vikingos. La razón por la que Guillermo consiguió derrotar al rey inglés Harold II el 14 de octubre en Hastings, situada en la costa sudoriental de Inglaterra, era que Harold y su ejército estaban
exhaustos tras haber recorrido 365 kilómetros hacia el sur en menos de tres semanas tras derrotar el 25 de septiembre al último ejército invasor vikingo y dar muerte a su rey en Stamford Bridge, en el centro de Inglaterra. Desde entonces, los reinos escandinavos fueron transformándose en estados convencionales que comerciaban con otros estados europeos y solo ocasionalmente se permitían involucrarse en guerras, en lugar de estar atacando constantemente. La Noruega medieval acabó siendo famosa no por sus temibles asaltantes sino por sus exportaciones de bacalao seco.
A la luz de lo relatado hasta el momento, ¿cómo podemos explicar la razón por la que los vikingos abandonaron sus tierras de origen para arriesgar sus vidas en la batalla o en entornos tan difíciles como el de Groenlandia? Después de milenios de permanecer en Escandinavia y dejar en paz al resto de Europa, ¿por qué se produjo esta expansión hasta alcanzar su apogeo a partir del año 793 y a continuación decayó súbitamente hasta detenerse por completo menos de tres siglos después? Al igual que sucede con cualquier otro proceso histórico de expansión, podemos preguntarnos si dicha expansión vino desencadenada por un “empuje” interior (la presión demográfica y la falta de oportunidades en su tierra natal), por una
“atracción” exterior (buenas oportunidades en otras tierras y zonas deshabitadas que colonizar) o por ambas cosas. Muchas oleadas de expansión se han visto motivadas por una combinación de empuje y atracción, y ese fue el caso también de los vikingos: se vieron empujados por el aumento de la población y la consolidación del poder de los reyes en sus tierras, y atraídos desde el exterior por nuevas tierras deshabitadas que colonizar y tierras ricas habitadas pero indefensas que eran presa fácil del saqueo. De manera similar, la inmigración europea a América del Norte alcanzó su apogeo en el siglo XIII y principios del XIX por una combinación de empuje y atracción: el crecimiento demográfico, las hambrunas y la opresión política en Europa empujaron a los inmigrantes fuera de sus tierras natales, mientras que además, la disponibilidad casi ilimitada de tierras de cultivo fértiles y las oportunidades económicas de Estados Unidos y Canadá los atrajeron.
En lo que se refiere a por qué la suma de fuerzas resultante del empuje y la atracción dejó de ser poco favorable de forma súbita en el año 793 para pasar a ser favorable, la expansión de los vikingos es un buen ejemplo de lo que se denomina “proceso autocatalítico”. En química el término “catálisis”
se refiere a la aceleración que sufre una reacción química producida por la incorporación de un componente, como, por ejemplo, una enzima. Algunas reacciones químicas dan lugar a un producto que también actúa como catalizador, de manera que la velocidad de la reacción empieza siendo cero y después se dispara a medida que se forma algún producto, que cataliza y acelera la reacción y da lugar a más producto, el cual a su vez acelera aún más la reacción. Este tipo de reacción en cadena se denomina
“autocatalítica”, y el principal ejemplo de ella es la explosión de una bomba atómica, en la que los neutrones de una masa crítica de uranio dividen los núcleos de los átomos de uranio para liberar energía y más neutrones, los cuales a su vez dividen aún más núcleos.
