Michael Jackson

J. Randy Taraborrelli · Capítulo 10 de 14

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Michael Jackson

Novena parte

Michael conoce a Jordie Chandler

Mayo de 1992. Michael Jackson junto al Wilshire Boulevard de Beverly Hills, su jeep echando humo a un lado de la carretera mientras los coches circulan rápidamente en ambas direcciones por los dos carriles atestados. Con sus escasos conocimientos sobre automóviles, Michael siempre se había preguntado qué haría en caso de encontrarse a solas si alguna vez su coche se estropeaba. Cogió su teléfono móvil y marcó el 911. Le dijeron que un desperfecto en su automóvil no se consideraba situación de emergencia, y que debía contactar con el Directorio de Asistencia para localizar una tienda de remolques. «Pero soy Michael Jackson —protestó—. ¿No puedes ayudarme?». La respuesta fue negativa.

Mientras permanecía junto al coche decidiendo qué hacer, Michael fue divisado por la esposa de Mel Green, un empleado de un local de alquiler de automóviles de la zona, llamado Rent-A-Wreck [Alquile-Un-Coche], Ella telefoneó a su marido y le dijo: «No creerás a quién he encontrado en el Wilshire Boulevard dándole puntapiés a los neumáticos de su coche averiado. ¡A Michael Jackson! Deberías acercarte y averiguar qué sucede».

Mel Green se dirigió al lugar a toda prisa y, en efecto, allí estaba: Michael Jackson estrujándose nerviosamente las manos, paseándose de un lado a otro y dando puntapiés a los neumáticos de su vehículo. «Ya lo tengo», se dijo Mel, telefoneando a Dave Schwartz, propietario de Rent-A-Wreck.

—¿Qué? ¿No estarás bromeando? —dijo Dave—. ¿Es realmente Michael Jackson? ¿Estás seguro? Quizá sea uno de esos chiflados imitadores. No es posible que sea Michael Jackson.

—Sí que lo es —dijo Mel—. Lo llevaré allí, de inmediato.

—Entonces debo llamar a June —dijo Dave, entusiasmado. Dave y su esposa, June, se encontraban con problemas conyugales y, a menudo, él no dormía en su casa, aunque la relación seguía siendo amistosa. Telefoneó a June y le dijo que trajera consigo a su hijo Jordie al negocio para «una gran sorpresa».

June y Jordie estuvieron en el local antes que Michael, quien, cuando finalmente apareció, ofrecía un espectáculo imponente, vistiendo un turbante negro con un velo que cubría su rostro y enormes gafas oscuras. También llevaba una camisa de seda de mangas largas, negra; unos vaqueros y unas deportivas de tenis. La única parte visible de su cuerpo eran sus manos, que se veían pálidas.

Siempre que June Chandler-Schwartz entraba en una habitación, atraía la mirada de todos los presentes. Era una mujer sumamente atractiva de ascendencia asiática, cabello oscuro hasta los hombros y flequillo recto sobre la línea de los ojos. Su sonrisa era incandescente; su modo, extrovertido, y se movía con gracia y elegancia. Michael se sintió rápidamente atraído por ella mientras se presentaba animadamente a sí misma y a Jordie.

En realidad, Jordie había visto a Michael en diversas ocasiones a lo largo de los años, la primera vez en un restaurante de Los Ángeles cuando él tenía unos cuatro años de edad. El pequeño no se había acercado a Michael, por supuesto, pero en cambio no le quitó los ojos de encima mientras duró la comida.

Ese mismo año, 1984, Michael sufrió la quemadura al filmar el anuncio de Pepsi. Al igual que miles de admiradores, Jordie le envió una carta y una foto suya al Brotman Memorial Hospital donde Michael se recuperaba. En la nota incluyó su número de teléfono. Dos días después, para gran emoción de sus padres, Michael telefoneó a Jordie para agradecerle la nota, y decirle que lo consideraba «un niño encantador».

En 1989, cuando Jordie tenía nueve años, el mánager de Michael, Frank Dileo, contactó con su madre para preguntarle si ella y su familia desearían cuatro entradas para ver el concierto de Michael en Los Ángeles. Por supuesto, ella aceptó. Disfrutaron del espectáculo pero, aunque lo intentaron, no pudieron encontrarse con Michael tras el concierto. A medida que transcurrieron los años, Jordie continuó con su devoción de admirador adolescente hacia Michael Jackson.

En la primavera de 1992, Jordie ideó una parodia de la película de Kevin Costner, Robín Hood, príncipe de los ladrones, la cual tituló Las locas, locas aventuras de Robín Hood. Para sus doce años, Jordie era asombrosamente creativo. Él y su padre, Evan, escribieron el guión (junto al amigo de Evan, J. D. Shapiro) y con la ayuda de algunos amigos de Evan relacionados con el mundo del espectáculo, padre e hijo consiguieron que el guión fuera filmado. A pesar de que la película, producida por Mel Brooks, no fue un éxito comercial, el joven tenía otras dos ideas en mente y se encontraba trabajando en ellas con su padre. Para el joven Jordie Chandler, nada parecía imposible. Ahora se encontraba cara a cara con su ídolo, el llamado «Rey del Pop».

Jordie tenía el cabello oscuro y grandes y luminosos ojos. Estaba dejando de ser un niño, pero ciertamente aún no era un hombre. Su rostro era delgado y anguloso, sus rasgos afilados suavizados por la tez mate. Cualquiera que lo observara habría dicho: «Ese niño será asombrosamente guapo dentro de unos diez años». No obstante, de pie frente a Michael, no era más que un niño con una gran sonrisa en el rostro.

June anotó un número de teléfono y se lo entregó a Michael.

—Deberías visitar a Jordie alguna vez —sugirió, como si la idea de un niño de doce años siendo «amigo» de una estrella de pop de treinta fuera lo más natural del mundo.

—¡Mamá! —protestó Jordie, avergonzado.

—Jordie —dijo ella, según el posterior recuerdo de Jordie—. Podríais ser buenos amigos.

—Seguro —dijo Dave Schwartz mientras entraba en el cuarto—. Hazle una llamada, Michael. Es tu mayor admirador.

—Sí, de acuerdo —dijo Michael mientras firmaba el último papel para el alquiler del coche. Cogió el papel de manos de June y lo guardó en su bolsillo. Entonces, Michael levantó sus gafas oscuras y observó al niño de doce años de edad—. De acuerdo, te llamaré, Jordie —dijo—. ¿Vale?

—Sí —respondió el joven, y le dedicó una deslumbrante sonrisa al cantante—. ¡Fabuloso!

—Eso mismo —exclamó Michael, divertido con el entusiasmo del joven—. ¡Fabuloso! —repitió.

 

¿Alguien conoce su infancia?

Por supuesto, Michael Jackson se relacionaba mucho con los niños, visitaba regularmente a chicos enfermos en sus giras e invitaba a jóvenes desfavorecidos a recorrer su morada. Sus actividades filantrópicas, incluidas aquellas ejecutadas por su fundación Heal the World (Curar al Mundo), eran bien conocidas. En el pasado, Michael había sido visto en compañía de jóvenes celebridades, tales como Emmanuel Lewis y McCauley Culkin, así como con muchos jóvenes que no eran famosos, razón por la cual la madre de Jordie y su padrastro no vieron nada inusual en alentar la amistad entre el ídolo pop y su hijo.

«Uno de mis pasatiempos preferidos es estar en compañía de niños —explicó Michael en una entrevista—, conversando y jugando con ellos. Los niños conocen muchos secretos y es difícil hacer que los cuenten. Los niños son increíbles. Atraviesan una fase brillante, pero cuando alcanzan cierta edad, la pierden. Mis momentos más creativos casi siempre se producen cuando estoy con niños. Cuando estoy con ellos, la música me resulta tan simple como respirar. Cuando me siento cansado o aburrido, los niños me reaniman. Dos ojos castaños me observan tan inocente, tan profundamente, que murmuro: “Este niño es una canción”».

A comienzos de los años noventa, el interés de Michael Jackson por los niños era generalmente observado como extravagante, pero no necesariamente inapropiado.

Se creía que Michael no sólo era virgen, sino también asexual. Era considerado «mercancía estropeada», un artista brillante que dedicaba todo a su trabajo porque no poseía una vida personal satisfactoria. Nadie realmente creía que hubiera tenido romances con chicas como Tatum O’Neal o Brook Shields, sin importar cuánto insistiera él en que dichos amoríos habían ocurrido. En general, su vida personal inspiraba una especie de piedad. Era una rareza, un intérprete brillante y un artista legendario cuya imagen resultaba desconcertante y excéntrica, pero no sexual. Incluso cuando se tocaba la entrepierna en los conciertos, la acción no poseía mayor connotación sexual que cualquier otro de los inteligentes movimientos de su coreografía. También, por supuesto, estaba todo el asunto de su «infancia perdida»…

«Es un hombre que jamás ha tenido infancia —me explicó Bert Fields, uno de los abogados de Michael, como si yo no conociera sus orígenes—. Por eso está viviendo su infancia ahora, ¿comprendes? Sus amigos son niños. Juegan a lucha de almohadas. Es todo muy inocente».

Yo mismo tuve una discusión con Michael acerca de este asunto en 1991, tras la publicación original de mi biografía sobre él. Me crucé con él y LaToya en una convención de coleccionistas de discos en el aparcamiento de la discográfica Capítol Records en Hollywood. Llevaba una camisa rojo brillante, pantalones negros de satén… y una mascarilla negra. Cuando LaToya fue en busca de discos de The

Partridge Family[7] Michael y yo comenzamos a conversar acerca de su infancia. «Echo de menos mi infancia», dijo, entristecido.

Habiendo presenciado personalmente un fragmento de la infancia de Michael en Encino, opiné que quizá su infancia no fuera tan mala como la recordaba. Si bien ha vivido aislado del «mundo real», y ésa es la razón por la cual prácticamente se ha retraído de la sociedad, de hecho, Michael ha vivido más experiencias que la mayoría de la gente. Por ser un artista sumamente talentoso, ha viajado varias veces alrededor del mundo, entreteniendo a gente de todos los colores, razas y religiones. Conoce de cerca el regocijo de una ovación ensordecedora, la excitación de una multitud apretujada. Sabe lo que significa ser «especial», tener la posibilidad de realizar peticiones y esperar que sean cumplidas sólo porque es él quien las realiza. Sabe lo que significa poseer una enorme fortuna, ser capaz de entregarle a su madre un millón de dólares para que no se vea obligada a trabajar. Ha experimentado el placer de dar, de ser caritativo, de ver iluminarse el rostro de niños mortalmente enfermos sólo por ser quien es.

—Muchos niños se mueren de hambre, Michael —le recordé—. Muchos niños son pobres, se vuelven adictos a las drogas. Muchos niños no viven en mansiones con sirvientes. Muchos niños pasan por cosas mucho peores de las que tú has pasado. De hecho —le dije, quizá con excesiva confianza—, creo que has vivido una infancia agradable. Has viajado. Has tenido amigos. Has hecho lo que querías, ¿no es así? Has cantado. Has entretenido. Ha sido divertido. Creo que echas de menos tu infancia, sí. Pero no creo que no la hayas tenido.

Michael me observó, enfurecido.

—No, ha sido horrible —replicó—. He tenido una infancia terrible. Todas las actuaciones. Todas las grabaciones. Mis admiradores se apoderaron de mi vida — dijo, apuntándome con el dedo—. Jamás se me permitía jugar —se quejó—. Ha sido horrible.

»Nos vemos —dijo, volviéndome la espalda—. Iré en busca de La Toya».

El recuerdo de ese breve intercambio ha permanecido conmigo a lo largo de los años, en especial cuando la explicación prevaleciente sobre el cada vez más inusual comportamiento de Michael comenzó a ser que se había «saltado» su juventud.

