Michael Jackson
Tercera parte
La boda de Jermaine y Hazel
En noviembre de 1973, Katherine y Joseph tuvieron otra fuerte discusión. Consternada, ella abandonó la ciudad, lo que dejó a su familia confundida y perpleja. «Los chicos estaban desolados, principalmente Michael», recuerda Joyse Jillson, amigo de Katherine en aquel entonces. «Si te vas, me voy contigo. No dejaré que te vayas sin mí», declaró Michael. No quería estar solo en esa casa, con sus hermanas, hermanos y su padre, sin su madre como contención. Para Michael, ella era el único vínculo con la cordura. Sin embargo, hasta ella se había vuelto impredecible. No era propio de su personalidad perturbar a la familia, simplemente no podía aguantar un segundo más. Le pidió a Michael que se quedara y le aseguró que regresaría. Él lloró. «¿Por qué no se va Joseph? —preguntaba una y otra vez—. Es él quien debería irse».
Cuando Katherine supo a través de sus amigos que la prensa se había enterado de sus problemas conyugales, comenzó a preocuparse. Quería que la boda de Jermaine, y no su separación de Joseph, fuera el centro de atención de los medios. En consecuencia, volvió a casa días antes de la boda. Percibiendo en Joseph orgullo herido más que verdadero arrepentimiento, se preguntaba cuánto tiempo podría permanecer con él, pero sabía que debía estar a su lado durante la boda de Jermaine. Lo sentía como una obligación con su hijo, con su familia.
La boda de Jermaine y Hazel Gordy, celebrada el 15 de diciembre de 1973, fue un evento caro y ostentoso. «Si mi nena se tiene que casar, lo va a hacer con estilo. El cielo es el límite», dijo Berry. La boda le costó alrededor de un cuarto de millón de dólares, muchísimo dinero para la época. El dinero de Berry sirvió para crear un país de las maravillas invernal en el exclusivo Hotel Beverly Hills. Nieve artificial cubría los pinos, 175 palomas blancas en blancas jaulas y un millar de camelias blancas, crisantemos y claveles decoraban los salones donde se llevó a cabo la boda, la recepción y el banquete. Cien invitados fueron convidados a la ceremonia; otros quinientos, al festejo posterior.
Ebony la llamó «la boda del siglo». Los invitados la compararon con la boda real de la princesa Anne y el capitán Mark Phillips, que se había llevado a cabo en Londres hacía poco más de un mes. Abe Lastfogel, un fundador de William Morris, la calificó como «la unión más fastuosa que he visto en mi vida». Para asegurarse de que los medios informarían correctamente sobre los detalles, Motown entregó comunicados de prensa a todos los periodistas. Marlon, de dieciséis años, fue el padrino de boda. Michael, de quince, junto a sus hermanos Jackie (veintidós años), Tito (veinte años) y Randy (once años) fueron los acomodadores. Las tareas de Michael aquel día no eran difíciles: acompañar a los invitados a sus asientos antes de la ceremonia y a cada una de las damas de honor cuando salieran de la capilla. Sin embargo, personas cercanas a la familia Jackson han dicho que Michael estaba preocupado ese día. Jermaine, que siempre había sido su hermano mayor favorito, se iba a casar y, desde su punto de vista, eso cambiaría la relación familiar.
«Al principio, Michael creyó que no sería importante —dijo un amigo íntimo de la familia—. Tito se había casado y los Jackson 5 continuaban igual que antes. Su esposa nunca había influido en la política o los negocios del grupo. Jermaine, en cambio, se casaba con Hazel, la hija del jefe, una dama que tenía opiniones fuertes y se valía por sí misma. A medida que se acercaba el día de la boda, Michael notaba que Jermaine veía las cosas de forma distinta, a través de los ojos de Hazel. Poco a poco dejaba de ser el mejor amigo de Michael para transformarse en la pareja de Hazel. Michael sufriría profundamente esa pérdida. Él y Jermaine estaban muy unidos. Sintió que estaba perdiendo a su mejor amigo».
En verdad, también Joseph se había desencantado con Hazel cuando comprendió lo mucho que ella influía en Jermaine. Sentía que podría manipularlo y, por lo tanto, intervenir en la dinámica del grupo. Además sería los oídos de su padre. No había forma de prever qué sucedería y Joseph no podía evitar preocuparse.
En la recepción, estrellas del mundo del espectáculo como Smokey Robinson, Diana Ross, Lola Falana, Daihann Carroll y Billy Dee Williams se mezclaban con otros notables como Coretta Scott King, viuda de Martin Luther. Katherine actuó como si nada anduviera mal, aunque era muy desdichada. Aun cuando intentaba disimular, su tristeza era evidente. En cuanto los fotógrafos terminaban de sacarle fotos junto con Joseph, se apartaba de él. Michael, preocupado, le preguntó en un momento si quería un vaso de ponche. Katherine lo rechazó con la cabeza, distraída, mientras miraba fijamente a Joseph por encima de la cabeza de su hijo. «No tengo ganas de bailar, querido», le dijo. Michael la miró con ojos llenos de cariño mientras Katherine daba la vuelta y se perdía en la multitud. Aun el espectador más casual percibía su soledad.
Diana Ross se convirtió en el centro de atención, posando y acicalándose para los fotógrafos como sólo ella podía hacer.
—Yo hice que el señor Gordy se fijara en él —dijo, atrayendo a Michael a la foto —, y ahora miren dónde está. Todo el mundo quiere sacarse una foto con esta belleza —prosiguió—. Es increíble. —Diana cogió a Michael como si fuera un trofeo. Una mezcla de amor y orgullo le iluminó el rostro—. Y miren este traje —dijo, tirando de la solapa. Un destello de irritación cruzó el rostro de Michael.
—Sientes una enorme gratitud hacia la señorita Ross por haberte descubierto, ¿verdad, muchacho? —le preguntó un periodista.
—Oh… Sí —dijo Michael. Se preguntaba cuánto tendría que convivir con la mentira de que Diana Ross lo había «descubierto».
—Oh, ¿no es un amor? —murmuró Diana—. Sucedió que yo estaba en Gary, Indiana, y vi una función de este grupo, y me dije…
Las Vegas
Joseph Jackson siempre fue un hombre competitivo. Sin embargo, pareció serlo en mayor medida tras la boda de Jermaine, como si la nueva alianza de su hijo con Berry Gordy lo hiciera sentir un David dispuesto a ajustar cuentas con el Goliat Motown. Para causar más impacto en la industria del entretenimiento, Joseph formó su propia compañía discográfica, Ivory Tower International Records, y contrató a un cuarteto femenino de Ashtabula, Ohio, llamado M. D. L. T. Willis. La empresa y el grupo no llegarían demasiado lejos, lo cual sólo sirvió para reafirmar en Berry la idea de que Joseph era un hombre bien intencionado pero incompetente.
Sin embargo, un logro de Joseph que pareció habérsele escapado a Berry y a su mano derecha en Motown, Ewart Abner, consistió en apartar a sus hijos del estereotipo de ídolos adolescentes y posicionarlos en una hornacina más segura. Joseph advirtió que las carreras de la mayoría de los ídolos adolescentes duraban unos dos años, hasta que nuevas estrellas aparecían y los reemplazaban. Se propuso, entonces, cambiar la imagen pública de los Jackson 5 antes de que fuera demasiado tarde.
Joseph y Berry no se ponían de acuerdo sobre la situación que atravesaba en ese momento la carrera de los Jackson 5. Mientras que Joseph creía que el grupo tenía problemas, de lo cual daban prueba las ventas de sus últimos discos, Berry decía que el grupo aún era popular, y ponía como ejemplo su último sencillo, «Dancing Machine», una producción rítmica de Hal Davis.
Aunque la avalancha de la música disco comenzaba a hegemonizar la escena pop-R&B, los Jackson 5 lograron, con «Dancing Machine», mantener su originalidad y al mismo tiempo aprovechar la nueva tendencia. Un Michael brioso cantaba la letra sobre el fuerte acompañamiento coral de sus hermanos, todo al son de un ritmo contagioso. En el mundo de la música pop, los hermanos Jackson lograban mantenerse junto a otros como The Temptations, The Spinners y The Four Tops, que ya no eran ídolos, sino iguales. Los Jackson 5 se habían adelantado varios años a su tiempo y al sonido eléctrico de los ochenta: el estilo de «Dancing Machine» tiene un sonido similar al que, doce años después, se conocería como «tecno-pop».
Al llegar la adolescencia, la voz de Michael cambió. Lejos había quedado el chillido popularizado en temas como «I Want You Back», «ABC» y «The Love You Save». Fue reemplazado por un tono más claro y refinado como el que se escucha en «Dancing Machine».
«Dancing Machine» llegaría finalmente al puesto número dos del ranking Billboard y vendería 2.170.327 copias, la mayor cantidad de ventas de un sencillo desde «Never Can Say Goodbye». En consecuencia, para Berry todo estaba bien en el mundo de los Jackson 5. La mayoría de esas ventas, sin embargo, correspondían a Estados Unidos. En Europa la canción no tuvo tanto éxito, y en Gran Bretaña ni siquiera ingresó en los cincuenta primeros puestos del ranking. (Los siguientes lanzamientos de sencillos y álbumes venderían tan poco en el Reino Unido que en adelante no losmencionaremos). A Joseph no le gustaban esas ventas tan aisladas. Se hacía imposible predecir cuándo Motown impulsaría al grupo y cuándo no lo apoyaría lo suficiente, y eso no le alegraba.
Durante el invierno de 1974, en una reunión familiar, Joseph hizo un anuncio:
—Muchachos, nos vamos a tocar a Las Vegas.
—Pero Las Vegas es el lugar donde vas cuando no tienes éxito, cuando no te queda opción —protestó Jackie.
«Mis hermanos no creían que pasar el tiempo en hoteles con gente blanca fuera divertido —recordó Michael después—. Pero yo quería tocar en Las Vegas. Para mí, ese lugar formaba parte de una tradición del mundo del espectáculo. En aquella reunión, nuestro padre nos dijo dos cosas: primero, que intentaba mostrarle al mundo que éramos tan buenos como los Osmond; después nos contó sobre Sammy Davis y todo lo que vivió para que gente como nosotros pudiera tocar en Las Vegas».
Joseph les explicó a sus hijos lo que sucedió en 1945, cuando Sammy Davis, Junior, su padre Sammy y su tío, Will Mastin, reservaron habitaciones de 500 dólares semanales en el Hotel Rancho Vegas. En aquella época, Las Vegas era la nueva Meca para el mundo del espectáculo. Sin embargo, aunque Davis estaba invitado a hacer una función en el salón de espectáculos de El Rancho, no se les permitió alojarse en el hotel por ser negros. Debieron hospedarse en una pensión junto a los porteros y los mozos de cocina negros que trabajaban en el hotel. No era algo inusual. Aun a una importante estrella como Billy Eckstine, que por entonces también trabajaba en Las Vegas, se le negaba la posibilidad de alojarse en el hotel donde actuaba. Los salones de espectáculos y casinos también restringían el acceso a clientes negros. Un negro podía entretener a los blancos, no así apostar o relacionarse con ellos.