Análogamente, en la expansión autocatalítica de una población humana algunas ventajas iniciales que obtiene la población (como, por ejemplo, los avances tecnológicos) le proporciona beneficios o descubrimientos, los cuales a su vez estimulan a más gente a buscar beneficios y descubrimientos, lo cual se traduce a su vez en aún más beneficios y descubrimientos que estimulan que más personas aún se dispongan a emprenderlos; hasta que esas personas han ocupado todas las áreas disponibles que según ellos presentan esas ventajas, momento en el cual la expansión autocatalítica se detiene hasta catalizarse a sí misma y perder ímpetu. Dos acontecimientos concretos desencadenaron la reacción en cadena de los vikingos: el asalto del año 793 al monasterio de Lindisfarne, que proporcionó el acopio de un rico botín que al año siguiente estimuló asaltos que reportaron nuevos botines; y el descubrimiento de las deshabitadas islas Feroe, aptas para la cría del ganado ovino, que condujo al descubrimiento de la mayor y más distante Islandia después, de la aún mayor y más distante aún Groenlandia. Los vikingos que regresaban a casa con un botín o con información sobre islas susceptibles de ser colonizadas encendieron la imaginación de otros vikingos dispuestos a buscar más botines y más islas deshabitadas. Otros ejemplos de expansión autocatalítica además de la expansión de los vikingos son la expansión de los antiguos polinesios hacia el este a través del océano Pacífico, que se inició alrededor del año 1200 a.C, o la de los portugueses y españoles por todo el mundo, que comenzó a principios del siglo xv y en esencia a partir del “descubrimiento” del Nuevo Mundo por parte de Colón en 1492.
Del mismo modo que aquellas expansiones polinesias y lusoespañolas, la expansión de los vikingos comenzó a detenerse cuando todas las zonas accesibles para sus barcos habían sido ya asaltadas o colonizadas, y cuando los vikingos que regresaban a casa dejaron de traer consigo historias de tierras extrañas deshabitadas o asaltadas con facilidad. Exactamente igual que dos acontecimientos concretos desencadenaron la reacción en cadena de los vikingos, otros dos acontecimientos simbolizan su desaceleración.
Uno fue la batalla de Stamford Bridge en 1066, que coronó una larga serie de derrotas sufridas por los vikingos y demostró la inutilidad de ataques posteriores. El otro fue el abandono forzoso de la colonia más remota de los vikingos en Vinlandia alrededor del año 1000, después de haber pasado allí solo un decenio. Las dos sagas nórdicas que conservamos y describen Vinlandia señalan de forma explícita que fue abandonada porque había que derrotar en la batalla a una densa población de indígenas americanos exageradamente numerosa para los pocos vikingos que consiguieron cruzar el Atlántico en los barcos de aquella época. Con las islas Feroe, Islandia y Groenlandia llenas ya de colonos vikingos, siendo Vinlandia en extremo peligrosa y sin haber hecho ningún otro descubrimiento de islas del Atlántico deshabitadas, los vikingos llegaron a un punto en que los pioneros que arriesgaban sus vidas en el tormentoso Atlántico Norte ya no obtenían ningún tipo de recompensa.
Cuando los inmigrantes extranjeros colonizan una nueva tierra, la forma de vida que adoptan lleva incorporada normalmente rasgos de la forma de vida que habían desplegado en su tierra de origen; se trata de un “capital cultural” de conocimiento, creencias, métodos de subsistencia y organización social acumulado en su tierra natal. Así sucede especialmente cuando, como en el caso de los vikingos, ocupan una tierra que originalmente está deshabitada o habitada por un pueblo con el que los colonizadores tienen poco contacto. Incluso en Estados Unidos hoy día, donde los nuevos inmigrantes deben enfrentarse a una población estadounidense ya establecida que es inmensamente más numerosa, cada grupo de inmigrantes conserva todavía muchos de sus rasgos característicos. Por ejemplo, en la ciudad de Los Ángeles, donde vivo, hay enormes diferencias entre los valores culturales, los niveles educativos, los empleos y la riqueza de grupos de inmigrantes recientes como los vietnamitas, los iraníes, los mexicanos o los etíopes. Los diferentes grupos
se han adaptado con desigual facilidad a la sociedad estadounidense, lo cual depende en parte de la forma de vida que traían consigo. En el caso de los vikingos, también las sociedades que fundaron en lasislas del Atlántico Norte estaban hechas a imagen y semejanza de las sociedades vikingas continentales que aquellos inmigrantes habían dejado atrás. Ese legado cultural histórico resultó particularmente relevante en lo que se refería a la agricultura, la producción de hierro, la estructura de clases y la religión.