 

«Un lugar donde los niños tienen derechos».

Una semana después de conocerlo, Michael Jackson telefoneó a Jordie Chandler. Mientras los dos hablaban sobre su vida y sus pasatiempos, Jordie expresó su interés en los videojuegos. Michael entonces invitó al niño a su «escondite», un apartamento que mantenía en Century City, California, un lugar del cual la mayoría de la familia y miembros del equipo de Michael sólo había oído hablar, pero nunca había visto realmente. Michael explicó que había una máquina de videojuegos en el apartamento y creía que Jordie seguramente se divertiría allí. Por supuesto, Jordie quería ir. Sin embargo, cuando le pidió permiso a su madre, ella se negó, alegando que se acercaban los exámenes escolares y el niño debía estudiar. Pero en las semanas siguientes, Michael continuó telefoneando a Jordie; los dos se hicieron rápidamente amigos.

El 27 de junio de 1992, Michael se embarcó en su gran espectáculo Dangerous, el primero de treinta y nueve conciertos que se realizarían en la primera etapa de la gira, en Múnich, Alemania, en el Estadio Olímpico. Se trataba de una compleja producción con llamativos efectos especiales y de luces, bailarines, músicos y otros involucrados; en definitiva, una fantástica y multimillonaria presentación. En total, Michael realizaría dieciocho números —incluyendo los éxitos «Wanna Be Startin’ Somethin’», «Thriller», «Billie Jean» y «Beat lt»— y cuatro temas del reciente disco Dangerous. Al finalizar el espectáculo, frente a cerca de setenta y cinco mil personas, Michael aparentaba salir disparado fuera del estadio atado a un cohete. (En realidad, un doble realizaba el truco, que era orquestado por el ilusionista David Copperfield). Incluso sin John Branca al mando, Michael estaba tomando decisiones victoriosas; vendió los derechos de la gira a HBO por 20 millones de dólares, la mayor suma jamás otorgada por un concierto en directo. Cuando la cadena televisiva emitió el último concierto de la primera etapa de la gira, alcanzó el mayor índice de audiencia hasta esa fecha.

Debido a que Michael estaba presente en todos los aspectos del concierto, desde el sonido y la iluminación hasta el vestuario y la venta de entradas, el espectáculo le demandaba toda su atención. Es sorprendente que, aun así, lograra pensar en Jordie Chandler. Durante los siguientes nueve meses del viaje, Michael telefoneó a su nuevo amigo todas las semanas. Para Michael, Jordie parecía haberse transformado en su conexión con el mundo real, con su hogar, mientras actuaba frente a cientos de miles de extraños que lo adoraban. De hecho, Michael estaba acompañado por el niño australiano de once años Brett Barnes y el niño de nueve años Prince Albert von Thurn und Taxis, hijo de Gloria von Thurn und Taxis de Baviera, uno de los niños más ricos del mundo. Su equipo estaba acostumbrado a alojar a niños durante los viajes con Michael, nadie jamás lo cuestionaba. Sin embargo, a pesar de que otros niños estaban junto a él, los pensamientos de Michael se dirigían a Jordie. Según el recuerdo de Jordie sobre sus conversaciones nocturnas de larga distancia, Michael le habló de Neverland. «Es un lugar donde los niños tienen derechos», dijo Michael, prometiendo llevar allí a Jordie en cuanto se completara la gira Dangerous.

Michael también le habló a Jordie de sus obras de caridad, le dijo que había recaudado fondos para organizaciones para niños necesitados alrededor del mundo con su fundación Heal the World, y le mencionó sus planes para un Congreso Mundial de los Niños, donde se reunirían jóvenes de cientos de naciones. «Los niños —explicó Michael— son la esperanza del mundo». En ciertas ocasiones, dijo Michael, él enviaba a los miembros de su equipo a una juguetería en una de sus camionetas. Los empleados cargaban la camioneta con juguetes «hasta que no quedara un solo centímetro libre», y los llevaban a Neverland. Entonces, «mientras se agrupan a mi alrededor, riendo felices», Michael distribuía los juguetes a todos los niños necesitados. También prometió presentarle algún día a Elizabeth Taylor, diciéndole: «Es realmente vieja, pero muy agradable. ¡Ha ganado como quince Óscars!». (En realidad, Taylor ha ganado dos).

Cuando Michael volvió a su hogar tras la última escala de la primera etapa de la gira (Japón), el 31 de diciembre, se encontró con que Elizabeth Taylor había engalanado Neverland para la Navidad, con elaborados adornos por valor de cientos de miles de dólares. Aunque Michael, criado como testigo de Jehová, jamás celebraba la Navidad, se sentía maravillado por el gentil gesto de Elizabeth. Telefoneó a Jordie para contárselo. «Deberías verlo —dijo, según recordó luego el joven—. Es como “El

país de las maravillas de invierno”[8]. Lo único que lo haría más bonito sería que tú estuvieras aquí. Entonces sería absolutamente perfecto».

Sin embargo, Michael estaba demasiado ocupado para entretener a ningún huésped en Neverland. En su agenda figuraba, el 16 de enero, la entrega de Premios Imagen de la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color); el 19, el Baile Inaugural del Presidente Clinton y, luego, los American Music Awards, el 25. Cada actuación requería días de ensayo. Luego, el 31, tenía la Superbowl, donde se presentó junto a un coro de setecientos cincuenta integrantes mientras las noventa y ocho mil personas de la platea exhibían tarjetas ilustrativas para promover la fundación Heal the World. Al finalizar el espectáculo, tres mil quinientos niños se unieron a Michael en el escenario para cantar «Heal the World». La actuación de Michael fue vista por ciento veinte millones de personas.

El 10 de febrero de 1993, Michael le concedió una entrevista a Oprah Winfrey, que se televisó a nivel internacional. Michael y Oprah ofrecieron al mundo un recorrido nocturno por Neverland y Michael reveló, por primera vez, que sufría de vitiligo. También habló de su «novia» Brooke Shields. Cuando Oprah insistió en saber si Michael era virgen, él aclaró que era «un caballero. Puedes llamarme anticuado si lo deseas». Cuando se le preguntó sobre las cirugías plásticas, dijo que había tenido «muy poquitas. Las puedes contar con dos dedos». Elizabeth Taylor hizo una aparición sorpresa, como si pasara por allí, para declarar que Michael «es el hombre menos extraño que he conocido». (Michael luego le regaló un collar de diamantes de 250.000 dólares para agradecerle el cumplido). Fue una emisión fenomenal, con índices de audiencia récord, con más de noventa millones de espectadores; el cuarto programa de entretenimiento más visto en la historia de la televisión de Estados Unidos.

Al día siguiente, Michael telefoneó a June Chandler para invitarla a su propiedad a ella, a Jordie y a su medio hermana Lily, durante el fin de semana. Con Michael apareciendo tanto en los titulares tras su entrevista con Oprah, a June seguramente le pareció increíble que la invitaran a ella y a su familia al mismo lugar que poco antes había aparecido en la televisión, y que incluso le ofrecieran pasar la noche allí. June aceptó la invitación de Michael.

June y los niños llegaron a Neverland el viernes, después de mediodía. El criado que los recibió sugirió que se acomodaran en la sala de estar para esperar al «señor Jackson» mientras se apresuraba a servirles un refresco. June, Jordie y Lily se sentaron en uno de los sillones y observaron a su alrededor, boquiabiertos. Sencillamente, no podían creer lo que veían sus ojos. ¿Era posible que conocieran al propietario de todo aquello?

La sala de estar de la mansión seudo-Tudor de veinticinco habitaciones era inmensa y estaba equipada con un opulento mobiliario, pero a pesar de ello no perdía la calidez y la elegancia, con paredes revestidas en pino, delicadas antigüedades italianas (un tanto recargada, por supuesto, pero para Michael nunca es suficiente), y grandes sillones mullidos, en los cuales uno se hundía quince centímetros al sentarse. Aquí y allí se veían excéntricos tesoros: maniquíes de tamaño natural de ancianos y niños tomando el té; gigantes retratos al óleo de Elizabeth Taylor en elaborados marcos, dorados y esculpidos; el vestido blanco bordado con cuentas que lleva Diana Ross en la escena final de la película Lady Sings the Blues, dentro de un gran estuche de cristal, con luces magenta brillando a su alrededor. También había fotografías de niños y niñas, por todas partes. La casa estaba en perfecto silencio; inmóvil. Todo estaba tranquilo como un sepulcro, sin música, sin un sonido.

Fuera, hasta donde alcanzaba la vista, más de ochenta hectáreas de paisaje bucólico recordaban a la campiña inglesa. Era imposible imaginar que alguien fuera el propietario del lugar, inmenso como era, con su lago azul oscuro de una hectárea y media en la distancia. Aquí y allí se veían estatuas en homenaje al autor escocés J. M. Barrie y su personaje Peter Pan. Desde más de cien altavoces, camuflados como rocas en los parterres, se oía música de Disney (nunca música de Michael, que pocas veces escuchaba). También había un zoológico con una reserva de caimanes, jirafas, leones, una pitón albina de tres metros y medio y un elefante de trescientos kilos llamado Gypsi (obsequio de Elizabeth Taylor). Además estaba Cricket, el semental de poco más de medio metro de altura; Petunia, la cerda barriguda; y Linus, la oveja de medio metro de altura. Por supuesto, el chimpancé Bubbles también vivía en la propiedad; a menudo se sentaba en el cine junto a Michael y comía dulces del dispensador de golosinas. «En ocasiones se quita los pañales y hace sus necesidades en el suelo, pero generalmente es muy limpio», le contó Michael a Jordie. También, por supuesto, había una gran cantidad de atracciones: la rueda de la fortuna, autos de choque, trenes a vapor… y, para los más pequeños, un carrusel, coches de bomberos y ranas saltarinas. No faltaría quien considerara perturbador el hecho de que hubiera cientos de cámaras de seguridad distribuidas a lo largo de toda la propiedad, escondidas dentro de pequeñas casas para pájaros. Sin embargo, Michael lo consideraba una precaución necesaria. Si alguno de los treinta jardineros a jornada completa o los diez peones no sonreía lo suficiente, o era visto desanimado, era despedido, sin excepción. Al fin y al cabo, se suponía que era un lugar feliz.

«Y bien, ¿qué te ha parecido mi hogar? —preguntó Michael, mientras entraba en la habitación, con una brillante sonrisa de genuino orgullo y satisfacción, llevando una bandeja con cuatro botellas de refresco—. Iba a servirlas en vasos —dijo sobre las bebidas—, pero no logré encontrar ninguno en la cocina —bromeó—. He estado fuera durante tanto tiempo que he tenido suerte incluso de encontrar la cocina». Se mostraba afable, recordó luego June, más de lo que ella hubiera esperado.

El resto del día, June, Jordie y Lily jugaron, nadaron, pasearon en el carrito de golf color lavanda oscuro de siete mil dólares de Michael, y al finalizar la tarde vieron películas de estreno (proporcionadas a Michael por importantes estudios de Hollywood) en su sala de proyecciones privada. Al día siguiente, Michael los condujo a una juguetería que se encontraba a una hora de distancia, la cual fue cerrada por sus dueños durante unas horas para que Jackson y sus acompañantes pudieran comprar a sus anchas. «Podéis llevaros todo lo que queráis», le dijo Michael a Jordie y a Lily. Mientras June observaba, los dos niños corrieron por la tienda, cogiendo juguetes de las estanterías por un valor total de más de diez mil dólares y amontonándolos en tres carritos de compra.

La noche del sábado la pasaron disfrutando del parque de atracciones de Michael bajo la mágica luna llena, primero en la montaña rusa y luego en la noria. Cuando el coche que llevaba a Michael, Jordie, June y Lily alcanzó la cima, el operador detuvo la máquina, como Michael lo había dispuesto. Entonces los cuatro permanecieron sentados allí arriba —June, Michael y Jordie uno junto al otro, y Lily en la falda de su madre— admirando las inmediaciones, orgullo y alegría del cantante. Una suave brisa susurraba en las hojas de los árboles. Parecía haber luces titilantes hasta donde alcanzaba la mirada.