En los años siguientes, Sammy Davis, Junior, atravesaría esas barreras en virtud de su talento y persistencia, y también con un poco de ayuda de su amigo Frank Sinatra, que utilizó su influencia para abrirle ciertas puertas a su amigo. Sammy, un integrante del Will Mastin Trio, se convirtió en una estrella solista que cobraba más de 175.000 dólares por semana en Las Vegas. Utilizando el poder que le daba su fama y negándose a aceptar un no como respuesta, el «señor Mundo del Espectáculo» jugó un papel fundamental en la lucha contra la segregación en la ciudad, de forma que los negros no sólo pudieran realizar funciones, sino también pasar las vacaciones y divertirse allí. Asistiendo a las reuniones del consejo hotelero de la ciudad y trabajando dentro del sistema político en lugar de contra éste, Davis también logró que a finales de los años cincuenta se contratara a más negros en el Hotel Sands, donde él trabajaba. Cuando Sammy murió en 1990, Las Vegas se oscureció durante diez minutos a modo de homenaje.
«Deseaba profundamente ser parte de esa gran tradición —dijo Michael años después, recordando su primera función en Las Vegas. Había sido admirador de Sammy Davis desde que tenía diez años—. Era importante para mí. Significaba dar un gran paso».
La gente de Motown no se impresionó cuando finalmente se confirmó que los Jackson 5 se presentarían en el MGM Grand, el hotel más nuevo y prestigioso de la ciudad, en abril. «Si decides hacer esto, lo harás solo —le dijo Ewart Abner a Joseph —. Motown no se involucrará. Estos muchachos no están listos para Las Vegas». Más tarde, Berry llamó a Joseph por teléfono personalmente.
—Cometerán el error más grande de su carrera —aseguró.
—¡No te metas en lo que no te importa! —fue la respuesta de Joseph—. Son mis hijos. Las Vegas tiene una buena tradición y quiero que ellos la conozcan. Es hora de que crezcan.
—También se trata de la carrera de mi yerno. Estoy preocupado por él, por todos ellos.
Joseph colgó el teléfono.
Ciertamente, Berry comprendía el valor y el prestigio que representaba para cualquier artista una presentación exitosa en Las Vegas. Él mismo había impulsado el gran paso por Las Vegas de The Supremes en 1966, aunque sólo cuando el trío alcanzó un alto grado de sofisticación. Berry quería que los artistas de Motown captaran al público adulto, especialmente blanco. Estaba seguro de que Joseph fracasaría estrepitosamente por falta de experiencia en el tipo de requerimientos que implicaba satisfacer a ese tipo de auditorio.
«Bien, pues, dejemos que vayan a Las Vegas, si eso quieren —razonaba Berry con sus allegados. Seguía dolido por la reacción de Joseph; pocas personas le habían colgado el teléfono—. Me temo que fracasarán allí, pero tal vez Joseph aprenda una lección. Es una lástima que los muchachos tengan que sufrir por su culpa, especialmente Jermaine».
Joseph también estaba ansioso por darle una lección a Berry. Impulsada por él, toda la familia se unió para demostrar el error de Berry. «Sabíamos que Motown no creía en lo que estábamos haciendo. Mi padre quería demostrarles que se habían equivocado y mis hermanos lo respaldaban completamente. Yo tenía algunas sospechas de que Berry tenía razón», recordó más tarde Jermaine.
Para que su familia deslumbrara en Las Vegas, Joseph siguió el ejemplo de los Osmond. Para la función del Hotel Caesar, el grupo había llevado a un hermano menor, Jimmy, y una hermana menor, Marie, que fueron aclamados. Joseph reclutó a LaToya, de diecisiete años; a Randy, de doce; y a Janet, de siete (se suponía que Rebbie también participaría en la función, pero el debut se postergó hasta junio debido a un esguince en el hombro).
Ninguno de los integrantes del espectáculo de los Jackson 5 tenía un gran talento, pero sus modestas habilidades ayudaron a conformar un buen espectáculo. Por sugerencia de Katherine, Randy y Janet imitarían a Sonny y Cher, a las estrellas de rhythm-and-blues Mickey y Sylvia, y hasta a Janette MacDonald y Nelson Eddy. Janet también encarnó a una bella Mae West con un vestido rosa de satén sin espalda y una boa de plumas, en una representación caracterizada como «hilarante» por Variety.
LaToya unió la rutina de baile tap a «Forty-second Street». Había, sin embargo, un pequeño problema con LaToya. Ella quería cantar un solo pero contaba con un talento vocal limitado. «Quería más protagonismo —recuerda un amigo suyo—. Protestaba y vociferaba, lloraba y tiraba cosas. Joseph le dijo que a lo sumo podría hacer mímica en los temas grupales, pero sin cantar. No le agradó, pero no tenía opción».
En la noche inaugural, el 7 de abril de 1974, la orquesta del MGM Grand, situada detrás de la familia Jackson, dominaba el escenario. Era el tipo de orquesta sobredimensionada que no se podría acomodar en la mayor parte de los escenarios. Un pequeño grupo de músicos —la sección rítmica de Motown— se agregó al conjunto para ayudar a recrear el sonido de los éxitos conocidos de los Jackson 5. El grupo apareció en escena entre fuegos artificiales brillantes y coloridos que atravesaron el telón azul claro, para gran asombro de la audiencia.
Pese a que durante la mayor parte de su carrera los Jackson 5 habían construido su reputación en base a la música rítmica, para su presentación en Las Vegas recurrieron a diversos estilos, como pudo comprobarse en el popurrí que presentaron la noche inaugural. La función fue distinta para ellos. En lugar de bailar, los hermanos se sentaron en banquetas altas, uno junto al otro, con micrófonos frente a ellos. El vestuario era similar al de una «banda de mariachis». La chaqueta hasta la cintura, que lucían sobre camisas blancas de cuello de palomita con volantes, se asemejaba a la que llevaban los músicos mexicanos, pero ahí terminaba la semejanza. Estos trajes tenían lentejuelas en las solapas y eran de colores atípicos: verde, calabaza, rosa, violeta y dorado. Los pantalones de campana eran color oliva, naranja, granate, lavanda y marrón. Los zapatos de charol tenían tacones anticuados de cinco centímetros.
El popurrí comenzó con Tito rasgando su guitarra. Tocó su solo en lugar de cantarlo. Lo siguió Michael con una fluida interpretación del tema «Killing Me Softly» de Roberta Flack. En el último verso, Michael se volvió hacia Jermaine, quien cantó una dulce versión de «By the Time I Get to Phoenix», de Glen Campbell. A mitad de ese número, Michael y Jermaine armonizaron el estribillo. Parecía totalmente espontáneo, sus voces se unían para crear un sonido muy natural, correcto. Ambos se volvieron hacia Jackie. Entonces, la música cambió, se oyó el clásico «Danny Boy», una excelente opción para la voz de falsete de Jackie. Cuando entró Marlon, ambos cantaron al unísono. Si bien no tenían el nivel que un momento antes habían compartido Michael y Jermaine, las dos voces —que sonaban como una— crearon un sonido sólido y claro como una campana. La serie musical terminó con el grupo intercalando sucesivamente versos de las tres canciones de la selección. Estaba claro que los hermanos habían ensayado ese arreglo hermoso e intrincado, que no sólo permitía destacar a Michael, hasta alcanzar ese nivel. El público pudo sentir la unión entre ellos como hermanos, mucho más que como simples compañeros de banda. La ovación de pie fue larga y ruidosa.
Cuando a Michael le tocó el turno de ocupar el lugar principal, quedó claro que él era la estrella. Girando como un trompo humano en su fulgurante traje y flanqueado por sus hermanos, llevó a cabo cada número —«I Want You Back», «ABC», «The Love You Save» y todas las demás— sin esfuerzo, cambiando de ritmo una y otra vez, captando siempre la hipnotizada atención de su público, como es esencial en un artista. «Cuando comenzamos era pequeño, guapo y encantador. Ahora soy grande, guapo y encantador», dijo Michael durante la función. Después de cada canción se acercaba al borde del escenario y recibía ovaciones de sus fans.
La familia Jackson había dejado de lado sus diferencias para el debut en Las Vegas, y había logrado una excelente actuación. Cuando todos se cogieron de las manos y levantaron triunfantes los brazos, la audiencia explotó en un aplauso cerrado. Katherine, en el centro de la primera fila, lideraba los aplausos.
Desde el lado derecho del escenario, Joseph se mecía hacia delante y hacia atrás sobre sus talones, con las manos en los bolsillos de su chaleco y una amplia sonrisa. Salvo por la ausencia de Rebbie, esa noche constituía la realización de su mayor sueño: ver a todos sus hijos sobre el escenario actuando juntos. «Lo lograron —dijo, sin dirigirse a nadie en particular—. Lo lograron».
Cuando Berry supo que los Jackson habían triunfado en su noche inaugural en Las Vegas, envió un contingente de ejecutivos de Motown a esa ciudad para ofrecer una imagen de apoyo corporativo a la familia. «Siempre supimos que los muchachos tenían lo que hacía falta —dijo en una declaración preparada y enviada a la prensa—. Ésta es simplemente la punta del iceberg en lo que respecta al talento de los Jackson».
Después de la función de la cuarta noche, Joseph leyó el comunicado de prensa a su familia entre bastidores. Excepto Jermaine, que no hacía comentarios, todos se sentían traicionados. El triunfo de Las Vegas era mérito de Joseph, que después de leer el artículo arrojó los periódicos a un cubo de basura.
En agosto de 1974, la familia Jackson se alojó nuevamente en el Hotel MGM Grand de Las Vegas. Detrás del escenario, la situación no era menos tensa. Los álbumes salían al mercado con menos frecuencia. Mientras que antes lanzaban tres por año, en 1974 había sido solamente uno, el disco Dancing Machine. Los dos sencillos que salieron a final de año, «Whatever You Got I Want» y «I Am Love», no tuvieron éxito. Motown canceló luego el lanzamiento de un sencillo de Michael Jackson titulado «Doggin' Around». Una sucesión de discos sin éxito normalmente pone en su lugar a un artista descontento, especialmente si se enfrenta a un sello importante como Motown, y la familia Jackson realmente estaba perdiendo posiciones en los rankings.
Como si los problemas comerciales no fueran suficiente distracción para los jóvenes artistas, su madre descubrió que Joseph había mantenido una relación con una admiradora de los Jackson 5 oriunda de Kansas. Era una mujer negra de veintiséis años que en principio se había sentido atraída por Jackie. Como él no demostró interés, se decidió por su padre.
Se rumoreaba que esa mujer estaba embarazada. No se hablaba abiertamente del tema; los muchachos murmuraban entre sí. Obviamente, surgía una pregunta: ¿Joseph era el padre de la criatura? La idea de que Joseph tuviera un hijo con otra mujer disgustaba tanto a Michael que apenas podía trabajar. Era, en su opinión, la más infame traición a su madre.
Después de una de las funciones en Las Vegas, Joseph convocó al grupo a una reunión para discutir algunos errores que había detectado en las presentaciones de los muchachos. En su opinión, la función debía continuar más allá de cualquier problema personal que pudiera experimentar la familia. Sin embargo, Michael decidió boicotear la reunión.
