Cronopolis
Capítulo 15
Conrad resoplo.
Stacey señaló la torre.
—Este era el Reloj Mayor, el que regulaba todos los otros. El Control Central de Tiempo, una especie de Ministerio del Tiempo, se fue apoderando poco a poco de los viejos edificios parlamentarios a medida que las funciones legislativas disminuían. En la práctica, los programadores eran los gobernantes absolutos de la ciudad.
Mientras Stacey habhba Conrad miró allá arriba la batería de relojes, detenidos irremediablemente en las 12:01. De algún modo parecía como si el Tiempo mismo estuviese en suspenso, y a su alrededor los enormes edificios de oficinas vacilaban en un espacio neutral entre el ayer y el mañana. Si uno pudiese al menos poner en marcha el reloj principal, quizá los mecanismos de la ciudad despertarían también volviendo a la vida, y unos dinámicos y bulliciosos millones la repoblarían de nuevo en un instante.
Echaron a andar hacia el coche. Conrad miraba por encima del hombro la esfera del reloj, los brazos gigantes en alto, señalando la hora silenciosa.
—¿Por qué se detuvo?—preguntó.
Stacey lo miró con curiosidad.
—¿No he sido bastante claro?
—¿Qué quiere decir?
Conrad apartó los ojos de las hileras de relojes que rodeaban la plaza, y miró a Stacey arrugando el ceño.
—Parece que aquí hay dignidad de sobra. Mire esos edificios; resistirán en pie mil años. Trate de compararlos con mi padre. De todos modos piense en la belleza del sistema pre‡is ‡— mo un reloj.
—No era otra cosa —comentó Stacey tercamente—. La vieja metáfora de la rueda del engranaje no fue nunca tan verdadera como aquí. Imprimían la suma total de tu existencia en las columnas del diario, y te la mandaban por correo una vez al mes desde el Ministerio del Tiempo.