—No sé dónde se ven más luces —dijo June, sin aliento—, si en el cielo o en la tierra.

Los cuatro se perdieron en sus pensamientos, sentados en silencio, bañados por el resplandor plateado del claro de luna. No obstante, Michael se veía taciturno bajo la luz tenue.

—No sabes cuánto tiempo he pasado sentado aquí arriba, solo —dijo Michael, en voz baja—, simplemente sentado aquí arriba en silencio. Todo esto es mío —declaró, señalando las hectáreas a sus pies—, aun así… no tengo nada. Las cosas que realmente deseo son aquellas que no tengo.

—Nos tienes a nosotros, ahora —dijo Jordie, pasando su brazo sobre los hombros de Michael.

Michael sonrió.

—Mi nueva pequeña familia —concluyó—. Lo único que importa en la vida es tener a alguien que te comprenda, que confíe en ti y que esté contigo cuando envejezcas, nada más.

El domingo por la mañana, June, Jordie y Lily partieron hacia Los Ángeles tras un fin de semana inolvidable. Se acordó que habría una nueva visita.

La noche del sábado siguiente, Michael apareció en la casa de June en una limusina lista para trasladarlos de vuelta a Neverland. Sin embargo, cuando June, Jordie y Lily entraron en el amplio automóvil y saludaron a Michael, se encontraron con otro niño sentado en el regazo del cantante, el pequeño de once años de edad Brett Barnes, al cual Michael presentó como su «primo». (Si bien no son parientes, el joven se presentó como Brett Jackson). Aparentemente, Jordie no sería el único foco de atención para Michael durante ese fin de semana.

Mientras June intentaba mantener una conversación, Brett y Michael parecían estar en su propio universo, dialogando fluidamente, lo cual dejaba ver que la predilección de Michael por Jordie no era, al fin y al cabo, tan exclusiva. Fue un incómodo viaje hasta Santa Bárbara.

Cuando Michael y sus invitados llegaron finalmente a Neverland, guardias uniformados, sirvientas, mayordomos y otros empleados los rodearon, sonriendo con emoción. Michael saludó y sonrió y estrechó las manos de todos. Entonces ordenó a dos de los guardias que llevaran las maletas de June hacia una de las casas de huéspedes. «Oh, y las pertenencias de Brett irán a mi habitación —agregó despreocupadamente mientras Brett se alejaba a la carrera con una de las sirvientas. Entonces, Michael abrazó y besó al resto de sus invitados—. Tenéis Neverland a vuestra disposición —le dijo a June—, así que disfrutadlo. Os amo a todos —dijo con genuina calidez—. Ya lo veréis —agregó—, mañana será un gran día».

 

«No vuelvas a hacerlo, Jordie»

Como tantas celebridades, Michael sentía cierto vacío interior. Frecuentemente lo admitía; no hacía falta insistir mucho para que se describiera como «la persona más solitaria del planeta». Con el transcurso de los años, especialmente a medida que envejecía, la desesperanza se alojó en su interior. Cuando estaba en el escenario, volvía a la vida y no tenía par; fuera de escena, se sentía… infeliz. No obstante, cuando conoció a Jordie Chandler, todo eso pareció cambiar.

«Michael es un hombre triste —confirmó alguien que trabajó para Michael durante veinte años—. Ha tenido una vida difícil, siempre ha sido un solitario, un inadaptado. Si no se hubiera convertido en una estrella, habría sido la clase de sujeto que vive en Gary, Indiana, solo, en un apartamento de un ambiente, sin amigos y con un empleo en un laboratorio de revelado fotográfico. Lo que realmente le atrajo a Michael de Jordie fue su humor. Cuando conocía a alguien que lograba hacerle reír, quería que formara parte de su vida. Jordie le hacía reír. Se burlaba de Michael, de su modo de vestirse, de su torpeza, de su manera de conducir. Michael se divertía con el modo irreverente de Jordie. Sentía que a su lado podía ser él mismo».

Solían bailar juntos, Michael le enseñaba los pasos de las coreografías y Jordie los aprendía notablemente rápido. Jordie era inteligente; Michael amaba a los niños perspicaces y Jordie era sumamente creativo. Michael decía que Jordie podría ser algún día un maravilloso director de cine. «Es un visionario —me dijo—. Creo que podría hacer cosas maravillosas».

Habrían podido ser perfectos compañeros, salvo por el hecho de que Jordie tenía trece años y Michael, treinta y cuatro.

«Realmente no creo que hubiera una pizca de maldad en él», dijo June acerca de Michael. Si realmente pensó que había algo extraño en relación a él y a Brett en Neverland, al menos no dijo nada hasta que regresó con su familia a Los Ángeles.

No transcurrió mucho tiempo hasta que Michael los invitó a todos a su «escondite» en el Wilshire Boulevard de Westwood, a unos diez minutos de donde vivían June y Dave Schwartz.

—¿Tienes un parque de atracciones allí también? —preguntó Jordie.

Michael se echó a reír.

—No, tonto. Es simplemente un lugar donde nadie puede hallarme. —Entonces, bajando la voz como si hiciera una importante confidencia, agregó—: Tan pronto como alguien lo descubra, me trasladaré a un nuevo escondite. Cierta vez —prosiguió —, un desconocido llamó a mi puerta y de inmediato cambié de escondite, al día siguiente.

—¿Por qué?

—Porque si un extraño sabe dónde vivo —respondió Michael—, entonces millones lo seguirán.

—Entonces, ¿cuántos escondites has tenido? —preguntó Jordie.

—Cientos —dijo Michael, con una sonrisa—. Cientos de cientos de cientos.

Jordie, Lily y June se divirtieron en el escondite de Michael, tal como esperaban, y, a medida que transcurrían los días, conocían más de sus secretos. Por ejemplo, el 9 de marzo, Michael recibió el Premio Soul Train al Mejor Disco (Dangerous) y Mejor Canción («Remember the Time»), En el espectáculo, se lo vio sobre el escenario en una silla de ruedas y cantó «Remember the Time» rodeado de una multitud de bailarines. Explicó que se había lastimado durante los ensayos.

Sin embargo, al día siguiente, en Neverland, arrojó las muletas a un lado. «¡Es un milagro! ¡Puedo caminar! ¡Puedo caminar!», exclamó Michael, mostrando su faceta bromista. Michael jamás se había accidentado; en realidad, había utilizado la silla de ruedas y las muletas como un truco publicitario.

Unos días después, Michael llevó a Jordie, a Lily y a su madre a Las Vegas donde se alojaron en la suite privada de Michael, de un valor de tres mil dólares la noche, en el Hotel Mirage. Michael y Jordie se alojaron en cuartos separados, mientras que June y Lily compartieron uno.

La noche siguiente a su llegada, June y Lily se acostaron temprano, agotadas por las diversiones del día. Por su parte, Michael y Jordie vieron El Exorcista. Jordie quedó tan asustado por la película que le pidió a Michael —o él mismo lo sugirió, dependiendo de quién cuente la historia— que le permitiera quedarse con él en la habitación. Como sea, los dos acabaron durmiendo juntos, Michael con su pijama de seda, Jordie vestido con una camiseta y pantalones de gimnasia.

Por la mañana, cuando June fue a la habitación de Jordie, se encontró con que el niño no había dormido en su cama. Mientras permanecía de pie en el pasillo intentando descifrar lo ocurrido, cogió a Jordie escabulléndose del cuarto de Michael.

—¿Qué sucede? —preguntó—. ¿Dónde has estado?

—Oh, he dormido con Michael —respondió el niño, con naturalidad, según el posterior testimonio de su madre.

—¿Cómo? —exclamó June—. ¿De qué estás hablando? No hagas eso —dijo, regañándolo—. No vuelvas a hacerlo, Jordie.

—¿Por qué?

—Porque no está bien —dijo June, molesta—. Prométeme que no lo volverás a hacer, nunca jamás, Jordie.

—Pero, mamá…

—Pero, nada —le dijo ella bruscamente—. ¡Prométemelo!

—Lo prometo —dijo Jordie, derrotado.

Al día siguiente, Jordie le contó a Michael la inquietud de su madre. Según recordó luego June, Michael se acercó a ella y, mirándola seriamente, dijo:

—Jordie y yo compartimos una inocente y especial amistad. ¿Por qué le has dicho que no debe dormir conmigo?

—Porque es absolutamente inapropiado, Michael —contestó June, confirmando su punto de vista—. Y no quiero que Jordie resulte herido.

—Pero yo no soy así —dijo Michael—. ¿Cómo puedes pensar que le haría daño a Jordie? —preguntó—. Tenemos una relación amistosa, honesta, verdadera y cariñosa.

Entonces, Michael le contó a June su teoría sobre el «condicionamiento». Dijo que los niños eran inocentes hasta que eran condicionados por el mundo para lo contrario, a partir de lo cual se volvían adultos cínicos y prejuiciosos que mentían, engañaban, chismorreaban y trataban a los otros con mezquindad. Era su deseo, dijo, que Jordie permaneciera puro y a salvo del mundo adulto, incondicionado. Michael se echó a llorar.

June no supo cómo responder al emotivo monólogo de Michael. Su teoría, aunque idealista e ingenua, probablemente era inofensiva.

No obstante, aún había algo inquietante en la propuesta de que a Jordie no se le permitiera convertirse en un adulto común y corriente. Después de todo, el mundo no podía consistir eternamente en claros de luna y golosinas para su hijo. ¿Realmente deseaba que su hijo se convirtiera en un hombre como ese que a los treinta y cuatro años sollozaba frente a ella? ¿O estaba siendo simplemente «cínica y malpensada», demostrando así la teoría de Michael? Finalmente se disculpó con él por haber herido sus sentimientos. Ambos se abrazaron.

—Debes confiar en mí —dijo Michael.

—Confío en ti —le aseguró June—. De verdad.

Al día siguiente, Michael regaló a June un brazalete de Cartier de rubíes y diamantes de 12.000 dólares. June observó estupefacta a Michael mientras le entregaba el obsequio. «Es simbólico —le dijo Michael—. No es nada. Simplemente que te amo».

En lo sucesivo, Michael continuó telefoneando y visitando a Jordie, con la aprobación de June para el asombro de varios miembros de las familias Chandler y Schwartz. ¿Por qué una estrella millonaria y mundialmente famosa trabajaría tan diligentemente para forjar un vínculo tan profundo y significativo con uno de sus admiradores adolescentes? Nadie parecía encontrar la respuesta a esa pregunta. Sin embargo, el panorama no resultaba tan extravagante desde la perspectiva de los integrantes del equipo de Michael. Muchos de ellos habían visto ir y venir a los jóvenes amigos de Michael a lo largo de los años, y habían aprendido hacía mucho a no cuestionar a su jefe sobre el asunto. Sin embargo, aunque en ocasiones claramente se había obsesionado con ciertos niños, nadie jamás lo había visto hacer nada inadecuado con ellos, nadie jamás lo había acusado de nada impropio… y entonces, dejó de hablarse del tema. La explicación siempre tenía algo que ver con la «infancia perdida» de Michael y su preferencia por los niños se atribuía a que éstos eran inocentes y confiados…, una excusa algo tendenciosa. Hacer terapia habría sido una solución más acertada pero, como lo expuso uno de sus más antiguos colaboradores: «Jamás menciones ese tema con Michael».

El viernes 2 de abril, Jordie Chandler, junto a su madre y su hermana, se dirigieron a Neverland para visitar a Michael. Mientras estuvieron allí, notaron que un par de maniquíes vestidos como feroces indios sij habían sido colocados frente a la maciza puerta doble de caoba del dormitorio del cantante. Él mismo dijo que los había colocado allí para mantener a los fantasmas alejados de la habitación.

