Finge que soy tuyo
20. Charlie
20
CHARLIE
L arkin sonríe un poco al ver lo nervioso que estoy al verla conducir. Ella está conduciendo por la autopista hacia un destino desconocido, está conduciendo mi auto. El día está totalmente hermoso. El terreno por el que conducimos se inclina levemente hacia abajo, aunque la densidad del bosque no disminuye.
Yo observo el paisaje que pasamos, deseando no haber aceptado venir con Larkin sin preguntas.
Yo miro el asiento trasero para revisar a Sarah. “¿Estás bien?” pregunto yo.
Sarah choca sus labios, encantada por la bolsa plástica de uvas verdes que le dio Larkin. Ella asiente con entusiasmo.
“Relájate”, dice Larkin, tocando mi mano. “Estoy obedeciendo el límite de velocidad. Estoy obedeciendo cada señal. Estoy siendo cuidadosa.”
Britta también lo fue. Ella ni siquiera estaba en la autopista.
Pero yo aprieto mi mandíbula y no digo lo que pienso. Pase lo que pase, yo conduciré en el camino de regreso. Probablemente llevamos unos veinte minutos cuando Larkin hace una señal y sale de la autopista.
La señal dice que vamos a Arch Cape, pero eso es todo. Yo bajo mi ventana y puedo oler el aroma de la sal en el aire frío. Puedo escuchar las olas cuando giramos a la derecha.
Mierda. Estamos en el maldito océano.
Todo mi cuerpo se pone tieso y se tensa al escuchar las palabras de Britta haciendo eco en mi oído. Un día te llevaré al océano Pacifico.
Una promesa incumplida. Ella me dijo eso un día cuando estaba embarazada, cuando yo admití que nunca pasé tiempo en la costa.
Yo miro a Larkin, ella no sabe nada de esto. ¿Qué se supone que le diga?
¿Da la vuelta, no estoy listo para enfrentar esto todavía?
Ella llega a un lugar concurrido donde hay otros tres autos estacionados y se detiene. Todavía hay árboles altos entre nosotros y el océano, pero si enfoco mi mirada puedo ver la arena blanca y amarilla de la playa.
Mierda, mierda, mierda. Estoy rígido en mi asiento, sintiéndome congelado.
“¡Estamos aquí!” anuncia ella y mira a Sarah. “Vamos a la playa, bichita.”
Sarah sonríe al escuchar el sobrenombre. Ella sonríe casi siempre que Larkin lo usa.
Larkin se estira y cubre mi mano con la suya. “¿Listo?”
No.
Pero asiento de igual forma y desajusto mecánicamente mi cinturón. Larkin sale del auto, luego toma a Sarah de su asiento. Yo salgo lentamente, pensando en la imagen que dan las dos: Larkin en su hermoso vestido verde oliva sosteniendo a Sarah, diciéndole algunas cosas cariñosas a ella.
Si no fuera por sus colores drásticamente diferentes, se podría pensar que Sarah era la hija de Larkin de nacimiento. La forma en que Larkin le coloca la chaqueta a Sarah. La forma en que Sarah se ríe de las bromas de Larkin mientras ella la balancea en su cadera…
Parece que lo llevara haciendo toda la vida, no solo tres meses. Sarah es tan pequeña, ella ni siquiera recordará a Britta. Sus primeros recuerdos serán de mí y Larkin, tomándonos de las manos.
Comienzo a comprender el peso de eso ahora mismo.
“¡Vamos a ver el océano!” le dice Larkin a Sarah. “¡El océano es grande y azul y hace whoosh, whoosh!”
Larkin me mira. Es obvio que ella nota mi expresión y mi falta de palabras, pero ella no dice nada. Solo se voltea y comienza a dirigirse por el camino entre los árboles que la llevará a la playa.
Yo la sigo detrás, mi diálogo interno es un torbellino de emociones. Estoy enojado. Estoy depresivo y agitado. Tengo esperanza, pero sigo teniendo esa misma nube negra encima de mi cabeza.
Sigo a Larkin y subo el cierre de mi sudadera un poco más. Hay una brisa fría aquí, incluso ahora en el verano. Salimos de los árboles y ahí está la playa, con kilómetros y kilómetros de arena, extendiéndose a mi derecha e izquierda.
