Finge que soy tuyo

Jessa James · Capítulo 8 de 28

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Finge que soy tuyo

8. Larkin

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LARKIN

 

M alditos zócalos antiguos, pienso yo. Estoy de rodillas en la puerta del frente, martillo en mano y usando las puntas de la herramienta para intentar quitar los antiguos zócalos de la pared. Jalo al borde y logro separar unos cuantos centímetros entre el zócalo y la pared.

Los perros intentan ser útiles, mueven sus colas y se paran demasiado cerca. Yo me mantengo espantándolos cada varios minutos, ya que no estoy totalmente segura sobre mi uso del martillo.

Reemplazar estos zócalos es lo próximo en mi lista interminable de cosas por hacer antes de poner la casa a la venta. Años y años de muebles mal movidos han dejado los zócalos golpeados y averiados, especialmente en la entrada.

Uso mi espalda para tirar y separarlo de la pared y soy recompensada por un pedazo largo, rompiendo la pared. Por supuesto, todo porque fui demasiado entusiasta al tirar. Cuando se libera, vuelo hacia atrás y caigo en mi trasero.

“Uffff”, digo, frunciendo el ceño. “Esto es muy difícil.”

Morris se acerca y me lame la cara. Zack se mueve de adelante hacia atrás ansioso, sus uñas tocan y tocan el suelo.

“Sí, está bien”, digo, empujándolo después de un segundo. “Eres muy lindo, pero no eres útil.”

Mientras me levanto y me sacudo el trasero, se escucha que tocan la puerta. Todos los perros comienzan a ladrar, incluso Sadie. Su ladrido suena un poco gracioso, como si alguien le hubiera metido una media en su garganta y ella estuviera intentando compensar eso.

Voy hacia la puerta abierta y encuentro a Charlie parado al otro lado sosteniendo una caja grande y llena de polvo. Él luce gruñón y alto y apuesto, algo regular con él, creo.

No he visto a Charlie desde que me ayudó dentro hace algunos días. Honestamente no esperaba verlo tan pronto, especialmente no sin que yo apareciera en su puerta para verlo a él y a Sarah.

Cada vez que sucede algo vagamente parecido a un coqueteo entre nosotros, yo asumo que él va a enterrar su cabeza en la arena por un tiempo. Ni siquiera puedo enojarme por eso, es parte de la personalidad de Charlie.

“Hola”, dije, tapando mis ojos de la luz del sol. Yo asiento a la caja. “¿Qué tienes ahí?”

“Lo encontré en el closet de arriba”, dice Charlie. “Parece tener cosas personales.”

“Mételo”, digo, abriendo la puerta y estirando una mano. “Vamos a ver qué tiene.”

Él la carga y camina en mi sala. Coloca la caja en una mesita de café y se inclina para acariciar a los perros, los cuales se empujan entre ellos para obtener su atención.

Lo veo mirándome, como si estuviera revisando inventario. Por un momento deseo estar vestida en algo más que mis pantalones Juicy y una camiseta enorme, pero luego se me pasa.

Me estiro para remover la tapa de la caja con cuidado para no esparcir la capa de polvo por todos lados. Cuando la quito, veo varias cosas que me hacen cubrir mi boca con mi mano.

Hay una pila de lo que parecen ser fotografías de la infancia, unos cuantos trofeos y una delicada caja de música de madera. Me estiro y tomo la primera fotografía de encima, la sostengo como si fuera un pedazo de vidrio frágil.

Miro la fotografía y entrecierro los ojos porque está un poco gastada. La fotografía claramente fue tomada en la década de los 80. Estoy en la fotografía, tengo probablemente la edad de Sarah y estoy vestida como un hojaldre rosa en un vestido de tela rosado.

También hay un hombre mayor y una mujer, ambos tienen expresiones estoicas. La mujer me sostiene en su regazo, aunque obviamente estoy comenzando a retorcerme.

“Creo que ellos son los padres de mamá”, digo mirando a Charlie. Volteo la fotografía y me doy cuenta de que está firmada como Madre, papá y Larkin – Primavera de 1989.

“¿Puedo ver?” pregunta él.

“Claro”, digo y le paso la fotografía.

Regreso mi atención a la caja musical y levanto su tapa con dos dedos. Cuando la abro, aparece una pequeña bailarina dando vueltas en una pequeña plataforma y la caja musical comienza a tocar una mini versión de El lago de los cisnes.

Mis ojos se ponen llorosos cuando me estiro y agarro con un dedo un brazalete dorado finamente forjado. Recuerdo haberlo recibido por mi sexto cumpleaños. Estaba en una elegante caja negra de terciopelo. Yo abrí la caja y cuando vi lo que estaba dentro, estaba tan emocionada que solté un grito.

Luego recuerdo que mi madre agarró la caja y me la quitó de las manos. “Eres demasiado joven para tener algo tan bonito. Lo vas a perder. Lo guardaré por ti.”

Nunca vi el brazalete de nuevo, pero aparentemente mi madre sí mantuvo su palabra.