Más tarde, Joseph encontró a Michael merodeando por el casino del Hotel MGM Grand. Llamó su atención tocándole la espalda. Michael miró hacia atrás y al ver quién era continuó caminando. «¿Qué te pasa, maldita sea?», bramó Joseph e intentó alcanzarlo empujando a los clientes.
«Lo recuerdo como si fuera ayer —recuerda Steven Huck, un fan de los Jackson 5 que había ido a Las Vegas para ver la función—. Michael estaba eludiendo a su padre por todo el casino, saltando por todos lados como una liebre, tratando de dejar atrás a Joseph. “Tú me vas a escuchar”, exigió Joseph, y cogió del brazo a Michael. Yo no tenía idea de qué estaba pasando, cuál era el problema, pero no pude evitar mirarlos».
Huck recuerda que Joseph le habló a Michael suave y rápidamente al oído. Michael lo escuchaba, sin ninguna expresión en el rostro. Luego, aparentemente en medio de una oración, agitó su brazo hasta liberarse de Joseph y lo empujó hacia atrás. «No te atrevas a volver a tocarme, ¿me escuchas?», la voz de Michael podía oírse sobre el tintineo de las máquinas tragaperras. La gente que estaba cerca volvió la cabeza al reconocer al ídolo, y comenzó a murmurar. Nadie se acercó.
«Nunca soñé que Michael podría levantarle la voz a su padre ni a ninguna otra persona —afirma Huck—. Estaba dolido. Cuando gritó, se oyó un ruido extraño, como el de un animal herido».
Joseph parecía conmocionado. Padre e hijo se miraron por un momento hasta que Joseph levantó la mano derecha como si pretendiera golpearlo. No habría sido la primera vez, pero la expresión en el rostro de Michael indicaba que sería la última. Joseph quedó boquiabierto; retrocedió dos pasos. Michael corrió hacia la multitud bulliciosa y se perdió en el casino.
Pasarían años antes de que conociera la verdad sobre la aventura de su padre y sobre su media hermana, la hija oculta de Joseph.
Jackie se casa
Durante el invierno de 1974, Jackie, el hermano de veintitrés años de Michael Jackson, apareció en los titulares de los periódicos por haberse casado inesperadamente con Enid Spann. Jackie la había conocido cinco años antes en una fiesta de cumpleaños de Hazel. Enid asistía a la escuela secundaria Beverly Hills (como Hazel) y apenas tenía quince años cuando ella y Jackie, tres años mayor, se sintieron atraídos.
Ella y Jackie apenas habían comenzado a salir cuando alguien de la familia le dijo al abogado de los Jackson, Richard Arons, que ella se acercaba al joven por interés. El abogado decidió tomar medidas preventivas y se reunió con ella para explicarle que si pensaba casarse con Jackie debería firmar un acuerdo prematrimonial.
—Déjeme decirle algo. Cuando me case con Jackie Jackson (ahora creo que no sucederá jamás) si no es suficiente para él la firma del acta nupcial, no lo necesito y no lo quiero —le dijo la adolescente al abogado.
Arons estaba sorprendido por su audacia.
—Y otra cosa. En su lugar, yo me callaría, porque es usted el que está viviendo gracias a ellos —agregó.
Enid recuerda que estaba «totalmente disgustada» con la familia Jackson. «Y cuando le conté a mi madre lo que había sucedido, ella se enfadó. Era una maldad hacerle algo así a una quinceañera. Después de ese episodio, Jackie y yo no hicimos buenas migas. Yo pensaba que él había tenido algo que ver en aquella conversación con Richard. Finalmente, le conté la discusión entre Richard y yo. Entonces, airado, dijo: “¿Cómo te atreves a decirle eso?”».
Jackie y la veinteañera Enid se casaron en una sencilla ceremonia privada, en la habitación que él ocupaba en el Hotel MGM Grand de Las Vegas, mientras la familia cumplía allí con sus compromisos artísticos. Joseph sospechaba que Enid tenía motivos ocultos para casarse con su hijo, especialmente porque a diferencia de Dee Dee, la esposa de Tito, no quiso firmar un acuerdo prenupcial. También sentía que Enid era demasiado directa e independiente, y que traería problemas. El hecho de que Joseph le prohibiera a Jackie casarse con Enid Spann sólo sirvió para llevar al altar a su hijo mayor. Para él, unirse a una mujer con la que supuestamente pasaría el resto de su vida no era tan importante como desafiar a su padre.
Como mánager, Joseph hacía lo mejor que podía. Como padre, cometía el error de controlar demasiado a sus hijos. Y lo pagaría caro en el futuro. De alguna manera era el mismo error que Berry Gordy había cometido con muchos de los artistas de Motown, pero Joseph era padre además de mánager, y no podía distinguir dónde comenzaba un rol y terminaba el otro. Trataba a sus hijos de la misma forma que a sus socios comerciales: negociaba dando puñetazos sobre la mesa y gritando más fuerte que el resto de los presentes. Su comportamiento era intimidatorio para su mujer e hijas y castrador para sus hijos. «Michael decía que ellos solían correr por el pasillo y dar un portazo en sus cuartos cuando oían que Joseph llegaba a casa», recuerda Jane Fonda.
La reunión privada de Michael con Berry
En enero de 1975, Motown lanzó el cuarto álbum solista de Michael Jackson, Forever Michael. No fue un éxito, alcanzó tan sólo el puesto 101 en los rankings, ocho posiciones menos que el álbum Music and Me, que tampoco había vendido mucho. Ninguno de los dos alcanzaría los cincuenta primeros puestos en Gran Bretaña y ambos se venderían pésimamente en el resto de Europa. «¡Se terminó! No seguirá grabando discos solistas para Gordy. ¡Ese hombre va a arruinar a Michael!», vociferó Joseph.
Joseph estaba cada vez más nervioso por la falta de promoción de Motown y la opinión de Berry, es decir, que el grupo no tenía potencial para componer o producir su propia música. Joseph comprendía que sus hijos nunca ganarían mucho dinero si no eran dueños de los derechos de autor de los temas que cantaban. Si un artista escribe su propia música, no sólo cobra derechos como intérprete, sino que cobra también unos ingresos adicionales, dado que los compositores perciben un porcentaje del precio de cada disco vendido. En aquel momento la tarifa equivalía a dos centavos adicionales por cada copia vendida, dividida a partes iguales entre compositor y editor. Por lo tanto, la cara B de una canción que vendía un millón de copias, la que raramente o nunca llegaba al espectro radiofónico, podía valer hasta veinte mil dólares. Joseph consideraba que al menos los muchachos deberían escribir los temas de las caras B. ¿Era acaso pedir demasiado?
La mayoría de los compositores de Berry estaban contratados por Jobete, su empresa editora. Por lo tanto, debían compartir sus dos centavos con Berry. Joseph quería que sus hijos abrieran su propia editorial para que el dinero quedara en familia. Cuanto más impulsaba la idea, más se resistía Berry.
En el pasado, Berry siempre había sido reacio a compartir el dinero que generaban los derechos editoriales de las canciones de Motown. En esa misma época, Smokey Robinson, el mejor amigo de Berry, también estaba negociando con él la posibilidad de editar sus propias canciones. Jobete también poseía los derechos de todas las canciones de Smokey que, al igual que Joseph Jackson, quería un pedazo más grande del pastel. Finalmente pudo convencer a Berry para que accediera a compartir ese dinero con Smokey. La perseverancia era la clave para lograr que Berry Gordy hiciera algo a lo que se mostraba reticente. Aunque ambos eran amigos, Smokey tuvo que soportar una gran cantidad de duras negociaciones. ¿Qué podía esperar Joseph, que ciertamente no era amigo de Berry? La conflictiva relación sugería que él y sus hijos tenían pocas posibilidades de obtener los derechos de autor de sus propios temas. Además, era Ewart Abner, otra persona que le desagradaba a Joseph, quien por entonces manejaba prácticamente toda la sección discográfica de Motown.
Joseph había tomado una decisión: los Jackson 5 debían dejar Motown.
¿Era acaso posible? ¿Dónde estarían los Jackson si no fuera por Berry y Motown? Aún en Gary, Indiana, era quizá la respuesta.
De todas formas, si las cosas no cambiaban pronto en Motown, el futuro comercial del grupo estaría claramente en riesgo.
Aunque los integrantes no habían votado aún acerca de esa decisión, Michael dijo después que sabía que sus hermanos estarían de acuerdo con su padre. Se sentía tan descontento como el resto de la familia con lo que estaba sucediendo en Motown, pero aún sentía lealtad hacia Berry. Después de todo, en gran parte gracias a la confianza de Berry en los Jackson 5, la familia tenía la posibilidad de elegir entre otras compañías discográficas. La decisión era importante para el joven Michael y no quería que su padre, un hombre en quien no confiaba, con quien ni siquiera simpatizaba, la tomara por él.
Sus hermanos pensaban que Michael era reservado y tímido, lo cual era bastante cierto. Sin embargo, había otra dimensión de Michael, un lado que no mostraba con frecuencia: su determinación. Con respecto a su futuro en Motown, Michael Jackson, con sus dieciséis años, estaba preparado para tomar el asunto en sus propias manos. Hizo entonces una llamada telefónica: «Señor Gordy, usted y yo tenemos que hablar», fueron sus palabras.
Ninguno de los hermanos Jackson había tenido una reunión privada con Berry Gordy. Hasta aquel momento, nunca había habido motivo. Es improbable que Berry hubiera aceptado reunirse con Jackie, Marlon, Randy o Tito. Ninguno de ellos tenía la voz comercial de Michael ni su mágico talento para el espectáculo. Y Berry creía que le debía a ese adolescente la posibilidad de expresarse. Aunque le gustaba Michael, lo consideraba tímido y sumiso, una persona que difícilmente hablaba de modo frontal y directo. Es probable, por lo tanto, que estuviera intrigado por la posibilidad de una conversación privada con él.
A Michael no le importaba qué sentimientos despertaría en su padre la decisión de reunirse con Berry. De hecho, no lo consultó con él. Aún disgustado con Joseph por todo lo que le había hecho a Katherine, sin mencionar el maltrato que había propinado a sus hijos, Michael decidió por sí mismo. Su intuición le decía que las dificultades con Motown habrían podido resolverse antes si Joseph no hubiera sido tan iracundo y posesivo.
Otros integrantes del sello discográfico estaban de acuerdo con su percepción.
«Joe nunca se acostumbró a que Berry les dijera a sus hijos qué hacer. Creía que era su padre y también su jefe, y punto final. Pero Joe no era un hombre de negocios, solía fastidiar las cosas y disgustar a la gente. Nadie quería hacer negocios con él y eso repercutía negativamente no sólo en los Jackson, sino también en Berry y en Motown. Si Joe no hubiera intervenido, Berry habría encontrado una solución para los Jackson, tal como lo hizo conmigo, con Stevie Wonder y con todos los que, sin estar conformes con Motown, de todas formas se quedaban», afirma Smokey Robinson.
Michael tampoco comentó con sus hermanos su plan de reunirse con Berry, porque estaba seguro de que intentarían hacerlo desistir. Los Jackson se enorgullecían de tener voto, aunque el de Joseph en general prevalecía. Muy probablemente, los hermanos de Michael habrían sentido que, al reunirse con Berry, él se estaba atribuyendo más poder del que le correspondía como parte del grupo.
