Finge que soy tuyo

Jessa James · Capítulo 16 de 28

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Finge que soy tuyo

16. Charlie

16

 

CHARLIE

 

E stoy parada en la tienda, en el mostrador de la pastelería. Miro la amplia exhibición de la pastelería con duda. Hay todo tipo de pasteles, varias bandejas de galletas ordenadas artísticamente y bandejas de cupcakes. ¿Cuál es el postre apropiado para llevar a una cena del domingo?

“¿Qué piensas?” le pregunto a Sarah que está a mi lado. “¿Crees que al abuelo y a Rosa le gustará la tarta de zarzamora o el pastel de chocolate?”

Ella ladea su cabeza, pero no responde.

“No eres de mucha ayuda.” Yo sigo viendo el cartel.

Una empleada se acerca, está atando su cabello en un pañuelo. “¿Puedo ayudarlo?”

“Sí”, digo, escaneando los pasteles. “¿Te gusta más el pastel de selva negra o… qué es eso?”

Yo señalo un pastel de glaseado blanco hermosamente decorado, tenía fresas ordenadas en círculos perfectos y concéntricos encima.

“Ese es nuestro pastel de vainilla y fresas. Hay muchas fresas en el glaseado y es delicioso”, dice ella.

Yo miro las dos opciones y no puedo decidir.

“¡Lake!” dice Sarah y corre hacia la entrada de la tienda con sus pequeñas piernas.

Yo maldigo en voz baja y la persigo. La alcanzo después de unos pasos y la agarro entre mis brazos.

“¿Dónde vas?” pregunto yo. Ella chilla disgustada.

Larkin entra por la puerta del frente de la tienda sin prestarnos atención. Sarah debió haberla visto afuera. Yo trago al verla. Larkin está totalmente hermosa en su vestido verde menta y un cárdigan gris claro.

“¡Lake!” grita Sarah y obtiene la atención de Larkin.

Larkin levanta la mirada y nos mira. Ella nos dedica esa sonrisa amplia y sus ojos se achican. Mi estómago da una voltereta al ver su figura acercándose.

“¡Hey!” dice ella, subiendo sus gafas de sol hacia su cabello rubio. “¿Qué están haciendo?”

“Vamos a ir a la casa de mi papá para la cena del domingo. Mi papá y Rosa me han pedido que lleve a Sarah cuatro o cinco veces. Supongo que me convencieron finalmente.”

“¿Oh, eso funciona contigo? Bueno saberlo”, dice Larkin con un guiño.

“Ja Ja Ja”, digo. “Muy gracioso.”

“Lo intento.”

Se me ocurre que estoy por ir a ver a mi familia y a un montón de extraños, una actividad que solo puede ser mejorada con la presencia de Larkin.

“Hey, sabes… vamos a ir a esta cosa ahora. Podrías venir si quieres. ¿Me haces compañía?”

Ella se pone rosada. “¿En la casa de tu papá?”

“Sí, pero van a haber un montón de personas que no he conocido”, explico yo. “Me estarías haciendo un favor.”

“Uhhh…” dice ella, mirando su reloj. “Tengo que ir a cama temprano para despertarme súper temprano mañana… pero como son solo las cuatro, supongo que no hay problema.”

Yo le sonrío. “Probablemente no te arrepentirás. Probablemente.”

Larkin se ríe. “Qué tranquilizador.”

“Lo intento”, contesto yo. “Ahora solo tengo que escoger un postre para llevar. ¿Qué piensas, vainilla y fresas y selva negra?”

“Selva negra”, dice ella automáticamente. “No hay que pensar mucho con el chocolate.”

“¿Te puedo mantener cerca para que tomes todas las decisiones por mí?” bromeo yo.

“Probablemente”, dice ella encogiéndose de hombros.

“Vamos, ven con nosotros a la pastelería”, digo con una risa.

Escogemos un pastel y luego nos subimos a mi auto y nos dirigimos a la casa de mi padre. Cuando me estaciono afuera, me sorprendo al notar que la casa ha sido renovada. No solo eso, pero el correo caído y el hierro gastado fueron reemplazados.

Salgo del auto y saco a Sarah fuera de su asiento. Larkin agarra el pastel. Todos comenzamos a cruzar el patio. Rosa sale, está vestida de pie a cabeza en un amarillo brillante. Ella sonríe de oreja a oreja.

“¡Vinieron!” dice ella. “¿Oh, quién es tu amiga?”

Yo sostengo a Sarah con un brazo y pongo mi mano libre en la espalda baja de Larkin. “Ella es Larkin, nuestra vecina. Larkin, ella es Rosa.”

Larkin avanza y extiende su mano. “Hola.”

“Hola”, dice Rosa con una sonrisa. “¿Y qué hay de mi Sarah?”

“¡Hola!” canta Sarah y le abre sus brazos a Rosa.

Yo se la entrego y Rosa se pone feliz. “Maravilloso. Vengan, ya tenemos seis invitados, Jax y tu padre.”