Incluso más impresionante es el océano, una bestia impredecible azul, gris y verde, extendiéndose tan lejos como puedo ver. El oleaje envía una fina niebla de agua salada en el aire y más allá las olas chocan rítmicamente.
Larkin baja a Sarah y se arrodilla junto a ella.
“Mira esto”, dice ella. Larkin toma un puño de arena y lo deja caer lentamente.
“¡De nuevo!” ordena Sarah, insegura de cómo funciona la arena.
Larkin obedece y baja su mano para agarrar otro poco de arena y lo deja caer. Sarah se agacha y coloca su mano en la arena, luego copia lo que hizo Larkin.
Larkin me mira con el ceño fruncido. “¿Tal vez quieres presentarle el océano a tu hija?”
Siento que mis mejillas se calientan. Yo camino obligado hacia ellas y me arrodillo al lado de Sarah. Ella me mira, su pequeña cara brillando de emoción. Ella agarra arena con su mano e imita el truco que acaba de aprender.
“Muy genial”, digo. “Mira esto.”
Yo construyo una pequeña pared de arena y le doy forma con mis manos. Pero Sarah no está interesada. Ella voltea su cabeza y mira hacia el mar.
“Tal vez intenta mostrarle de nuevo cuando estemos más cerca del agua”, dice Larkin, intentando ser útil. “No creo que la arena sea lo suficientemente firme aquí.”
Yo me levanto y me sacudo las manos de la arena. “Vamos, veamos el océano.”
Yo le ofrezco mi mano a Sarah y ella la toma. Larkin nos sigue detrás unos pasos, permitiéndonos tener solos un momento. Yo lo aprecio, aunque me ponga triste y enojado.
Aquí estamos, en el océano, un lugar al que probablemente nunca se me ocurrió traer solo a Sarah. Sin embargo, la mujer que nos trajo aquí se queda atrás, sin esperar… ¿qué? ¿Sarah relacionando el océano con alguien aleatorio?
Y aquí estoy yo, permitiéndolo. Sin decir nada. Porque quiero que la primera experiencia de Sarah sea pura, sí. Pero también porque soy un maldito cobarde.
Resiento a Larkin un poco por no presionar, por no tomar a Sarah por su otra mano y caminar con firmeza hacia el mar. También resiento el que estemos aquí. Si eso no describe a la perfección esta trampa veintidós entre nosotros, nada puede hacerlo.
Yo me enojo con Larkin por no cansarse de mí, no botarme y decir ‘a la mierda’. Me enojo conmigo mismo por enojarme con Larkin. Es todo un maldito desastre y no sé cómo solucionarlo.
Así que me quedo en silencio en mi angustia y llevo a Sarah al borde del agua. Permito que observe el agua y luego la hago avanzar un paso. Ella mira el agua retrocediendo y luego la mira regresar.
“¡Mojada!” grita ella cuando toca sus zapatos. “¡¡Mojada!!”
“Sí, está mojada”, concuerdo yo.
Sarah luce tan traicionada por el agua que tengo que reírme. Ella retrocede un par de pasos, luego se tropieza y cae en la arena. Ella cae de rodillas y se siente sorprendida de que no le haya dolido.
Ella ladea su cabeza y yo puedo ver motor interno trabajando a todo poder. Miro a Larkin, ella nos espera paciente detrás de nosotros. Yo camino de regreso a ella y la abrazo.
“Lamento haber sido un imbécil”, le susurro en su oído. Yo me volteo para ver a Sarah, ella descubrió que la arena mojada es una criatura totalmente diferente que la arena seca.
Larkin me desliza un brazo por mi cintura y me abraza, pero se queda en silencio. Maldición. Probablemente significa que lastimé sus sentimientos, algo que era y no era mi intención.
No quiero lastimar nunca a Larkin. Me siento como un pedazo de mierda cada vez que pienso que en mi situación, prácticamente estoy atado a ella.
“Gracias por traernos aquí”, digo, mirándola.
Ella sonríe a medias y coloca su cabeza en mi hombro. Beso su cabeza y me siento como un completo tonto.
Nos quedamos parados así por un rato, luego avanzamos para sentarnos cerca de Sarah. Comienzo a construir a medias un castillo de arena. Larkin mantiene a Sarah entretenida con sus constantes observaciones, la mayoría sobre las gaviotas y la arena.
