Michael Jackson
Segunda parte
«ABC» y «The Love You Save».
Hacia finales de 1969, Michael Jackson, de once años y ya reunido con su madre, era un jovencito lleno de vida, rebosante de energía, feliz. «Ahora, todo lo que quiero es ver cuán lejos podemos llegar como familia —le dijo a Judy Spiegelman, periodista de la revista Soul— Me gusta el mundo del espectáculo, Hollywood, y todo eso, las cosas que gente como Berry Gordy hace para que te veas bien. Estoy realmente entusiasmado».
En diciembre, Motown Records sacó al mercado el primer disco de los hermanos, Diana Ross Presents the Jackson 5. Vendería 629.363 copias, una cifra sorprendente para un álbum debut. En Gran Bretaña trepó al puesto 16 del ranking de ventas y permaneció en el Top 100 durante cuatro semanas. En la cubierta del disco se leen palabras de la propia Diana Ross: «Para mí, honestidad ha sido siempre una palabra muy importante, una idea importante. Pero cuando pienso en mi propia concepción de la honestidad, pienso en algo pleno, sin restricciones. Así son… eso es lo que percibo en los Jackson 5, cinco hermanos de apellido Jackson que descubrí en Gary, Indiana. Tienen un gran talento. Y, por encima de todo, son honestos».
En las oficinas de Motown, Michael y sus hermanos tuvieron oportunidad de ver las pruebas de la cubierta del disco.
«Ni siquiera nos dejan tocar nuestros propios instrumentos en el álbum —rezongó Tito—. Pero estamos aquí en la foto sosteniéndolos como si los hubiéramos tocado. No me parece que eso esté bien». En verdad, a Tito y a Jermaine no les permitían tocar su bajo y guitarra en las sesiones de Motown porque Berry creía que no estaban preparados para el trabajo de estudio. El mejor equipo de músicos de Motown grababa toda la música instrumental antes de que los Jackson llegaran al estudio. Los muchachos tenían que aprender a copiar el sonido lo mejor que podían para las funciones en vivo.
—Creo que nosotros deberíamos haber tocado en este disco —opinó Tito.
Michael puso los ojos en blanco.
—¿Y? —preguntó.
—Y, que esto no es verdad —dijo Tito—. No es honesto, como dice la señorita Ross.
—¿Qué dices de esta parte? —preguntó Jermaine, mirando a Michael por encima del hombro, mientras señalaba la línea donde Diana se atribuía el descubrimiento del grupo—. Esto tampoco es honesto. Fue Bobby Taylor quien lo hizo.
Michael se encogió de hombros.
—Se llama relaciones públicas —dijo con frialdad matemática—. Vamos, muchachos, poneos al día.
«Estaba realmente metido en el tema de la imagen desde muy pequeño —dijo Stan Sherman, el promotor independiente que presenció la escena—. Los otros muchachos estaban algo desconcertados por las mentiras. Pero Michael no sólo estaba de acuerdo, diría que incluso empezaba a creerlo. Para mí fue aterrador: parecía desear, incluso anhelar, adaptarse a toda esa irrealidad».
Más tarde, durante ese mismo mes, el 14 de diciembre de 1969, los Jackson 5 aparecieron en The Ed Sullivan Show. Aunque en octubre ya habían hecho una aparición televisiva nacional en The Hollywood Palace, la invitación fue un hito importante en su carrera.
El éxito del programa no podía atribuirse a su presentador. Rígido y usualmente serio, Sullivan, un columnista del New York Daily News, hacía poco más que presentar a los invitados, cuyos nombres solía pronunciar mal u olvidar. Una vez, cuando Smokey Robinson y los Miracles aparecieron en escena, los presentó como «Smokey y sus pequeños Smokeys». De cualquier modo, el atractivo del programa radicaba en su lista de invitados. Los neófitos sabían que el éxito estaba al alcance de sus manos cuando los invitaban a participar; los que ya estaban consagrados podían sentirse seguros de seguir en el podio. Ed Sullivan nunca se molestó en traer figuras pasadas de moda o aspirantes a la fama.
Cuando Sullivan presentó a este «sensacional grupo», Marlon, Jackie y Michael, flanqueados por Tito y Jermaine en la guitarra, comenzaron el repertorio con su interpretación de la canción «Stand» de Sly Stone. Estaban vestidos con prendas a la moda que Suzanne dePasse había comprado en tiendas de Greenwich Village.
Michael, una vez más, era la estrella. Cuando cantaba, sus ojos brillaban. Estaba adorable con su sombrero violeta de cowboy. Quien haya visto esa función recordará lo increíblemente guapo que era ese niño en el escenario. No era un diamante en bruto, ya parecía un artista pulido y experimentado. Cuando cantó «Can You Remember?», su voz tenía una pureza y amplitud tonal que no dejaba traslucir su edad. Cuando los Jackson 5 terminaron su repertorio con una enardecedora versión de «I Want You Back», la audiencia estaba completamente entregada. El hecho de que aparecieran con Ed Sullivan era un logro en sí mismo, pero recibir aplausos tan estridentes parecía ser una clara profecía de éxito.
Fiel a su tradición, Sullivan se puso a bromear un poco con sus invitados, pero rápidamente fijó la atención en alguien del público: «La persona que descubrió a los Jackson 5, Diana Ross». Diana, ataviada con algo que sólo puede describirse como la versión para adultos del vestido de organdí rosa de una niña, se puso de pie y agradeció con modestia el reconocimiento.
La difícil tarea que Motown tenía por delante consistía en lanzar un segundo disco de los Jackson 5 que ocupara también los primeros puestos del ranking de ventas. Como su política era dar a los compositores y productores de fama la oportunidad de proponer otra canción exitosa, Berry Gordy encargó el trabajo a Deke Richards y The Corporation. «Una noche estaba en el apartamento de Fonce (Mizell) y Freddie (Perren) haciendo payasadas en su piano eléctrico y comencé a pensar en Holland, Dozier y Holland, que hacían siempre el mismo tipo de disco, usando las mismas progresiones —recuerda Deke Richards—. La suya era una fórmula segura para el éxito. Entonces, tomé el estribillo de “I Want You Back” y decidí que partiría de esos mismos acordes para componer los temas del próximo disco».
«Estaba sentado en el piano, tocando los acordes y se me ocurrió la letra “A, B, C”. Fonce y Freddie me miraban como si estuviera loco».
»“¿Y ahora qué? —me pregunté—. Ya sé. Qué tal ‘uno, dos, tres’”. Para entonces, ellos creían que estaba chiflado. Y luego se me ocurrió la línea siguiente “Do, re, mi”. Y terminé con una gran explosión: “Tú y yo”. Ya lo tengo, dije, riendo. He aquí un éxito».
Poco tiempo después, los tres hombres estaban en el estudio grabando la canción «ABC» con Michael y sus hermanos.
«Me encantó “ABC” desde la primera vez que la escuché —dijo Michael—. Me entusiasmaba más que “I Want You Back”. Era una gran canción, una idea excelente con una gran pista. Estaba impaciente por grabarla. Recuerdo que Deke y los demás inventaron la mitad de la canción en el acto, allí mismo. “Siéntate nena, creo que te amo”. Luego seguía: “Muévelo, muévelo nena”, ya sabes, como los Contours y grupos viejos como ése. No sabía que se podía hacer eso en el estudio, inventar partes así en el último momento».
En febrero de 1970, Motown lanzó «ABC», el segundo sencillo de los Jackson 5. Llegó a encabezar el ranklng Billboard en tan sólo seis semanas, reemplazando a «Let It Be» de los Beatles. Las ventas —2.214.790 discos superaron las de «I Want You Back»—. La canción parecía mofarse y a la vez hacer tolerable una nueva y creciente tendencia en música popular, el estilo «goma de mascar», predominantemente blanco. En Gran Bretaña, la canción trepó hasta el puesto número ocho y permaneció en los rankings casi tres meses. Con el bajo zumbante, los teclados enérgicos y los encantadores estribillos de «ABC», los Jackson 5 estaban en racha.
Freddie Perren recuerda que «después de esos dos éxitos, Berry preguntaba todo el tiempo: “¿Para cuándo el siguiente? ¿Para cuándo el siguiente?”. Realmente quería lanzar el tercer tema. Aunque jamás lo hacía, Berry llegó al estudio Sound Factory de Hollywood cuando estábamos editando esa tercera canción. Escuchó unos quince minutos y dijo: “No estoy preocupado. Muchachos, habéis hecho otro éxito”. Y se fue. Entonces supimos que teníamos el tercer éxito».
La canción era «The Love You Save», lanzada en mayo de 1970, otro impresionante tema juvenil con un asombroso solo de Michael. En «The Love You Save», una buena estrofa y un estribillo conmovedor eran el cebo; y la combinación contagiosa de guitarras y percusión, el anzuelo. Tal como había dicho Deke Richards, The Corporation había desarrollado para los Jackson 5 una fórmula para el éxito, así como Holland-Dozier-Holland lo habían hecho para The Supremes. Los primeros tres éxitos de Diana y las chicas, «Where Did Our Love Go?», «Baby Love» y «Come See about Me», eran básicamente la misma canción con su estructura armónica inteligentemente modificada en las partes apropiadas. Deke y compañía aplicaron los mismos toques mágicos a «I Want You Back», «ABC» y «The Love You Save», canciones que suenan tan parecido que alguien no iniciado las confunde con facilidad. Berry había deseado tres éxitos para los Jackson 5, y, como de costumbre, obtuvo lo que quería.
Con 1.948.761 copias vendidas, «The Love You Save» quedó algo rezagada con respecto a los dos sencillos que la precedieron, aunque de todas maneras fue considerada un gran éxito. En Inglaterra alcanzó el puesto número siete y estuvo en los rankings casi dos meses. La canción le dio a los Jackson 5 el honor de ser el primer grupo de la era del rock and roll que tuvo sus primeras tres canciones en los primeros puestos. Nuevamente desplazaron a los Beatles («The Long and Winding Road»).
Cada vez major
Los Jackson 5 dieron su primer concierto como artistas de Motown en el Philadelphia Convention Center un sábado por la tarde, el 2 de mayo de 1970. Pese a su impresionante récord de ventas, nadie podía imaginar lo populares que se habían hecho en tan sólo cinco meses. Más de tres mil quinientos ruidosos fans atestaron el Aeropuerto Internacional de Filadelfia con la esperanza de ver a los jóvenes hermanos. Fue necesario un gran despliegue de policías de Filadelfia y personal de seguridad aeroportuaria para evitar que los Jackson fueran totalmente aplastados.