Dentro del cuarto, Michael tenía un enorme trono dorado situado justo frente a la chimenea. Resultaba muy extraño.

Esa noche, June y Lily se alojaron en el cuarto de huéspedes. Jordie permaneció con Michael en la habitación dispuesta para un rey.

 

La madre de Jordie confía en Michael… o no lo hace

June Chandler pasó los siguientes cinco días en Neverland andando a solas y reflexionando sobre los extraños acontecimientos. Por un lado, confiaba en Michael y no creía que nada inapropiado estuviera sucediendo entre él y Jordie. Pero la certeza de que Michael y su hijo dormían en la misma cama la perturbaba. Sin embargo, era Michael Jackson quien compartía la cama con Jordie. Michael Jackson. June y sus hijos se encontraban alojados en Neverland, recibiendo lujosos obsequios y siendo tratados como reyes. Se dejó llevar por esos pensamientos. Hoy en día, un padre llegaría a la conclusión de que precisamente porque era Michael Jackson el involucrado debería tener buenas razones para extremar la cautela tan sólo por su controvertida reputación con los niños, merecida o no. No obstante, más de diez años atrás, June simplemente no sabía qué pensar de la situación. Por lo tanto, permitió que continuara, especialmente considerando que su marido ya no vivía con ella y los niños, y supuso que una fuerte influencia masculina sería algo bueno para Jordie.

Michael acompañó a June, Jordie y Lily en la limusina de regreso a Los Ángeles. Sin embargo, no regresó a Santa Bárbara, decidiendo en cambio refugiarse en su escondite de Westwood. Tenía un problema médico, y quería estar cerca de su dermatólogo.

En realidad, alrededor de una semana antes, Michael había decidido blanquear su escroto con Benoquin, una crema blanqueadora que le había sido prescrita una gran cantidad de veces en los últimos años por su dermatólogo, el doctor Arnie Klein. Michael había estado utilizando la crema durante varios años para aclarar su piel. Sin embargo, aparentemente, jamás la había probado en su escroto. Finalmente, la crema le provocó ardor y escozor, causándole un malestar descomunal. Debbie Rowe, la asistente del dermatólogo, lo atendió. Como muestra de agradecimiento, Michael le regaló una camioneta GMC blanca.

En cuanto Michael volvió a instalarse en su propiedad, comenzó a añorar a Jordie. Debía hablarle; entonces le telefoneó.

A June no le agradó el modo en que se desarrollaba la conversación. Su hijo respondía a las preguntas de un modo que parecía un código, mediante contestaciones escuetas, tales como «sí», «no» y «quizá». Cuando colgó el teléfono, June le preguntó de qué habían conversado él y Michael. El niño se mostró evasivo.

Cinco minutos después sonó el teléfono de Michael. Era June que telefoneaba para decirle, nuevamente, que estaba preocupada por su relación con Jordie. Michael estaba desconcertado. ¿No habían zanjado ya el asunto? O bien ella confiaba en él, o no lo hacía… Debía tomar una decisión, como le dijo Michael.

Michael sugirió que ella se acercara a su escondite para que pudieran discutir el asunto personalmente. Cuando June llegó, se encontró con Michael en pijama. Le suplicó que le diera una nueva oportunidad.

Le dijo que a menudo había sido incomprendido, y que realmente los apreciaba, a ella y a sus niños. ¿Acaso no lo había probado? Parecía injusto, señaló Michael, que después de todo lo que había hecho por ella y su familia ahora desconfiara de sus intenciones. Él no había sido más que generoso y amable con ellos, le recordó. June no pudo más que estar de acuerdo.

Michael, entonces, le dijo a June que se sentía solo en su guarida y le pidió que lo llevara con ella a su casa. Ella accedió. Sin cambiarse el pijama, Michael entró en el coche con ella. No es de extrañar, como ella dijo luego, que sintiera que estaba lidiando con un niño, más que con un adulto.

Una vez que llegaron al hogar de los Schwartz, June sugirió que Michael se alojara en uno de los cuartos de huéspedes. Sin embargo, quizá para averiguar si ella realmente confiaba en él, Michael pidió permiso para dormir en la cama de Jordie… con el niño.

El siguiente fin de semana, June, Jordie y Lily se alojaron nuevamente en Neverland. El fin de semana que le siguió, Michael tuvo que abandonar Los Ángeles por un viaje de negocios. No quería ir, y le comentó a sus asociados que se había apegado tanto a Jordie y su familia que no podía soportar alejarse de ellos. En el aeropuerto Burbank, Michael se echó a llorar mientras abrazaba a Jordie, diciéndole que «haría cualquier cosa» con tal de no tener que ir a Filadelfia.

—Voy a extrañarte tanto… —le dijo al muchacho, mientras June y Lily observaban.

—Pero pronto estarás de regreso —lo consoló el pequeño.

—Lo sé —dijo Michael, aún llorando y abrazando estrechamente a Jordie—. Pero es que os amo tanto… Vosotros sois mi verdadera familia —suspiró, mientras ocultaba su rostro en el cabello de Jordie. Luego abrazó a Lily. Finalmente a June—. Regresaré —les dijo—, y continuaremos divirtiéndonos. Lo prometo. —Entonces se volvió hacia Jordie y dijo—: No olvides los deseos. No dejes de repetirlos. —Y le guiñó un ojo, con gesto cómplice.

—No lo olvidaré —prometió Jordie, devolviéndole el guiño.

Cuando Michael abandonó Burbank, Jordie, June y Lily estaban tan afectados que no podían dejar de llorar. Parecían personajes de un melodrama surrealista. Después de todo, Michael sólo se ausentaría poco más de una semana. Realmente no lo conocían tanto, y él tampoco los conocía a ellos, no íntimamente. Aún así, la relación se había vuelto tan intensa que June no podía evitar sentirse un poco incómoda al respecto.

—¿Qué deseos? —quiso saber cuando ella y Jordie se encontraron a solas.

—Ninguno —dijo él—. Es entre Michael y yo.

—No me gusta eso, Jordie —dijo June—. Ya sabes que no me gusta que guardes secretos.

Jordie no respondió.

Lo cierto es que los «deseos» eran seis reglas que Michael y Jordie habían ideado, más que nada como una broma entre ellos. Sin embargo, parecían tener un valor real para Michael, y a menudo se los recordaba a Jordie. Había dicho que si repetían los deseos tres minutos cada día, quizá se hicieran realidad:

Nada de rameras, putas, zorras o prostis (prostitutas). No renunciar jamás a la felicidad.

Vivir juntos en Neverland por siempre.

No ser condicionado.

No crecer jamás.

Ser más que grandes amigos.

 

Michael conoce al padre de Jordie

Una persona no se sintió tan encantada con la relación de Michael Jackson y Jordie como todos los demás: el padre de Jordie, Evan Chandler.

La extraña situación entre Jordie y Michael Jackson evolucionaba tan rápidamente que Evan parecía no poder seguirle el rastro. Cuando June le telefoneó para hablarle sobre sus visitas a Neverland, le resultó difícil creer que un artista mundialmente famoso tuviera tanto tiempo para compartir con su exmujer y su hijo. June y Evan habían discutido sobre el papel de Evan en la vida de Jordie; June creía que él no estaba lo suficiente con su hijo. Evan no estaba de acuerdo. Sin embargo, no podía evitar sentir que Michael le estaba arrebatando su lugar en la vida de Jordie. No creía que Michael estuviera haciendo nada malo con el niño. Simplemente sentía la presencia de otro hombre, una figura masculina influyente, en la vida de su hijo, y eso no le gustaba. No mejoraba las cosas el hecho de que June comentara a menudo que Jordie veía más a Michael que a su propio padre. «Michael es una importante influencia para tu hijo —le dijo a Evan durante una conversación—, y está ocupando el lugar que tú has abandonado».

Cuando se enteró de que Michael estaba durmiendo con Jordie, Evan se disgustó.

—Es ridículo —le dijo a su exmujer, según recordó June—. No es apropiado.

—Bueno, eso es lo que yo pensé, al principio —explicó June—. Pero debes verlo. Debes ver lo amable y generoso que es Michael con Jordie.

—Verlo, una mierda —dijo Evan, enfadado, según su recuerdo—. No es apropiado y quiero que se acabe.

—Bueno, eso no ocurrirá —le dijo June—. Ya he pasado por esto con Michael, y sé que está bien así. Soy la madre de Jordie —dijo—, y sé lo que es mejor para él.

¿Cómo se atrevía Evan a indicarle a June cómo criar a su hijo? Ella lo hacía lo mejor que podía y había considerado seriamente el asunto concerniente a Michael y a Jordie. No quería que Evan tomara decisiones por encima de ella.

Cuando Evan consultó a sus amigos, estuvieron de acuerdo en que había algo inapropiado en que Jordie durmiera en la misma cama con Michael Jackson. Una de sus pacientes —Evan era odontólogo— sugirió que, «simplemente para asegurarse», debía insistir en que tal conducta cesara. Ella conocía personalmente al dermatólogo de Michael, Arnold Klein, y, por deseo de Evan, telefoneó al doctor para preguntarle sobre Michael. Klein le dijo que Michael era «absolutamente heterosexual» y, según su opinión, no había razón para preocuparse por él y Jordie. «Es el hombre más dulce del mundo —dijo Arnold—, y, lo juro por Dios, estarías cometiendo un error al separarlo de Jordie. Es absolutamente inocente, como un niño». Aun así, a pesar de los comentarios de Arnold, la paciente de Evan Chandler dijo que, al menos en su opinión, un adulto no debería dormir en la misma cama que un muchacho, a menos que fuera el padre de la criatura, e Incluso en ese caso la conducta debía ser vigilada. Otro amigo de Evan, el doctor Mark Torbiner, era de la misma opinión: había algo errado en el comportamiento de Michael y Jordie, y debía detenerse, insistió. «No es normal —dijo Torbiner—. ¡Vamos! Sé realista. En el mundo real es una locura».

El domingo 18 de abril, Michael regresó de su viaje de negocios a la costa Este. Tan pronto como llegó a Neverland, cogió el teléfono para llamar a Jordie e invitarlo junto a su madre y hermana a unas «vacaciones» de cinco días. Ahora Evan supervisaba la frecuencia de las visitas de Jordie a Michael, y se mostraba sin reservas incómodo al respecto.

El 22 de abril, para disgusto de Evan, Michael llevó a June, a Jordie y a Lily a Disneylandia en Florida durante tres días, utilizando el avión de la compañía Sony. Cuando regresaron a Los Ángeles, Michael preguntó si podía quedarse en la casa de June con los niños. Nuevamente, Michael durmió en la misma cama con Jordie. Cerca de una semana después, Michael le compró a Jordie un ordenador. El pequeño estaba maravillado con el obsequio; Evan no estaba contento al respecto. Había planeado comprarle eso mismo y Michael se le había adelantado.

Michael y Jordie decidieron que leí ordenador sería instalado en el escondite de Michael para que cuando Jordie se encontrara allí tuviera acceso a Internet. Jordie quería pasar la mayor cantidad de tiempo en el escondite y June lo aceptaba, ya que había decidido confiar en Michael, y, quizá para fastidiar a Evan, permitía que las visitas, principalmente durante la noche, continuaran.

A comienzos de mayo, Michael ofreció llevar a June, a Jordie y a Lily a Monaco para la entrega de los World Music Awards, donde Michael sería galardonado con tres trofeos incluyendo el premio al «Disco más vendido de la Historia». El cortejo de Jackson viajaría en primera clase, y se hospedaría en la suite Winston Churchill, de dos mil dólares la noche, en el Hotel de París, el establecimiento más lujoso del principado. Prometían ser unas emocionantes vacaciones para June y su familia. Por su parte, Michael no iba a separarse de ellos; no soportaba la idea de hacerlo.

