El hombre de nieve
Capítulo 1
Jörg Fauser
El hombre de nieve
ePub r1.0
Titivillus 24.04.2021
Título original: Der Schneemann
Jörg Fauser, 1981
Traducción: Emilio José González García
Retoque de cubierta: Titivillus
Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1
1
Blum miró el reloj. Ya era la hora. Acabó la taza de café, cogió un mondadientes del palillero de plástico y le hizo una seña al camarero. La suma no era elevada —al cambio apenas cinco marcos—, pero tenía que hacer algún negocio pronto si quería comer caliente la semana próxima. No le gustaba tener que recurrir a sus reservas. Dejó un par de céntimos de propina en el platillo y al salir saludó al encargado con un ejemplar enrollado del Times of Malta. Éste estaba jugando a las cartas con la hija del dueño. Un chico listo. Quizá pronto sería un cliente.
La luz era tan fuerte que le cegó durante un momento. Buscó a tientas las gafas de sol y, cuando concluyó que seguramente las habría olvidado en el hotel, vio, junto a un carruaje tirado por un viejo caballo blanco, al coche que llevaba algunos días pisándole los talones. Uno de sus dos ocupantes se bajó y se acercó hasta él. Era un tipo bajito de cabellos negros y vestía una chaqueta de cuero; la clase de gente que nunca olvida las gafas de sol.
—¿Señor Blum?
A pesar de que acababa de beber algo, tenía la garganta seca. Se sacó el palillo de la boca.
—¿Sí?
—Sólo será un momento, señor.
El tipo abrió su cartera y le mostró esa identificación que siempre tiene el mismo aspecto, da igual en qué lugar del mundo te encuentres. Blum notó que empezaba a sudar. Desde la tienda de periódicos le llegó la voz del comandante inglés jubilado. El Daily Mail tampoco había llegado hoy.
—¿De qué se trata?
—El inspector Cassar se lo explicará. No es más que una formalidad.
—¿Inspector? No lo entiendo. Soy un turista…
Pero Blum lo entendía muy bien y tenía claro que el policía también. El comandante se dejó convencer una vez más y acabó comprando el Daily Telegraph. Blum tiró el palillo y siguió al policía hasta el coche. Tampoco parecía tener ninguna otra posibilidad a esas horas de la mañana.