La escena se repitió la noche siguiente en el concierto, cuando un centenar de policías forcejearon con el público que se abalanzaba con insistencia sobre el escenario. Tres limusinas escoltadas por motocicletas se las ingeniaron para llevar a los Jackson 5 al hotel después del concierto. Una vez en su habitación, Michael se desmoronó y comenzó a llorar.
«Michael [que tenía once años] estaba asustadísimo —dijo Jermaine—. Los demás estábamos más sorprendidos que asustados, pero Mike estaba realmente asustado: “No se si podré hacer esto siempre —dijo—. Tal vez por un tiempo, pero no para siempre”».
Esa caótica situación sirvió a Motown de advertencia. La empresa debía estar mejor preparada la próxima vez que los hermanos dieran un concierto.
Ese mismo mes salió al mercado el segundo álbum de los Jackson 5, «ABC». Sería un éxito aún mayor que el álbum debut, que vendería 867.756 copias. Tras lanzar el segundo álbum, Berry organizó las cosas para que la familia se mudara de su casa en Queens Road a una más grande en Bowmont Drive, más allá de Trousdale Estates. Liberace vivía cerca, al igual que Davy Jones, de los Monkees. «Ellos [los Jackson] fueron expulsados de muchas casas —explicaba Berry Gordy a Michael Goldberg en una entrevista a la Rolling Stone—, Hacían demasiado ruido con su banda, los ubicábamos en una casa y los echaban. Alquilábamos otro lugar, hacían demasiado ruido, y los echaban de nuevo».
En julio de 1970, los Jackson 5 batieron el récord de público en Los Ángeles Forum. Se vendieron 18.675 entradas y se recaudaron 105.000 dólares.
«Estuve en el recital del Forum con Berry y Diana —dijo Deke Richards, el productor del grupo—. Casi morimos aplastados. Antes de comenzar “The Love You Save”, Michael dijo algo como: “Aquí va el tema que sacó a los Beatles del puesto número uno”, y eso causó un estruendo terrible. Estábamos en tercera fila y en medio del recital oímos un ruido tumultuoso y las gradas se vinieron abajo, las personas caían unas sobre otras. Alguien subió al escenario e hizo salir a los chicos. Ni siquiera pudieron terminar la canción. Berry, Diana y yo logramos salir de nuestra fila un segundo antes de que fuera derribada por chicos que trataban de subirse al escenario».
Un mes después, la empresa hizo pública la primera balada de los Jackson 5, «I’ll Be There». Cambiar de sintonía y hacer una balada le pareció a Gordy el obvio paso siguiente, aunque debía ser la canción correcta para que la aceptaran los fans acostumbrados a un sonido animado. «I’ll Be There» era una tierna mezcla de súplica conmovedora y dulcemente inspirada. Al son del clavicordio y el teclado, la interpretación de Michael era impecable. Se considera que esa canción consolidó el éxito de los Jackson 5 como estrellas discográficas polifacéticas. Se mantuvo en el puesto número uno en Estados Unidos durante cinco semanas y vendió más de dos millones y medio de copias en todo el mundo (250.000 sólo en Gran Bretaña, donde llegó al puesto número cuatro y ¡permaneció en los rankings británicos por más de cuatro meses!).
«I'll Be There» sacó al tema «Cracklin' Rose» de Neil Diamond del puesto número uno del ranking pop de Billboard y se convirtió en el mayor éxito de ventas de Motown; la empresa aseguraba que finalmente se habían vendido más de cuatro millones de copias aunque, en realidad, la cifra total fue de unas 800.000 copias menos, es decir, cerca de 3.178.523. En la historia de la música pop, los Jackson 5 fue el primer grupo en posicionar en el primer puesto del ranking Billboard sus primeros cuatro sencillos. O, como dijo Michael: «Fue cada vez mejor».
En octubre de 1970, el grupo salió nuevamente de gira con fechas adicionales en la costa Este. Sin embargo, tres fechas en Tejas estaban en riesgo por la oposición que ejercieron miembros de Operation Breadbasket, del Southern Christian Leadership Council, una organización dedicada a mejorar las condiciones económicas de la comunidad negra. El promotor del tour era Dick Clark y los representantes de Breadbasket sentían que Motown debía haber contratado a una persona negra. «Es absolutamente ridículo —dijo Berry Gordy—. Negros, blancos. ¿Cuál es la maldita diferencia si todos ganamos dinero?».
De todas formas, los manifestantes habían impreso panfletos y se preparaban para realizar piquetes en los sitios donde se llevarían a cabo los recitales. La prensa estaba a la espera de un escándalo. «Justo lo que necesitábamos —le dijo Berry a un promotor de Motown que trabajaba junto con Dick Clark—. Cancela. Dile a Clark que cancele todo el maldito estado. Podrán ver a los Jackson 5 cuando tengan algo de sensatez». Esas fechas se cancelaron.
«Los Jackson 5 son más Importantes que cualquier cuestión racial —dijo Berry Gordy luego—. Nadie puede decirme cómo manejar la carrera de estos chicos. Blancos o negros, yo tomo la decisión. Éste es mi grupo».
Sin lugar a dudas, la declaración de Berry era una novedad para Joseph.
En enero de 1971, Michael Jackson, de doce años, comprendía que el mundo del espectáculo era un negocio difícil. Había visto mucho durante los últimos tiempos, pero de todas formas conseguía tomarse con calma las presiones de grabar, salir de gira y realizar apariciones en televisión. Su éxito era demasiado nuevo para dejar de ser una emoción constante. «Esto es lo mejor que nos ha pasado —decía Michael de los logros de su familia—. La señorita Ross me dijo que la gente puede salir lastimada en el mundo del espectáculo. No veo cómo».
Por entonces, Motown lanzó el quinto sencillo de los Jackson 5, «Mama’s Pearl». En línea con el estilo de sus primeros sencillos «movidos», la canción presentaba a Michael nuevamente en la voz principal, rodeado, por supuesto, por sus hermanos, que hacían ocasionalmente alguna frase solista del verso. Se oían guitarras zumbando los estribillos y la inspiradora producción de The Corporation se percibía a lo largo de todo el tema.
En un principio, «Mama’s Pearl» generó algunas dudas. Deke Richards había decidido que Fonce Mizell y Freddie Perren trabajaran en el tema sin que él viese lo que estaban creando. Deke entró en el estudio y encontró a Michael cantando la letra, «Él dijo que lo mío era de él y lo suyo es todo mío…». Lo que le habían dado a Michael era una canción titulada «Guess Who’s Making Whoopie (With Your Girlfriend)», que trataba sobre intercambio de mujeres, claramente una imagen inapropiada para el jovencito. Deke hizo que Fonce y Freddie reescribieran la letra, no así la música, y poco después lanzaron «Mama’s Pearl».
Aunque el tema «tan sólo» llegó al puesto número dos en el ranking Billboard, alcanzó el primer puesto en el ranking Cash Box, por lo que Berry quedó satisfecho. En Gran Bretaña, sin embargo, sólo alcanzó el puesto 25.
El año empezaba con gran emoción: el 31 de enero, los Jackson 5 regresaron a Gary, Indiana, su pueblo natal. Por aquel entonces, Jackie tenía diecinueve años; Tito, diecisiete; Jermaine, dieciséis; Marlon, trece; y Michael, doce. Se le pidió al grupo, en nombre de la campaña de reelección del alcalde Richard Gordon Harcher, que diera dos recitales en el colegio Westside. La distancia entre Gary y Los Ángeles puede medirse en kilómetros, pero la distancia entre Gary y el estrellato únicamente puede medirse en años luz. Los Jackson volvieron a casa como estrellas, con gran estilo, en un helicóptero que aterrizó en el aparcamiento del Colegio Westside, donde dos mil estudiantes se habían reunido para darles la bienvenida.
Se agotaron las entradas para ambos recitales. Los quince mil afortunados que las consiguieron fueron a rendir homenaje a sus cinco paisanos. Dos años antes, muchos de esos chicos del barrio habían arrojado piedras a la casa de los Jackson para molestarlos mientras ensayaban; ahora estaban compartiendo su éxito, orgullosos de saber que todos habían salido de las mismas calles. Cuando los focos iluminaron a los Jackson con sus trajes color arco iris, fue imposible contener a los admiradores. El gimnasio estaba lleno hasta el tope con el público más ruidoso con que los chicos se habían enfrentado hasta ese momento. Se dispararon tantos flashes al mismo tiempo que parecía que una nube de luciérnagas había llegado revoloteando al estadio.
Después del primer recital, el alcalde Hatcher acompañó a los Jackson 5 a su anterior residencia de la calle Jackson, que había sido rebautizada Boulevard Jackson 5, en su honor. En el césped, frente a la vieja casa situada en el número 2.300 de Jackson Street se había colocado un letrero que decía: BIENVENIDOS A CASA, JACKSON 5, GUARDIANES DEL SUEÑO. Cuando la limusina partió, los admiradores se lanzaron sobre la ventanilla bien cerrada. Dentro, los chicos sonreían y saludaban, sorprendidos por tanto frenesí. Su siguiente parada fue el ayuntamiento, donde cada integrante del grupo recibió las llaves de la ciudad. Los chicos habían regresado a casa como héroes, símbolos de esperanza. Durante su discurso de aquel día, el alcalde Hatcher dijo que estaba honrado porque «los Jackson 5 han llevado el nombre de Gary a través del país y del mundo, y lo han convertido en un nombre del que podemos estar orgullosos». Joseph no habría podido sentirse más orgulloso de sus hijos. Subió al estrado y dijo: «Algo que siempre les he dicho a mis hijos es que en esta vida eres un ganador o eres un perdedor, y que ninguno de mis hijos sería jamás un perdedor. Siento orgullo al decir que me han demostrado que estaba en lo cierto».