Pese a que nosotros pensamos que los vikingos eran saqueadores y navegantes, ellos se consideraban ganaderos. Los animales y cultivos concretos que se daban bien en el sur de Noruega pasaron a ser un elemento importante de la historia de los vikingos del exterior; no solo porque aquellas eran las especies de animales y plantas de que disponían los colonos vikingos para llevar consigo a Islandia y Groenlandia, sinotambién porque aquellas especies estaban entretejidas con los valores sociales de los vikingos. Distintos alimentos y formas de vida cuentan con una categoría diferente entre diferentes pueblos: por ejemplo, en los valores de los rancheros del oeste de Estados Unidos el ganado vacuno ocupaba una posición muy elevada, mientras que las cabras ocupaban una posición muy baja. Cuando las prácticas agrícolas de los inmigrantes en su tierra de origen demuestran no adecuarse bien a su nueva tierra surgen problemas.
Por ejemplo, en la actualidad los australianos se debaten ante la cuestión de si las ovejas que llevaron consigo desde Gran Bretaña no han producido acaso más daños que beneficios en el entorno australiano. Como veremos, un similar desajuste entre lo que resultaba apropiado en el viejo entorno y en el nuevo tuvo importantes consecuencias para los escandinavos de Groenlandia.
En el clima frío de Noruega el ganado se cría mejor de lo que crecen los cultivos. Los animales de cría eran las mismas cinco especies que durante miles de años habían proporcionado la base de la producción de alimentos en el Creciente Fértil y Europa: vacas, ovejas, cabras, cerdos y caballos. De todas estas especies, las que gozaban de mejor consideración entre los vikingos eran los cerdos por su carne, las vacas para obtener productos lácteos como el queso, y los caballos, que se utilizaban para el transporte y como signo de prestigio. Según las antiguas sagas escandinavas, el cerdo era la carne con la que los guerreros del dios escandinavo de la guerra Odín se agasajaban a diario en el Valhala una vez muertos. De mucho menos
prestigio, pero aun así útiles desde el punto de vista económico, gozaban las ovejas y las cabras, que se mantenían más por los productos lácteos y por la lana o la piel que por la carne.
El recuento de huesos de un depósito de residuos de la granja de un jefe del siglo IX excavado por los arqueólogos en el sur de Noruega reveló la importancia relativa de las diferentes especies de animales que se consumían en la casa de aquel jefe. Casi la mitad de todos los huesos de animales domésticos presentes en el basurero eran de vaca, y un tercio pertenecía a los preciados cerdos, mientras que solo la quinta parte correspondía a ovejas y cabras. Presumiblemente, un ambicioso jefe vikingo que se asentara en el exterior habría aspirado a esa misma proporción de especies. De hecho, la proporción es similar en los depósitos de residuos de las primeras explotaciones vikingas de Groenlandia e Islandia. Sin embargo, la proporción de huesos en las haciendas de etapas posteriores difería porque algunas de esas especies demostraron adaptarse peor que otras a las condiciones de Groenlandia e Islandia: el número de vacas descendió con el tiempo y los cerdos casi desaparecieron, pero el número de ovejas y cabras aumentó.
Cuanto más al norte vive uno en Noruega, más esencial resulta en invierno guardar a los animales en establos y darles de comer allí en lugar de dejarlos fuera para que se alimenten por sí solos. Por tanto, aquellos heroicos guerreros vikingos en realidad tenían que dedicar gran parte de su tiempo durante el verano y el otoño a las tareas domésticas de cortar, secar y apilar heno para alimentar al ganado durante el invierno, en lugar de librar las batallas por las que adquirieron más fama.
