Corteza de abedul

Antonio Cabrera · Capítulo 5 de 41

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Corteza de abedul

Sentado en una piedra

 

LAS tengo en torno a mí, cosas tan abismadas

que han enfocado el rostro

hacia su propio centro.

Nunca despertarán

de ser el sueño sordo de ellas mismas.

Es el modo que tienen de sumarse

a un cálculo vastísimo y perdido.

Les hablo,

aunque no van a oírme

desde ningún pronombre:

«Mata de aliagas,

en el aire que punzas

soy yo quien adivina tu entusiasmo.

Romero, miro el ácido azúcar de tu aroma,

huelo tu brillo ceniciento.

Hierbas, os arqueáis.

Guijarros, sois los tristes.

Ramas partidas por el crudo azar,

sin roce os acaricio.

Y vosotras, hormigas,

las más solas

y las más separadas,

sabed que considero vuestra adusta cordura».

Están en torno a mí

pero como a resguardo,

en existencia que no toca

ningún otro existir.

Que sean contiguas

carece de valor, porque la luz las marca

y las preserva incólumes.

Esta corta distancia en que las tengo

es el espacio en el que me obvian.

Pasa el solano entre lo mineral

y lo vivo.

Qué suavemente limpia

la zona de no ser

que hay alrededor de lo que existe.