El siguiente sencillo de los Jackson 5, «Never Can Say Goodbye», se lanzó en marzo de 1971 y llegó al puesto número dos un mes más tarde, con dos millones de copias vendidas. Sin embargo, sólo consiguió el puesto número 33 en Gran Bretaña, por lo que a Gordy comenzó a preocuparle un poco el atractivo del grupo a nivel internacional. De todas formas fue un sencillo memorable. «Aquélla era una canción emotiva que significó mucho para mí cuando la compuse. Me preocupaba que Michael no comprendiera el dolor y la angustia que expresaba su letra. Lo recuerdo preguntando: “¿Qué significa la palabra angustia?”. Se lo expliqué. Se encogió de hombros y simplemente cantó: “Ahí está esa angustia, ahí está esa duda”. Y yo le creí», recuerda el autor de la canción, el actor Clifton Davis.
Joseph y Katherine compran una propiedad
El 5 de mayo de 1971, cuando los chicos volvieron de otra gira nacional, los Jackson se mudaron a una amplia propiedad situada en Hayvenhurst en el número 4.641 en Encino, California, la misma donde Joseph, Katherine y otros tantos Jackson (que no son Michael ni Janet) aún viven.
Joseph y Katherine compraron la propiedad por 250.000 dólares. Se mudaron un día después del cuadragésimo primer cumpleaños de Katherine. Ella había pedido a Joseph que no vendiera la casa de dos habitaciones en Gary «sólo por si la fortuna de la familia diera un giro negativo y todos tuvieran que volver a Indiana». Pese a que Joseph no pensaba que aquel revés fuera probable, decidió no vender, sino alquilar la casa situada en el número 2.300 de Jackson Street. (Hoy la casa vale aproximadamente cien mil dólares y aún es propiedad de la familia).
Joseph y Katherine nunca habían realizado una compra tan importante y eran bastante ingenuos en esa materia. Joseph quería pagar la propiedad al contado («Así es nuestra y nadie puede echarnos»), pero no tenía tanto capital. De todas formas, Berry Gordy lo convenció de que la familia debía deducir de impuestos cuanto fuera posible en la compra de la propiedad, dado que sus ingresos se incrementaban mensualmente, y el interés del préstamo podía deducirse de sus impuestos. Aunque Joseph decidió anticipar la menor cantidad de dinero posible para comprar la propiedad de Encino, como no tenía un buen historial de crédito tuvo que pagar al contado cerca del 40 por ciento para acceder al préstamo. Era mucho dinero para un pago inicial: 100.000 dólares. Berry se ofreció a adelantarle los fondos, pero Joseph rechazó la oferta. «Si vamos a vivir en esa casa, tiene que ser nuestra», respondió. Motown ya tenía demasiado control sobre los chicos; Joseph no quería que Berry también tuviera una participación importante en la casa familiar.
Finalmente, Joseph se las ingenió para conseguir los 100.000 dólares, pero tuvo que obtener un gran adelanto de las ganancias futuras de sus hijos. Por supuesto, ese adelanto salió de Motown… que era Berry.
Encino, situada a treinta y cinco minutos en coche del centro de Los Ángeles, es una de las comunidades más acaudaladas del sur de California y el hogar de muchas celebridades. La propiedad de los Jackson, de unos 8.000 m2, deslumbrante con sus dieciocho árboles cítricos e incontables plantas exóticas, estaba protegida por un portón electrónico e incluía una casa de huéspedes, un salón de juegos y habitaciones para el servicio doméstico.
Johnny Jackson y Ronny Rancifer, batería y organista de los Jackson 5 respectivamente, se mudaron a la casa con el resto de la familia. Joseph y Katherine estaban preocupados por la influencia que estos dos chicos, particularmente Johnny, tenían sobre sus hijos. A ambos jovencitos les gustaba gastar el poco dinero que se les daba, en lugar de ahorrarlo. También fumaban cigarrillos y bebían licor. Joseph había pensado en librarse de ellos, pero decidió que no sería justo dado que los dos habían sido parte de la banda desde sus primeros días en Gary.
«La casa tenía cinco baños y seis habitaciones —recuerda Susie Jackson, la exesposa de Johnny—. Jackie y Ronny compartían una habitación. Tito estaba con Johnny; Jermaine, con Marlon; Michael con Randy, y LaToya, con Janet. Joseph y Katherine ocupaban la restante. Había mucha gente viviendo allí».
La sala de estar tenía un bajo nivel rodeado por un sofá circular. En las paredes se alineaban numerosas placas, discos de oro y platino que representaban álbumes y sencillos que habían vendido millones de copias. Un periodista observó que esa sala parecía «una mezcla del lobby de un motel y el vestíbulo de una compañía discográfica de Sunset Boulevard».
En el jardín había una piscina olímpica, un minicampo de baloncesto, un campo de bádminton y un sector para practicar arquería. Ese ámbito tranquilo prometía paz ilimitada para una familia tan famosa. Allí podrían relajarse y descansar fuera del alcance de la mirada invasiva del público. Incluso planearon agregar un estudio de grabación del 00.000 dólares y un cuarto oscuro de 25.000 dólares.
El Datsun 240 Z de Jackie Jackson se aparcaba normalmente en el camino de entrada, tal como el nuevo Audi de Katherine, el Mercedes 300 SE convertible dorado de Joseph y la enorme camioneta de la familia.
«Nos divertíamos en la Gran Casa —decía Susie Jackson (con el tiempo, muchos parientes se referirían a la propiedad de los Jackson como la Gran Casa, porque sentían que para los chicos y chicas Jackson había sido tanto una prisión como un hogar)—. No todo era drama y traición. Se hacían fiestas y, en un principio, tuvimos una relación muy estrecha. Recuerdo muchos momentos divertidos de la primera época, cuando acababan de mudarse. Cada vez que ibas a esa casa, estaban tostando cacahuetes».
A pesar de que Katherine disfrutaba de la opulenta propiedad y de otros aspectos de su nueva vida, echaba de menos Gary. En pocas palabras, en Los Ángeles no era tan feliz como había soñado. Extrañaba a sus antiguos amigos y parientes.
Si el sur de California iba a ser su nuevo hogar, Katherine no permitiría que ese ambiente glamuroso influyera de modo pernicioso en ella o en su familia. Estaba decidida a conservar en esa casa su concepto de normalidad.
La familia Jackson no dudaba en mostrar su aprecio a las personas que la habían ayudado en su carrera. En lugar de reuniones pequeñas e íntimas, prefería eventos grandes y ostentosos donde la cantidad era lo más importante. Katherine consideraba esas fiestas como simples invitaciones pero en lugar de cerveza sin alcohol y galletas pretzels en el porche trasero, servía un lujoso banquete en la mansión de la familia. Siempre gentil anfitriona, hacía que todos se sintieran bienvenidos. El orgullo que la casa despertaba en Joseph era evidente. Cuando veía en un visitante interés por conocerla, le proponía una visita guiada. En agosto de 1972, finalizados los compromisos de los Jackson 5 en el Forum de Los Ángeles, Katherine y Joseph organizaron una fiesta de aquéllas en la casa familiar, para unos cincuenta amigos de la prensa y el mundo del espectáculo.
Katherine y Joseph no decepcionaron a sus invitados. El bufé, de unos cuatro metros, ofrecía hamburguesas, rosbif, pimientos, pinchos de carne, fruta fresca helada y mariscos. Los pasteles se apilaban en un carrito decorado con rosas rojas y amarillas. En medio de la piscina oval de la familia, Joseph puso a flotar un enorme logo de los J-5 hecho de rosas y claveles coloridos. Para divertirse, los Jackson 5 desafiaron a The Temptations a un partido de baloncesto. Y lo ganaron.
(Quien escribe fue invitado a muchas de las «reuniones» que la familia Jackson organizó entre 1976 y 1981 en la propiedad de Encino).
La compañía telefónica cambiaba rutinariamente el número de los Jackson para evitar que los extraños lo conocieran. Sin embargo, la información siempre se filtraba. Una vez, una chica de Newark llamó para hablar con Michael a las dos de la mañana apenas un día después de haberles asignado un nuevo número.
Como siempre, Joseph limitaba la duración de las conversaciones telefónicas a cinco minutos y no dudaba en usar el cinturón con cualquier joven de la familia que violara la regla, aun cuando fuera una estrella del pop. Los chicos estaban bien disciplinados. De hecho, se los conocía en los círculos de Hollywood como los jovencitos del mundo del espectáculo que mejor se comportaban. «A veces pensábamos que eran demasiado educados. Parecía que algo no estaba bien en ellos. De alguna forma, asustaban», decía un periodista.
Jermaine recuerda que cuando la familia se mudó a la casa de Encino, la intimidad familiar comenzó a desaparecer, sencillamente porque había demasiado espacio. «Estábamos muy unidos cuando vivíamos en las otras casas, antes de Encino —recordaba—. En Gary teníamos dos habitaciones, una para nuestros padres y otra para todos nosotros. Tenías que estar unido. Sentías la unidad de la familia. Pero en Encino el lugar era tan grande que para vernos teníamos que planificarlo. Creo que Michael, en particular, era infeliz allí. Sentía, al igual que yo, que cada día perdíamos contacto unos con otros».
En junio de 1971, los Jackson 5 lanzaron otro sencillo con Motown, «Maybe Tomorrow», que vendió 830.794 copias, no tantas como los anteriores discos, aunque de todos modos la cifra era respetable. Un mes después, el grupo grabó su primer especial para televisión, «Goin' Back to Indiana», que se emitiría en septiembre por la ABC-TV. Más adelante tendrían incluso sus propios dibujos animados, una demostración de lo populares que se habían hecho en tan poco tiempo (en los números musicales se escuchaba la voz real de los jóvenes Jackson pero los diálogos eran doblados por jóvenes actores negros). Aquel verano, los Jackson 5 efectuaron cincuenta funciones en una gira, la más larga serie de funciones que habían realizado. «Desearía que al menos una vez pudiéramos terminar una función en lugar de salir antes del final porque la multitud se abalanzaba sobre el escenario —se quejó Michael—. Tenemos preparado un excelente final, pero nunca tenemos la oportunidad de hacerlo».
En el Madison Square Garden, en agosto de ese año, la función debió suspenderse dos minutos después de comenzar porque el público invadió el escenario. «Vuelvan a sus asientos, por favor», rogó Michael, asustado. De todos modos, no quedó más opción que arrancar al grupo de la multitud y conducirlo fuera del establecimiento. La función continuó cuando la gente se calmó. Sesenta minutos después, los Jackson salieron corriendo hacia las limusinas que los esperaban, sin poder terminar su último número, para poder escapar del público, que se enfureció. Cuando los fans advirtieron que el grupo se había ido, subieron al escenario como una turba enardecida, atropellando a la policía y al personal de seguridad, y llenaron los vestuarios en busca de sus ídolos.