Michael y Berry acordaron una reunión en la propiedad de Gordy en Bel Air, el 14 de mayo de 1975. «Fue una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida», recordaría Michael. Reuniendo el valor suficiente, puso sus cartas sobre la mesa.
—Todos estamos disconformes, señor Gordy —recuerda haber dicho—. ¿Usted realmente quiere que nos vayamos de Motown?
—Mira, Michael, alguien inteligente como tú debería saber que sin Motown los Jackson 5 aún estarían en Gary, Indiana —comenzó Berry.
Michael no se intimidó por el hecho de que Berry hubiera decidido jugar la carta de la culpa.
—Eso no responde a mi pregunta —le dijo.
Luego recordaría que se quejó ante Berry porque Motown no permitía a los Jackson 5 escribir o producir su propia música o controlar sus derechos de autor. Estaba disconforme porque le habían impedido aportar opiniones para el último álbum, Dancing Machine, pese a que creía tener algunas buenas canciones que podrían haberse agregado al paquete. Dijo que Gordy habría demostrado que le tenía confianza como compositor si le hubiera permitido incluir al menos una canción en el álbum.
Berry mantuvo la calma.
—Escucho decir lo mismo a mis artistas desde hace años. De todas formas, podemos solucionarlo, Michael, como lo hice con Stevie [Wonder] y Marvin [Gaye].
Había sido claro. Dijo que no quería que el grupo se fuera de Motown.
—Si pensáis que podéis estar mejor en otro lugar, entonces supongo que debéis iros. Pero no sería correcto… ni justo —añadió.
A los ojos de Michael, Berry Gordy era un héroe. Lo respetaba y admiraba la tenacidad con que había convertido a los Jackson 5 de un grupo de muchachitos oriundos de Gary, Indiana, en superestrellas internacionales. Lo consideraba una de las personas más inteligentes que había conocido y estaba asombrado por la forma en la que había hecho de Motown un éxito internacional. Escucharlo entonces decir que la familia Jackson estaba siendo injusta con él —que había trasladado al grupo a Los Ángeles, había pagado la educación de sus miembros y los había convertido en estrellas— era difícil para Michael.
—¿Qué te hace pensar que puedes componer o producir tu propio éxito? — preguntó Berry a Michael.
—Simplemente lo sé —fue la rápida respuesta de Michael.
Berry lo miró con escepticismo.
—No creo que sea suficiente.
—Bueno, ¿qué le hizo pensar a usted que lograría hacer de Motown lo que es hoy?
Berry no contestó.
—Simplemente lo sabía, ¿no es cierto? —lo desafió Michael.
Berry sonrió condescendiente.
«Berry movió la cabeza como si dijera “Vas a tener éxito, muchacho” — recordaba Michael. Por fin, Berry afirmó que se veía a sí mismo como una figura paterna para Michael, aunque aclaró que era importante que honrara a su verdadero padre—. Dijo que creía que yo haría lo mejor —me dijo Michael un tiempo después, recordando aquella reunión, y añadió—: Me sentí un poco mal por todo aquel asunto», especialmente cuando Berry lo abrazó mientras se retiraba, porque dentro suyo sabía que, más allá de lo que pudiera decirle a Joseph y a sus hermanos al respecto, las cartas estaban echadas y eran adversas a la permanencia de los Jackson en Motown.
—Te puedo prometer una cosa. No voy a hacer nada que te perjudique a ti o a tu familia —concluyó Berry.
Para tratarse de un adolescente, la reunión de Michael con Berry Gordy demostró una sorprendente iniciativa por su parte, así como una buena dosis de valentía. Para muchos, fue el primer indicio de su valor. Parecía comprender lo que su padre no entendía: existen ocasiones en las que es sensato reunirte con tu oponente y tratar de razonar con él. A su modo, Michael fue capaz de superar, en parte, la retórica que últimamente había prevalecido en la comunicación entre Berry y la familia Jackson. Pudo arrancarle a Berry la promesa de que no haría nada que dañara a su familia. No era poco, y además parecía una declaración honesta.
Joseph se enteró en Motown, por boca de un socio, de que Michael había visto a Berry en privado. No es difícil imaginar su furia. Cuando Michael regresó a Encino, Joseph paseaba por la sala de estar como un animal enjaulado. Michael no me contó los detalles de aquella discusión entre él y su padre, pero seguramente Joseph dejó claro que, desde su punto de vista, Michael estaba totalmente desubicado al intentar negociar con alguien como Berry Gordy. Sin embargo, era de esperar que reconociera el coraje de su hijo.
Los hermanos se disgustaron. «Michael no tenía derecho a reunirse con Berry Gordy —dijo Jackie años después—. Era injusto que hiciera las cosas a nuestras espaldas. Estábamos todos molestos con él. Y, por cierto, ¿qué había logrado?».
Tal vez Michael no había logrado mucho en relación al futuro de los Jackson 5 en Motown, pero su reunión con Berry fue un importante hito personal. Había captado la atención de Berry, cosa que su padre y sus hermanos (con excepción de Jermaine) no habían logrado. Sin embargo, su actitud lo había aislado de sus hermanos y, de allí en adelante, ninguno de ellos vería con buenos ojos cualquier posibilidad de destacar a Michael del resto del grupo. «Michael siempre tuvo su propia idea de cómo debían ser las cosas. Pero los Jackson 5 éramos un grupo, no su proyecto personal, y él tenía solamente un voto», diría luego Marlon, que ya sentía los vientos de cambio.
La noche posterior a la reunión de Michael con Berry, Joseph convocó una reunión en el salón de la casa de Encino. Todos los hermanos debían asistir, excepto Randy y Jermaine. En aquella época, el pequeño Randy no tenía voz en los asuntos del grupo. Jermaine estaba de vacaciones con Hazel, aunque probablemente habría sido excluido de todas formas porque su familia sentía que había perdido objetividad con respecto a Motown. «Pensaban que por estar casado con Hazel no podían confiar en mí y me ocultaban cosas», dijo Jermaine más adelante.
Jackie, Tito, Marlon, Michael y Joseph votaron por unanimidad a favor de abandonar Motown. Michael dudaba, pero sabía que no era inteligente emitir el único voto en contra. ¿De qué le serviría, de todos modos?
—Tan sólo quiero que se haga con justicia, algo de todo esto no me parece justo —dijo Michael—. Berry nos convirtió en estrellas. No os olvidéis de eso.
—Mira, Berry está bien, pero se acabó —dijo uno de los hermanos—. Es hora de que comencemos a ganar dinero en serio.
—Estoy de acuerdo —dijo otro—. Es hora de irnos. Nos estamos muriendo en Motown.
—Dijo que no nos haría daño —afirmó Michael, intentando defender a Berry.
—Sí, claro —dijo Joseph sarcásticamente—. Mira, ya está —concluyó.
—Pero ¿qué pasará con Jermaine? —preguntó Michael.
—Yo me encargo de Jermaine —respondió Joseph—. ¿Qué es lo que siempre os digo, muchachos?
—En esta vida hay ganadores y perdedores —dijo Michael, repitiendo como un loro el credo de su padre—. Y ninguno de mis hijos será un perdedor jamás.
Joseph sonrió.
—Si nos quedamos en Motown, perdemos. Y no vamos a perder —concluyó.
CBS ofrece a los Jackson un trato ventajoso
Cuando la suerte estuvo echada, Joseph Jackson y su abogado, Richard Arons, comenzaron a buscar un nuevo contrato discográfico. Se reunieron primero con Atlantic Records, que tenía una larga experiencia en música rhythm-and-blues. Para su sorpresa, el presidente de Atlantic, Ahmet Ertegun, no manifestó entusiasmo alguno por los Jackson 5, según sus propias palabras, debido a sus inconsistentes cifras de ventas en Motown durante los últimos años. Joseph, por su parte, no tenía interés en convencer a nadie de la popularidad de sus hijos. Ya había tenido suficiente de eso en Motown. El punto de vista de Ahmet sólo contribuyó a reafirmar la opinión de Joseph acerca del daño que Motown había provocado a la reputación de sus hijos en la industria musical.
De todos modos, Joseph estaba más interesado en la CBS Records Group, que contrataba a la mayor parte de los artistas negros a través de su subsidiaria, Epic. La CBS era reconocida por su excelente red de distribución y promoción de discos. «Hacen que Motown parezca un enano», decía Joseph.
Ron Alexenberg, presidente de Epic e, irónicamente, antiguo protegido de Ewart Abner de Motown, estaba interesado en contratar a los Jackson 5. Joseph respetaba a Alexenberg: bajo su dirección, Epic había incrementado su facturación anual de menos de diez millones a más de cien millones de dólares. Era un líder competente, que sabía tomarle el pulso a la industria discográfica y sospechaba que Berry Gordy había aprovechado tan sólo un pequeño porcentaje de todo el potencial de los Jackson.
Joseph también se sentía atraído por la rentable relación que la compañía mantenía con Kenny Gamble y Leon Huff, productores del llamado sonido Philly, que había generado millones con sus éxitos de ventas de grupos negros como los O’Jays y Three Degrees. Gamble y Huff tenían su propio sello en la CBS: Philadelphia International. Aunque Joseph creía que Philadelphia International era una subsidiaria demasiado pequeña para los Jackson 5, admiraba el compromiso de la CBS con la música negra. Pensó que tal vez algún día la compañía lo premiaría también a él permitiéndole abrir su propio sello. Veía un futuro en la CBS, no sólo para sus hijos, sino también para sí mismo.
Ron Alexenberg le dijo a Walter Yetnikoff, el presidente de CBS Records, que quería contratar a los Jackson 5 inmediatamente. Walter era escéptico sobre el asunto.
—No les ha ido muy bien en los últimos tiempos —dijo—. Y ahora, míralos. Andan en esa cosa kitsch de Las Vegas.
—Confía en mí —le dijo Ron—. Este grupo no está acabado. Aún no han comenzado siquiera.
Tras unas negociaciones rápidas y sencillas se llegó a un acuerdo, que Joseph llamó «un trato ventajoso». Los Jackson 5 recibirían un anticipo —conocido en la industria discográfica como «bono de contratación»— de 750.000 dólares; 500.000 dólares adicionales de un «fondo de grabación», dinero específicamente destinado a producir los álbumes del grupo. Se les garantizaba un pago de 350.000 dólares por álbum, mucho más de lo que jamás habían recibido en Motown (pero muchos millones menos que lo que cobraría Michael Jackson tan sólo cinco años después).
Todos los adelantos de la CBS debían descontarse de los derechos, equivalentes al 27 por ciento del precio de venta mayorista de los discos lanzados en Estados Unidos. En Motown, los Jackson 5 cobraban el 2,7 por ciento y con ese dinero debían reintegrar gastos, incluido el tiempo utilizado en el estudio de grabación, sobre el cual tenían poco control.
En aquella época, en 1975, un álbum se vendía a 6,98 dólares, precio minorista, y a 3,50 dólares, precio mayorista. Por lo tanto, los Jackson recibirían de Epic 94,5 centavos por cada álbum vendido en Estados Unidos y 84 centavos por cada álbum vendido en el extranjero. En Motown, apenas llegaban a 11 centavos por álbum vendido en cualquier mercado.