En las zonas donde el clima era suficientemente benigno para desarrollar labores agrícolas, los vikingos cultivaron también cosechas resistentes al frío, especialmente cebada. Otros cultivos menos importantes que la cebada (porque son menos resistentes a las heladas) eran, entre los cereales, la avena, el trigo y el centeno; entre las verduras y legumbres, el repollo, las cebollas, los guisantes y las judías; y el lino para fabricar ropa y el lúpulo para elaborar cerveza. En los emplazamientos aún más septentrionales de Noruega, los cultivos perdían relevancia en comparación con el ganado. La carne de animales salvajes constituía una importante fuente de proteínas suplementarias a la de los animales domésticos; especialmente la de los peces, que representan la mitad o más de los huesos
de animales de los depósitos de residuos de los vikingos de Noruega. Entre los animales que se cazaban se encontraban las focas y otros mamíferos marinos, los renos, los alces y otros pequeños mamíferos terrestres, las aves marinas capturadas en las colonias donde anidaban y los patos y otras aves acuáticas.
Los utensilios de hierro hallados por los arqueólogos en los asentamientos vikingos nos indican que utilizaban el hierro para muchos fines: para fabricar herramientas agrícolas pesadas como arados, palas, hachas y hoces; pequeños utensilios domésticos como cuchillos, tijeras y agujas de coser; clavos, remaches y demás material de construcción, y, por supuesto, útiles militares, especialmente espadas, lanzas, hachas de guerra y corazas. En los lugares en los que trabajaban el hierro, los restos de depósitos de basura y las fosas para elaborar carbón vegetal nos permiten reconstruir cómo lo obtenían. No se extraía a escala industrial en fabricas centralizadas, sino que era una actividad familiar a pequeña escala que se realizaba en cada hacienda individual. El material de partida era la denominada “esponja de hierro”, muy abundante en Escandinavia: es decir, óxido de hierro que ha quedado disuelto en agua y se ha precipitado en esponjas y sedimentos lacustres por las condiciones de acidez o la acción de las bacterias. Mientras que las empresas de producción de hierro actuales seleccionan menas que contengan entre un 30 y un 95 por ciento de óxido de hierro, los herreros vikingos daban por válidas menas mucho más pobres, que contuvieran tan solo un 1 por.ciento de óxido de hierro. Una vez que se localizaba uno de estos sedimentos “ricos en hierro”, se secaba, se calentaba en un horno hasta que alcanzara la temperatura de fusión con el fin de separar el hierro de las impurezas (la escoria), se golpeaba para eliminar más impurezas y después se forjaba dándole la forma deseada.
Quemar madera no proporciona una temperatura suficientemente alta para trabajar el hierro. En lugar de ello había que quemar primero la madera para producir carbón vegetal, que sí es capaz de mantener un fuego con una temperatura lo bastante alta. Las mediciones realizadas en varios países muestran que es necesaria una media de unos dos kilos de madera para producir medio kilo de carbón vegetal. Dada esta exigencia y el bajo contenido en hierro de la esponja de hierro, la extracción de este metal, la producción de utensilios e incluso la reparación de herramientas de hierro de los vikingos consumían enormes cantidades de madera, lo cual se
convirtió en un factor limitador de la historia de la Groenlandia de los vikingos, donde escaseaban los árboles.
Por lo que respecta al sistema social que los vikingos llevaron consigo desde sus territorios de origen al exterior, se trataba de un sistema jerárquico que comprendía desde los estratos más bajos, compuestos por los esclavos apresados en los asaltos, pasando por los hombres libres, hasta el estrato más alto reservado a los jefes. Durante el período de expansión de los vikingos estaban empezando a surgir precisamente en Escandinavia los grandes reinos unificados (en contraposición a las pequeñas jefaturas locales bajo el mando de líderes que podían adoptar el título de “rey”), y los colonos vikingos del exterior tuvieron que negociar en última instancia con los reyes de Noruega y (posteriormente) de Dinamarca. Sin embargo, los colonos habían emigrado en parte para huir del poder emergente de los aspirantes a reyes noruegos, de forma que ni las sociedades de Islandia ni las de Groenlandia llegaron a tener nunca reyes propios. Por el contrario, el poder obraba allí en manos de una aristocracia militar de jefes. Estos solo podían permitirse tener su propio barco y una cabaña completa de ganado, entre la cual se encontraban las valiosas vacas, tan difíciles de mantener, así como las menos apreciadas ovejas y cabras, que exigían pocos cuidados.