El día de la partida, Evan Chandler se dirigió a la casa de los Schwartz para despedirse de su hijo. Aunque aún no había conocido a Michael Jackson, no tenía otra opción que confiar en que June sabía lo que hacía al aceptar el viaje. Sin embargo, Evan notó, perturbado, que Jordie se comportaba de una manera extrañamente indiferente hacia él. Evan recordaría luego la sensación de que su hijo ya no era el mismo, que ya no parecía preocuparse por su padre. Mientras Jordie entraba en la limusina con June y Lily, Evan permaneció de pie en el bordillo de la acera, los observó conversar alegremente entre ellos y, como recordó, se sintió excluido. Posteriormente diría: «Entonces sentí que quizá June debía divorciarse de Dave, ya que tenían problemas, y quizá iniciar una relación con Michael. Después de todo, estaban disfrutando juntos, aunque yo tuviera mis reservas al respecto. Quizá me había equivocado, pensé. Quizá me había equivocado».

En Monaco, Michael fue fotografiado repetidas veces con June, Jordie y Lily. En varias fotografías, se le ve sosteniendo en brazos a Lily mientras camina junto a June. Jordie, con una camisa roja y un sombrero demasiado grande, que claramente pertenece a Michael, camina delante de ellos. Durante el evento, Michael se sentó junto al príncipe Alberto, con Jordie en su regazo.

El 16 de mayo, Michael y sus invitados regresaron de Europa. Mientras echaban un vistazo en la tienda de regalos del aeropuerto, hallaron una nota publicada en el periódico National Enquirer sobre «la nueva familia adoptiva de Michael». Se veían fotografías de Michael junto a Jordie en Disneyland. «Oh no, no creáis nada de eso —les dijo Michael a sus amigos, aun cuando el artículo era obviamente cierto—. Todo lo que escriben sobre mí son puras mentiras».

Aunque Michael no lo sabía, Evan Chandler también había visto el artículo. Le preocupó que tal publicidad pudiera situar a Jordie como blanco de secuestradores y, en su opinión, la situación entre su hijo y un hombre que jamás había conocido — Michael Jackson— estaba fuera de control. Evan tuvo una tensa conversación telefónica con June al respecto; también telefoneó a Dave Schwartz para comunicarle su sensación a propósito del artículo, lo cual desembocó en una acalorada discusión entre ambos.

Aunque Dave defendía a su mujer, su posición cambió tras la aparición del artículo, y sus amigos comenzaron a telefonearle expresando su compasión por haber perdido a su familia a manos de Michael Jackson. Dave exigió que June rompiera su amistad con Michael. Ella se negó, alegando que Michael era amable con ella y con los niños y que su intento de interferir en la relación era «lisa y llanamente egoísta».

Posteriormente, June le contó a Michael las acaloradas discusiones que habían tenido lugar en relación a él y Jordie. Turbado, Michael pensó que lo ocurrido era el típico comportamiento de adultos. «Lo ves, los adultos no confían en el otro, y ése es el verdadero problema —le dijo a June—. Es una pena que este tipo de cosas suceda, ¿no crees?».

 

En la primer semana de junio de 1993, Jordie Chandler se estaba divirtiendo con Michael Jackson en su hogar cuando su padre, Evan, realizó una visita inesperada. Michael y Jordie se encontraban jugando en la habitación del niño cuando Evan entró en el cuarto. Temeroso de ser visto por Evan, tímido como siempre a la hora de conocer a gente nueva, Michael se ocultó rápidamente en un rincón.

Evan deambuló por la habitación boquiabierto, sin percibir que Michael espiaba desde las sombras. «Dios mío, mira todo esto, Jordie —dijo Evan, asombrado por el panorama de discos por valor de varios miles de dólares, vídeos, estuches de Nintendo y juguetes, muchos de ellos aún en sus cajas. Y a continuación preguntó—: ¿Cómo has conseguido todo esto?

Justo cuando Evan realizó la pregunta vislumbró un movimiento en el rincón. Se trataba de Michael. La primera impresión de Evan fue que se trataba de una persona extraña. Michael estaba completamente maquillado, incluyendo lápiz labial rojo y delineador negro. Llevaba puesto su sombrero negro, y una venda adhesiva sobre la nariz. Estaba mascando chicle. «Buenos días, señor Chandler» dijo, en un delicado susurro. Michael extendió su mano. Cuando Evan le ofreció la suya, según recordó después, Michael la estrechó laxa y débilmente.

En ese momento Nikki, el hijo de cinco años de Evan, de su segundo matrimonio, entró corriendo en el cuarto. «¡Guau, Michael Jackson!», exclamó el pequeño. En segundos, Nikki se encontraba jugando en el suelo con Michael, luchando con muñecos, mientras Evan y Jordie observaban. Michael se tocaba una y otra vez la nariz, de un modo exasperante. A pesar de que no comprendían la razón de tal comportamiento, no preguntaron nada. En el momento de partir, Evan se sentía completamente atraído por Michael. Se había mostrado amable y considerado con los niños, gracioso y «completamente normal», como Evan recordó luego.

Unos días después, Michael se sintió lo suficientemente a gusto con Evan como para invitarlo a su escondite. Sugirió que llevara también a Nikki. Cuando padre e hijo llegaron, hallaron a Jordie y a Michael esperándolos. Michael entonces regaló a Nikki una gran cantidad de juguetes, y a Evan, un reloj de Cartier. Luego, mientras los niños jugaban, Michael le dijo a Evan que esperaba poder llevar a Jordie consigo en la segunda etapa de la gira Dangerous, que comenzaría el 24 de agosto de 1993 en el Estadio Nacional de Tailandia, Bangkok. Creía que Jordie viviría una experiencia única viajando con él por países como Taiwán, Japón, Rusia, Israel, Turquía y México. Michael esperaba que Evan considerara la propuesta como una excepcional oportunidad para Jordie, y quizá que discutiera el asunto con June.

Evan recordaría luego sentirse nuevamente incómodo en relación a Michael. No pudo evitar la pregunta:

—Michael, ¿cuál es exactamente la naturaleza de tu relación con Jordie?

—Bueno, no sé qué decir —respondió Michael—, excepto que es… es… — Parecía buscar la palabra correcta—. Es cósmica —dijo finalmente.

Evan fue al grano.

—Oye, ¿estás teniendo relaciones sexuales con mi hijo? —preguntó, sorprendentemente sosegado.

Michael estaba atónito. No podía creer que Evan le hiciera semejante pregunta de un modo tan directo.

—Dios mío, no puedo creer que me preguntes eso —dijo.

Los dos hombres se observaron fijamente durante unos segundos, aparentemente sin saber qué decir. Evan decidió no forzar el asunto. En cambio, preguntó:

—¿Qué ocurrirá si en el futuro decides que ya no quieres ser amigo de mi hijo? Se sentirá muy herido.

—¿Si ya no quiero ser el amigo de Jordie? —preguntó Michael—. Pero eso nunca ocurrirá. Nadie es tan leal como yo. Siempre seré el amigo de Jordie.

Un silencio incómodo se interpuso entre los dos hombres. Finalmente, Evan sugirió que él y Michael se unieran a los niños en el videojuego.

A esas alturas, como recordó luego Evan Chandler, realmente no sabía si aprobar a Michael o no. Oscilaba entre la alegría y la incomodidad. Después de todo, Michael no había negado realmente que estuviera sucediendo algo inapropiado entre ellos, pero tampoco lo admitía.

En pocos días, Evan se sintió fascinado nuevamente por la presencia de Michael en la vida de Jordie, lo suficiente como para sugerir que Michael compartiera incluso más tiempo con él. La sugerencia toma forma cuando Michael se presentó en la fiesta de cumpleaños de Nikki, el 22 de mayo de 1993, para el asombro de todos los invitados, quienes no podían creer que Michael Jackson estuviera jugando con sus hijos en la fiesta de su amigo. «¿Quién no desearía que su hijo fuera el amigo de Michael Jackson?», dijo Evan en ese momento. Incluso sugirió que Michael ampliara la construcción de la casa para no verse obligado a realizar el viaje de Santa Bárbara a Los Ángeles sólo para visitar a Jordie. «Puedes quedarte aquí —le ofreció—, pero estarías más a gusto si construyeras una ampliación en la casa, supongo».

Michael tomó la oferta lo bastante en serio como para hacer que sus representantes estudiaran las normas del condado donde Evan vivía para determinar si era posible realizar dicha ampliación.

Esa noche, Michael se alojó en casa de Evan. Durmió en la misma habitación que Jordie y Nikki. Los niños vieron el vídeo de Peter Pan con Michael, luego Evan les dio las buenas noches y cerró la puerta del dormitorio. Lo último que vio fue a Michael Jackson tumbado en una cama plegable, y a sus dos niños en sendas literas: Jordie en la cama de abajo y Nikki en la de arriba. Así dormirían en la casa de Evan durante las dos noches siguientes.

Qué extraña escena: Michael Jackson, posiblemente el más rico y famoso artista del mundo del espectáculo, acurrucado en una incómoda cama plegable, durmiendo en una habitación junto a dos niños.

¿Acaso no tenía responsabilidades? Parecía que la persona que dormía en el cuarto de Jordie no tenía planes para el futuro, fechas de grabación o conciertos programados.

¿No era de público conocimiento que se codeaba con estrellas de cine, magnates y miembros de la familia real como Diana, la princesa de Gales? ¿Por qué jamás los mencionaba? ¿Dónde se encontraba su familia? ¿Por qué no hablaba de ellos? Nunca había mencionado a sus hermanos.

¿Y no se suponía que era millonario? Según la revista Forbes, había ganado 55 millones de dólares el año anterior. ¿Por qué sólo se vestía con viejos pantalones vaqueros y camisetas? ¿Por qué llevaba siempre los mismos mocasines negros? Cuando, en una ocasión, se había referido a su riqueza, había sonado incoherente. Por ejemplo, Evan había observado cierta vez a Jordie y a Michael mientras disparaban con pistolas de agua a unos tomates alineados en una repisa. Michael le había comentado al niño; «Estoy pensando en comprarme un avión privado. —Jordie se había encogido de hombros. Entonces, Michael había dicho—: ¿Sabes qué? Apuesto a que si retrocedo tres pasos más atrás aún podré darle a ese tomate».

Tan poco se asemejaba la vida del hombre en la cama plegable con la del genuino Rey del Pop que si alguien le hubiera dicho a Evan que la persona que dormía en el dormitorio de su hijo era en realidad un imitador de Michael Jackson, lo habría creído.

Durante los dos días siguientes, Evan y Michael profundizaron mucho en su amistad. Discutieron asuntos de familia, así como la educación de Jordie y de Nikki. Michael mencionó que Jordie había descrito a menudo a Evan como un estupendo padre, y Michael le confesó su propia admiración por la dedicación hacia sus hijos. También discutieron acerca de Dave Schwartz, y su disgusto con la afirmación del National Enquirer de que Michael le había «robado» su familia. Evan afirmó que estaba de acuerdo con Dave en que el artículo estaba «mal formulado». Michael explicó que había aprendido a lidiar con artículos sensacionalistas sobre él y sus amigos, y que esperaba que Evan no utilizara esa nota en su contra. Evan dijo que sentía mucha simpatía por Michael y que permitiría de buena gana que continuara su amistad con Jordie y Nikki.

Los dos se estrecharon las manos y acordaron mantener abierta la comunicación entre ellos.