El acuerdo con Epic establecía que después de alcanzar ventas por valor de 500.000 dólares, el porcentaje de derechos del grupo aumentaría hasta el 30 por ciento, es decir, aproximadamente 1,05 dólares por disco. En términos de ingresos, el nuevo trato valía quinientas veces más que el que tenían con Motown.
En la negociación surgió un inconveniente cuando Walter Yetnikoff rechazó la posibilidad de que los Jackson compusieran, produjeran e incluso eligieran todo su material. No tenía confianza en sus habilidades como compositores o productores, dado que ninguno de ellos tenía experiencia. Ron Alexenberg le aseguró a Walter que las rústicas «demos» que Joseph le había enviado, con canciones compuestas y producidas por los Jackson, dejaban ver una gran promesa. Pero no pudo convencerlo. No obstante, Joseph logró que sus hijos pudieran elegir al menos tres canciones de cada álbum, compuestas por ellos o por otro músico. Si el grupo aportaba tres buenas canciones propias, esos temas serían justamente considerados para su uso en el álbum. Esto también era más de lo que jamás habían obtenido en Motown. Sin embargo, esta última concesión no figuraba en el contrato. Era un acuerdo verbal y todo el mundo sabe que en los negocios es difícil exigir el cumplimiento de los acuerdos verbales. Aun así, al menos había diálogo sobre la posibilidad de que el grupo tuviera libertad artística. Joseph estaba seguro de que sus hijos sabrían demostrar su capacidad cuando llegara la ocasión… y luego, nunca mirarían hacia atrás.
Michael estaba sorprendido por el contrato que CBS le había ofrecido a la familia. No tenía idea de que el grupo valiera tanto y de que otras superestrellas firmaran ese tipo de contratos, con la industria discográfica. Admiró la tenacidad de su padre. De no haber sido por él, los Jackson 5 tal vez se hubiesen hundido en el abismo en Motown. «Debo admitirlo, aquél fue un acuerdo discográfico increíble. Mi padre hizo un excelente trabajo para nosotros», reconoció después Michael.
De todas formas, Michael oscilaba entre la noción de lealtad hacia Berry y la idea de un buen negocio. Decidió hablar con Diana Ross, cuya reacción fue predecible. Dijo que no tenía influencia sobre Berry en cuestiones de negocios —y no estaba mintiendo, no la tenía—, pero opinó que Michael debía escucharlo porque, como siempre, él sabía qué era lo mejor para todos sus artistas. «Simplemente creía que los chicos debían permanecer en Motown —recordaba en una entrevista en 1981—. En aquel entonces, yo era leal a Berry y sentía que ellos debían serlo también. Le dije a Michael que la lealtad era más importante que el dinero».
Seis años después, Diana Ross cambiaría de opinión con respecto a la lealtad debida a Berry Gordy y Motown. Cuando tuvo su propio desencuentro con él y decidió comprobar su valor en otras compañías, RCA le ofreció veinte millones, mucho más de lo que Berry podía ofrecerle. Entonces pidió consejo a Smokey Robinson y recibió la misma recomendación que ella le había dado a Michael acerca de la lealtad. Sin embargo, ella sintió que no tenía opción. No tenía sentido rechazar tanto dinero: firmó con RCA.
De Joseph a Jermaine: «¡Fírmalo!»
El contrato con la CBS se redactó en un par de días. Los cuatro hermanos lo firmaron ansiosos. Pero no sabían cómo darle la noticia a Jermaine y convencerlo de que firmara también. El suegro de Jermaine, Berry Gordy, era en ese momento el enemigo, pero Joseph no ignoraba que Berry ejercía una poderosa influencia sobre su hijo. Poco antes le había prometido a Jermaine un excitante y lucrativo futuro en Motown; sospechaba que el grupo iba a abandonarlo y quería asegurarle a Jermaine un futuro en la compañía. Había confiado lo suficiente en él como para darle en matrimonio a su única hija. Joseph se enfrentaba al reto de convencer a su hijo de que sus deseos debían prevalecer sobre los de Berry. Esperó tres días antes de citar a Jermaine mientras trataba de definir una estrategia. Pronto comprendió que no había un modo sencillo de coaccionar a Jermaine para que abandonara a Berry. De todas formas, Joseph llegó a la conclusión de que no debía ser una decisión tan difícil para Jermaine. Después de todo, su padre era él, no Berry. Estaba seguro de que Jermaine tomaría la decisión «correcta». «Después de todo, Jermaine no es estúpido. Eso espero», dijo.
—Ven a casa esta noche —le dijo a Jermaine por teléfono—. Ven solo. No traigas a tu esposa.
«Fue entonces cuando supe que algo andaba mal —recordó Jermaine años más tarde—. Hazel tiene una personalidad muy fuerte y hace muchas preguntas. Estoy seguro de que mi padre pensó que no podría convencerme de nada si Hazel estaba allí. Tenía miedo de ir, miedo de lo que me esperaba».
Cuando Jermaine llegó a la propiedad de Encino, Joseph lo acompañó a la habitación y cerró la puerta. Los contratos estaban desplegados sobre un escritorio, con la firma de los cuatro hermanos. Había un quinto contrato sin firmar. Joseph tomó el contrato de Jermaine y se lo entregó. «Fírmalo», le ordenó. No intentó razonar con él, ni siquiera explicarle algo… sólo le dijo «fírmalo». Tal vez habría obtenido lo que esperaba si hubiera usado una pizca de sentido común. Pero su actitud fue obtusa y, por supuesto, Jermaine se negó.
—Digo que lo firmes.
—No, Joseph —dijo Jermaine—. No lo firmaré.
—Firma el maldito contrato, Jermaine.
—No lo voy a firmar.
—Piensa en el dinero —le gritó Joseph—. Verdadero dinero. ¿Piensas que Motown puede aproximarse siquiera a este trato? Mira estas cifras —dijo, mientras pasaba las hojas buscando la cláusula que establecía los términos.
—No me importa —dijo Jermaine—. No se trata de dinero.
—¿No te importa? Estás loco. Eso es lo que pasa —dijo Joseph, airado. Para entonces, ya estaba agitándole el puño a su hijo—. Firma este maldito contrato, Jermaine, o te arrepentirás. CBS dice que los Jackson 5 serán los próximos Beatles y tú sabes que para eso hemos estado trabajando.
—Diablos, no. No quiero ser ningún Beatle —dijo Jermaine—. Yo no lo firmo, Joseph. Olvídalo.
Con esa frase, conforme a lo que Jermaine recordara ante mí en una entrevista años más tarde, abandonó el cuarto y salió de la casa. Me dijo que debía decirle a Berry lo sucedido. Los Jackson realmente dejarían Motown y esa noticia no podía esperar a que llegara a su casa. Se detuvo en un teléfono público y llamó a su suegro.
—Los hermanos firmaron con CBS, Berry. No puedo creerlo pero lo han hecho. Se han ido de Motown.
Jermaine recuerda que se hizo un silencio al otro lado del teléfono. Finalmente, con voz suave y calma, Berry habló:
—¿Estás absolutamente seguro, Jermaine?
—Ya han firmado los contratos —respondió Jermaine, con voz desesperada—. Los he visto con mis propios ojos.
—Bueno. ¿Y tú? ¿Firmaste? —preguntó Berry.
—Los hermanos se van porque hay problemas en Motown —dijo Jermaine—. Pero yo quiero quedarme, Berry. Quiero ayudar a que se resuelvan estos problemas.
Tiempo después, Jermaine recordóque: «Le dije que no había firmado y queno ibaa hacerlo. Mepidió que fuera a su casa. Hablamos sobre el tema. Esa noche, Berry se convirtió en un segundo padre para mí, un padre comprensivo. “Vas camino a la cima —me dijo—. Tal vez algún día manejes Motown”. Eso era lo que quería. Quería ser el presidente de Motown. Sabía que podría hacerlo. Sabía que lo llevaba dentrode mí, aun cuando Joseph nunca lo creyera. Berry me dio confianza en que podría llegar lejos si me quedaba con él y con Motown. Yo le creí. Creía en Berry Gordy, no en Joseph Jackson».
Pese a la tremenda confusión que reinaba en la familia, el grupo aún tenía trabajo que hacer y conciertos por delante. Cuando Jermaine, unos días después, volvió a casa a ensayar para una función, él y Katherine discutieron acaloradamente sobre su decisión de no firmar el contrato de CBS. Katherine estaba enojada con él y se lo hizo saber. Jermaine le recordó que Berry Gordy había sido el hombre «que puso bistec en nuestra mesa y dientes en nuestras bocas». Katherine no podía creer lo que oía. «Ya comíamos bistec en Gary —le dijo enfáticamente a su hijo (en realidad, era algo bastante improbable)—. Y en cuanto a los dientes que puso en las bocas de Jackie y Tito, recuperó su dinero cientos de veces, puedes estar seguro».
El siguiente compromiso del grupo era la Feria Musical de Nueva York en Long Island. Michael intentó actuar como un árbitro entre Jermaine y Jackie, que discutían ruidosamente sobre la cuestión Motown versus CBS. Salvo Michael, todos los hermanos estaban en contra de Jermaine. «No podían admitir que ellos irían por un camino y yo, por otro», recordaba Jermaine.
En algunos sentidos, la presión de la familia se manifestó en formas predecibles. Hazel, que casi siempre viajaba con el grupo, se había vuelto protectora con su marido, hasta tal punto que no lo perdía de vista ni un minuto. Uno de los directores de gira recuerda: «Estábamos en el vestíbulo del hotel de Long Island, divirtiéndonos, los otros hermanos y sus amigos. Cuando fui a la suite de Jermaine para buscarlo, Hazel dijo que no podía “salir a tocar”. Me pareció extraño, insistí. Se enfadó y me dijo: “Necesita descansar. Ahora, por favor, vete. Déjalo en paz”. Pregunté por qué necesitaba descansar más que el resto y Hazel continuó: “He dicho que no puede salir. Suficiente”, me espetó, como si lo único que le importara fuera separar a Jermaine de su familia. Él no se presentó con el grupo hasta la noche siguiente».
Jermaine contó que antes de que el grupo partiera hacia Long Island, Berry Gordy se había reunido con él y Hazel «y nos dijo que marido y mujer deben ser leales el uno al otro, más que a cualquier otra persona. No importa si se trata de mí y Motown, o de la familia Jackson y la CBS. Lo más importante sois vosotros dos, porque como marido y mujer vivís juntos y debéis apoyar las decisiones que toméis».
Más allá de su diplomacia, Berry probablemente sabía que Jermaine no podría dejar Motown si quería seguir casado con la hija del jefe.
Después de la primera función de los Jackson 5 en la Feria Musical de Westbury, sonó el teléfono en el vestidor. Era una llamada de Berry para Jermaine.
Mientras su familia lo observaba en busca de una pista para comprender sobre qué versaba la conversación, Jermaine sostenía el auricular sin hablar demasiado. Dijo adiós, exhaló profundamente y colgó.
—Debo marcharme —anunció Jermaine.
—¿Ahora? ¡Nos vamos en media hora!