Entre los súbditos, criados y partidarios de esos jefes había esclavos, trabajadores libres, arrendatarios de tierras y agricultores independientes y libres.
Los jefes rivalizaban constantemente tanto por medios pacíficos como mediante la guerra. La competencia pacífica suponía que los jefes trataban de superarse mutuamente ofreciendo regalos y celebrando banquetes con el fin de acumular prestigio, recompensar a sus partidarios y atraer aliados.
Los jefes atesoraban la riqueza necesaria mediante el comercio, los asaltos y la producción extraída de sus propias granjas. Pero la sociedad de los vikingos también era una sociedad violenta, en la que los jefes y sus criados luchaban entre sí en sus tierras del mismo modo que luchaban contra otros pueblos del exterior. Los perdedores de esas luchas intestinas eran quienes más tenían que ganar probando suerte en el exterior. Por ejemplo, en los años que siguieron a 980, cuando un islandés llamado Erik el Rojo fue derrotado y desterrado, exploró Groenlandia y comandó una banda de seguidores para colonizar las mejores tierras de cultivo de allí.
Las decisiones importantes para el conjunto de los vikingos las tomaban los jefes, cuya motivación era incrementar su prestigio aun cuando ello pudiera entrar en conflicto con el bien de la sociedad en su conjunto y de la siguiente generación. Ya hemos visto esos mismos conflictos de intereses en el caso de los jefes de la isla de Pascua y los reyes mayas (véanse los capítulos 2 y 5), y este tipo de conflictos también tuvo consecuencias importantes para el destino de la sociedad de los escandinavos de Groenlandia (véase el capítulo 8).
Cuando los barcos vikingos comenzaron su expansión en el exterior, a partir del año 800, todavía eran “paganos” que rendían culto a dioses tradicionales de la religión germánica, como la diosa Freya de la fertilidad, el dios Thor del cielo y el dios de la guerra Odín. Lo que más aterrorizaba a las sociedades europeas saqueadas por los asaltantes vikingos era que estos no eran cristianos y no respetaban los tabúes de una sociedad cristiana. Más bien al contrario: parecían obtener un placer sádico estableciendo como blanco de sus ataques las iglesias y los monasterios. Por ejemplo, cuando en el año 843 una amplia escuadra vikinga remontó el Loira en Francia saqueándolo todo a su paso, los asaltantes empezaron haciendo suya la catedral de Nantes, junto a la desembocadura del río, y matando al obispo y a todos los sacerdotes. No obstante, los vikingos no sentían en realidad ninguna inclinación sádica especial por saquear iglesias, ni ningún otro prejuicio contra las fuentes de riqueza seculares. Aunque el botín indefenso de las iglesias y monasterios representaba una fuente de riqueza obvia que proporcionaba fáciles y abundantes beneficios, a los vikingos también les gustaba atacar ricos centros mercantiles cada vez que se les presentaba la oportunidad.
Una vez establecidos en territorios cristianos del exterior, los vikingos se mostraron bastante bien dispuestos a casarse con su población y adaptarse a las costumbres locales, lo cual llevaba consigo abrazar el cristianismo. La conversión de los vikingos del exterior contribuyó a que en su tierra escandinava de origen emergiera el cristianismo, ya que, cuando los vikingos del exterior regresaban a casa, aportaban información sobre la nueva religión y los jefes y reyes de Escandinavia empezaron a reconocer las ventajas políticas que la cristiandad podría reportarles. Algunos jefes escandinavos adoptaron el cristianismo de manera informal incluso antes de que lo hicieran sus monarcas. Los hitos decisivos de la implantación del
cristianismo en Escandinavia fueron la conversión “oficial” de Dinamarca en torno al año 960 bajo el reinado de Harald Dienteazul, el comienzo de la de Noruega en torno al año 995 y la de Suecia a lo largo del siglo siguiente.
