
La condenada
Diecisiete relatos breves que Blasco Ibáñez reunió en 1900. Buena parte transcurre en tierra valenciana: la huerta de Ruzafa, Campanar a la orilla del río, los pescadores del Cabañal. Otros se van a Madrid, a la costa alicantina o a un vagón de tren. El que da título al libro sigue a Rafael, catorce meses en la celda ya condenado a muerte, esperando que Madrid resuelva; llega el indulto y quien se siente de verdad condenada es su mujer. Hay un labrador que, harto de los anónimos que le exigen dinero, los espera con la escopeta, y dos familias reñidas desde hace treinta años por el riego que levantan la tapia de sus corrales hasta quedarse sin cielo. Blasco escribe rápido, no suaviza la pobreza ni la violencia y remata con un golpe seco. Ninguno pasa de unas pocas páginas.