Fue una época embriagadora para los chicos de Gary, que ya nunca volverían a estar tan unidos como en aquellos primeros tiempos, ni volverían a divertirse tanto. Aislados de los extraños por los representantes de Motown y por sus padres, sólo se tenían los unos a los otros como compañía. En su tiempo libre disfrutaban lanzando globos de agua desde la ventana del hotel, jugando a la guerra de almohadas, al Scrabble, al Monopoly y a las cartas (Jermaine recibió el apodo de Las Vegas porque adquirió una gran habilidad manipulando las cartas). Michael tenía bellos recuerdos de luchas libres en equipo, guerras de crema de afeitar con sus hermanos y «carreras en los pasillos del hotel cuando nuestro vigilante se había dormido», durante sus giras. Él ya tenía doce años y era bastante travieso. Le gustaba llamar al servicio de habitaciones, pedir mucha comida, y hacer que la enviaran a otras habitaciones del hotel; y disfrutaba especialmente colocando recipientes con agua sobre la puerta del cuarto de Jermaine, a modo de trampa caza bobos (siempre compartían la habitación), para empapar a cuanta persona entrara en el cuarto.
«Mick siempre me echaba la culpa —recuerda Jermaine con una sonrisa—. Le encantaban las bromas, dejarnos encerrados fuera de la habitación en ropa interior, mojarnos con pistolas de agua. Casi siempre eran idea suya. Nos divertíamos mucho. Era todo diversión, todo el tiempo».
En efecto, el éxito era dulce e inocente para los Jackson 5. «No tenemos ningún disco de oro —me dijo una vez Michael en aquella época, con una expresión de tristeza en el rostro—. ¡Son todos de platino! ¡Ja, Ja!».
Ocasionalmente, alguno de los hermanos Jackson mostraba interés por el sexo opuesto. Cuando el grupo se presentó en el Hollywood Bowl, entre bastidores la hija de dieciséis años de Berry Gordy, Hazel, rodeó con el brazo a Jermaine, de la misma edad, y pareció mordisquearle la oreja. Joseph los observó con gran interés y llamó aparte a Jermaine. «¿Qué le pasa?», preguntó con tono imperativo. «No lo sé. Supongo que le gusto», respondió Jermaine encogiéndose de hombros.
Joseph se molestó al principio pero luego reflexionó y movió la cabeza en señal de aprobación. «La hija de Berry. Mmmm. No está mal. Nada mal», murmuró para sí.
Durante el recital, Jermaine decidió dedicarle a la jovencita su solo en «Bridge over Troubled Water» y lo hizo con estas palabras: «A Hazel, por su cumpleaños». La reacción del público fue tibia. Si bien generalmente recibía una gran ovación por ese número, aquella noche todo indicaba que el público femenino no apreciaba la honestidad de Jermaine sobre su amistad con Hazel.
«Recuerdo que mi padre me apartó y me reprendió: “Lo mejor será que no vuelvas a hacer eso”. Yo le dije: “Tienes razón. No volveré a hacerlo”. Y así fue», recordó Jermaine.
Primer disco solista de Michael
Joseph Jackson no perdía de vista la competencia de los Osmond Brothers, un grupo familiar de Salt Lake City, Utha. En junio de 1971, la discográfica MGM lanzó «Sweet and Innocent», Interpretado por el miembro más joven del grupo, Donny Osmond, como solista. El éxito del disco le garantizó estatus de ídolo en las revistas juveniles de música pop, predominantemente blancas. Si bien los Jackson aparecían ocasionalmente en revistas como 16 y Fave, los Osmond y otras estrellas blancas dominaban las páginas de aquellas publicaciones. Pese a todo su éxito y buena apariencia, a causa de su color los Jackson 5 nunca serían reconocidos como ídolos en esas revistas. Esta costumbre disgustaba a Joseph, que la consideraba racista.
Después del éxito de Donny Osmond, Joseph decidió que Michael también debía grabar una canción como solista. Él y Berry Gordy propusieron que fuera «Got to Be There», que originalmente había sido concebido como tema para el grupo. Michael seguiría formando parte de los Jackson 5, tal como Donny seguía siendo parte de los Osmond, pero a partir de entonces también sería un solista de Motown. «Así, todos podremos ganar más dinero», razonaba Joseph. Jamás imaginó que había puesto en funcionamiento un plan que algún día no sólo alejaría a Michael de sus hermanos, sino también de él.
«Got to Be There» se conoció en octubre. Pese a que no llegaría al primer lugar en los rankings, para los hermanos Jackson fue algo así como un baño de realidad ver que Michael podía estar dentro de los cinco primeros puestos por sí mismo. En Gran Bretaña el disco llegó al puesto número cinco y permaneció en los 50 Principales casi tres meses. A nivel global, «Got to Be There» vendió 1.583.850 copias.
Esa canción de amor de ritmo intermedio, exuberantemente producida y orquestada, fue la mejor forma de lanzar la carrera solista de Michael; es, sin duda, una de las canciones más hermosas del catálogo de Motown. En aquel momento era la envidia de muchos artistas cuyas decadentes carreras habrían podido salvarse con un tema tan versátil y bien compuesto. Por el contrario, sirvió para reforzar al enormemente popular cantante principal de los Jackson 5.
Inmediatamente después de la Navidad de 1971, los Jackson 5 se embarcaron en una gira por el sur del país. En Dallas concedieron una entrevista a un periodista. Poco después de que éste entrara en la habitación del hotel donde se alojaban, los fans se congregaron detrás de la puerta coreando «¡Michael! ¡Michael!». Tito salió al pasillo para tranquilizarlos. Cuando abrió la puerta, un grupo de chicas entró en la habitación en tropel y comenzó a besar y abrazar a Michael ignorando totalmente al resto. Los hermanos no parecían celosos, tomaban el incidente como una oportunidad para burlarse de Michael.
—Sólo tienes que esperar a que lancen mi canción solista —dijo Jermaine—. Luego yo seré el hombre de las chicas por aquí.
—Bueno, por ahora el verdadero hombre de las chicas es Michael —dijo Jackie mientras las admiradoras, escoltadas por personal de seguridad, eran obligadas a abandonar la habitación.
—Bueno, chicos, no molestéis —dijo Michael tímidamente.
—Eres tú, Mike —asintió Jermaine—. Pero no por mucho tiempo.
Luego, los cuatro hermanos saltaron encima de Michael, lo derribaron y le hicieron cosquillas en el suelo. Se podía oír el eco de sus risas a través de las paredes.
Crecer bajo la mirada del público
Siempre es tentador, cuando se estudia la vida de una persona, buscar en su pasado a alguien a quien echarle la culpa por el modo en que sucedieron las cosas, aunque no siempre es justo. Sin duda, Joseph y Katherine criaron a sus hijos con las mejores intenciones y nunca quisieron lastimarlos. Es poco frecuente que un padre deliberadamente haga cosas para arruinar la vida de sus hijos. Si Joseph le hubiera ordenado a su prole que se olvidara del mundo del espectáculo y se concentrara en vivir más allá de la mirada de los otros, la indicación no habría sido bien recibida. Pese a sus buenas intenciones, la escala de valores que el matrimonio Jackson había transmitido a sus hijos estaba, en el mejor de los casos, distorsionada. Para llegar a la cima todo estaba permitido, ésa era la escala de valores. Katherine intentó luchar contra ella e instalar otros ideales —especialmente, vinculados a su religión— pero ninguno de ellos parecía aplicarse en el mundo donde sus hijos estaban creciendo, el mundo del espectáculo. Todos estaban atrapados en la ilusión de que cuando fueran ricos y famosos su vida sería mejor. El destino y las circunstancias, además de una evidente insuficiencia en sus aptitudes paternales, pusieron en movimiento la sucesión de hechos que provocaría daños irreparables a los jóvenes Jackson, especialmente a Michael. Los hermanos mayores habían vivido algunos años en los que pudieron ser niños. Michael, en cambio, tenía apenas cinco años cuando fue arrojado al mundo del espectáculo.
Obviamente, a los chicos les encantaba hacer música e incluso querían hacerlo. Destacaban en ese terreno. La expresión de satisfacción en el rostro de Michael cuando estaba sobre el escenario dejaba bien claro que estaba haciendo lo que deseaba, y si alguien le hubiera dado la posibilidad de elegir entre jugar al baloncesto con sus amigos o entretenerlos en el escenario, habría elegido la segunda opción. Sin embargo, existe una línea delgada entre lo que un niño puede querer y lo que realmente le conviene. Es improbable que Joseph pudiera entenderlo o fuera capaz de apreciar la diferencia entre lo que convenía a sus hijos y los planes que él tenía para ellos.
No es sólo la gran cantidad de dinero que ganan las estrellas infantiles lo que las aísla. A los niños artistas también se les restringe la educación. Sólo unos pocos asisten regularmente a la escuela. En la industria cinematográfica suele haber tutores en el plato. La MGM tenía incluso una escuela para los jovencitos que trabajaban en sus películas, donde se suponía que los chicos dedicaban cierta cantidad de horas al estudio. Sin embargo, el rodaje tenía prioridad sobre la educación. Las jóvenes estrellas aprendían lo que podían y luego volvían al trabajo frente a las cámaras.
Aún peor, a los niños artistas se les robaba la posibilidad de adquirir hábitos de sociabilidad, es decir, de aprender el imprescindible arte de llevarse bien con la gente. En general, sólo se relacionaban con otros niños y niñas que formaban parte del mundo del espectáculo. Algunos de los recuerdos más felices de Judy Garland corresponden al corto período de su adolescencia en el que su carrera parecía haber perdido el rumbo. En aquella época dejó la escuela del estudio cinematográfico, ingresó en el Colegio Hollywood —ocultando su profesión a sus compañeros de estudio— y disfrutó enormemente de la vida. (La feliz etapa terminó abruptamente cuando un vicedirector le dijo que no debía estar en un colegio con «gente normal»).