Cuando Noruega empezó a convertirse al cristianismo, las colonias vikingas de Islandia, Groenlandia, las islas Orcadas, las islas Shetland y las islas Feroe siguieron su ejemplo. Ello se debió en parte a que las colonias disponían de pocos barcos propios, dependían de los barcos noruegos para comerciar y tuvieron que reconocer la imposibilidad de continuar siendo paganos una vez que Noruega se volvió cristiana. Por ejemplo, cuando el rey de Noruega Olaf I se convirtió al cristianismo prohibió que los paganos islandeses comerciaran con Noruega, apresó a los islandeses que visitaban Noruega (incluyendo a familiares de destacados paganos islandeses) y amenazó con mutilar o matar a esos rehenes a menos que Islandia renunciara al paganismo. En la reunión de la asamblea nacional de Islandia celebrada en el verano del año 999, los islandeses aceptaron lo inevitable y se declararon cristianos. En torno a ese mismo año, Leif Eriksson, el hijo de aquel Erik el Rojo que fundara la colonia de Groenlandia, introdujo supuestamente el cristianismo en dicha colonia.
Las iglesias cristianas que se construyeron en Islandia y Groenlandia a partir del año 1000 no eran entidades independientes que fueran dueñas de la edificación y propietarias del terreno en que se encontraban, como sucede con las iglesias actuales. Por el contrario, quien las poseía y construía en su propio terreno era un jefe ganadero local destacado, que tenía derecho a recibir una parte de los impuestos que la iglesia recolectaba en forma de diezmos de los demás habitantes de la zona. Era como si el jefe negociara un acuerdo de franquicia con las hamburgueserías de McDonald's, según el cual se le concedía el monopolio local de McDonald's, podía erigir una iglesia, se le abastecía de mercancía según los criterios homologados por McDonald's, y guardara para sí una parte de lo recaudado y enviara el resto a la dirección central; en este caso, al Papa de Roma a través del arzobispo de Nidaros (la actual Trondheim). Naturalmente, la Iglesia católica luchó por independizar sus iglesias de los ganaderos propietarios. En 1297 la Iglesia consiguió finalmente obligar a los propietarios de iglesias de Islandia a que transfirieran al obispo la propiedad de muchas haciendas que albergaban iglesias. No se conserva ningún registro que muestre si sucedió también algo similar en Groenlandia, pero la asunción de la ley noruega por
parte de Groenlandia en 1261 (al menos de forma nominal) ejerció probablemente cierta presión sobre los propietarios de iglesias de la colonia.
Sabemos que en 1341 el obispo de Bergen envió a Noruega una lista con una relación detallada de todas las iglesias existentes en Groenlandia, lo cual sugeriría que la diócesis estaba tratando de estrechar el cerco sobre sus
“franquicias” en Groenlandia igual que lo hizo en Islandia.
La conversión al cristianismo constituyó un dramático cisma cultural para las colonias de los vikingos del exterior. La exigencia de exclusividad por parte del cristianismo como única religión verdadera suponía abandonar las tradiciones paganas. El arte y la arquitectura se volvieron cristianos y pasaron a inspirarse en los modelos continentales. Los vikingos de ultramar construyeron grandes iglesias e incluso catedrales de idéntico tamaño a las de la originaria y mucho más poblada Escandinavia, y por tanto descomunales en relación con el tamaño de las mucho menores poblaciones de ultramar que las sustentaban. Las colonias se tomaron tan en serio el cristianismo que pagaban diezmos a Roma: disponemos de registros del diezmo que en 1282 envió el obispo de Groenlandia al Papa para contribuir a sufragar la cruzada (pagado en colmillos de morsa y pieles de oso en lugar de con dinero en efectivo), así como también un recibo papal oficial de 1327 que certifica la entrega por parte de Groenlandia del diezmo correspondiente a seis años. La Iglesia se convirtió en un vehículo fundamental para introducir en Groenlandia las ideas europeas más recientes, sobre todo porque todos los obispos destinados a Groenlandia eran escandinavos de los territorios de origen en lugar de nativos de Groenlandia.