Con el correr de los días, sin embargo, Evan tuvo más tiempo para pensar en la calificación de «cósmica» que Michael había atribuido a su relación con Jordie, y en el hecho de que se hubiera mostrado tan curiosamente reticente a caracterizarla en términos específicos. Michael no había respondido a su directa, aunque desconcertante, pregunta sobre si tenía relaciones sexuales con Jordie. Ante todo, se había mostrado avergonzado. Evan, como afirmó luego, comenzó a experimentar una extraña sensación en la boca del estómago. Pequeños incidentes a lo largo de los siguientes días tuvieron un mayor impacto sobre él.

Por ejemplo, una tarde en que la familia se encontraba mirando la televisión, Michael pareció incapaz de quitarle los ojos de encima a Jordie. Cuando Evan le preguntó si ocurría algo, dijo: «No, sólo estoy echando un vistazo a las cosas». No obstante, cuando Jordie se levantó para ir a la cocina a prepararse un sándwich, Michael fue tras él. Luego, cuando Jordie se levantó para ir al baño y Michael también se puso de pie, Jordie dijo: «Michael, sólo iré al baño. Puedes quedarte aquí». Avergonzado, Michael se echó a reír y dijo: «Oh, de acuerdo. Está bien».

Evan comprendía que los adolescentes se relacionan de diversas formas con personas ajenas a su familia y que éstos incluso a menudo pueden influir enormemente en sus valores y su comportamiento. Sin embargo, ¿era Michael un igual? Ciertamente no. Su influencia sobre Jordie era conflictiva, ya que tenía varios puntos oscuros. ¿Por qué Michael y Jordie compartían tantas bromas en código, como si hablaran su propio lenguaje? ¿Por qué estaban siempre susurrándose el uno al otro? ¿Por qué hablaban en voz baja entre ellos y luego, en cuanto oían que alguno de los padres de Jordie se acercaba al cuarto, se callaban por completo? ¿Por qué Jordie comenzaba a vestirse como Michael, con sombreros negros y gafas de sol? Y, sobre todo, ¿por qué siempre dormían en la misma habitación?

Durante las siguientes semanas, Evan continuó presionando a Michael sobre la naturaleza de su relación con Jordie, tanto que Michael comenzó a distanciarse de él para evitar nuevos interrogatorios. No parecía entender por qué Evan dudaba sobre lo que ocurría entre él y Jordie. ¿No había explicado ya que era su leal y verdadero amigo? ¿No habían acordado tratar a Michael como un distinguido miembro de la familia? Nuevamente, como Michael ya le había dicho a June, o bien Evan confiaba en él, o no lo hacía. El problema era que Michael no estaba preparado para lo que podría suceder si Evan no confiaba en él. ¿Acabaría su amistad con Jordie sólo porque el padre del niño no confiaba en él? No.

Cuando Michael se sentía desgraciado con una persona, generalmente la expulsaba de su mundo. Muchas personas importantes habían aparecido en su vida para luego desaparecer de ella durante años. Algunas, como John Branca, se habían considerado grandes amigos de Michael, pero tal condición no los había salvado de ser expulsados. Si Michael había echado a John Branca después de más de diez años, ¿dónde se situaba Evan Chandler tras apenas unas pocas semanas? Michael dejó de responder las llamadas telefónicas de Evan cuando se convirtió en un problema en su vida. Si hubiera podido despedirlo, u ordenar que alguien cumpliera la orden, lo habría hecho.

No obstante, Michael subestimaba seriamente a Evan. No era un empleado que pudiera ser fácilmente despedido. En cambio, era el padre del niño con el que Michael se había obsesionado, cualquiera que fuera el motivo. No iba a permitir que lo expulsara de su vida, o de su relación con Jordie, más aún cuando no estaba seguro de confiar en él. Había algo impropio en la amistad de Michael con Jordie, decidió, y estaba dispuesto a descubrirlo, al menos para demostrarle a Michael Jackson que no podría salirse con la suya.

 

Mentes sucias

En junio de 1993, Jordie Chandler debía finalizar la escuela primaria. Durante meses había esperado la fiesta de estudiantes para celebrar la ocasión. Aunque Jordie siempre había sido un estudiante popular y tenía muchos amigos, últimamente no parecía estar en contacto con ellos. Se había vuelto tan antisocial desde que conocía a Michael Jackson, que sus padres estaban preocupados. Sin embargo, el hecho de que se mostrara tan entusiasta en relación al baile de fin de curso hizo pensar a Evan y a June que su hijo continuaba siendo un adolescente normal.

No obstante, cuando Jordie entró en el dormitorio de su madre para anunciar que no se presentaría a la ceremonia de la escuela y, en cambio, pretendía pasar la tarde con Michael Jackson, ella se inquietó. Se divertía más con Michael que con sus compañeros, le dijo a June, y si pudiera hacer lo que él quería, se quedaría con Michael. June, según su posterior recuerdo, intentó convencer a Jordie de que no era correcto abandonar a los amigos de su edad por Michael. Podía cultivar la relación con sus compañeros de escuela además de su amistad con Michael. «No es necesario que decidas entre unos u otro», dijo. Sin embargo, Jordie no lo veía de ese modo; según su opinión, sus compañeros del colegio no lo comprendían como Michael y, lo que era peor, dijo, no eran amables entre ellos porque habían sido «condicionados» para el odio, al igual que los adultos. June estaba desorientada. Le desconcertaba oír a su hijo repitiendo como un loro la filosofía de Michael. «Será mejor que lo hables con tu padre», sugirió.

La posición de Evan Chandler sobre la decisión de Jordie fue determinante.

—Sobre mi cadáver —le dijo, furioso—. No puedes pasar todo tu tiempo con Michael Jackson. No lo permitiré. Ya es suficiente.

—No podrás impedirlo —dijo Jordie, desafiante—. Haré lo que me dé la gana.

Evan, como recordaría luego, había comenzado a pensar que Michael era homosexual y que quizá Jordie también lo fuera. No había otra explicación, pensó, para una obsesión como ésa. A pesar de lo que estuviera sucediendo, sin embargo, sentía que debía volver a acercarse a su hijo. Si pudieran comunicarse mejor, quizá sería capaz de resolver el problema.

—Estoy harto de todo esto —le dijo a Jordie—. Te queremos mucho. ¿Por qué nos has vuelto la espalda? Puedes tener a Michael en tu vida —concluyó—, pero también puedes tenernos a nosotros, y a todos los demás.

Cuando Evan abrazó a su hijo, Jordie se mostró rígido e indiferente. No quería escuchar lo que su padre tuviera que decirle y no quería entablar una conversación con él bajo ningún concepto. Evan diría posteriormente que sintió que le estaban arrebatando a su hijo, y se convenció más que nunca de que debía evitarlo. No le quedaba más recurso que apelar a su autoridad:

—Irás a ese condenado baile, Jordie. No pasarás la noche con Michael Jackson.

—No iré al baile. Jamás te ha gustado Michael —dijo, mientras se marchaba, furioso—. Has estado fingiendo todo este tiempo. Michael me advirtió de lo que estaba sucediendo, y estaba en lo cierto.

Finalmente, Jordie no asistió al baile de la escuela. Pasó la noche con Michael.

Aunque no hubiera sido la intención de Michael Jackson, su presencia había causado una terrible confusión en la vida de Jordie, así como en la de sus padres, Evan y June, e incluso en la de su padrastro, Dave Schwartz. La aparición de Michael en sus vidas había trastocado violentamente todo, enfrentando a los tres adultos entre sí, y luego a Jordie con ellos, generando desconfianza y frustración para todos. Sin una comunicación efectiva, era inevitable que los problemas continuaran en el hogar de Jordie.

 

¿Era consciente Michael del papel que representaba en lo que estaba sucediendo en la familia de Jordie? Uno de sus asesores recuerda una conversación con él sobre Jordie, que mantuvieron mientras observaban las estrellas, sentados en un coche de golf en la propiedad de Neverland.

—¿Sabes?, quizás deberías dejar en paz a Jordie —sugirió el asesor de Michael.

—No —respondió sucintamente Michael, recordó el asesor.

—¿Por qué no?

—¿Qué puedo decir? —preguntó Michael. Su expresión era serena mientras observaba el espacio infinito.

—Pero mira todos los problemas que tu amistad le está causando a Jordie. ¿No crees que deberías acabar con esto? —preguntó el asesor con insistencia.

Michael se encolerizó; podía pasar de la calma a la furia en segundos.

—Mira, no soy yo el causante del problema —dijo—. Son los padres de Jordie. No pueden aceptar que mi relación con él es inocente. Son malpensados. Nada sexual está sucediendo. ¿Por qué la gente no puede simplemente comprenderlo?

—Pero, Mike…

Michael se puso de pie y se alejó antes de que la conversación finalizara.

Si lo que dicen quienes mejor lo conocían es cierto, que Michael en su interior seguía siendo un niño, definitivamente también está la otra cara de la moneda: actuaba como un pequeño malcriado cuando las cosas no se hacían a su modo. A menudo era incapaz de considerar cualquier otro punto de vista distinto del suyo.

El 7 de julio de 1993, Evan Chandler asestó un golpe definitivo a la amistad de Michael con Jordie y, de paso, a su propia relación con su exesposa, June, al presentar una petición para modificar el acuerdo de su custodia. Los documentos solicitaban al juzgado que se prohibiera a Jordie acercarse a Michael, o visitarlo en cualquiera de sus viviendas, o en cualquier otro lugar. Evan exigía que Jordie recibiera atención psiquiátrica para determinar el alcance de la influencia de Michael sobre él. También acusaba a June de «alimentar» la relación entre Michael y Jordie, la cual consideraba malsana, «porque, según lo que tengo entendido, ella (June) recibe lujosos obsequios, dinero en efectivo y vacaciones por parte de Jackson».

En la declaración jurada, Evan manifestaba que había descubierto que Michael «pasa la noche con mi hijo rutinariamente y ambos duermen en la misma cama. Le he preguntado directamente si estaba teniendo relaciones sexuales con mi hijo. Jackson se negó a darme una respuesta directa. En cambio, me dijo que continuaría durmiendo con él y que consideraba la relación entre ellos “cósmica” y que estaban hechos el uno para el otro».

Michael se sintió herido y, por supuesto, furioso. Aun así, no estaba dispuesto a considerar la opción de sacrificar sus propios intereses y necesidades para darle a Jordie la oportunidad de acercarse nuevamente a sus padres. En cambio, veía a los adultos en la vida de Jordie como la confirmación de su filosofía personal de que los mayores no eran de confianza y tendían a actuar de modo irracional, mezquino y primitivo. Si Evan se preocupara por los intereses de Jordie, razonó Michael, seguramente permitiría que continuara esa relación tan cariñosa sin cuestionarla o presumir las peores cosas sobre ella. Además, el corazón desea lo que desea, y Michael Jackson deseaba estar con Jordie.

 

La grabación secreta

Después de que Evan Chandler hiciera su presentación judicial contra June, era imposible que ella confiara en él. Dave estaba de acuerdo con su esposa en que Evan era una amenaza. ¿Proseguiría con sus acusaciones, hasta el punto de alegar que había sido una madre incorrecta por permitir que continuara la relación entre Michael y Jordie? ¿Intentaría obtener la custodia completa de Jordie?

El 2 de julio de 1993, Evan se reunió con Dave en su local, Rent-A-Wreck, para discutir lo que estaba sucediendo en la familia. Durante el encuentro, Evan dejó claro que quería que el reinado de Michael sobre la vida de Jordie llegara a su fin, y que estaba dispuesto a tomar las medidas necesarias para que eso sucediera. Solicitó el apoyo de Dave. No obstante, éste dejó claro que no estaba de acuerdo con Evan y que no deseaba interferir en la relación de Jordie con Michael. June había estado atenta a la situación, dijo, y no deseaba cuestionar su autoridad. Si así lo hiciera, argumentó, peligraría aún más su matrimonio con ella, y probablemente también se distanciaría de Jordie.