Yo miro a Larkin y ella me mira con un guiño.

“Vamos”, me anima ella.

Yo respiro hondo y luego sigo a Rosa, sosteniéndole la puerta a Larkin. Cuando entramos me quedo en shock al ver a tantas personas en la pequeña casa de mi papá. Hay un par de personas sentados en el sofá, pero Rosa los salta y nos lleva a la habitación de yoga. Yo respiro, puedo oler cebollas cocidas, ajo y carne.

En la cocina hay al menos media docena de sartenes cubiertos de aluminio y bandejas. Yo miro a Rosa. “Huele bien.”

Ella solo me guiña el ojo.

“¡Charlie!” dice mi papá, volteando y levantando una lata. Él está rodeado de varias personas, incluyendo mi hermano menor Jax. Yo entrecierro mis ojos al ver la lata, pero mi papá sacude su cabeza. “Solo gaseosa dietética.”

“Ah”, digo.

Dos mujeres flacas en sus cincuenta se me acercan caminando. Se ven completamente igual, desde su caballo gris y rubio hasta sus trajes.

“Hola Charlie”, dice una, su voz inesperadamente baja. “Soy Margaret y ella es Mary.”

“Tu padre nos lo contó todo sobre ti”, dijo la otra, ladeando su cabeza. “Y no te preocupes por nosotras, estamos preparándonos para nuestro próximo maratón de caminata.”

“Mucho gusto”, digo inquieto. Afortunadamente, Larkin está ahí para absorber la incomodidad.

“¡Soy Larkin!” dice ella. “Cuéntenme sobre esa maratón, si no les importa.”

“Vamos a recorrer diez kilómetros para generar consciencia sobre la degeneración macular”, dice Margaret.

“Es un tipo de pérdida de visión”, dice Mary.

Rosa me toca en el hombro y me lleva hacia dos caballeros hispanos mayores. “Juan y Carlos, él es Charlie. Es el hijo de Dale.”

Yo sacudo las manos de Juan y Carlos y asiento. Todos murmuramos hola.

“Trabajan con tu padre en la tienda de hardware”, explica Rosa. “Carlos también canta en el coro en nuestra iglesia. ¿Cierto, Carlos?”

Carlos solo inclina su cabeza. Jax se acerca, lleva unos Converse, unos jeans bajos y una camiseta de banda. “Hey, amigo.”

Nos abrazamos rápidamente. Cuando se aleja, noto un gran moretón en su brazo. Frunzo el ceño, pero no digo nada. Luego le preguntaré cómo se lo hizo cuando estemos en privado.

Rosa toma el pastel de Larkin y luego llama la atención de todos. “¡Hey, todos! Ahora que todos estamos aquí, vamos a rezar para poder comer.”

Jax estira su mano hacia a mí y baja su cabeza con respeto. Yo la tomo y le ofrezco mi mano libre a Larkin. Ella muerde su labio y toma mi mano.

“¿Dale, podrías hacer los honores?” dice Rosa.

Mi papá baja su bebida dietética y toma las manos de Mary y Margaret. “Gracias, Rosa. Me gustaría tomarme un minuto para decir, gracias señor por traer a todos esta noche. Muchas gracias en especial por haber traído a Charlie, a la pequeña Sarah y a la señorita Larkin. Por favor señor, danos tu bendición esta semana, durante la maratón de Margaret y Mary y para la entrevista de trabajo de Jax. Por favor bendícenos y mantennos seguros, siempre en tu nombre. Amén.”

“Amén”, dicen todos en coro. Jax suelta mi mano, pero Larkin sostiene mi mano por un segundo extra, levanta su mirada y me da un apretón.

De repente estoy agradecido por su presencia.

Todos se mueven hacia la cocina donde Rosa está apresurándose para descubrir platos de pollo asado y brochetas de carne y acompañantes de ensalada, fréjoles y ensalada de pasta.

Me acerco y me ofrezco para carga a Sarah, pero ella solo me dice que no. “Ve a comer. Ella está bien aquí. ¿Cierto, pequeña Sarah?”

Sarah sonríe. Yo me encojo de hombros y regreso al final de la línea y Larkin se me une. “Aquí tienes un plato.”

“Gracias”, digo. “Y gracias por aceptar venir. Te debo una grande.”

“Tonterías.” Ella me choca con su hombro. “¿Para qué son los amigos?”

Amigos. ¿Eso es lo que éramos? Definitivamente éramos más que vecinos.

Pero no digo eso en voz alta. En vez de eso, solo le sonrío. Cuando llega nuestro turno, yo lleno mi plato con todo, excepto la ensalada de pasta. Nunca me gustó eso.

“Wow”, dice Larkin al mirar mi plato. “Guarda espacio para el postre, ¿okay?”

“No será un problema, confía en mí”, digo con una sonrisa.

Ella eleva sus cejas, pero yo tengo razón. Yo limpio mi plato y me como el pecho de pollo que le quedó a ella.