Quizá la consecuencia más importante de la conversión de los colonos al cristianismo tuvo que ver con cómo se percibían a sí mismos. El resultado recuerda a cómo los australianos, mucho después de que en 1788
se fundaran las colonias británicas de Australia, continuaban considerándose no asiáticos ni pueblos del Pacífico, sino británicos de ultramar dispuestos todavía a morir en 1915 en la lejana Gallipoli combatiendo junto a los británicos contra unos turcos irrelevantes para los intereses nacionales de Australia. Del mismo modo, los colonos vikingos de las islas del Atlántico Norte se consideraban cristianos europeos.
Mantuvieron la sintonía con las transformaciones de la arquitectura religiosa, las costumbres funerarias y las unidades de medida de sus
territorios de origen. Esa identidad compartida permitió que unos cuantos miles de groenlandeses cooperaran entre sí, soportaran privaciones y perpetuaran su existencia durante cuatro siglos en un entorno riguroso.
Como veremos, aquello también les impidió aprender de los inuit y alterar su identidad de formas tales que pudieran haberles permitido sobrevivir más allá de cuatro siglos.
Las seis colonias vikingas de las islas del Atlántico Norte constituyen seis experimentos paralelos de establecimiento de sociedades procedentes de un mismo origen ancestral. Como mencioné al principio de este capítulo, esos seis experimentos arrojaron diferentes resultados: las colonias de las islas Orcadas, Shetland y Feroe han seguido existiendo durante más de mil años sin que su supervivencia se haya visto nunca seriamente amenazada; la colonia de Islandia también pervivió, pero tuvo que superar la pobreza y graves dificultades políticas; la Groenlandia noruega desapareció al cabo de unos cuatrocientos cincuenta años; y la colonia de Vinlandia fue abandonada tras el primer decenio. Esos diferentes resultados guardan sin duda relación con las diferencias medioambientales existentes entre las colonias. Las principales cuatro variables medioambientales responsables de los diferentes resultados parecen ser: la distancia oceánica o el tiempo de navegación en barco desde Noruega y Gran Bretaña; la resistencia presentada por otros pobladores que no eran vikingos, si los había; la adecuación de la tierra para las labores agrícolas, que dependería sobre todo de la latitud y del clima de la zona; y la fragilidad medioambiental, en concreto la susceptibilidad a la erosión del suelo y la deforestación.
Al disponer solo de seis resultados experimentales con cuatro variables para explicarlos, no podemos esperar de nuestra búsqueda explicaciones como las obtenidas en el caso del Pacífico, donde contábamos con 81
resultados que contrastar (81 islas) y únicamente nueve variables explicativas. Para que las correlaciones estadísticas tengan algún atisbo de validez son necesarios muchos más resultados experimentales independientes que variables a testar. Por lo tanto, en el Pacífico, con tantas islas, los análisis estadísticos bastaban por sí solos para determinar la importancia relativa de las variables independientes. Pero en el Atlántico Norte apenas hay un número suficiente de experimentos naturales independientes para lograr ese objetivo. Un estadístico al que se le presenta únicamente esta información afirmaría que el problema de los vikingos era
irresoluble. Este será un dilema frecuente para los historiadores que traten de aplicar el método comparativo a los problemas de la historia de la humanidad: demasiadas variables en apariencia potencialmente independientes, y demasiado pocos resultados diferentes para determinar desde el punto de vista estadístico la importancia de las variables.