Nos quedamos ahí por una hora hasta que Sarah se cansa. Luego agarro un par de mantas del auto y creamos una especie de plataforma entre nosotros más atrás en la playa, donde está agradable y seco.
Una vez que Sarah se duerme gracias a las caricias en su espalda por parte de Larkin, yo siento que puedo hablar. Miro a Larkin, su mano está en la espalda de Sarah mientras duerme.
Le debo una explicación. Le debo algo.
“Se suponía que vendría al océano Pacífico con Britta”, digo. “Lo planeamos, pero nunca tuvimos la oportunidad de venir aquí.”
Larkin levanta la mirada un poco sorprendida. “¿En serio? No tenía idea.”
“Sí”, digo, arrugando mi nariz. “Se siente raro estar aquí sin ella. Digo, supongo que tengo que acostumbrarme a la idea de hacer todo tipo de cosas sin ella. No puedo ir por siempre pretendiendo que el océano Pacífico no existe, ¿sabes?”
Ella asiente y luce pensativa. “Eso hace que tenga sentido que estés algo melancólico.”
Suelto un suspiro y levanto una piedra de la arena. La giro una y otra vez en mi mano, sintiendo el borde y su suavidad.
“Es solo… ya sabes, hay miles de actividades y lugares como este. Mil pequeñas trampas de arena, esperando que me olvide y luego arrastrarme hasta el fondo cuando lo haga.”
Larkin no responde a eso y yo tampoco esperaba que lo hiciera. Ella sigue acariciando rítmicamente la espalda de Sarah, meciéndola ligeramente. El silencio nos invade y se alarga por un rato entre nosotros.
Cierro mi puño alrededor de la piedra. Es bastante firme bajo mi agarre.
“Me he estado olvidando de Britta por horas”, admito yo, mirando a la distancia. “Me di cuenta hace algunos días que no había pensado en ella por todo un día.”
Larkin deja de tocar a Sarah y me mira. “Eso es grande.”
“Mucho”, acepto yo y me recuesto en mis codos. “Sé que es una señal de progreso, de superación. Pero no puedo evitar sentir que la estoy traicionando de alguna forma. Intento hacer eso de pensar, ‘¿qué hubiera querido Britta? ¿Hubiera querido que la llores por tanto tiempo?’ pero…”
Sacudo mi cabeza. “Ella tenía una ardilla de mascota cuando la conocí en la universidad. La rescató cuando estaba en la secundaria y la tuvo por años. Tuvo una vida larga y saludable. Luego murió, unos tres años antes de que Sarah naciera. La semana antes de que muriera, ella me dijo que no quería un cachorro o un gatito porque seguía demasiado triste por una maldita ardilla. Ella lo lloró por tres años y dijo que no era suficiente. Entonces…” me encojo de hombros. “¿Cómo puedo estar pensando en dejarla ir tan pronto?”
Larkin entrelaza sus dedos en su regazo y los mira.
“No lo sé”, dice ella con timidez. Luego me dedica una sonrisa a medias. “Suena a alguien con la que me hubiera llevado bien.”
Asentí. “Era increíble.”
Ella respira hondo y mira al horizonte. Intento imaginar lo que pasa dentro de su cabeza. Probablemente está intentando calcular cuándo podré comprometerme con ella. O peor, ella ya decidió que no puedo o no lo haré, así que está pensando por cuánto tiempo seguirá permitiendo esto.
Me estiro para tomar su mano, entrelazando sus dedos con los míos. Larkin me mira con una sonrisa.
“Es hermoso aquí”, dice ella.
La miro, su hermoso cabello iluminado por el sol y moviendo por la brisa. Ella tiene huesos pequeños, pero fuertes. Sus hombros son ligeros, pero son rectos. Su vestido verde oliva resalta sus ojos.
Una pequeña voz en mi cabeza dice, dile lo que se merece escuchar. Di te amo. Todo será perdonado.
Pero una mayor parte de mí recapacita. Sabe que una vez que diga esas dos palabras, el juego cambia. Todo se eleva y todo se vuelve más complicado.
Y yo apenas puedo jugar a este nivel si soy honesto.
Así que solo digo, “La vista desde aquí es asombrosa.” Ella me mira, se sonroja y se ríe.
“Eres terrible”, dice ella.
“Pero te gusta.” Le guiño el ojo.
Ella se inclina para un beso y el momento en que hubiera tenido sentido decir esas dos palabras desaparece en la brisa marina.
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