—¿Cómo te vamos a reemplazar? —lo miró Jackie, incrédulo.
—No puedo creer que nos hagas esto —agregó Tito.
Todos hablaban al mismo tiempo. La voz de Joseph destacaba entre el griterío.
—¿Estás loco? —bramó—. Nosotros somos tu familia. ¿Qué te pasa, Jermaine? No vas a ningún sitio, muchacho.
Berry le había exigido a Jermaine, de veinte años, que tomara la decisión más importante de su vida, y que lo hiciera en ese momento y en ese lugar: ¿Motown o CBS? ¿Los Jackson o los Gordy? ¿Su familia biológica o su familia política?
Por impulso o porque comprendía las consecuencias de lo que estaba a punto de hacer, Jermaine salió corriendo de los camerinos con lágrimas en los ojos. «Me voy», dijo, y cogió un coche hasta su habitación de hotel, donde hizo las maletas en unos cinco minutos. «¿Qué está sucediendo?», quiso saber Hazel. Jermaine no podía hablar debido a sus torturantes sollozos. «Nos vamos», fue todo lo que pudo decir. Una limusina de Motown esperaba para llevar a la pareja al aeropuerto y, desde allí, de regreso a Los Ángeles.
«Estábamos sorprendidos, realmente en shock, absolutamente perplejos — recordaba Marlon un tiempo después—. Nos parecía estar soñando cuando pensábamos en Jermaine recibiendo esa llamada y luego abandonándonos de esa forma. En una hora comenzaría el show. El lugar ya estaba repleto. Michael lloraba. “Ahora no, Mike. Tenemos admiradores allí fuera. Tenemos que darnos prisa”, le dije». «Puedo hacerlo, Marlon. Pero luego debemos resolver este tema. Tenemos que hacer regresar a Jermaine», dijo Michael, secándose las lágrimas.
Esa noche, los Jackson 5 irrumpieron en el escenario de la Feria Musical de Westbury con tanta euforia que nadie en el público habría podido adivinar el drama que se había desarrollado entre bastidores minutos antes. La primera responsabilidad de Michael era con su audiencia. Sólo tenía dieciséis años, pero lo sabía. Durante «Dancing Machine» lanzó el pie del micrófono, caminó por el escenario arrastrando los pies como si fuera un robot y luego realizó un giro en el preciso instante en que el pie de micro se desplomaba sobre su hombro. Luego miró al micrófono con un desdén que implicaba un insulto mortal. La multitud rugió con aprobación.
Este periodista —un adolescente por entonces— estuvo presente en aquel espectáculo, una función de los Jackson que aún recuerda con vivida claridad. Aunque Jermaine no estaba —Michael anunció que tenía gripe— fue una función vertiginosa.
En un irónico homenaje al sonido Motown, Michael recorrió el escenario como una fiera, como un lobo danzarín. «I Want You Back», «ABC», «The Love You Save», «Never Can Say Goodbye», todos los éxitos de Motown y más fueron ejecutados con gracia y, en ocasiones, con una exigente coreografía. Todo lo que hiciera falta para complacer a sus admiradores, Michael lo hacía, transformando, como siempre, sus frustraciones personales en pura energía. Cuando recibía la aprobación de su público, parecía liberarse de toda ansiedad. Una vez más estaba ante las únicas personas en las que podía confiar plenamente: sus admiradores.
El riff lastimero de «l’ll Be There», otro éxito de los Jackson 5, sonaba aún más agridulce tal como Michael lo interpretó aquella noche. Sin ensayo previo, Marlon entró y cantó la parte que, irónicamente, le correspondía a Jermaine: «Yo seré tu fuerza —cantó—. Seguiré resistiendo». Marlon siempre había sido subestimado como cantante y nunca había tenido oportunidad de brillar, a la sombra de su hermano. Aquella noche, contra todo pronóstico, se lució. De todas formas, Jermaine habría debido ocupar su lugar en el escenario, junto a Michael. Aquello no estaba bien.
Cuando los jovencitos terminaron, los miembros del público saltaron de sus asientos. Cantaron tres bis. Más tarde, sin embargo, no hubo música, ni fiesta, ni risas como solía suceder después de una presentación estelar. Todos volvieron a su sombrío estado de ánimo. «¿Por qué tuvo que terminar la función? —preguntó Michael a su hermano Jackie. Se lo veía descorazonado. Sus sentimientos afloraban aunque intentara ocultarlos—. Quisiera que continuara para siempre».
Me acerqué a Michael. «¿Qué le ha pasado a Jermaine? —le pregunté—. De todos modos, qué bueno ha sido el espectáculo —añadí—. Ha sido bueno de verdad. Por Dios. Todo ha sido tan, pero tan… cool», seguí diciendo. Si parecía un adulador, no era consciente de ello en aquel momento.
Michael aceptó mis cumplidos con una suave y triste sonrisa. «Gracias. Jermaine volverá —dijo—. Está… enfermo».
Joseph se sentó silenciosamente en un rincón. El grupo —su familia— se estaba separando y nada podía hacer. Su expresión de tristeza era conmovedora. Parecía inusualmente vulnerable desplomado en aquella silla, sacudiendo la cabeza como si dijera: «Sencillamente no lo comprendo. ¿Cómo ha podido pasar esto?».
Michael se acercó a su padre y lo observó. Apoyó la mano sobre su hombro. Hubo un momento entre ellos, un verdadero… momento.
De repente, Joseph se levantó. En cuestión de segundos pasó de la tristeza a la ira. «Es mi sangre la que corre por las venas de Jermaine, no la de Berry Gordy. No la de Berry Gordy», exclamó antes de salir del camerino dando un portazo.
¿Qué importancia tiene un nombre?
Al principio, abandonar Motown pareció más fácil de lo que Joseph alguna vez supuso. Berry Gordy no había hecho nada para evitar su partida; estaba ocupado en el negocio cinematográfico de Motown y no parecía muy afligido por el hecho de que los Jackson 5 se fueran de la empresa. En tanto pudiera conservar a Jermaine a su lado y ganar esa batalla, Berry parecía satisfecho. Como no quería tratar con Joseph, fue Ewart Abner quien se encargó de todos los asuntos relacionados con los Jackson 5 durante sus últimos días en Motown.
Pero pocos artistas se habían alejado de Motown sin al menos un poco de melodrama. Sin que Joseph lo supiera, Berry Gordy aún tenía otra sorpresa preparada para él.
La última semana de junio de 1975, el vicepresidente de Motown llamó a Joseph Jackson para lanzarle una noticia explosiva: el nombre Jackson 5 pertenecía a Motown. El grupo podía dejar el sello discográfico, pero deberían cambiarse el nombre. «Los Jackson 5» quedaría en la empresa.
—¿De qué estas hablando? Llegamos a Motown como los Jackson 5. Ése es el nombre de mi familia.
—No sé si llegaron aquí como los Jackson 5, pero tenga la seguridad de que no se Irán de Motown como los Jackson 5 —dijo Michael Roshkind.
—¿Qué diablos estás queriendo decir? —preguntó Joseph.
—Que hay unas cuarenta mil personas llamadas Jackson en este mundo —dijo Roshkind—. Convertimos en estrellas a cinco de ellas. Podemos encontrar a otras cinco si es necesario, y también a ellas podemos convertirlas en estrellas —concluyó.
—¿Por qué?, hijo de puta —exclamó Joseph y cortó golpeando el auricular.
Lo cierto era que la cláusula dieciséis del contrato discográfico firmado con Motown en 1968, que Joseph nunca había leído, establecía que: «Las partes acuerdan que nosotros [Motown] poseemos los derechos, el título y los intereses del nombre “Jackson 5”».
Asimismo, para asegurar la propiedad de la empresa sobre el nombre, el 30 de marzo de 1972, después de la primera serie de éxitos de los Jackson 5, Motown había registrado la marca «Jackson 5» en la Oficina de Patentes de Estados Unidos. Los nombres «Jackson Five» y «Jackson 5» también eran propiedad exclusiva de Motown Record Corporation.
Desde luego, Joseph habría podido registrar los nombres «Jackson Five», «Jackson 5» y cualquier otro nombre que quisiera conservar, si tan sólo hubiese pensado en hacerlo. Simplemente, no pasó por su cabeza. Sin embargo, registrar el nombre de sus artistas, cuando era posible, era una práctica común de Motown. La empresa había hecho lo mismo con The Supremes, The Temptations… y con muchos otros artistas durante años.
Con el disparo de esta última flecha, la partida del grupo de Motown se había transformado en algo más importante que un negocio discográfico, ahora era una batalla entre dos familias: los Jackson y los Gordy. Algunos observadores interpretaron que Berry haría todo lo posible para demostrar su poder a una siempre atenta prensa e Industria discográfica, Incluso si así impedía que los muchachos usaran su nombre. «Ése fue un golpe duro, por supuesto», me dijo Michael luego.
Michael estaba realmente Intrigado por la táctica de Berry en relación al nombre del grupo. «Jamás pensé en eso», dijo, como si fuera al mismo tiempo un adversario y un aprendiz de Berry. Mientras los otros hermanos observaban, esperaban y echaban humo, Michael aprendía. «Quiero saber cómo lo hizo —dijo Michael, refiriéndose al registro del nombre—. Tendré que recordar todo esto», añadió, como si estuviera recopilando información para uso futuro.
Hubo otra reunión familiar. «¿Qué haremos ahora?».
—Si Berry posee el nombre, pues posee el nombre. —Michael recuerda haber dicho—. No tenemos obligación de ser los Jackson 5, ¿de acuerdo? Podemos ser simplemente la Familia Jackson o Los Jackson.
—Tal vez no tengamos opción —dijo Joseph—. Me saca de quicio perder ese nombre. Todo el trabajo que pusimos en él.
—Y todos sabemos bien que no lo van a usar —masculló Tito—. Ya está gastado.
Tito estaba en lo cierto. Tras reclamar el nombre, Motown no tenía mucho para hacer con él salvo comercializar viejos productos del grupo.
Los Jackson se van de Motown
El lunes 30 de junio de 1975, Joseph Jackson convocó una conferencia de prensa para anunciar que el nuevo sello discográfico de la familia era CBS. Aunque todavía faltaban ocho meses para que finalizaran los contratos con Motown, Joseph parecía más ansioso que nunca por dejar la empresa. Pese a que estaba muy ocupado con Diana Ross y la postproducción de su película Mahogany, Berry contraatacó. El mismo día en que Joseph hizo el anuncio, Michael Roshkind le dijo a la prensa que si la CBS esperaba contratar a todos los miembros de los Jackson 5 sufrirían una decepción, sugiriendo así que Jermaine nunca abandonaría a Berry. Además, Roshkind afirmó: «No hay ninguna posibilidad de que el grupo firme con ese nombre con ninguna otra compañía. Nunca podrán reunir a los cinco miembros del grupo y nunca recuperarán el nombre de Jackson 5».
Más temprano esa misma mañana, Berry había pedido a uno de sus abogados que enviara una carta documento a Arthur Taylor, presidente de CBS Records, advirtiéndole de que era mejor para su empresa no realizar ninguna conferencia de prensa vinculada a los Jackson 5 dado que Gordy tenía derechos exclusivos para «emitir publicidad autorizada». Cuando Berry supo que Taylor pensaba ignorar la advertencia, le envió otro telegrama advirtiéndole que le convenía no referirse al grupo como los Jackson 5 en la conferencia de prensa porque Motown tenía derechos exclusivos sobre ese nombre.