Pero los historiadores saben mucho más de las sociedades humanas que las meras condiciones medioambientales iniciales y el resultado final: también disponen de inmensas cantidades de información sobre la secuencia de pasos que vinculan las condiciones iniciales con los resultados finales. Concretamente, los especialistas en los vikingos pueden valorar la relevancia del tiempo de navegación oceánica contabilizando las cifras registradas de barcos que navegaban y los cargamentos que se decía que transportaban; pueden examinar los efectos de la resistencia de los pueblos indígenas mediante los registros históricos de batallas entre los invasores vikingos y la población local; pueden evaluar la adecuación de la tierra para las labores agrícolas mediante los registros de especies de plantas y ganado que se cultivaban y criaban realmente; y pueden analizar la fragilidad medioambiental mediante los indicios históricos de deforestación y erosión del suelo (como el recuento de pólenes y los fragmentos de plantas fosilizados), y mediante las labores de identificación de la madera y demás materiales de construcción. Recurriendo al conocimiento obtenido sobre estos pasos intermedios así como de los resultados a que dieron lugar, describiremos ahora someramente cinco de las seis colonias del Atlántico Norte en orden creciente de aislamiento y decreciente de riqueza: las Orcadas, las Shetland, las Feroe, Islandia y Vinlandia. En los próximos dos capítulos analizaremos con detalle el destino de la Groenlandia de los vikingos.
Las Orcadas son un archipiélago situado frente al extremo norte de Gran Bretaña, dispuestas en torno al gran puerto protegido de Scapa Flow, que sirvió como base de operaciones a la armada británica en las dos guerras mundiales. Desde John O'Groats, el punto más septentrional de las tierras escocesas, hasta la isla más próxima de las Orcadas solo distan dieciocho kilómetros, y desde las Orcadas hasta Noruega apenas hay una travesía de veinticuatro horas en barco vikingo. Eso facilitó que los vikingos noruegos invadieran las Orcadas, importaran de Noruega o de las Islas Británicas lo que necesitaran y expidieran sus exportaciones a bajo precio. A las Orcadas
se las denomina “islas continentales”, puesto que en realidad son solo un fragmento de las tierras británicas que se separó cuando el nivel del mar se elevó en todo el mundo como consecuencia de la fusión de los hielos producida al final de las glaciaciones, hace catorce mil años. A través de ese puente de tierra emigraron muchas especies de mamíferos terrestres, entre ellos el alce (conocido en Gran Bretaña como “ciervo rojo”), la nutria y la liebre, que representaban un buen blanco para la caza. Los invasores vikingos sometieron rápidamente a la población indígena, a la que se conocía como “pictos”.
En su condición de colonia vikinga más meridional del Atlántico Norte a excepción de Vinlandia, y situada junto a la corriente del Golfo, las Orcadas gozan de un clima templado. Sus suelos fértiles y tupidos se han renovado con la glaciación y no se encuentran en grave riesgo de erosión.
Por tanto, los pictos ya practicaban labores agrícolas en las Orcadas antes de la llegada de los vikingos, y estas labores siguieron practicándose bajo los vikingos y continúan siendo muy productivas hasta la fecha. Las actuales exportaciones agrícolas de las Orcadas son la ternera y los huevos, además del cerdo, el queso y algunos cultivos.
Los vikingos conquistaron las Orcadas alrededor del año 800, pasaron a utilizarlas como base de operaciones para sus ataques a las cercanas tierras británicas e irlandesas y erigieron una sociedad rica y poderosa que durante algún tiempo conservó su independencia respecto al reino noruego. Una manifestación de la riqueza de los vikingos de las Orcadas es un alijo de plata de ocho kilos enterrado en torno al año 950, que no tiene igual en ninguna otra isla del Atlántico Norte y es idéntico en volumen a los alijos de plata más cuantiosos de las tierras escandinavas de origen. Otra manifestación es la catedral de San Magnus, erigida en el siglo XII e inspirada en la imponente catedral de Durham, en Gran Bretaña. En 1472 la propiedad de las islas Orcadas pasó sin mediar conquista alguna de Noruega (en aquel entonces súbdita de Dinamarca) a Escocia por una trivialidad de la política dinástica (el rey Jacobo de Escocia exigió compensación por la imposibilidad de que Dinamarca satisficiera la prometida dote que había de acompañar a la princesa danesa con la que se había casado). Bajo el gobierno escocés, los isleños de las Orcadas continuaron hablando un dialecto noruego hasta el siglo XVIII. En la actualidad, los descendientes de los pictos indígenas y los invasores noruegos siguen siendo agricultores