
El paraíso de las mujeres
de Vicente Blasco Ibáñez

Andrés Heredia, poeta de salón y enfermo desde niño, le miente al doctor Ibarra para arrancarle un diagnóstico sin adornos: se cree tísico y resulta que sólo está anémico, con receta de aire limpio y vida ordenada. Pasa medio año en Riofrío, una aldea asturiana donde su tío es párroco, y allí engorda, se pone moreno y se encapricha de Rosa, la hija del molinero, que empieza por desairarlo en la romería porque no baila con señoritos. Lo que sigue no tiene nada de égloga: una fuga, un pajar, la Guardia Civil y una denuncia por rapto. Palacio Valdés lo cuenta con ironía seca y sin sermones, y despacha en el capítulo más corto del libro los años que deshacen, despacio, todo lo ganado en Asturias.