La conferencia de prensa se realizó en el restaurante Raimbow Grill, ubicado en el último piso del Rockefeller Center en Manhattan. Mientras desde un salón lleno de periodistas y fotógrafos registraban el evento, once miembros de la familia Jackson fueron hacia la habitación en fila india escoltados por un publicista de la CBS. No había sonrisas. Cada Jackson ocupó su lugar en el estrado, en las diez sillas negras de respaldo alto que estaban acomodadas detrás de una mesa estrecha. Todos los miembros de la familia, con la notable ausencia de Jermaine, presentaron un frente unido para anunciar la firma del grupo con la CBS, que se haría efectiva el 10 de marzo de 1976, el día que expiraban los contratos con Motown. Joseph le había dicho a Katherine, Maureen (Rebbie), LaToya, Janet y Randy que estuvieran presentes a los efectos de mostrar solidaridad familiar.
La atmósfera era tan solemne como la de una reunión de las Naciones Unidas. Joseph —al final del estrado, contando desde la derecha—, vestido de traje oscuro de diplomático, anunció que los Jackson habían firmado con la CBS Records y cedió la palabra a otros miembros de la familia.
Jackie explicó que el grupo —refriéndose al mismo como «La Familia Jackson»— firmaba con Columbia «porque Columbia es una empresa que vende discos, y los discos son lo que realmente te hace conocido». Cuando le preguntaron si el grupo había intentado renegociar con Motown, contestó: «Sí, pero las cifras eran de juguete».
Michael, con una chaqueta de terciopelo negro y chaleco haciendo juego, no tenía mucho que decir. «Creo que la promoción será fuerte», observó dócilmente. Se lo veía torpe e incómodo, especialmente si se comparaba con la seguridad que mostraban sus hermanos. Era tristemente evidente que Michael deseaba estar en otro lugar. «Motown hizo un gran trabajo con nosotros —dijo vacilante. Joseph le disparó con los ojos. Michael captó la idea y añadió inmediatamente—: Pero ahora, las cosas serán aún mejores».
—¿Cómo afectará todo esto a su relación con Berry Gordy? —le preguntó un escritor.
Todos en el estrado miraron a Joseph esperando que respondiera. Él se encogió de hombros y forzó una débil sonrisa.
—Veremos —dijo—. Siguiente pregunta.
—¿Jermaine va a unirse al grupo?
—Sí, pero tomará su tiempo. Siguiente pregunta —dijo nuevamente Joseph.
—¿Por qué Jermaine no está aquí?
—Siguiente pregunta.
Después de la conferencia de prensa, Berry Gordy presentó una demanda contra Joseph Jackson, los Jackson 5 y la CBS, reclamando daños por cinco millones de dólares por haber firmado con la CBS antes de que el contrato con Motown hubiese expirado. Joseph respondió a la demanda reclamando que Motown le debía a la familia derechos, adelantos, impagos y gastos. Pensaba que Motown le debía dinero. Era incorrecto. Él le debía dinero a Motown. Porque de acuerdo con los términos de su contrato, los Jackson 5 eran responsables de los costes de todas las canciones que grababan para Motown, incluidas aquellas que no se lanzaban al mercado.
Decir que Motown había mantenido ocupados a los muchachos era poco. Michael Jackson y los Jackson 5 grabaron 469 canciones para Motown en los seis años que mediaron entre 1969 y 1975. Son alrededor de 75 canciones por año, cifra extraordinaria si se tiene en cuenta que eso no era todo lo que los muchachos hacían para vivir. Además de tener que aprender esas canciones antes de grabarlas, también tenían que ensayar su siempre cambiante espectáculo, salir de gira por el mundo, aparecer en diversos programas de televisión —incluidos sus propios especiales—, asistir a innumerables entrevistas, posar para incontables fotos (hay miles de fotos de los muchachos que el público nunca ha visto), y también intentar tener una vida personal más allá del mundo del espectáculo.
De aquellas 469 canciones grabadas por los Jackson 5, en realidad sólo se lanzaron al mercado 174, el 37 por ciento. Las otras 295, de acuerdo con los productores de la compañía y Berry Gordy, no estaban a la altura de los estándares de Motown. Por lo tanto, para gran disgusto del grupo, los Jackson le debían a Motown más de quinientos mil dólares por canciones que el público nunca había oído. «Eso apestaba —dijo más tarde Joseph—. Eso sí nos afectó mucho».
Michael Jackson, que cumpliría diecisiete años en agosto de 1975, se volvió escéptico. Había empezado a tener serias dudas sobre la habilidad de Joseph como mánager de espectáculos. A su modo de ver, su padre había cometido algunos errores importantes: entregó a Jermaine, entregó el nombre del grupo y ahora debía entregar una importante suma de dinero, pagando por canciones que nunca se lanzaron. «Tal vez tendríamos que leer los contratos», dijo Michael amargamente.
Sin embargo, el hecho de sacar a los chicos de Motown y llevarlos a Epic no sería considerado como uno de los errores de Joseph en el futuro. De otro modo, probablemente Michael habría terminado como un oscuro artista del mundo del espectáculo, relegado a salones de Las Vegas, y ni siquiera allí habría tenido lugar en los escenarios importantes. Para los historiadores de la música, no hay muchas dudas: después de Moving Violation, los Jackson 5 se habrían estancado en Motown de forma muy similar a otros grupos que se quedaron tras sus buenos días, como The Supremes cuando Diana Ross partió en busca de mejores rumbos.
Si Joseph no hubiera hecho lo que hizo cuando lo hizo, Michael probablemente habría terminado en un espectáculo de viejas glorias con un auténtico Temptation, un par de Four Tops y la Mary Wilson de The Supremes originales. Habría llegado a los cuarenta cantando «I Want You Back» y «ABC» para ganar alguna moneda, tal como la gran Martha Reeves, que aún anda por allí cantando «Love Is like a Heatwave», tal vez no porque le guste mucho, sino porque lo necesita. Es dura la vida de los supervivientes de Motown como Martha, y no es apta para personas débiles. Ésa habría sido la vida de Michael, asimismo, si él no hubiera tenido la libertad de escribir y producir sus propias canciones. Pese a lo que algunos puedan pensar de Joseph Jackson como mánager personal, finalmente ese hombre salvó la carrera de Michael Jackson.
Los valores de la familia Jackson
Pasarían ocho meses hasta que los Jackson pudieran grabar para la CBS. Habían firmado con el nuevo sello antes de que expirara su acuerdo con Motown y debían esperar a que terminara el contrato para poder ir al estudio. Para ocupar el tiempo, Joseph consiguió un contrato con CBS-TV para una serie veraniega de variedades que sería emitida en junio de 1976.
Por aquel entonces, en las entrevistas le preguntaban muchas veces a Michael sobre Jermaine y él trataba de enfatizar que «los negocios son los negocios y la familia es la familia. Él todavía nos visita». Continuaba diciendo: «Nos hablamos, vamos a distintos lugares juntos. Eso es muy importante, porque ésa es la base de toda nuestra organización: amistad y una familia fuerte. Lo que concierne al mundo del espectáculo es importante, pero es más importante aún que la familia se mantenga unida en todo momento».
Todo aquello era una expresión del deseo de Michael. Los miembros de la familia se estaban separando poco a poco, pese a sus deseos. Jermaine los visitaba de vez en cuando, sólo cuando Joseph no estaba. «No podía tolerar su presencia —explicaba Jermaine—. Me había hecho daño. Hasta mi madre me preguntaba qué me pasaba y cómo había podido traicionar a mi familia. Era desgarrador para mí».
Los otros hermanos aún tenían resentimiento hacia Jermaine por su decisión. «Me cortaban el teléfono. Uno de ellos me dijo una vez que ya no era un hermano. ¿Cómo podían tratarme así? Pese a todo, yo creía que éramos una familia. Era lo que predicábamos todo el tiempo. Pero cuando llegó el momento de llevarlo a la práctica, no vi que eso sucediera. Yo era un extraño».
Tal vez Jermaine al menos encontrara refugio en los brazos de su esposa, pero los otros miembros de la familia Jackson parecían estar volviéndose más antisociales, evitaban el contacto con las personas fuera de la propiedad cercada de los Jackson (por orden de Joseph) y se encerraban en su fe como testigos de Jehová (por orden de Katherine). Ninguno de los hermanos que aún vivía allí —LaToya, Marlon, Michael, Janet y Randy— parecía tener ningún vínculo importante fuera de su propia familia.
«No tengo citas —me contó LaToya en aquel entonces—. No confío en la gente. Para ser honesta, no tengo amigos. Eso no me molesta. Cuando me siento sola, leo la Biblia». Pensé que era una pena que fuera tan recelosa de los otros. También dijo que rara vez salía sin la compañía de otros miembros de la familia. No expresaba interés alguno en casarse o formar una familia propia. «Nunca traeré un hijo a una sociedad como ésta». Los hermanos Jackson parecían criados para desconfiar de todos los desconocidos. Cuando Jackie comenzó a tener problemas matrimoniales, Joseph usó la discordia como evidencia de que no se podía confiar en extraños. Enid Jackson pidió el divorcio en 1975, nueve meses después de casarse con Jackie. «¿Veis eso? — dijo Joseph a sus hijos—. Después de nueve meses, mirad el problema que Jackie tiene entre manos». (La pareja se reconcilió y permanecería casada durante nueve años más).
Luego, en enero de 1976, Marlon hizo explotar una bomba: se había escapado y casado en secreto ¡hacía cuatro meses! Mientras el grupo realizaba funciones en Las Vegas, Marlon se casó con una admiradora de Nueva Orleans llamada Carol Parker, de dieciocho años. La ceremonia se llevó a cabo el 16 de agosto de 1975. No le había confiado la novedad a ninguno de sus hermanos porque temía que se lo dijeran a Joseph. No quería pasar por lo mismo que Rebbie, Tito y Jackie habían tenido que soportar con la oposición paterna al matrimonio, y tampoco quería que Joseph y Katherine supieran que Carol no había firmado un acuerdo prematrimonial.
Michael se sentía dolido por esa boda secreta; había creído que él y sus hermanos estaban más unidos. «Compartimos todos los malos momentos, pero nunca los buenos —se quejaba—. No comprendo para nada a mi familia, no me gustan algunas de las cosas que mis hermanos le hacen a sus esposas. Nunca me voy a casar. No confío lo suficiente en nadie para hacerlo —seguía—. El matrimonio es horrible».
Cuando debería haber sentido entusiasmo por su vida y su carrera, Michael Jackson estaba al borde de la desesperación. «La gente se hace daño una y otra vez — decía desolado. Y concluía—: Paso mucho tiempo triste. Siento que estoy en un pozo y nadie puede alcanzarme».
Perder con Motown
El voto de Michael era sólo uno entre seis en lo concerniente a las decisiones del grupo: los cinco hermanos más Joseph. Cuando Jermaine abandonó los Jackson 5, el joven Randy ocupó su lugar en la formación, aunque raramente hacía la voz principal. Marlon cantaba la mayoría de las partes que le correspondían a Jermaine y, por supuesto, el grupo nunca tocaba los éxitos solistas de Jermaine.