“Hey”, dice Charlie, entregándome la fotografía. Yo levanto la mirada sorprendida. Honestamente me olvidé de que estaba aquí por un segundo.

“Hey tú”, digo, aclarando mi garganta.

Él se mueve de un pie a otro, su mano levantándose para tocar su nuca de forma inconsciente.

“Yo solo quería decir que lamento lo del otro día en el patio.”

Mis cejas se levantaron. Eso no es lo que esperaba que dijera.

“¿Oh?” Digo y mi boca se vuelve una mueca. Yo tenía muchos sentimientos por lo que había sucedido, pero ninguno de ellos era culpa hacia Charles por nada.

“Sí, yo solo… no te rías, pero pensé en mi cabeza que estabas coqueteándome”, admitió él, estirándose para tocar el borde de la caja con sus dedos.

Yo me pongo roja de inmediato. No está totalmente equivocado; si él me miraba con esos ojos verdes por un segundo más, yo hubiera intentado besarlo.

Pero no lo hizo, así que yo no lo hice. Él está mirando mi expresión, intentando descubrir mi reacción. Yo solo muerdo mi labio y me encojo de hombros.

“Está olvidado”, digo. Necesito algo para distraerlo del tema, así que agarro el trofeo que está más cerca de mi mano. Es ligero, hecho de plástico, pero pintado para parecer de oro. “Mira, primer lugar en el concurso de ortografía de cuarto grado.”

Yo le enseño el trofeo. Él lo toma y parece impresionado.

“¿Primer lugar, huh?” él parece maravillado y lo voltea para ver los lados.

“Bueno, probablemente tengo mucho más trofeos de segundo y tercer lugar, pero Ruth la Grande no me dejó traer esos a casa. Ella los llama trofeos de lástima.”

“Wow”, dijo él. Hay un tono de inseguridad en su voz. “Eso es de otro nivel.”

“Sip. La mayoría de los niños llevaban sus tarjetas de notas a casa y sus padres las colocaban en el refrigerador si eran buenas. Mi madre no. Ella solo colocaba calificaciones perfectas en el refrigerador y cualquier cosa menor a 98 significaba que estaba en problemas.” Yo suspiro, cierro la caja musical y escojo la próxima fotografía en la pila. “¡Oh mira! Aquí tengo cuatro y estoy intentando montar bicicleta.”

Yo le muestro la fotografía en la cual salgo mirando gravemente a la cámara y sosteniendo mi bicicleta rosada por el manubrio.

“Parece que expresarse poco o nada es algo normal en tu familia”, dice él sonriendo un poco.

“Es definitivamente la influencia de mi madre. Mira, estoy seguro de que hay una de ella en esta pila…” Digo, revisando las fotografías. El polvo me llega finalmente y yo estornudo tres veces seguidas.

Los perros aparecen como si los hubieran llamado y yo les hago una mueca.

“Salud”, dice Charlie.

“Gracias. Oh, aquí hay una fotografía de mi madre”, digo, sacando una fotografía. Se la entrego.

Él la mira por un segundo. “No puedo creer que esta sea tu madre. Supongo que esperaba que se viera como tú.”

Yo arrugo mi nariz. “Sí. Ruth la Grande medía un metro ochenta y era mucho más pesada que yo. Nosotras no teníamos mucho en común, genéticamente o en otra cosa.”

“Hmmm”, es todo lo que dice él. Luego dice, “Debí haberle tomado más fotografías a Sarah cuando era un bebé. No creo que haya más que unas cuantas de los últimos dos años.”

“No es muy tarde para comenzar”, digo, intentando ayudar.

Por alguna razón, eso hace que me gane otra media sonrisa de él.

“¿Qué?” digo, confundida.

“Nada”, dice él, aguantándose la risa.

“Uh huh.” Yo pongo mis ojos en blanco.

“Escucha, tengo que irme. Tengo que irme al lado antes de que Sarah se despierte sola de su siesta.”

“Okay”, digo y bajo las fotografías. “Gracias por traer esto.”

Él parece en duda por un momento.

“¿Tienes, uh… tienes algún interés en ir por tarta conmigo y con Sarah mañana? Vi que están teniendo un especial de tarta de Marionberry en Dot’s Diner y pensé que tal vez te interesaría.”

Mis cejas se elevan tan rápido que siento que van a tocar el techo.

“Estás…” Comiendo yo. En realidad no sé qué decir.

“No es una cita”, dijo él con firmeza y sacudiendo su cabeza. “Solo le prometí a Sarah que iríamos. No es gran cosa.”

Ahora soy yo la que tiene una sonrisa. “Me encantaría ir.”

“¿Sí? Bien”, dice él, asintiendo con su cabeza. Él pasa su mano por su cabello oscuro. “¿Te parece a las dos?”

“En realidad trabajo hasta las cuatro”, dije.

“Está bien, a las cuatro y media entonces.” Él se voltea para irse y luego pausa. “¿Te veo ahí?”

Yo me río. “No es una cita.”

Él me dedica media sonrisa y sale por la puerta. Yo me quedo parada por un momento mirando el lugar donde estaba y me pregunto.

¿Qué significa algo que no es una cita?

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