Michael y Marlon, los miembros más jóvenes de la familia Jackson, idealizan los pocos años que pasaron en la escuela pública, que en realidad no fueron muy felices. Michael cursaba sexto grado en la escuela primaria de Garden Street en Los Ángeles, aunque no regularmente debido a su horario de trabajo. Era una especie de invitado, hacía apariciones especiales en el aula tal como podía hacerlas en un programa de televisión. Laura Gerson, la maestra de sexto grado, recordaba que: «Una vez les estaba enseñando a los chicos una canción a tres voces y desafiné una nota, algo que me puso los pelos de punta. Los ojos de Michael se abrieron de par en par. Solamente él lo notó. Nunca hablaba sobre sí mismo. En ocasiones desaparecía de la clase y
aparecía en un programa de televisión…»[4].
En séptimo grado, Michael se unió a Marlon en el Colegio Emerson Junior. Para entonces, sin embargo, sus logros con Motown les habían robado la privacidad. Se vieron obligados a abandonar la escuela en apenas dos semanas, tiempo a todas luces insuficiente para integrarse en la clase o conocer a cualquiera de sus compañeros. Alguien los amenazó de muerte y ése fue el fin: Joseph resolvió que no estudiarían en la escuela pública. Los chicos aceptaron la decisión porque de todas formas querían irse. «Había una multitud de personas paradas en los pasillos para mirar dentro del aula. Sentíamos vergüenza y miedo», recuerda Marlon. En adelante, los dos hermanos estudiaron en escuelas privadas o con tutores a domicilio.
Las leyes de California exigen que los menores que trabajan asistan a la escuela al menos tres horas diarias. La señora Rose Fine, designada por el estado como «supervisora de bienestar infantil», se convirtió en la tutora de los miembros más jóvenes de la familia Jackson. Durante sus giras aprovechaban el tiempo de viaje para estudiar y hacían sus exámenes tan pronto como entraban en sus habitaciones de hotel. Los estudios, ensayos, pruebas de sonido y conciertos —y las bromas habituales—, mantenían ocupados a los jóvenes Jackson.
De vez en cuando, entre una y otra y gira, Michael asistía a alguna escuela privada. Le aburría estudiar, se negaba a hacer las tareas y era un pésimo alumno. Durante las clases solía dibujar animales y monstruos en lugar de prestar atención a las lecciones. Si le hacían una pregunta, Michael no tenía idea de qué estaba sucediendo, y no le importaba.
Jackie y Tito tienen recuerdos desagradables del período que pasaron en el Colegio Fairfax, una escuela pública de Los Ángeles. Las exigencias de su carrera hacían que las rutinas normales se volvieran casi imposibles de cumplir; no podían formar parte de ningún equipo deportivo —una desilusión total para Jackie, que amaba el béisbol— porque los mismos compañeros de clase que antes los habían ignorado empezaban a adularlos. Los dos hermanos Jackson comenzaron a sospechar de todos: ¿quiénes tenían buenas intenciones y quiénes tenían motivos ocultos para querer conocerlos?
Jackie y Tito se graduaron en Fairfax a los dieciocho años. Aun cuando no disfrutaron el período escolar, al menos ellos pueden reflexionar acerca de aquel corto lapso en el que estuvieron en contacto con personas que no pertenecían al mundo del espectáculo. Michael, Marlon y Jermaine no tuvieron esa suerte; consiguieron diplomas equivalentes al título de secundaria a través de Rosa Fine, que tenía atribuciones para otorgarlos. Aunque técnicamente graduados, los tres Jackson más jóvenes ciertamente no obtuvieron una buena formación en materias elementales, a pesar de que Rose Fine seguramente hizo todo lo posible por su educación. Hasta el día de hoy, todos ellos tienen problemas con su caligrafía, gramática y (especialmente Michael) ortografía. Tampoco tienen conocimientos de historia, salvo la que pudieron aprender durante sus viajes.
Ya en 1972, a la edad de catorce años, Michael comenzó a exhibir un comportamiento distinto al de sus hermanos. Mientras ellos se tomaban las presiones del éxito con calma, a Michael parecían afectarlo mucho más. «Es más sensible, eso es todo», solía explicar Katherine. Si alguien en el mundo del espectáculo merece ser considerado carente de «don de gentes», ése es Michael Jackson. Siempre fue incapaz de comprender a las personas, ni siquiera intentaba comprenderlas, porque había pasado buena parte de su infancia y pubertad rodeado de chicos del mundo del espectáculo o por niños ricos que, como él, nunca estuvieron en contacto con la gente «común».
Un año antes, Michael le había dicho a Judy Spiegelman, de la revista Soul: «Soy igual que otros chicos». Sin embargo, rápidamente se dio cuenta de que no era como ellos. Sus hermanos no parecían tener problemas con la «gente común» —en tanto no se tratara de una multitud de admiradores fuera de control—, aun cuando no tenían nada que ver con ellos. Pero Michael siempre era objeto de especial atención por parte de los fans. Si entraba en un lugar con sus hermanos, se abalanzaban sobre él. Esta distinción, la percepción de que todas las miradas estaban puestas en él, tuvo un profundo impacto en Michael. Comenzó a mostrar síntomas de una profunda inseguridad, e incluso de falta de adaptación. Parecía advertir que no encajaba. Sentía que sería feliz si pudiera pasar su vida en un escenario. Lamentablemente, el mundo no era su escenario. Tenía que tratar con el público y no encontraba la manera de hacerlo y sentirse bien.
«Se volvió solitario —recordaría Katherine Jackson—. Estaba preocupada por él, pero tenía la esperanza de que maduraría, de que sería tan sólo una etapa. Michael no se llevaba bien con otras personas de su edad; se entendía mejor con los adultos. No recuerdo que tuviera amigos de su misma edad. Creo que no los ha tenido. Sus amigos fueron siempre sus hermanos. Yo creía que, mientras nos tuviéramos unos a otros, todo iba a estar bien. Rezaba para que estuviéramos bien».
Tito se casa
El increíble éxito en la industria musical trajo aparejado la inevitable atracción que los Jackson despertaban en mujeres de todo tipo, que comenzaron a hacerles proposiciones y a aparecer entre bastidores después de los recitales para ofrecerles todo tipo de «favores». Si bien Michael y Marlon eran demasiado jóvenes, Jermaine y Jackie no veían motivos para no aprovecharse de la libido exacerbada de sus jóvenes admiradoras.
Tito no estaba realmente interesado en las admiradoras. Sólo le interesaba lograr una buena posición para dejar la casa familiar y poner un poco de distancia entre él y Joseph. En 1972 anunció que quería casarse con Delores Dee Dee Martes, de diecisiete años, a quien había conocido en el Colegio Fairfax meses antes de que el grupo se hiciera famoso. Joseph y Katherine estaban realmente molestos, preocupados por la posibilidad de que Dee Dee fuera una interesada y Tito, demasiado inexperto para darse cuenta. Argumentaron que debía exigir a su novia que firmara un acuerdo prenupcial. Lo hizo y ella aceptó.
Michael sintió que, al casarse, Tito defraudaba a sus admiradoras. Intentó convencerlo de que cambiara de idea.
—Piensa en todas esas chicas que te aman —dijo un día en las oficinas de Motown, tratando de razonar con su hermano.
—Ellas ni siquiera nos conocen, Mike —dijo Tito—. No podemos vivir nuestra vida para complacer a extraños.
—Nos conocen y nos debemos a ellos, Tito. Estamos en deuda con ellos — replicó Michael, según recuerda un testigo.
—¿Qué debemos hacer? —quiso saber Tito—. ¿Soportar a Joseph el resto de nuestra vida? Si es así, ni siquiera quiero formar parte del grupo.
En ese punto, Michael dejó de discutir con su hermano, tal vez temiendo que el siguiente paso de Tito fuera abandonar la banda.
Joseph y Katherine albergaban esperanzas de que Berry Gordy exigiera que Tito, como artista de Motown, permaneciera soltero. Sin embargo, cuando Joseph le habló de la situación, Berry decidió no entrometerse. «Manténganme al margen. Mientras Michael no se case, estoy tranquilo», dijo.
El rostro de Joseph se ensombreció. «Michael no es el único miembro del grupo, Berry. Gracias por nada», fue su respuesta.
La boda se celebró en junio de 1972 en una pequeña y modesta capilla de Inglewood, California. Joseph pasó la mayor parte de la velada mirando a Dee Dee y su familia. Katherine fue más amable, aunque posiblemente sólo intentaba superar el momento. Al cabo de un año nació el primer hijo de la pareja, un varón al que bautizaron Tito. Dado que en ese momento su padre estaba de gira, LaToya acompañó en el parto a Dee Dee, que optó por el método Lamaze.
Admiradoras
El joven Tito Jackson había quedado fuera del mercado, pero Jackie y Jermaine eran jóvenes, solteros y estaban listos para explorar todo lo que la fama pudiera ofrecerles en términos de compañía femenina. Joseph había sido un pésimo ejemplo para ellos en el pasado, y no mejoró con el tiempo. De hecho, cuando los chicos se hicieron famosos, ¡comenzó a tener aventuras con sus admiradoras! Con él como guía, ¿había algún motivo para suponer que los hermanos actuarían de forma responsable? Hacia 1972, los Jackson habían dejado un tendal de corazones rotos en cada ciudad por donde pasaban mientras hacían giras por el país. Más tarde alquilaron un apartamento cerca de su casa en Encino para alejar a sus conquistas femeninas de la vigilancia de Katherine.
Rhonda Phillips fue una de «esas» chicas. Hoy en día es una divorciada de cuarenta y nueve años que vive con sus tres hijos en Long Beach, California. Tenía dieciocho años en agosto de 1972, cuando conoció a su ídolo, Jackie, por entonces de veintiuno. Había sido elegida entre el público por uno de los directores de gira cuando los hermanos se presentaron en el Forum de Inglewood, California. Entre bastidores, Jackie le dio a Rhonda un pedacito de papel con una dirección y le indicó que lo buscara en aquel lugar al cabo de una hora. Mientras ella consideraba la proposición, notó que alguien estaba detrás y dio media vuelta. Era Michael. «Era un muchachito muy guapo. Tenía grandes dientes, una nariz amplia y achatada, un cabello perfectamente ondulado; como cualquier lindo muchacho negro de catorce años de los que solía haber en el barrio. Él vio el papelito que tenía en la mano».
—¿Jermaine te dio eso? —preguntó.