Pese a que obviamente Michael era el miembro más importante del grupo, la familia no quería otorgarle ninguna consideración especial. Temían que si lo valoraban en exceso, podría desarrollar confianza en sí mismo y separarse del grupo, algo verdaderamente indeseable. «No me escuchan porque tienen miedo. Creo que puedo comprenderlo. No quieren perderme. No quieren que tenga demasiado poder. Pero me vuelvo loco», decía Michael.
Cuando Joseph comprometió a los muchachos para realizar una serie televisiva en 1976, Michael dejó en claro que no quería participar. Sin embargo, quedó en minoría a la hora de los votos. Los Jackson era un programa de treinta minutos que duraría cuatro semanas. La familia aparecería junto a diversas celebridades como invitados estelares. El primer episodio se emitió el 16 de junio de 1976. Tal como en la presentación de la familia en Las Vegas, LaToya, Janet y Rebbie también participaron en la serie.
Era la primera vez que una familia negra protagonizaba una serie de televisión, y si el show obtenía un índice de audiencia decente, había posibilidades de que la CBS lo retomara en enero como un sustituto de media temporada. Michael estaba abatido. Debido a los extenuantes horarios de producción, no tenía tiempo para pulir sus rutinas y lamentaba salir al escenario sintiendo que no estaba lo suficientemente preparado. Tenía esperanzas en que el contrato no sería renovado. Lamentablemente para él, el índice de audiencia fue lo suficientemente sólido como para que la CBS decidiera hacer más episodios para ser emitidos en enero de 1977. Michael se estremeció… y luego firmó. Años después se refirió a aquella empresa como «una estúpida serie de TV. Fue una torpe jugada haber aceptado hacerla y odio cada minuto de ella».
A fin de cuentas, la intuición de Michael dio en el blanco; los Jackson acarreó más problemas de los que justificaba. Aparentemente, alguien de CBS-TV, probablemente un desventurado asistente del departamento de arte, utilizó accidentalmente una foto de los viejos Jackson 5 donde aparecía Jermaine en una publicidad en TV Guide de la serie Los Jackson. Tan pronto como Joseph alertó a la CBS, la empresa retiró la publicidad y envió una carta a Motown disculpándose por el error y prometiendo que no volvería a ocurrir. Demasiado tarde. Motown utilizó la equivocación como oportunidad para ampliar su demanda original contra el grupo, elevando los daños de cinco a veinte millones de dólares. Michael Roshkind dijo que el error «ha tenido un severo efecto dañino sobre nuestra credibilidad» y «ha causado un verdadero daño económico». La acusación era exagerada; la publicidad ocupaba media página y la imagen era tan borrosa que nadie podía siquiera reconocer a Jermaine en la foto. Estaba claro que Joseph no era el único que guardaba rencores.
Joseph intentó probar que había sido tratado injustamente por Motown, renunciando incluso a su orgullo. En su testimonio admitió que aquel día fatídico en Detroit (el 26 de julio de 1968), cuando Ralph Seltzer, el abogado de Berry, le presentó el contrato, ni siquiera lo había leído antes de permitir que sus hijos lo firmaran. Ralph respaldó las palabras de Joseph, admitiendo en su declaración que «No recuerdo que ninguno de ellos [los Jackson 5 o Joseph Jackson] lo leyeran en su totalidad antes de firmarlo».
¿Por qué no lo habían hecho? «Porque el alcance de mi educación formal llega hasta el undécimo grado escolar. El contrato con Motown de 1968 fue el primer contrato discográfico que me presentaron o que he visto en mi vida». (La declaración de Joseph era falsa, dado que sus hijos habían firmado un contrato con Steeltown Records antes de firmar con Motown… Salvo que él tampoco hubiera leído aquel contrato).
Joseph debió admitir que tampoco había leído el «Acuerdo Paterno» antes de firmarlo. Allí, él se hacía responsable de que sus hijos acataran las previsiones del contrato discográfico de Motown. Lo cierto era que Joseph no había leído nada. Simplemente había firmado el contrato donde le indicaron.
Berry obtendría 600.000 dólares en concepto de daños, incluidos adelantos no cancelados y alguna indemnización por la firma del contrato con la CBS antes de la expiración oficial del contrato con Motown. También recibiría una indemnización por los daños sufridos cuando Joseph se negó a permitir que los muchachos grabaran nuevas canciones para Motown (después de saber que el grupo debía 500.000 dólares en razón de todas las otras canciones que habían grabado y no habían sido lanzadas a la venta). En total, los Jackson le pagaron a Gordy y compañía alrededor de dos millones para abandonar Motown.
Más trascendente, y tal vez más sorprendente para algunos, es que los Jackson aceptaran renunciar a los derechos que les debían en concepto de grabaciones realizadas antes del 1 de diciembre de 1979 y por futuros lanzamientos de grabaciones realizadas antes del 11 de marzo de 1976; en otras palabras, por todos sus éxitos. En compensación, Motown aceptaba contabilizar con precisión y pagar derechos por cualquier «producto nuevo», lo que incluía las grabaciones previas a 1976 que aún no habían sido lanzadas a la venta y las de cualquier álbum con «Lo mejor de…» que pudieran ofrecer en el mercado en el futuro.
En realidad, no era inusual que un artista de Motown renunciara al cobro de sus derechos a fin de resolver sus asuntos con Motown. Sin embargo, en retrospectiva, queda demostrado que a menudo era una mala decisión, una de las posibles razones de que hoy tantos ex Supremes, Marvellettes, Vandellas, Temptations y Miracles se encuentren en serios problemas financieros.
Cuando el juez falló a favor de Motown, el vicepresidente de la discográfica, Michael Roshkind, dijo: «Es un día gratificante, no por haber ganado, sino por una cuestión de principios».
Fue suficiente para que algunos de los presentes sintieran náuseas.
El primer disco de los Jackson para CBS, The Jacksons, se lanzó durante la primavera de 1977 con el sello Epic. El álbum implicó mucho trabajo. Se incluyeron tanto «Blues Away», una de las primeras canciones que compuso Michael, como «Style of Life», compuesta por sus hermanos. Esas dos canciones fueron coproducidas por los Jackson: por fin podían hacer aquello que Motown les había impedido. Por lo demás, los productores ejecutivos Gamble y Huff contrataron al equipo de producción (Dexter Wansel, Gene McFadden y John Whitehead), que los asistiría para seleccionar un conjunto de temas que, si bien no era innovador, era en cambio muy bueno. Michael dijo que trabajando junto a Gamble, Huff y compañía había aprendido muchísimo en lo referente a la estructuración de una melodía y a lo que él denominaba «la anatomía de una canción».
The Jacksons trajo un importante éxito para el grupo: «Enjoy Yourself», su primer sencillo en Epic. Este tema se convirtió en el mayor éxito desde «Dancing Machine», lanzado tres años antes. El sencillo escaló al puesto número seis de los rankings pop pero, dado que era el único éxito del álbum, The Jacksons llegó tan sólo al puesto número 36 en los rankings estadounidenses. No era fantástico. En Gran Bretaña, «Enjoy Yourself» ni siquiera llegó a los rankings cuando lo lanzaron. Luego fue relanzado, pero, aun así, no alcanzó un lugar entre los 400 principales. El público consumidor de discos a nivel internacional parecía confundido, tal vez porque Motown sacó su propio álbum de los Jacksons, Joyful Jukebox Music (una recopilación de algunas de aquellas canciones inéditas que le cobraron al grupo), en lo que parecía un vil intento de ganar dinero gracias a la publicidad que la CBS había hecho sobre el grupo. El álbum de Motown fue el primer disco de los Jackson 5 que no entró en los 200 principales en Estados Unidos y le fue aún peor en el Reino Unido. También sirvió para diluir el impacto del nuevo producto de la CBS. Como diría Michael: «Berry Gordy estaba pegando duro, por supuesto».
El resultado de Los Jacksons en los rankings de música pop fue decepcionante, pero no tan inaceptable como el del disco de Jermaine. Después de tanta angustia pública y privada acerca de la decisión correcta —permanecer junto a su padre y hermanos o quedarse con Gordy—. My Name Is Jermaine llegó tan sólo al puesto número 164 de los 200 Principales. El sencillo «Let’s Be Young Tonight» alcanzó el puesto 55. En Inglaterra, Jermaine pasó totalmente inadvertido para los consumidores de discos. Era una terrible vergüenza; Jermaine merecía más de Motown en términos de publicidad. Había razones para preguntarse cuáles eran las verdaderas intenciones de Motown en relación a la carrera de Jermaine. Como quedaría demostrado, sólo logró unos pocos éxitos en la compañía, nunca pudo desarrollar su potencial allí. Debió haber sido una estrella mucho mayor para Motown: había hecho todo para merecerlo.
Los Jacksons continuaron su gira sin Jermaine. Eran negocios, como de costumbre. Realizaron funciones en Memphis, Tennessee, en mayo de 1977. Durante aquella presentación, Michael había tenido que escapar por el tejado de un centro comercial Woolco porque diez mil personas que hicieron cola durante horas para entrar en la sección de discos, donde Michael había prometido firmar copias de The Jacksons, causaron algunos disturbios.
Sobre esa misma noche, antes del espectáculo, entre bastidores, John Seaver, que trabajaba para una empresa que promocionaba la presentación en Memphis, recuerda que: «Le mostré a Michael un articulo de Billboard donde decía que el álbum de Jermaine editado por Motown había sido un gran fracaso. Realicé una injusta comparación con el álbum de los Jacksons, afirmando que aquél había sido un fiasco. Al principio, Michael no dijo nada. “Oh, él va a dar un salto hacia arriba. Lo sé. Jermaine no va a dejar que esto lo desanime”, comentó luego. Parecía lamentarse verdaderamente por su hermano.
«Todos los hermanos echaron un vistazo al artículo. Marlon dijo algo como “qué mal”. Tito opinó que el álbum no era muy bueno, pero que Jermaine aparecería con algo mucho mejor la próxima vez. “Pase lo que pase, es nuestro hermano y no me gusta ver que algo de lo que hace no es un éxito. Lo único que prueba, creo, es que Berry no sabe lo que hace”. Todos estaban de acuerdo con Tito».
Luego, Joseph entró en los camerinos.
—¿Qué estáis leyendo?
Jackie le pasó el artículo.
—Lee esto, es sobre Jermaine —dijo.
Joseph leyó la reseña rápidamente.
—Bueno, ¿sabéis?, creo que le hace justicia a Jermaine —dijo mientras arrojaba la revista sobre una mesa. Y salió. Los hermanos se miraron unos a otros levantando las cejas. Se hizo un silencio. Les costaba comprender el dolor de Joseph por la traición, sin mencionar que sentía que el aparato de Motown se había aprovechado de él. Desde luego, Joseph nunca se abría a su familia, era prácticamente imposible entenderlo. En consecuencia, nunca fue comprendido. Mientras atravesaba la puerta, Michael le lanzó una mirada fría, inquisidora.
—Qué buen padre —murmuró.