Jesús no dijo eso:
La primera edición impresa del texto griego del nuevo testamento
texto autorizado. El mismo Jerónimo se había referido a la plétora de traducciones
disponibles, y asumió la tarea de resolver el problema. Tras escoger una de las
mejores traducciones latinas que había entonces y compararla con los mejores
manuscritos griegos a su disposición, Jerónimo creó una nueva edición latina de los
evangelios. Y es posible que él o uno de sus seguidores fuera también responsable de
la nueva edición latina de los demás libros del Nuevo Testamento[5].
Conocida como la Vulgata, la traducción latina de Jerónimo se convertiría en la
Biblia de la cristiandad latina y sería copiada y vuelta a copiar una y otra vez a lo
largo de los años. La Vulgata fue la Biblia de la Iglesia occidental hasta la época
moderna, el libro que durante siglos leyeron los cristianos, estudiaron los expertos y
usaron los teólogos. En la actualidad el número de copias conservadas de la Vulgata
latina casi duplica el número de manuscritos griegos del Nuevo Testamento.
LA PRIMERA EDICIÓN IMPRESA DEL TEXTO GRIEGO DEL NUEVO TESTAMENTO
Como he señalado, el texto del Nuevo Testamento se copió de una forma bastante
estandarizada a lo largo de la Edad Media, tanto en Oriente (el texto bizantino) como
en Occidente (la Vulgata latina). Después, la invención de la imprenta en el siglo XV
por Johannes Gutenberg (1400-1468) cambió por completo la reproducción de los
libros en general y de los libros de la Biblia en particular. Al imprimir libros mediante
tipos móviles, era posible garantizar que las páginas de una copia fueran exactamente
iguales a las páginas de las demás copias, sin que las palabras del texto variaran de
una a otra. La época en la que los copistas podían producir cada uno copias diferentes
del mismo texto debido a errores accidentales o a la introducción de alteraciones
voluntarias era ahora parte del pasado. Lo que se imprimía quedaba escrito en piedra.
Además, en vista de que ya no era necesario copiar una letra cada vez, los libros
pudieron producirse con mayor rapidez y en mayor número y, en consecuencia, se
volvieron más baratos. Difícilmente hay otro invento que haya tenido un impacto más
revolucionario que la imprenta en el mundo moderno; lo que más se le acerca (y
quizá llegue finalmente a sobrepasar su significado) es la aparición del ordenador
personal.
La primera gran obra que se imprimió en la imprenta de Gutenberg fue una
magnífica edición de la Vulgata latina, cuya producción se prolongó de 1450 a
1456[6]. En la segunda mitad del siglo XV, se realizaron unas cincuenta ediciones de
la Vulgata en diversas imprentas europeas. Aunque puede parecer extraño que en esos
primeros años de la imprenta nadie se haya sentido impulsado a imprimir una copia
del texto griego del Nuevo Testamento, la razón no es difícil de encontrar y ya antes
hemos aludido a ella. Después de casi mil años, los estudiosos de toda Europa, y entre ellos los expertos en los estudios bíblicos, se habían acostumbrado a pensar que
la Vulgata de Jerónimo era la Biblia de la Iglesia (algo similar a lo que ocurre hoy en
algunas comunidades cristianas modernas de lengua inglesa, que dan por sentado que
la Biblia del rey Jacobo es la «verdadera» Biblia). En el Occidente latino, la Biblia
griega no se consideraba relevante para la teología y el conocimiento, y se pensaba
que pertenecía a los cristianos ortodoxos griegos, a los que, por su parte, se veía
como unos cismáticos que se habían separado de la Iglesia auténtica. Además, en
Europa occidental eran pocos los estudiosos que podían leer griego. Y, por tanto, en
un primer momento, nadie sintió la necesidad de imprimir la Biblia griega.
El primer estudioso occidental al que se le ocurrió la idea de producir una versión
del texto griego del Nuevo Testamento fue al cardenal español Francisco Jiménez de
Cisneros (1437-1517). Bajo su dirección, un grupo de eruditos, entre ellos Diego
López de Zúñiga (Stunica), emprendieron la realización de una edición de la Biblia
en varios volúmenes. El objetivo era realizar una edición políglota, esto es, reproducir
el texto de la Biblia en varias lenguas. Y así, el Antiguo Testamento se presentaba en
tres versiones, el original hebreo, la Vulgata latina y la Septuaginta griega, en
columnas paralelas. (Que los editores consideraban superior la Vulgata se evidencia
en sus comentarios a propósito de este diseño en el prefacio de la obra, donde lo
relacionan con la imagen de la crucifixión, con Cristo, representado por la Vulgata,
entre dos ladrones, los falaces judíos representados por el texto hebreo y los
cismáticos griegos representados por la Septuaginta).
La obra se imprimió en Alcalá y se la conoce como la Biblia Políglota
Complutense, por el nombre latino de la ciudad, Complutum. El volumen del Nuevo
Testamento, el quinto, fue el primero en ser impreso (se terminó en 1514); contenía el
texto en latín, el texto griego, y un diccionario griego-latín. No obstante, no había
ningún plan de publicar este volumen por separado: los seis volúmenes (el sexto
incluía una gramática hebrea y un diccionario para facilitar la lectura de los primeros
cuatro volúmenes) habían de publicarse juntos y eso requería bastante tiempo. La
obra no se terminó en su totalidad hasta 1517; pero tratándose de una empresa
católica, requería de la autorización del papa León X antes de poder ponerla en
circulación. La autorización se obtuvo finalmente en 1520, pero, debido a otras
complicaciones, los libros no se distribuirían hasta 1522, unos cinco años después de
la muerte de Cisneros.
Como hemos visto, para esta época, las iglesias y los estudiosos cristianos de
Oriente contaban con centenares de manuscritos griegos a su disposición. Cabría
entonces preguntarse cómo Zúñiga y los demás editores del proyecto decidieron qué
manuscritos debían usar e, incluso, con cuáles contaban. Por desgracia, se trata de
preguntas que los expertos nunca han conseguido responder de forma satisfactoria.
En la dedicatoria de la obra, Cisneros expresa su gratitud al papa León X por las
copias que le había facilitado «la Biblioteca Apostólica», lo que significa que los
manuscritos utilizados en la edición probablemente provenían de los fondos del Vaticano. Sin embargo, algunos estudiosos sospechan que también se emplearon