Durante la semana siguiente, Evan continuó creando problemas. Michael, June y Jordie no confiaban en él y trataban de evitarlo. No contestaban sus llamadas telefónicas; había transcurrido casi un mes desde que Evan hablara con Jordie. Ahora presionaba para concertar una reunión. Sabía que June y Jordie intentaban acompañar a Michael en su próxima gira, y que estarían de viaje durante cinco meses. No deseaba que fueran, creía que no era seguro para Jordie. Telefoneó a June y dejó un mensaje en su contestador automático, insistiendo en que ella, Jordie y Michael se encontraran con él el 9 de julio.

Dave telefoneó a Evan para preguntarle qué deseaba obtener con semejante reunión.

—No conseguirás nada por ese camino —le dijo.

—Escúchame, pedazo de idiota —le dijo Evan—. Estoy preocupado por mi hijo. Lo quiero conmigo, ahora mismo. No sé qué es lo que ocurre entre vosotros y Michael Jackson, pero no me gusta.

Los dos hombres discutieron cerca de una hora, lanzándose insultos el uno al otro. Quizá para descubrir lo que Evan tenía en mente, Dave decidió grabar secretamente la conversación telefónica con él. Una hora después de su discusión, telefoneó a Evan, nuevamente.

En esa conversación del 8 de julio, de la cual ciertos fragmentos fueron posteriormente archivados en el tribunal del condado de Los Ángeles, Evan dijo que estaba furioso porque Michael había dejado de telefonearle y ya no deseaba una relación amistosa con él. «No había razón para que dejara de llamarme», le dijo Evan a Dave. Agregó que recientemente había tenido una larga conversación con Michael y le había expresado «exactamente lo que espero de mi relación con él». (Sin embargo, jamás dijo durante la conversación con Dave qué era lo que esperaba de Michael). También sostuvo que, según su opinión, Michael pasaba demasiado tiempo con Jordie, y que había algo «impropio en ello». Estaba furioso con June, dijo, quien le había dicho que se fuera al demonio cuando intentó discutir el asunto de Michael con ella. Al ser interrogado, Evan dijo que consideraba que Michael Jackson había «destrozado a la familia» y que Jordie había sido «seducido por el dinero y el poder de este sujeto». Jamás dijo, durante la conversación, que sospechaba que Michael estaba teniendo relaciones sexuales con Jordie. Sin embargo, afirmó que había contratado a un abogado, su amigo Barry Rothman, para que comenzara a investigar el asunto.

Barry se encontraba en el consultorio de Evan por un arreglo en su dentadura, cuando el odontólogo comenzó a comentarle ciertos cambios en la personalidad de Jordie. Se emocionó tanto al recordar los acontecimientos recientes que se echó a llorar. Se había alzado un muro entre él y su hijo, le confió al abogado, y simplemente no sabía cómo escalarlo, o derrumbarlo. Estaba perdiendo a Jordie, declaró. Mientras los dos discutían el asunto, Barry recuerda que Evan dijo que comenzaba a creer que la relación de Michael y Jordie podría haber adquirido un carácter sexual. Si ése era el caso, sugirió Barry Rothman, quizá Evan necesitaba un abogado. Acordaron intercambiar servicios odontológicos por asesoramiento legal.

—Tengo al mejor que habría podido hallar —le dijo Evan a Dave, refiriéndose a Barry Rothman, quien había representado en el pasado a Little Richard, The Who, los Rolling Stones y Ozzy Osbourne—. Todo lo que desea es hacer esto público lo más rápido que pueda, lo más a lo grande que pueda, y humillar a la mayor cantidad de gente que pueda —continuó Evan—. Es desagradable, es maligno, es inteligente y está hambriento de publicidad. Todo sucederá de acuerdo a un plan que no es sólo mío. Una vez que realice la llamada telefónica, este sujeto [Barry Rothman] destruirá a todos los que pueda de la manera más astuta, desagradable y cruel que sea posible. Le he otorgado total autoridad para hacerlo.

«Jackson es un hombre cruel —prosiguió, enfurecido—. Es peor que eso, y poseo la evidencia para probarlo. Venceré, sin lugar a dudas. No hay modo de que me derroten. Obtendré todo lo que quiera, y serán destruidos para siempre. June perderá [la custodia de su hijo] y la carrera de Michael habrá finalizado. Evan y Dave, entonces, discutieron los planes de June para llevar consigo a Jordie en la gira de Michael, Dangerous, en otoño. «Bueno, así lo creen ellos —dijo Evan—. Pero no irán a ninguna parte».

Provocándolo para obtener más información, Dave le preguntó a Evan cómo ayudaría su plan a Jordie. La respuesta de Evan fue desconcertante. «Eso es irrelevante para mí —dijo—. Lo importante es que su madre le está haciendo daño, al igual que Michael. Puedo probarlo, y lo haré. Me ha costado decenas de miles de dólares obtener la información que tengo, y tú sabes que no cuento con esa cantidad de dinero. Estoy dispuesto a hundirme económicamente. Será una masacre si no obtengo lo que quiero.

«Considero que Jordie ha sido dañado, irremediablemente —prosiguió Evan—. El asunto estallará y destrozará todo a su paso. Este hombre será humillado hasta lo indecible —concluyó Evan—. No podrás creerlo. Será peor que sus más horribles pesadillas. No volverá a vender un solo disco. Los hechos son tan aplastantes que todos serán destruidos en el camino».

¿Sabía Evan Chandler que estaba siendo grabado? ¿Sospechaba también que la grabación sería algún día reproducida frente a Michael Jackson? ¿Se mostraba melodramático e intimidatorio sólo para asustarlo? ¿O realmente planeaba arruinarlo? Sólo él sabe lo que ocurría en su cabeza en ese momento… y no lo ha relatado.

 

El día siguiente a que los comentarios exacerbados de Evan Chandler sobre Michael Jackson fueran grabados por Dave Schwartz, Evan esperaba el encuentro familiar que tanto había perseguido para discutir el asunto de Jordie. Sin embargo, nadie asistió a la reunión. Estaba más furioso que nunca. Finalmente, telefoneó a June. Según el antiguo abogado de June, Michael Freeman, Evan reiteró su preocupación de que algo impropio estuviera ocurriendo entre Jordie y Michael. June dijo que eran «puras tonterías». Además, dijo que ella y Jordie aún tenían la intención de realizar la gira con Michael, y que Evan «sencillamente debería acostumbrarse a la idea».

Según recordó Michael Freeman, «Evan dijo entonces que apelaría a los medios. Inmediatamente, pensamos, ¿por qué? Si realmente creía que Jordie estaba sufriendo abusos, ¿por qué no acudía a la policía en lugar de a la prensa?».

Ese mismo día, June y Dave decidieron reunirse con Michael para decirle que podrían presentarse problemas en relación con Evan. No obstante, Michael no se lo tomó seriamente. «Oh, esta clase de cosas me ocurren todo el tiempo —les dijo—. Las personas siempre intentan obtener dinero de mí. Haré que mi gente lo resuelva. No se preocupen». Sin embargo, cuando reprodujeron la cinta que Dave había obtenido de su conversación con Evan, Michael se inquietó.

—Sonaba tan enfurecido —me dijo Michael acerca de Evan Chandler en una entrevista meses después—, que entonces supe que se trataba de una extorsión. Lo decía allí mismo en la cinta. Acudí a Bert [Fields] y [al investigador privado] a Anthony [Pellicano] y traté de olvidarme del asunto.

—¿Estabas ofendido? —le pregunté a Michael.

—No —me dijo Michael—. Yo sabía que no había hecho nada incorrecto, ¿por qué enfadarme?

—Porque a pesar de creer que no habías hecho nada incorrecto, estabas siendo acusado de un horrible crimen —sugerí.

—Yo no pienso de ese modo —dijo Michael, cortante—. Yo no vivo en el miedo.

Retrospectivamente, tal vez Michael fingía indiferencia conmigo porque yo me encontraba en el papel de periodista y consideraba que lo que decía era apropiado para una entrevista. Luego, uno de sus asesores más cercanos me dijo que estaba realmente furioso cuando escuchó la cinta de Evan. «He sido amable con él y su familia, y dice estas horribles cosas sobre mí, después de haber llevado a su familia por el mundo entero, de haberles comprado obsequios, de haber permitido que entraran en mi vida, en mi hogar. Transmítele que Michael Jackson dijo que puede irse al infierno». Ésa fue su reacción.

«Le pregunté si era cierto. Si estaba ocurriendo algo entre él y Jordie. “Por supuesto que no. Es absolutamente ridículo, y ni siquiera es el tema. Transmítele a Evan que Michael Jackson ha dicho que puede irse al infierno. Ése es el asunto”».

 

El 9 de julio de 1993, June y Dave Schwartz se encontraron con el investigador de Michael Jackson, Antonhy Pellicano, en su oficina de Sunset Boulevard, para reproducirle la cinta que Dave había grabado de su conversación con Evan Chandler.

Con su porte rudo y racional, Anthony podía ser intimidatorio, siempre obtenía lo que deseaba y representaba a sus clientes con ferocidad. Es interesante notar que comenzó su carrera en 1977, al hallar los restos del tercer marido de Elizabeth Taylor, Mike Todd, entre unos matorrales. El cadáver de Todd había sido robado por gánsters de un cementerio de Illinois, en busca de un anillo de diamantes de diez quilates, un obsequio de Elizabeth con el cual pensaban que había sido enterrado el difunto.

Hoy en día, la carrera de Anthony está destrozada. En noviembre de 2002 fue arrestado por contratar a un hombre para que amenazara a un reportero de Los Angeles Times que investigaba un complot de la mafia para extorsionar al actor Steven Seagal.

El abogado de Michael, Bertram (Bert) Fields, también estaba presente. Field es, aún hoy, uno de los más sobrecogedores e influyentes abogados del mundo del espectáculo con una cartera de clientes que incluye a algunos de los nombres más célebres, desde los Beatles hasta Tom Cruise y John Travolta. Jamás ha perdido un juicio en el que haya sido el abogado principal. Estaba determinado a representar a Michael del modo más agresivo posible, especialmente tras haber escuchado la cinta que June y Dave habían traído con ellos. «Me quedé preocupado —recordó Bert—, no sonaba bien. Sonaba como una extorsión».

Al día siguiente, Anthony Pellicano concertó una reunión con Jordie Chandler en el escondite de Michael en Los Ángeles. Les rogó a Michael, June y Dave que abandonaran la habitación para que él y Jordie pudieran estar solos. Su intención era interrogar al pequeño sobre su relación con la estrella del pop. «Decidí ser directo con el chico —recordaría luego Anthony—. Era un asunto serio. No había tiempo para ser delicado. Le pregunté: “¿Alguna vez has visto a Michael Jackson desnudo? ¿Alguna vez te ha visto él desnudo? ¿Alguna vez has hecho algo de carácter sexual con él?”. El niño me miró directo a los ojos y respondió: “No. No. No”. Yo le creí». Anthony habló con Jordie durante más de una hora y, dice, se convenció de que nada inapropiado había ocurrido entre él y Michael.

Después de esa reunión, Bert Fields (trabajando en nombre de June Chandler además del de Michael) y Barry Rothman (el abogado de Evan) negociaron un acuerdo según el cual Evan tendría la custodia de Jordie durante una semana. Reticente, June aceptó los términos del acuerdo, ya que no quería alejar al niño de su padre. Anthony Pellicano y Bert Fields le garantizaron personalmente que Jordie sería devuelto, según lo prometido. Barry Rothman entonces dio su palabra de que Evan devolvería al niño en el plazo fijado.

A la hora y lugar concertados, Evan aguardó a que llegara su hijo, pero ello nunca sucedió. En cambio, June decidió llevar a Jordie y a su hermana, Lily, a Neverland, para celebrar el cumpleaños de la niña junto a Michael Jackson.

