Cronopolis
Capítulo 16
Conrad miraba en alguna otra dirección, y Stacey continuó hablando en voz un poco más alta.
—Naturalmente, al fin hubo una rebelión. En la vida de las sociedades industriales no pasa más de un siglo sin que estalle una revolución y esas sucesivas revoluciones reciben el impulso de niveles sociales cada vez más altos. En el siglo dieciocho fue el proletariado urbano en el diecinueve las clases artesanas, en esta rebelión última el oficinista de cuello blanco, que vivía en el diminuto y así llamado apartamento moderno, sosteniendo mediante pirámides de créditos un sistema económico que le negaba toda libertad de decisión o de personalidad, que lo encadenaba a un millar de relojes... —Stacey se interrumpió.— ¿Qué pasa?
Conrad clavaba los ojos en una calle lateral. Vaciló, y luego preguntó como si no le interesara demasiado:
—¿Cómo funcionaban esos relojes? ¿Con electricidad?
—La mayoria. Unos pocos mecánicamente. ¿Por qué?
—Me preguntaba. .. cómo los mantendrían a todos en marcha.
Conrad se demoró detrás de Stacey, consultando la hora en el reloj de pulsera y echando una mirada hacia la izquierda. Había veinte o treinta relojes suspendidos en los edificios a lo largo de la calle lateral, exactamente iguales a todos los que habían visto esa tarde.
¡Excepto que uno de ellos funcionaba!
El reloj estaba montado en el centro de un pórtico de cristal negro, encima de la entrada de un edificio a mano derecha, a unos quince metros de distancia; tenía aproximadamente cincuenta centímetros de diámetro, y la esfera era de un azul descolorido. Las agujas de este reloj señalaban las 3:15, h hora correcta. Conrad casi le había mencionado a Stacey esta aparente coincidencia cuando de pronto vio que la aguja de los minutos saltaba de una marca a la siguiente. Sin duda alguien había vuelto a poner en marcha el reloj; aunque hubiese estado funcionando con una batería inagotable, no era posible que después de treinta y siete anos continuara señalando la hora con tanta exactitud.
Siguió caminando detrás de Stacey, que decía: —Cada revolución tiene un símbolo de opresión...