—No, fue Jackie.
—Quiere encontrarse contigo, ¿verdad? —preguntó.
—Sí —dijo Rhonda—. No sé si debería…
Michael la interrumpió bruscamente.
—No lo hagas. Creo que no debes encontrarte con él.
Rhonda le preguntó a Michael por qué no debía aceptar la invitación. Aún recuerda su respuesta: «Mis hermanos no tratan bien a las chicas. Pueden ser malvados. Por favor, no vayas».
Michael tenía apenas catorce años. ¿Cómo podía saberlo?, se preguntó Rhonda. Prefirió cambiar de tema y le pidió un autógrafo. Le tendió el papelito que Jackie le había dado, él garabateó algo y se lo devolvió.
Los representantes del grupo habían pedido un taxi para llevar a Rhonda al apartamento de Encino, donde se encontraría con Jackie. Cuando el coche se detuvo frente al edificio, ella miró el reverso de aquel papelito y entonces vio que Michael había escrito algo más que su nombre. Leyó el mensaje: «Espero que no vayas», firmado por «Michael Jackson».
No obstante, Rhonda entró en el edificio, llegó hasta el apartamento de los Jackson y tuvo relaciones sexuales con Jackie. «No podré verte otra vez», dijo él antes de despedirse. Ella comenzó a llorar.
«De repente me sentí avergonzada —recordó muchos años después—. Él me sujetó durante unos instantes y luego me dijo que alguien de Motown estaría esperándome fuera. Me besó y me fui. Todo duró menos de media hora».
Cuando Rhonda salió a la calle, un Rolls-Royce blanco se detuvo frente al edificio. Michael y Marlon estaban sentados en el asiento trasero. Los chicos bajaron y Marlon pasó corriendo hacia el apartamento, rozando a Rhonda. Michael se acercó a ella.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó, con tono acusatorio—. ¿Estuviste allí arriba con Jackie?
—Sí, estuve —contestó.
—¿Te acostaste con él? —quiso saber Michael.
Rhonda comenzó a llorar.
Michael meneó tristemente la cabeza.
—Lo siento. ¿Te obligó a hacerlo? —preguntó.
—No, claro que no. Yo quise.
—¿Tú quisiste? ¿Por qué motivo querías hacerlo? —exclamó Michael, estupefacto.
Rhonda se subió al coche. Bajó el cristal de la ventanilla. Michael seguía de pie en la acera.
—¿Vas a estar bien? —le preguntó.
—Sí, estaré bien —contestó ella.
«En ese momento estaba sollozando —recordó Rhonda—. Subí el cristal de la ventanilla y el coche arrancó. Miré por el parabrisas trasero y lo último que vi fue a Michael Jackson saludándome con la mano». Durante aquellos días de juventud, Michael, de catorce años, a menudo compartía habitación con su hermano Marlon, de quince, y con Jermaine, de diecisiete. Jermain solía esperar que el vigilante, Bill Bray, se fuera a dormir para escabullirse hacia el lobby en busca de chicas. A menudo las llevaba a la habitación y ordenaba a sus hermanos: «Fingid que estáis dormidos», como recuerda Marlon.
Yolanda Lewis es actualmente una mujer casada de cuarenta y seis años que vive en St. Louis. En una entrevista recordó una experiencia que tuvo en 1972, a los dieciséis años, con Jermaine Jackson. «Yo era una fan total y los chicos dieron un concierto en Cleveland, donde yo vivía por aquel entonces. Después del recital, un grupo de chicas fuimos al hotel donde se alojaban. Lucíamos nuestros broches y llevábamos pósters de los J-5 para que nos los firmaran. Anhelábamos ver a los muchachos o tal vez sacarnos una foto con ellos. Él era dulce, tímido. Me apartó del grupo y me preguntó si quería subir a su habitación. Por supuesto, acepté. Era muy guapo, con su enorme pelambrera y sus dientes blancos.
»Llegamos a la habitación y entré detrás de Jermaine. Estaba totalmente a oscuras, sólo había una lámpara en un rincón.
»“Michael y Marlon están durmiendo, no debemos hacer ruido. —Me susurró—. Quítate la ropa. Rápido”. No fue precisamente romántico. En cuanto nos metimos en la cama, se puso sobre mí. Cuando llegó al clímax hizo tanto ruido que temí que despertara a Michael y a Marlon, que dormían a un metro de nuestra cama. O al menos, yo creía que estaban durmiendo. Mientras salía sigilosamente de la habitación, escuché que Michael le decía a Jermaine: “Buen trabajo. Ahora ¿podemos dormir, por favor?”».
Pasarían algunos años hasta que Marlon comenzara a divertirse con las admiradoras. Michael nunca lo hizo; simplemente, no estaba interesado y pensaba que el comportamiento de sus hermanos para con sus fans femeninas era deplorable. Tras años de traumática sobreexposición, la mera idea del sexo parecía haberse convertido en algo aberrante para él.
Alguien que conoce a Michael desde 1974 me dijo: «Estaba conversando con Rebbie cuando de pronto comentó: “Michael no tiene tiempo para las chicas”. “¿Qué tipo de muchacho no tiene tiempo para las chicas?”, pregunté. Ella me dijo que, con Michael, mediaban circunstancias especiales. Cuando le pedí que me explicara a qué se refería, me contó una horrible historia.
«Cuando Michael tenía quince años, un miembro de su familia, alguien en quien confiaba (no diré quién es, aunque Rebbie me lo dijo), decidió que Michael tenía edad suficiente para comenzar su vida sexual y, por lo tanto, debía hacerlo. Esa persona contrató entonces los servicios de dos prostitutas. Les pidió que lo atendieran bien y luego encerró a Michael con ellas en una habitación. Rebbie me dijo que aquel incidente traumatizó totalmente a su hermano. No sé si Michael realmente mantuvo relaciones sexuales con las prostitutas, Rebbie no me lo dijo».
Desde luego, si la historia es cierta, tal situación debió de haber tenido un profundo impacto psicológico en Michael, como lo hubiera tenido en cualquier adolescente. Después de aquel episodio, Michael frecuentaba a las prostitutas, aunque no en busca de sexo, sino de conversación. Parecía querer reparar las actitudes de sus hermanos con las admiradoras tratando de confirmar que las mujeres servían para algo más que divertirse en la cama. «A veces, Michael necesitaba alguien con quien hablar y, quizá una vez o dos, le presentaron a una mujer agradable para que lo acompañara. Pero hasta donde sé, a él no le interesaba tener relaciones sexuales con ella. Nunca sucedía nada íntimo. Le gustaban las chicas bonitas, las chicas puras que aparentaban no tener antecedentes en las calles», recordaba James McField, expianista y director de banda del grupo.
Una de esas mujeres recuerda haberse encontrado con Michael tras un recital en Nueva York. «Estaba merodeando entre bastidores, buscando clientes por los camerinos del Madison Square Garden cuando alguien que se presentó como empleado de los Jackson se acercó a mí y me preguntó si quería pasar una noche con Michael. “Claro que sí”, le dije. Quería acostarme con Michael Jackson. ¿Quién no habría querido? El hombre me llevó hacia su camerino. Michael estaba allí, solo. Entré y me pidió que cerrara la puerta. Lo primero que salió de su boca fue: “¿Por qué eres prostituta?”. Le contesté: “Porque necesito el dinero”. “¿Te gustaría acostarte conmigo?”, me preguntó. “Claro, por supuesto que sí”, le dije. Me preguntó cuánto le cobraría. “Nada”, respondí. Parecía interesado. Desabroché mi blusa y le mostré mis senos. Entonces volvió la cara, rechazándome. “Detente, no puedo acostarme contigo. Por favor, cúbrete”, dijo.
Cuando le pregunté por qué, me explicó: “Simplemente, no puedo”. Creí que se refería a que no podía lograr una erección, parecía muy triste. Luego, me dijo: “Podemos hablar sobre ti y sobre tu vida”. Yo no tenía ganas de hablar, no había ido allí para eso. Entonces le di mi número de teléfono. “Cuando quieras echar un polvo, llámame”, le dije. Michael me miró y me preguntó: “¿Qué quiere decir echar un polvo?”. Era totalmente sincero. “Quiere decir follar, Michael. Cuando quieras, llámame ¿comprendes?”.
»“Ah, bien. Tal vez te llame algún día. Aunque lo dudo”, respondió, y me fui.
«Tuve la sensación de que era solitario e ingenuo. Un muchacho confundido, amable y apuesto que quería compañía femenina. Era imposible que se acostara con nadie aquella noche. Estaba sumamente asustado. Me pregunté si me llamaría algún día. Nunca lo hizo», concluyó Lillian Harris.
«Rockin’ Robin» y «Ben»
En enero de 1972, Motown había lanzado otros dos sencillos de Michael Jackson. El primero de ellos se llamaba «Rockin’ Robin». Mientras Michael canturrea a lo largo del tema, un músico de jazz toca el piano, creando así una canción irresistible. «Rockin’Robin» se convirtió en un éxito que superó a «Got to Be There». La canción alcanzó la misma posición que la versión original del difunto Bobby Day, es decir, el puesto número dos.
Una de las primeras canciones de Michael que aún hoy provoca sonrisas es «Ben». La letra del tema ensalza la amistad. En ella no hay ninguna pista de que en realidad se habla de un roedor. (En la película, Ben, un niño se hace amigo de una rata llamada… Ben. Pocas personas saben que Bing Crosby fue uno de los productores de esa película). La voz de Michael complementaba esa pieza delicadamente orquestada, con su acompañamiento solista de guitarra. En sus picos emotivos, la grabación está mezclada con un preciso arreglo de cuerdas. Sin duda, la canción valía por sí misma, independientemente de la película. El tema se convirtió en el sencillo solista número uno de Michael, y vendió la sorprendente cifra de 1.701.475 copias. También fue nominado al Óscar.
Michael vio la película Ben muchas veces, sentado en las últimas filas del cine, esperando escuchar su canción y ver su nombre en la pantalla, entre los créditos. De niño, a Michael le encantaban las ratas. Una vez, Katherine descubrió horrorizada que en su habitación Michael tenía treinta ratas dentro de una caja. Sentía pasión por los roedores hasta que un día descubrió que se estaban devorando unos a otros, como suelen hacer. Asqueado por el espectáculo, Michael dejó la caja de ratas fuera de su cuarto.