“Acabo de darme cuenta de que nunca te había visto comer antes”, dice Larkin mientras nos paramos y comemos. “Es bastante impresionante y también un poco preocupante.”

“Eh, corrí ocho kilómetros antes. Ahora estoy listo para el postre.”

“Creo que vas a tener que esperar”, dice ella y voltea sus ojos un poco.

Entre la cena y el postre soy emboscado por Mary y Margaret. Aparentemente ellas tienen un sobrino nieto que quiere unirse al ejército y quieren una opinión de un veterano sobre si debe unirse o no.

Noto que Larkin se va a un lado a hablar con Rosa. No tengo idea qué están diciendo, pero Larkin sigue sonrojándose y mirando a sus pies.

“¿Qué tal un poco de ese pastel?” dice mi padre llamando a Rosa.

“Sí, sí”, dice ella, tocando el brazo de Larkin. “Lo cortaré.”

Los hombres se alinean para recibir un pedazo grande y la mayoría de las mujeres declinan. Rosa me corta un pedazo perfecto y yo lo pruebo. Tiene pedazos de chocolate dentro, la torta y el glaseado son deliciosos.

“¿Está bueno?” dice mi padre, viniendo a mi lado.

Mi boca está llena de pastel, así que solo asiento. “Mmmhmmm.”

“¿Qué sucede entre esa linda rubia y tú?” dice él, asintiendo a Larkin.

Yo toso y me atoro con mi pastel. Mi papá se estira y me da palmadas en la espalda. En ese momento es el hombre que recuerdo de mi infancia. Yo aclaro mi garganta varias veces.

“Somos… amigos”, logro decir finalmente.

Él asiente. “Una muy buena amiga que te conseguiste. La mayoría de amigos no vendría a un evento familiar como hizo ella. Deberías agradecerle.”

“Lo hice”, dije con el ceño fruncido.

“Mmm”, dice él, mirándome con escepticismo. “Rosa quiere que Sarah se quede por la noche. ¿Te parece bien?”

Yo asiento lentamente y mi mirada va hacia Larkin. “Sí, eso funciona.”

“Apuesto a que sí”, dice mi papá y me da una palmada en el hombro. “Le diré a Rosa.”

En poco tiempo me dirijo al lado de Larkin. “¿Estás lista?”

“¡Sip!” dice ella. Sin dejar de lado su tono alegre, ella se inclina para susurrarme, “No puedo escuchar más detalles sobre la degeneración macular.”

Yo sonrío. “Okay. Déjame despedirme de mi papá y Rosa y podremos escaparnos de esto.”

Después de entregar la mochila de pañales que llevo en mi auto, además de dos cambios de ropa, yo me despido de todos. Larkin y yo salimos a la tarde. El sol ha comenzado a ocultarse.

Veo a Larkin temblar mientras entramos a mi auto. “Colocaré la calefacción”, prometo yo.

Unas cuantas gotas de lluvia golpean mi parabrisas, una promesa del clima que vendrá. Yo enciendo mi auto y me saco mi sudadera.

“Toma”, digo, pasándosela.

Ella se sonroja y se la coloca, metiendo ambas manos en los brazos. Ella luce adorablemente pequeña en mi chaqueta. “Gracias. Además de la charla sobre degeneración macular, la fiesta fue genial.”

Yo sonrío. “Eres demasiado amable para tu propio bien.”

Yo acelero y me dirijo a casa. Mientras conducimos, el clima empeora cada vez más.

“Ha pasado un tiempo desde que hubo una tormenta aquí”, dice Larkin, mirando por la ventana.

“Bueno, ya comenzó con fuerza. No me sorprendería si recibimos una inundación sorpresa.”

“Quizás en algunas de las áreas bajas fuera del pueblo. Nada de lo que tengamos que preocuparnos.”

Ella está temblando visiblemente a pesar de que la calefacción está encendida.

“¿Vas a estar bien?” le pregunto yo al mirarla.

“Totalmente.” Su tono animado es ocultado por la forma en que se encoje dentro de mi sudadera, intentando mantenerse caliente.

Yo estaciono el auto fuera de nuestros apartamentos y apago el motor.

“Voy a tener que correr”, dice ella, mirando sombríamente su casa. Ella comienza a quitarse la sudadera, pero yo sacudo mi cabeza. “Úsala dentro.”

“Okay”, acepta ella. Larkin duda, quizás dándose cuenta de que cuando abra la puerta, ella tendrá que correr a su casa y yo tendré que ir a la mía. “¿Quieres… quieres un trago?”

Yo respiro hondo. De alguna forma, yo sé que ella me está pidiendo algo más que un trago. Sin embargo, yo no puedo decirle que no.

“Sí”, digo asintiendo. “¿Estás lista?”

Ella muerde su labio y me mira a los ojos. Un escalofrío recorre mi columna.

“Sí”, dice ella en voz baja.

“Está bien. ¿A las tres?” sugiero yo. Ella asiente. “Uno… dos… tres…”

Yo salgo a la lluvia helada, cierro la puerta de mi auto y corro hacia el porche de Larkin.

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