En el camino de Los Ángeles a Santa Bárbara, Michael y sus acompañantes se detuvieron en la casa de la playa del financiero Michael Milken, el rey de los bonos basura, que acababa de ser liberado de la prisión tras cumplir unos años de condena por bonos fraudulentos. Era un amigo de Michael y los dos habían discutido la idea de poner en marcha una cadena de televisión por cable educativa para los niños.

Al llegar a casa de Milken, Michael Jackson telefoneó a Anthony Pellicano para contarle el cambio de planes: habían decidido no permitirle a Evan que tuviera a Jordie durante una semana. Esta decisión colocó tanto a Anthony como a Bert Fields en una posición difícil; habían dado su palabra, y ahora aparentaban ser unos mentirosos. Anthony estaba furioso; se lo dijo a Michael.

—Estás siendo ridículo —recordó haberle dicho—. Trae a ese niño de regreso, y hazlo ahora mismo, Michael. Tú y Jordie aparentemente poseéis una sola cabeza. Úsala. ¿Me oyes?

—Escucha, no me digas lo que debo hacer —respondió Michael—. Yo te diré qué hacer a ti, Anthony. Y no al revés. ¿Me oyes?

A medida que las contestaciones de Michael se volvían más acaloradas, June comenzó a inquietarse.

Michael prosiguió:

—Evan puede ver a Jordie cuando yo… —Se corrigió—. Evan puede ver a Jordie cuando nosotros lo decidamos, no cuando él lo decida. Y nosotros decidimos lo contrario. Asunto concluido. ¿Lo has comprendido? —Michael colgó bruscamente el auricular. Apretó los puños y su rostro adquirió una expresión furiosa, tan furiosa que parecía que estaba a punto de explotar—. ¿Por qué me trata como si fuera un idiota? —preguntó, sin dirigirse a nadie en particular—. No soy un idiota. Soy Michael Jackson. Soy Michael Jackson. —Le dio un puntapié a la pared—. ¡Es insultante y ofensivo, mierda!

June, Jordie y Lily se observaron, sorprendidos.

—Dios, mami, Michael está muy enfadado —dijo Lily, sobrecogida.

Tras ser testigo de la inesperada ira de Michael, June ya no deseaba acompañarlo a Neverland, alegando que no se encontraba de humor. «Como quieras —le dijo Michael, irritado—. Haz lo que quieras».

June, Jordie y Lily regresaron en taxi a Los Ángeles.

Mientras tanto, Michael siguió viaje a Santa Bárbara, solo. A su llegada fue recibido por el ama de llaves, Adrian McManus.

—¿Dónde están los invitados de honor? —preguntó—. ¿Acaso no tendremos una fiesta?

—No celebraremos ninguna fiesta —dijo Michael—. Olvídalo. Arroja la comida a la basura. Y quita esas decoraciones, también —agregó, señalando las coloridas serpentinas que colgaban en la entrada.

A continuación, Michael se dirigió corriendo a su habitación y se encerró dando un portazo.

 

Michael se siente traicionado

En el camino de regreso a Los Ángeles, June Schwartz tuvo tiempo de pensar en el modo en que se habían desarrollado las cosas entre su hijo y Michael Jackson. Cuando llegó a su casa, telefoneó a Evan. Había cambiado de idea, dijo. Quizá al ver a Michael perder la compostura, había comprendido que alguien debía ver las cosas en perspectiva. Aunque Jordie no quisiera ir, ahora sentía que era importante que visitara a su padre durante la semana.

Nadie parecía hacer nada de lo que Jordie deseaba. Por lo tanto, estaba huraño y arisco cuando finalmente llegó a la casa de Evan. Decía que echaba de menos a Michael.

Evan había tenido suficiente de Michael Jackson en los últimos meses. Tan pronto como tuvo a su hijo bajo su custodia, instruyó a su abogado para que redactara un documento que prohibiera a June sacar a Jordie del condado de Los Ángeles, de manera que no fuera capaz de visitar a Michael en Neverland (en el condado de Santa Bárbara), y ciertamente tampoco llevarlo con él en la gira.

Sorprendentemente, cuando recibió las noticias, al día siguiente, June no se enfadó. Ni siquiera discutió, sobre todo porque ya no sabía qué pensar con respecto a Michael. Necesitaba tiempo para llegar a una conclusión, especialmente después de que ella y su abogado tuvieran una reunión con dos oficiales del Departamento de Policía de Los Ángeles que alegaron que habían descubierto recientemente a un joven que había sufrido abusos por parte de Michael (aunque se negaron a identificarlo): «Estamos convencidos de que Michael Jackson ha abusado de este niño ya que concuerda perfectamente con el clásico perfil de un pedófilo». El abogado de June, Michael Freeman, recordó que los policías pronunciaron esas palabras con una expresión seria en el rostro. June comenzó a atemorizarse. Estaba aterrada por su hijo.

June decidió telefonear a Michael. Quizá pudieran encontrarse y discutir el asunto; después de todo, habían sido amigos. Cuando se encontrara con él frente a frente, podría mirarlo a los ojos, y entonces sabría la verdad. Finalmente consiguió contactar con Michael.

—Lo siento, June —dijo—, pero las cosas ya han llegado demasiado lejos y mi abogado me ha dicho que no puedo hablar contigo, tampoco verte.

—Pero, Michael…

—Evan es quien comenzó con todo este lío, no yo —dijo Michael, en un tono de voz sorprendentemente frío y pausado—. Evan ha arruinado nuestra bella amistad, no yo. Haré que Bert se ponga en contacto contigo para que responda cualquier otra pregunta. Adiós, June. Lo lamento.

June no podía creer el modo en que Michael había hablado con ella. Ahora ya no sabía qué pensar de él. Considerando que ella aún creía en su inocencia, quizá habrían debido aconsejarlo mejor; si se hubiera mostrado menos desdeñoso, habría podido conservarla como su aliada. No obstante, le había hablado con tanta frialdad que no le dejaba otra opción. Decidió que debía acordar con su exesposo que no se le permitiera a Jordie visitar a Michael, al menos por el momento, y tampoco acompañarlo en su gira. Incluso acordó otorgarle a Evan la custodia de Jordie «por un tiempo».

Michael se enteró del radical cambio de postura de June a través de uno de los miembros de su equipo, durante una reunión en su dormitorio en Neverland. Habiendo finalizado una prueba de vestuario, aún no se había quitado lo que él llamaba su «uniforme»; un reluciente conjunto militar rojo, adornado en los hombros con un bordado de cuentas azabache. Se encontraba sentado en su cama.

«En los últimos días habíamos visto triste a Michael pero al enterarse de la decisión de June, su estado se agudizó —recordó el empleado—. Estaba dejando a Jordie en manos de Evan, lo que no era un buen augurio para su amistad con el niño».

Tras discutir el asunto con su asesor durante unos minutos, Michael se echó nuevamente en la cama y comenzó a llorar.

—¿Por qué la gente lastima a quienes dice amar? —preguntó.

—Todo se arreglará —dijo el miembro del equipo, ahora sentado en la cama junto a él—. No llores, Mike.

Luego se produjo uno de sus cambios de humor típicos en los últimos tiempos. Michael pasó de un extremo al otro y en diez segundos estaba enfurecido.

—Me ha traicionado —dijo, poniéndose de pie, con los ojos en llamas—. No puedo creer que June haya cambiado su actitud de esa manera, después de todo lo que he hecho por ella y sus niños. Ahora jamás podré volver a ver a Jordie. Ni siquiera hice nada malo —insistió. Entonces, con el rostro pálido y la mirada iracunda, Michael repitió—: No hice nada malo. No lo hice.

Al día siguiente, Anthony Pellicano recibió una llamada telefónica de Evan Chandler. Quería encontrarse con Michael, «de hombre a hombre», dijo.

Anthony le transmitió el mensaje a Michael.

—De ningún modo —dijo Michael, según recuerda Anthony—. No voy a encontrarme con ese sujeto y darle más munición para utilizar en mi contra. Su corazón está lleno de odio, Anthony, y tú sabes que es la verdad. Respóndele que yo he dicho que de ningún modo.

—Pero puede ser una buena idea —sugirió Anthony—. Quizá podamos resolver todo esto.

Michael se mantuvo firme en su decisión de no encontrarse con Evan. Dijo que lo había reflexionado, y la verdad lo había alcanzado como una epifanía.

—Evan está ofendido porque yo tengo la clase de relación que él querría tener con Jordie —dijo Michael—. Eso es lo que realmente sucede aquí. Está completamente celoso de mí.

Anthony no pudo disentir; el análisis de la situación de Michael sonaba plausible.

 

La confesión de Jordie

El 2 de agosto, Evan Chandler le extrajo a su hijo una pieza dental en su clínica de Beverly Hills. Durante la operación, decidió administrarle el fármaco intravenoso Amytal sódico. Mark Torbiner, un anestesista dental (quien había puesto en contacto a Evan con su abogado, Barry Rothman, en 1991 cuando éste necesitaba asistencia odontológica), estuvo presente durante la cirugía. Evan ha confirmado desde entonces que a su hijo le fue administrado el fármaco, pero sólo como parte de la operación odontológica. Pero bajo la influencia del Amytal, dijo Evan, Jordie finalmente comenzó a hablar abiertamente sobre la actividad sexual que alegó haber tenido con Michael Jackson.

El Amytal ha sido erróneamente llamado el «suero de la verdad». En realidad, los médicos están de acuerdo en que los pacientes son extremadamente susceptibles a la sugestión bajo la influencia del fármaco. «No es fiable —dijo el doctor Lewis Strong, un médico psiquiatra de Los Ángeles (que no conoce a Evan ni a Jordie Chandler)—. Jamás lo utilizo en mi práctica. He comprobado que es poco fiable. Ciertamente no es el suero de la verdad. A veces es utilizado para tratar la amnesia, pero a menudo proporciona recuerdos falsos».

«Definitivamente, es un fármaco psiquiátrico —observó el doctor Kenneth Gottlieb, un médico psiquiatra de San Francisco que ha administrado Amytal a pacientes con amnesia—. Jamás es deseable utilizar un fármaco que altera el inconsciente de la persona, a menos que no haya otro disponible —agregó—, y no lo administraría sin un equipo de reanimación, en caso de una reacción alérgica, y únicamente en presencia de un médico anestesista». (Mark Torbiner es un anestesista dental).

El doctor John Yagiela, coordinador del Departamento de Anestesia y Control del Dolor de la Escuela de Odontología de UCLA (Universidad de California, Los Ángeles), confirmó: «No es común que se utilice para extraer un diente. No tiene sentido cuando se dispone de mejores alternativas, más seguras. Jamás sería una opción para mí».

Quizá Evan sintió que no tenía más alternativa que administrar el fármaco a su hijo para que se sincerara por fin con respecto a la verdadera naturaleza de su relación con Michael Jackson. «¿Ha tocado Michael alguna vez tu pene?», le preguntó a Jordie. Aturdido, Jordie susurró que sí, Michael lo había hecho. Evan, entonces, cogió a su hijo y lo abrazó estrechamente, como si jamás fuera a soltarlo. «Lo siento, Jordie —dijo, según su posterior testimonio—. Lo siento mucho».

Evan diría luego que, en su interior, siempre había sabido lo que sucedía entre su niño y la estrella del pop. Dijo que sólo necesitaba la confirmación de Jordie antes de poder, con la conciencia limpia, embarcarse en esa campaña explosiva para destrozar la vida de Michael. No era necesario proseguir si, en efecto, era cierto de entrada que Michael había tocado el pene de Jordie. No obstante, Evan creía que había más cosas. De cualquier modo, no precisaba todos los detalles, dijo. En definitiva, ya tenía lo que quería: a Michael Jackson con la soga al cuello. Pero la pregunta persistía: ¿cuánto de lo que Jordie había confesado bajo la influencia de un fármaco psiquiátrico era cierto?