Michael Jackson
Prefacio
CONOCÍ A MICHAEL JACKSON cuando los dos éramos niños. Los Jackson 5 se habían presentado en el Philadelphia Convention Center poco antes, el sábado 2 de mayo de 1970. Fue su primera aparición tras firmar un contrato con Motown Records. Los chicos vivían una época vertiginosa y Michael, con apenas once años, tenía que aprender a lidiar con todo aquello. Recuerdo que entonces era feliz, estaba lleno de vida. Pero algo sucedió en el camino… los dos crecimos, pero de manera muy distinta.
A los dieciocho años me mudé a Los Ángeles para comenzar mi carrera de escritor. Hice numerosas entrevistas a Michael, que se publicaron en diversas revistas. Recuerdo claramente el día que escribí: «Michael Jackson cumple veintiún años»; el título se repitió cuando cumplió veinticinco y más tarde, al llegar a los treinta. Recuerdo también muchos otros artículos que celebraban hitos a lo largo de su vida y la de su talentosa familia. A medida que Michael crecía, observé con creciente preocupación y perplejidad que iba transformándose de un adorable niño negro en… lo que es hoy. Como periodista y frecuente cronista de la vida de Michael, estaba obligado, de alguna manera, a entender qué le estaba pasando, a poner en orden las piezas del rompecabezas para ver cómo se relacionaban con el Michael que yo había conocido en el pasado. Gracias a mis numerosos encuentros con él puedo contar, de primera mano, sus más íntimas reacciones frente a la infinidad de cosas que le sucedieron durante su vida y su carrera.
En 1977 estaba en la casa de los Jackson, en Encino, California, entrevistando a la familia, cuando Michael entró al cuarto con la cara vendada; en aquel momento tenía diecinueve años. Me alarmé: pensé que los rumores acerca de que su padre le pegaba podían ser ciertos. Esa posibilidad me afligió durante muchos años. En realidad, como supe más tarde, acababa de someterse a la segunda de sus muchas cirugías estéticas.
En otra entrevista, llevada a cabo cuando Michael terminó de filmar The Wiz, en Nueva York, en 1978, él me dijo que tenía «secretos» que no deseaba revelar, y agregó que «todos tenemos profundos, oscuros secretos». Nunca olvidé sus palabras, especialmente porque a medida que los años pasaban se volvía cada vez más extraño y adoptaba una actitud más sombría e incomprensible.
¿Por qué después de tanto tiempo seguimos fascinados con Michael Jackson? ¿Por su impresionante talento? Por supuesto, el talento es parte del motivo. Reconocemos al instante su voz, los pasos de baile que son suyos y sólo suyos. Así como él ha recibido la influencia de sus precursores, como Jackie Wilson y James Brown, ha influido a su vez en generaciones de artistas. Cuando ves bailar a Justin Timberlake, ¿te recuerda acaso a alguien?
Sin embargo, Michael es también piedra angular para muchos de nosotros en el plano personal. Puesto que ha sido famoso a lo largo de más de treinta años, podemos señalar momentos de nuestra vida a través de ciertos logros en la suya. Algunos somos suficientemente viejos para recordar cuán increíblemente adorable y prodigioso era como voz principal de los Jackson 5, y así recordamos dónde estábamos nosotros cuando los hermanos saltaron a la fama. Podemos rememorar la primera vez que vimos a Michael deslizándose en un escenario o en una pantalla, haciendo el mágico «Moonwalk»; evocamos el día en que conocimos el vídeo de «We Are the World», la primera experiencia de una iniciativa solidaria de ese tipo en Estados Unidos, en la que reunió a muchas estrellas del espectáculo; no olvidamos sus maravillosas apariciones en conciertos o sus vídeos innovadores.
Decir que Michael ha logrado un éxito espectacular en su carrera es afirmar lo obvio. No obstante, si bien su vida artística ha sido excepcional y la venta de sus discos ha batido récords, es su vida privada la que nos ha mantenido en vilo.
Tal vez recordemos, también, la primera vez que vimos cada uno de sus nuevos looks y nos preguntamos qué demonios estaba haciendo ese muchacho con su cara.
¿Te preguntaste en algún momento si era heterosexual, gay o asexuado? ¿Qué pensaste cuando supiste que había sido acusado de pedofilia?
¿Recuerdas aquel emotivo discurso en Neverland, en el cual dijo que la policía había fotografiado «mi cuerpo, incluido mi pene, trasero, pelvis, muslos y todo lo que desearan»?
¿Y qué decir de Lisa Marie Presley y Debbie Rowe, sus misteriosas exesposas? ¿Alguna vez especulaste acerca de la verdadera naturaleza de sus relaciones con Michael Jackson?
Ahora él tiene hijos y los obliga a usar máscaras en público. «¿Qué se siente al estar solo y frío por dentro?», se preguntaba Michael en su canción «Stranger in Moscow». Sin duda, nosotros nos preguntamos: ¿cómo demonios terminó así?
Por supuesto, la fama lo retuerce todo. Se trata de un extraño fenómeno que nadie, excepto aquellos que son famosos, realmente puede comprender. Sin embargo, todos podemos imaginar qué habría sido de nuestra vida si se hubiera desarrollado bajo una constante e implacable vigilancia, agravada por un padre abusivo, que la hacía mucho más tortuosa.
¿Qué te habría sucedido si hubieras sido infantilizado por un público que te adoraba y te celebraba, ante todo, como un muchachito con talento? ¿Crees que con el tiempo te habrías visto obligado a infantilizarte, que a causa de la frustración y la desesperación te habrías sentido con derecho a rebelarte y comenzar a hacer todo lo que desearas sin reflexionar acerca de lo razonable de tus decisiones, la sensatez de tus elecciones o lo apropiado de tu comportamiento? ¿Qué habría ocurrido si, además, hubieras tenido una cantidad de dinero incalculable, que otorga poder para remediar inseguridades y satisfacer los deseos más profundos de cualquier manera, incluso la más descabellada, y nadie entre tus allegados se hubiera atrevido a enfrentarse contigo? ¿No te gusta el color de tu piel? Hazlo desaparecer. ¿No tuviste una verdadera infancia? Ven a Neverland. ¿Quieres dormir con niños en tu cama? No hay problema, hazlo. ¿No te gusta tu aspecto? Cambia tu rostro por otro. ¿Aún no te gusta? Cámbialo por otro, y otro, y otro.
«¿Por qué no es capaz de entender qué le sucede?», nos preguntamos cuando pensamos en Michael. «¿Por qué no puede comprender?». ¿Se ve a sí mismo como el Rey del Pop, precursor, incomprendido genio musical cuya carrera abarca toda su vida? ¿O como un adulto inseguro y ante todo infeliz, con suficiente dinero y poder para hacer cualquier cosa que quiera y salirse con la suya? Tal vez sólo una cosa sea segura: si fueras una combinación desenfrenada de ambas cosas, probablemente serías… Michael Jackson.