Además de sus discos como solista, Michael comenzó a cantar los temas del grupo separado de sus hermanos, grabando la voz principal del grupo en el estudio, solo. Luego, los hermanos grababan las voces secundarias. A menudo se agregaba un cantante adicional, anónimo. Motown tomó esta decisión para hacer más expeditivo el proceso de grabación. A Michael sólo le sirvió para sentirse aún más aislado. Y eso no le gustaba.
En noviembre de 1972, los Jackson 5 se embarcaron en una gira europea de doce días que comenzaba con una función para la reina Elizabeth solicitada por la casa real. Considerando que las ventas del grupo en Europa y, en particular, en Gran Bretaña iban en disminución —a diferencia de lo que ocurría en Estados Unidos—. Motown dudaba acerca del éxito de la gira. El álbum Maybe Tomorrow, por ejemplo, no había ingresado siquiera en los cincuenta primeros puestos del ranking. El sencillo «Sugar Daddy» también había fracasado en el Reino Unido. Sin embargo, Michael tenía éxito como solista. «Got to Be There» y «Rockin' Robin» habían alcanzado en Gran Bretaña los puestos número cinco y tres, respectivamente. Más tarde, ese mismo mes, «Ben» alcanzaría el puesto número siete y vendería más de un cuarto de millón de copias tan sólo en el Reino Unido. Por eso, aunque el público británico no compraba gran cantidad de discos del grupo, se esperaba que la popularidad de Michael arrastrara a la audiencia. Así fue. Una multitud de adolescentes británicos colmó el aeropuerto londinense de Heathrow para dar la bienvenida al grupo. La escena resultante guardaba semejanza con la Beatlemanía.
«Cazadores de souvenirs arrancaron, junto con grandes mechones de cabello, partes del cuero cabelludo que hay debajo del enorme peinado “afro” de Jermaine — podía leerse en el comunicado de prensa de Motown fechado el 22 de noviembre—. Un bullicio tan intenso que ahogaba el chillido de los motores del jet hizo brotar lágrimas de los ojos de Michael y Marlon. Tito fue magullado y sacudido por la estampida de esa horda estruendosa. Randy casi entra en pánico mientras un grupo de mujeres frenéticas lo devoraba a besos húmedos y le daba abrazos de oso. Jackie parecía sereno pero estaba más que un poquito preocupado. Era un alboroto total, próximo al caos. Causaba miedo. Era la JACKSONMANÍA».
Además de perder un zapato, Michael casi muere asfixiado. «Estaba muy asustado. Los fans tiraban de ambas puntas de su bufanda, estrangulándolo de verdad. Se vio obligado a poner su mano debajo de la bufanda y comenzar a gritar para que no siguieran ajustándola alrededor de su cuello», recuerda Jermaine.
Michael detestaba esas escenas de masas. Recuerda haber tenido que correr a través de multitudes de chicas gritando, cubriéndose la cara con las manos para evitar que lo arañasen. Recuerda haberse escondido en armarios de limpieza a la espera de que la muchedumbre se fuera y lo dejara. «Los tirones en el pelo quemaban como fuego. Sentías que podías terminar asfixiado o descuartizado», dijo alguna vez Michael.
Los admiradores levantaron barricadas en la entrada del Hotel Churchill, donde el grupo se alojaba en Londres, lo que impidió que pudieran abandonar el lugar una vez finalizada la función para la casa real. Joseph llamó a la policía, que llegó con mangueras para dispersar a los fans. Al día siguiente, una niña de nueve años exigió a un portero del hotel que le permitiera acceder a la habitación de Michael amenazándolo con un cuchillo. Fue detenida por la policía. Una limusina Rolls-Royce que llevaba al grupo sufrió daños valorados en 12.000 dólares, a manos de jovencitas que intentaban llegar a sus ídolos. Más tarde, cuando los Jackson 5 hizo una función en el club nocturno Talk of the Town, los cazadores de souvenirs despojaron a la limusina de sus almohadones, radio, luces, neumáticos…
Lo mismo sucedió en cada lugar donde los Jackson 5 se presentó durante el resto de su gira: Ámsterdam, Bruselas, Múnich, Frankfurt, París.
Katherine pide el divorcio
Katherine Jackson había soportado muchos años las infidelidades de Joseph. Sabía que él la engañaba. Todos lo sabían. Joseph había acompañado a sus hijos en las giras durante años y había mantenido encuentros breves con sus admiradoras. «No quiero que esas mujeres llamen a esta casa. Estoy harta Joseph. Es suficiente», solía gritarle ella a su marido, a veces frente a los chicos. A Katherine no le importaban los motivos por los que Joseph actuaba de aquella forma. Ni siquiera estaba segura de querer que abandonara sus hábitos de mujeriego, como le dijo a una amiga. Simplemente quería que fuera más discreto. «¿Me tienes que hacer quedar como una estúpida? —solía preguntarle, entre lágrimas, antes de que una furia terrible irrumpiera y le hiciera decir—: No te atrevas a tratarme como si fuera estúpida. Nada puede ser peor».
Lo cierto es que Joseph trataba a Katherine tal como ella se lo había permitido durante el tiempo en que fueron marido y mujer. Él, por su parte, tenía pocas razones para detenerse. Desde su punto de vista, había trabajado duro, había mantenido a su familia, les había dado una buena vida, por lo que nadie debía meterse en lo que hiciera con su tiempo libre mientras estuviera allí cuando lo necesitaban.
En enero de 1973, Katherine supo que una de las novias de Joseph había quedado embarazada y había tenido un aborto espontáneo. Al principio no lo podía creer; era más de lo que podía tolerar. Sin embargo, cuando confirmó que era cierto, decidió que no tenía más opción que terminar con el matrimonio. «Se acabó. Mi matrimonio se terminó», anunció.
Inmediatamente, sus hijos se pusieron de su lado. Su hija mayor, Rebbie, que tenía veintitrés años, no admitía estar en el mismo lugar que su padre. «No entiendo cómo soportó todos estos años. Fue madre, apoyó la carrera de sus hijos, se involucró en el aspecto comercial. No tenía por qué tolerar tanto sufrimiento. Era demasiado. La alenté para que lo dejara. Sabía que estaba lastimándose el alma, que así no podría tener tranquilidad espiritual».
La prole de los Jackson había visto a Joseph maltratar a Katherine durante muchos años y se alegró al ver que ella finalmente se enfrentaba a él.
—Odio a Joseph —le dijo Michael a uno de los empleados de Motown—. Lo odio enormemente por lo que le ha hecho a mi madre. Lo odio más de lo que puedo expresar.
—Pero, Michael, no deberías sentirte así. Después de todo es tu padre — respondió el empleado de Motown.
—A veces desearía que no lo fuera —replicó Michael, que por entonces tenía catorce años—. Lo deseo con todo mi corazón. Él es el perdedor. Para él todo se reduce a ganadores y perdedores, quién pierde y quién gana. Con esto, él pierde. Y mucho —concluyó Michael.
Katherine pidió el divorcio el 9 de marzo de 1973, en Los Ángeles.
Joseph quedó atónito. Había controlado y manipulado a Katherine durante muchos años. No podía concebir que contraatacara de tal forma. También sabía que no podía vivir sin ella. Además tenían una familia, sus hijos estaban creciendo. Debía cambiar de idea. ¿Quién iba a criar a todos esos chicos?
Katherine se enfrentó a un dilema cuando ella y sus abogados comenzaron a hacer los trámites necesarios. No tenía idea del valor o la magnitud de los bienes gananciales. No sabía cuánto ganaban anualmente su marido o sus hijos ni el tamaño de su vasta empresa comercial. Ni siquiera sabía el número de seguridad social de Joseph. En consecuencia, debió dejar en blanco dos páginas de formularios con preguntas sobre esa información personal. Su abogado, Niel C. Newson, los completó de esta manera: «Se está reuniendo la información requerida para esta declaración. Se presentará por separado un estado financiero detallado». Katherine le pagó a su abogado 150 dólares y volvió a la casa de Hayvenhurst. No se mudó de su casa, tampoco Joseph lo hizo. Simplemente, no se hablaban.
«Cuando en Motown se supo que Katherine había pedido el divorcio, se armó un tremendo escándalo —recuerda un amigo de la familia—. Podía ser catastrófico para la imagen de la familia unida y amorosa. Era potencialmente desastroso para las relaciones públicas. Gordy decidió que nadie debía enterarse de que Katherine y Joseph se estaban separando. Sería un secreto bien guardado por el departamento de prensa. Hoy en día no es posible ocultar a la prensa algo como aquello, especialmente con una demanda judicial en curso. Pero a principios de los años setenta la prensa no era tan intrusiva como hoy. Las noticias nunca se filtraban. De cualquier forma, los directivos de la empresa discográfica fastidiaban constantemente a Katherine intentando convencerla de que se reconciliara con Joseph para no dañar la imagen de su familia».
«La relación con Joseph se terminó», dijo Katherine a un directivo de Motown durante una reunión en la que se trataban las posibles consecuencias de su decisión. El abogado recuerda que se la veía totalmente exhausta. Llevaba un vestido negro, simple pero elegante, un collar de perlas y un magnífico broche de diamantes. El cabello negro azabache adornaba su cabeza como si fuera un sombrero. «Esto no tiene por qué interferir con la carrera de los chicos. Pueden grabar discos y ser famosos aun con sus padres divorciados, y me temo que así han de ser las cosas», dijo con firmeza.
Aunque el asesor de Motown no estaba convencido, Michael ya tenía una posición tomada con respecto al matrimonio de sus padres. «En lo que a mí respecta, ya está terminado. Mi padre ha hecho daño a mi madre, es todo lo que necesito saber. Eso, para mí, es lo que define las cosas», fueron sus palabras, según recordó Diana Ross.
«Las personas son muy complicadas —le dijo Diana a Michael, sugiriendo que él desconocía las tribulaciones de Joseph—. ¿Quién sabe por qué hacen lo que hacen?». «Yo sé por qué —insistió Michael—. Es porque Joseph es un mal hombre, he aquí la razón. Mis hermanos van por el mismo camino. Ya puedo verlo», concluyó.
