Jesús no dijo eso:

Bart D. Ehrman · Capítulo 19 de 76

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Jesús no dijo eso:

Las dificultades para conocer el «texto original»

equivocada o una alusión a las Escrituras mal situada. Por tanto, cuando los escribas

realizaban cambios de manera voluntaria sus razones podían ser tan puras como la

nieve. Pero, en cualquier caso, la cuestión es que introducían cambios y que, como

consecuencia de ello, las palabras originales del autor pudieron alterarse y,

finalmente, perderse.

Un ejemplo interesante del cambio intencional de un texto lo hallamos en uno de

los cuatro mejores manuscritos antiguos que se conservan, el Codex Vaticanus

(llamado así porque se encuentra en la biblioteca del Vaticano), del siglo IV. Al

comienzo de la Epístola a los Hebreos hay un pasaje en el que, de acuerdo con la

mayoría de los manuscritos, el texto dice que Cristo «sostiene [en griego: PHERÕN]

todo con su palabra poderosa» (Hebreos 1:3). Sin embargo, en el Codex Vaticanus, el

escriba copió un texto ligeramente diferente al usar un verbo griego que sonaba

parecido, por lo que allí se lee que Cristo «manifiesta [en griego PHANERÕN] todo con

su palabra poderosa». Algunos siglos después, un segundo escriba leyó este pasaje en

el manuscrito y decidió cambiar la palabra inusual (manifiesta) por la redacción más

común (sostiene) y para ello borró un término y escribió el otro. Luego, varios siglos

después, un tercer escriba leyó el texto y advirtió la alteración que su predecesor

había realizado, y optó por borrar la nueva redacción (sostiene) y reescribir la antigua

(manifiesta). Luego, añadió una nota en el margen para indicar lo que pensaba del

segundo escriba. La nota dice: «¡Necio y bribón, deja el viejo texto, no lo cambies!».

Tengo una copia enmarcada de esta página colgada en la pared, encima de mi

escritorio, como un recordatorio constante de la tendencia de los escribas a cambiar

una y otra vez sus textos. Como es obvio, en este caso estamos frente a un cambio

que sólo afecta a una única palabra y, por tanto, cabría preguntarse si lo ocurrido tiene

verdadera importancia. Y la respuesta es afirmativa: lo ocurrido tiene importancia

porque la única forma de entender lo que un autor quería decir es saber cuáles fueron

en realidad sus palabras, todas y cada una de ellas. (Piénsese en todos los sermones

en los que la argumentación se basa en una única palabra del texto: ¿qué ocurre

entonces cuando ésa no fue en realidad la palabra empleada originalmente por su

autor?). ¡Decir que Cristo revela todo con el poder de su palabra es muy diferente de

decir que mantiene el universo mediante el poder de su palabra!

 

LAS DIFICULTADES PARA CONOCER EL «TEXTO ORIGINAL»

 

Y así, los escribas encargados de copiar los manuscritos de las Escrituras introdujeron

toda clase de cambios en ellos. Dado que en un capítulo posterior examinaremos con

mayor profundidad los distintos tipos de alteraciones que sufrió el texto, por el

momento basta con que entendamos que se realizaron modificaciones y que éste fue un hecho común, en especial, en los primeros doscientos años del proceso de