Las sin parte
Prólogo: Por un feminismo anticapitalista del aquí y del ahora
Prólogo
Por un feminismo anticapitalista del aquí y del ahora
Sandra Ezquerra
Uno de los problemas fundamentales del marxismo actual consiste en no comprender
las razones concretas que han dividido a los trabajadores y que impiden el crecimiento de la solidaridad de clase. Destacan entre ellas el racismo y el sexismo. Por lo tanto, una lucha de clases que pretenda ser seria en el mundo moderno debe situar en primer plano estas cuestiones.
Stephanie Coonzie
Marxismo sin feminismo
La historia del feminismo y el marxismo se caracteriza por la existencia de constantes posibilidades de encuentro que, sin embargo, nunca han llevado a fraguar una unidad completa y satisfactoria para ambas partes. Durante casi dos siglos, el movimiento feminista y el movimiento obrero se han encontrado en luchas, han trabajado juntos, han desconfiado el uno del otro, han vuelto a coincidir, a separarse, a redescubrirse, a renegar y a observarse desde la distancia. Y así sucesivamente. Hasta aquí. Hasta ahora.
Si bien el escepticismo histórico por parte del movimiento obrero hacia el feminismo a causa del frecuente escaso interés de éste último por las condiciones y necesidades específicas de los y las obreras ha estado en ocasiones más que justificado, las tensiones entre ambos no se reducen ni pueden ser explicadas únicamente por este factor. Durante el siglo XIX y parte del XX no faltaron, en el seno del movimiento obrero, las voces en contra de la participación de la mujer en el mercado laboral. Además, discursos proclamando el hogar como lugar natural de la mujer, como los que se dieron en la I Internacional, se encontraban a la orden del día. Estas posturas fueron fruto de consideraciones tanto económicas como moralistas, ya que la prevalente percepción de la mujer como inferior al hombre se combinó con el efecto a la baja de los salarios globales que la presencia de la mujer en el mercado laboral tuvo, que resultó además en numerosas huelgas organizadas por hombres contra mujeres trabajadoras.
El capital ha utilizado históricamente la fuerza de trabajo femenina e infantil para reducir costes. Ante ello el movimiento obrero, y ahí radica su primera traición, a menudo optó por reivindicar el salario familiar, el cual excluyó a menudo a las mujeres del mercado de trabajo, en lugar de luchar codo a codo por la igualdad de salarios y derechos para todos y todas y evitar a la larga una segmentación de la clase trabajadora. Irónicamente, el pecado de dividir el movimiento obrero, que ha constituido la acusación estrella del movimiento obrero contra el feminismo, fue cometido originariamente por el primero y no por el segundo. La combinación de error de cálculo y de prejuicio moral ha llevado al movimiento obrero y al marxismo en otras ocasiones a dejar a las mujeres en la estacada, y Cinzia Arruzza nos relata de manera detallada cómo cuestiones como el voto femenino, el divorcio, la contracepción y el aborto, entre otros derechos democráticos de las mujeres, fueron temas tabú en el seno del PCF y el PCI durante buena parte del siglo XX.