Algunos meses después, Katherine retiró la demanda de divorcio. Joseph le prometió que intentaría cambiar y la convenció de que no debía dañar a la familia para castigarlo por su comportamiento anterior. Para desgracia de sus hijos, Katherine y Joseph se reconciliaron.
La decadencia
Pese a que la fama mundial de los Jackson 5 llevaba gran cantidad de público a sus conciertos, comenzaron a surgir problemas respecto a la venta de discos. En Europa las ventas siempre habían sido irregulares. Sin embargo, en Estados Unidos siempre habían sido buenas. En abril de 1972, ya fuese por sobreexposición o por falta de promoción, las ventas del grupo estaban en descenso. El lanzamiento de «Little Bitty Pretty One» fue una gran decepción. Por otra parte, «Santa Claus Is Coming to Town», lanzado en Navidad, era el sencillo de los Jackson 5 que menos había vendido hasta esa fecha: sólo 590.629 copias en todo el mundo. El siguiente, «Lookin' Through the Windows», vendió aún menos: 581.426 copias, lo que constituía un pésimo resultado. Sin embargo, el tema logró un repentino aumento de ventas en Gran Bretaña, como consecuencia de la reciente gira del grupo, y consiguió entrar en el Top Ten. Joseph se puso furioso cuando supo que «Corner of the Sky», un tema de Pipin —el musical de Brodway que Gordy financió—, había vendido la decepcionante cifra de 381.426 copias a nivel mundial.
«¿Qué diablos está pasando?», bramó. Comenzó a hacerse ver en Motown, hostigando al personal de ventas y fastidiando a los ejecutivos de promoción. Berry Gordy ya no estaba involucrado personalmente en lo que sucedía en la compañía discográfica. Como sustituto, nombró a un hombre llamado Ewart Abner —que ya era un experimentado ejecutivo de la industria discográfica cuando entró en Motown — para poder dedicarse de lleno a la carrera cinematográfica de Diana Ross y a consolidar a Producciones Motown en la industria del cine. Aunque aún era presidente de Motown, sólo le interesaba producir películas, ya no más discos. Estaba preparando una película llamada Mahogany —que llevaría a Diana Ross al estrellato — y la empresa ocupaba prácticamente todo el tiempo de Berry.
Por entonces, Motown estaba sacando provecho de una música más identificada con cierta conciencia social, como la de Marvin Gaye y Stevie Wonder. Tal vez el público de los Jackson 5 estaba ávido de un sonido más actual cuando se lanzó el siguiente tema del grupo, «Hallelujah Day». Vendió menos de un cuarto de millón de discos, aunque era un excelente disco en el que Michael, Marlon y Jackie compartían la voz principal.
En verdad, a Ewart Abner no le interesaban los Jackson 5. No había sido el encargado de contratarlos y creía que sus mejores días habían quedado atrás. «Por Dios, ya tienen sus propios dibujos animados, por Dios. ¿Por qué seguir gastando dinero en ellos?», preguntaba. Si las cifras de ventas eran bajas y el grupo estaba perdiendo audiencia, era su responsabilidad, Motown nada tenía que ver con sus fracasos. Es comprensible que Joseph le detestara intensamente.
En marzo se dio a conocer el álbum Skywriter, que apenas vendió 115.045 copias: se convirtió en el álbum con menos ventas en la historia del grupo (ni siquiera ingresó en los cincuenta primeros puestos en Gran Bretaña). Joseph creía que todos los discos que fracasaron habrían tenido más éxito si Motown los hubiera promocionado adecuadamente.
La caída experimentó un impasse cuando el productor Hal Davis realizó una estupenda pieza para los Jackson titulada «Get It Toghether». La producción fue perfecta; la música, las voces secundarias y la voz principal de Michael en proceso de maduración se combinan de maravilla en esta obra, que marcó un alejamiento del estilo pop, más sereno, que había caracterizado previamente al grupo. Lanzado en agosto de 1973, el disco vendió 700.000 copias. Pese a no alcanzar ventas millonarias, acentuó en Joseph la creencia de que sus hijos aún tenían público. Desde su punto de vista, los Jackson 5 no estaban acabados, sino que él había terminado… con Motown.
Jermaine se enamora de la hija del jefe
A comienzos de 1973, mientras Katherine y Joseph estaban ocupados con sus desavenencias matrimoniales, su hijo Jermaine se estaba enamorando… de la hija de Berry Gordy. Desde hacía meses salía con Hazel Gordy y, con apenas dieciocho años, parecía a punto de seguir los pasos de Rebbie y Tito, es decir, utilizar el matrimonio como manera de salir de la casa de Joseph.
Para sus hermanos estaba claro que Hazel se había convertido en una persona importante e influyente en la vida de Jermaine. Por ejemplo, en marzo, durante un ensayo, el grupo y Suzanne dePasse habían tomado una decisión con respecto a una coreografía, pero Hazel, que había empezado a asistir a todos los ensayos, llamó aparte a Jermaine y le dijo algo al oído. Jermaine la escuchó, asintió con la cabeza y volvió a donde estaban sus hermanos.
—Creo que debemos cambiar este paso —anunció, con humildad.
—¿Por qué? —protestó Michael, según un testigo—. Así está perfecto.
—Porque Hazel tiene una idea mejor. Mira, Mike, tú te quedas aquí. Tito, ven acá. Marlon, ése es tu lugar, y Jackie más allá —explicó Jermaine, colocando a sus hermanos en otra posición.
A continuación puso en práctica la «gran idea» de Hazel, que destacaba el papel de su novio durante la ejecución. Cuando Suzanne comprendió lo que había sucedido, le lanzó una mirada a Hazel. Ella sonrió inocentemente. Como era la hija de Berry, Suzanne no tuvo opción y accedió a su propuesta.
—Queda bien, muchachos. Dejémoslo así —se la oyó decir.
—A mí me parece pésimo. Creí que nos habíamos puesto de acuerdo —opinó Michael, mirando a su hermano.
Jermaine desvió la mirada.
Los otros hermanos trataron de ignorar lo sucedido.
—No es tan importante —decidió Tito.
—Creo que es importante, pero haced lo que queráis, chicos —concluyó Michael. Luego miró a Jermaine, que conversaba nuevamente con Hazel, sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco.
Jermaine se había sentido atraído por Hazel desde que la conoció, en 1969, pero cuando ella le dijo que estaba enamorada de él, dejó claro que no estaba seguro de poder corresponder a ese sentimiento. Era un ídolo adolescente, una estrella, y podía escoger entre docenas de jóvenes admiradoras. La idolatría era embriagadora para un joven como Jermaine y la idea de mantener una relación estable con una mujer le parecía una limitación, sin importar quién fuera esa mujer.
«A Jermaine le gustan demasiado las chicas. Creo que va a llegar a los treinta antes de pensar siquiera en casarse», había opinado Michael.
Sin embargo, Hazel era una muchacha joven e idealista que anhelaba ante todas las cosas casarse y tener una familia. Su padre se había divorciado tres veces, y por añadidura ella había sido testigo de su tumultuosa y desgarradora relación con Diana Ross. Pese a su juventud, Hazel creía que el amor verdadero era escurridizo pero seguía siendo romántica. «Puedo decir sin temor a equivocarme que desde que me enamoré de Jermaine nunca he pensado en ningún otro hombre», decía.
«Berry Gordy siempre se lo había consentido todo a Hazel, su única hija. Ella le dijo que se había enamorado de uno de los Jackson y no quería compartirlo con nadie. Temía que en su vida no volviera a aparecer nadie como Jermaine. Cuando lo veía con sus admiradoras sentía celos. “Michael puede tener admiradoras, pero tú no”, solía decirle. Berry siempre se aseguraba de que su hija obtuviera lo que quería. En este caso se trataba de Jermaine. Y si bien podía traerle problemas con Joseph, creía que era un muchacho adecuado para Hazel. Cuando Jermaine le pidió a Berry la mano de su hija, él aceptó», recuerda Delores Robertson, que por entonces era amiga de Hazel.
Aunque Berry creía que Joseph podría ser un obstáculo en la unión de su hija y Jermaine, las cosas no fueron así, al menos al principio. En realidad, Hazel encontró un aliado inesperado en Joseph, que no exigió un acuerdo prenupcial (como hizo con la esposa de Tito). Tenía la convicción de que la boda entre su hijo y la hija del jefe garantizaría estabilidad laboral al clan Jackson en Motown, especialmente en un momento en que tenía dificultad incluso para que Berry se dignara a hablar por teléfono con él. En consecuencia, hizo todo lo que estaba a su alcance para ayudar a los jóvenes enamorados, llegó a referirse a su futura nuera como «mi Hazel» y a decir que la amaba.
Si Joseph hubiera meditado más sobre el asunto, tal vez le habrían preocupado más los acontecimientos recientes. Anna, la hermana de Berry, se había casado con el cantante Marvin Gaye (también artista de Motown). La unión no le otorgó a Marvin privilegios especiales en la empresa. De acuerdo con las palabras del propio Marvin, sólo sirvió para complicarle la vida y la carrera, porque ante una disputa, Anna actuaba como espía de su hermano. Marvin raramente podía hacer una jugada que Berry no conociera por anticipado. Además, cada vez que peleaba con su cuñado, cosa que sucedía con frecuencia, sentía un fuerte conflicto de intereses.
Marvin y muchos artistas de Motown advertían que Berry planeaba convertir a Jermaine en una gran figura, así como había elevado a Diana Ross desde The Supremes hasta el estatus de superestrella. Los dos lanzamientos solistas de Jermaine para la empresa, «That’s How Love Goes’» y «Daddy’s Home», habían tenido éxito y Jermaine tenía el potencial para convertirse en uno de los principales artistas de la compañía. En efecto, algunos críticos encontraban fuertes similitudes entre el estilo vocal de Jermaine y el de Marvin Gaye. Lo cierto es que Jermaine tenía su propio sonido y que, además, era muy bueno, tenía mucho cuerpo y hacía un interesante contraste con la voz aguda de Michael en muchas de las canciones que compartieron en Motown. De hecho, Jermaine comenzó a hacer voces principales en la compañía discográfica porque el productor del grupo, Deke Richards, estuvo hospitalizado por una hernia discal. Debido a que Deke no quería que Fonce Mizell y Freddie Perren trabajaran con Michael en su ausencia, les pidió que escribieran algo para Jermaine: la canción fue «I Found That Girl», la cara B de «The Love You Save».