Nadie es perfecto
veintiséis
Le digo a quién creo que deberíamos invitar, le parece bien y, lo que es más, ni siquiera me pregunta quién es Nick.
veintiséis
Por mucho que me repatee admitir que mi madre tiene razón, el caso es que parece no estar equivocada cuando comenta que estoy siempre de mal humor, pero el problema es que solamente estoy de mal talante o en casa de mis padres, cómo no, o cuando estoy con Ed.
Lo que no entiendo es por qué de repente mi prometido me irrita tanto, y lo que empieza a preocuparme es que dicha irritación se ha convertido en algo habitual. Ed no deja de colmarme de amor, atención y cariño y cuanto más me colma, más claustrofóbico me parece. Al final se suelta, pone la cara de siempre y consigo un poco de espacio para respirar hasta que me siento tan culpable por haberle hecho daño que le pido disculpas y entonces él vuelve de nuevo a la carga.
Pensaréis, dado que soy una de las personas más inseguras que conozco, que seguro que hay un libro que habla de este síndrome, pero he hojeado los de siempre y no encuentro ninguno que trate este problema.
Y tal vez no sea un problema. Quizá no crea que merezca ser feliz y ahora que he encontrado a un buen hombre que me trata bien, intento sabotear mi relación con él deliberadamente, porque no creo que me merezca a alguien que bebe los vientos por mí, como es el caso de Ed.
O quizá es que me pone de los nervios sin más.
Pero no quiero considerar este último punto, resulta demasiado fácil. Es
muy sencillo decir que Ed me irrita porque es una persona irritante y, si lo admitiese, no podría casarme con él, y deseo tanto casarme con él, deseo tanto que lo nuestro funcione… Supongo que es la primera vez que alguien me trata así, que me adora como Ed, que se desvive por hacerme feliz y no sé cómo llevarlo. A veces hasta tengo la sensación de estar poniéndolo a prueba. Cuanto más cariñoso y más entregado es, más me cabreo con él, más lo aparto de mí. En ocasiones pienso que me comporto así sólo para ver hasta dónde puede aguantar, para que cuando, al final, me deje, cosa que ocurrirá como siga tratándolo como lo estoy haciendo, yo pueda decir «¿Lo ves? ¿No te lo había dicho?», porque todos han acabado dejándome, y tal vez eso es lo que una parte de mí espera, así es que de un modo enfermizo acaso esté provocando la situación.
Ya sé que suena complicado, pero para mí tiene sentido. Anoche se lo conté todo a Jules y ella asintió cuando yo esperaba que asintiese, lo que pasa es que cuando terminé de explicárselo no dijo nada y le conté prolijamente por qué estaba tan convencida de que eso es lo que ocurre.
–¿Estás segura de seguir adelante con lo de la boda? – fue todo lo que Jules dijo.
–Segurísima -dije mientras intenté explicarle que, a mi entender, la única forma de superarlo era trabajar para solucionarlo, y trabajar con él. No tendría sentido romper el compromiso, volver a estar soltera y probar a enfrentarme a eso-. Tengo que mantener una relación, vivirla a fondo si quiero superar este mal momento y aprender a amar de verdad.
Aunque sospecho que aprender a amar no sea mi asignatura pendiente.
Siempre he tenido la sensación de que tenía mucho amor para dar. Antes de que llegase Ed yo era siempre la que abrumaba a mis novios. Hacía lo que fuese para convertirme en indispensable para el hombre que en aquel momento estuviese conmigo. También es cierto que era yo quien los alejaba. Supongo que toda esta historia viene a ser como aquella frase célebre de Groucho Marx: «Nunca ingresaría en un club que aceptase como socio a alguien como yo.»
Acaso ahora mi asignatura pendiente sea aprender a ser amada. Todos los hombres con los que he estado antes de encontrar a Ed me han tratado fatal y cuanto peor me trataban mayor era mi empeño en cambiarlos, más los colmaba de amor, atención y cariño.
Como Ed conmigo.
Dios mío. Tengo la sensación de estar dando un gran paso adelante. Eso es exactamente lo que pasa. Los papeles se han invertido y yo estoy haciendo con Ed lo que siempre me han hecho. Recuerdo que Jon cada vez estaba más y más distante. Recuerdo cuando al final de la velada me decía: «Lo siento, ¿te importa si esta noche no te quedas a dormir aquí? Me gustaría mucho estar solo.» Recuerdo cómo lo cubría de besos mientras él cada vez se mostraba menos afectuoso.
Gracias a Dios que me he dado cuenta ahora, antes de que sea demasiado tarde, porque me esforzaré para superar esta crisis y entraré en la iglesia aunque sea la última cosa que haga.
–Vamos, hermanita. Cuéntamelo todo.
–Olly, vas a conocerlo dentro de unas seis horas. Ya lo verás por ti mismo.
–Mamá está encantada con él, aunque no sé si eso es bueno o malo.
–Dímelo a mi ¿Te ha dicho algo papá?
¿Me lo imagino o de repente Olly intenta escurrir el bulto?
–No -dice-. Ya sabes que papá nunca ha destacado por su conversación.
Me echo a reír.
–Espérate a que conozcan a Carolyn -digo-. Entonces sabrás por lo que he pasado.
–Ya lo sé -suspira-. Creo que tendré que quitármelo de encima cuanto antes.
Ya les he contado lo mío con ella y mamá me está volviendo loco.
–¡Ja! ¡Ja! Bien. Mierda, me reclaman. Oye, tengo que dejarte. Serás puntual, ¿verdad?
–Sí. Hasta luego.
–Muy bien, cariño. Adiós -Cuelgo, me doy la vuelta hacia Jo, que ha puesto cara de preocupación mientras yo hablaba con mi hermano-. Jo, ¿qué pasa?
–Me vas a matar -dice-. Lo siento de veras.
–Por favor, no me digas que no puedes venir -digo lentamente.
–Lo siento mucho -dice con una mueca de dolor-. Me ha llamado mi amiga Jill para asegurarse de que iba a su fiesta de cumpleaños, pero me olvidé y se puso como histérica cuando le he dicho que no podía ir. Lo siento mucho.
–No te preocupes -suspiro cabreada, aunque no lo suficiente para ponerme a gritar, porque lo más probable es que yo hubiese hecho lo mismo en su lugar. Así es como funcionamos las solteras. Hacemos planes, pero si nos sale algo mejor, por ejemplo ir a un sitio donde tenemos más números para encontrar al hombre perfecto, cancelamos el primer plan que teníamos y no pensamos si con ello disgustamos a alguien.
Y no es que yo esté disgustada, pero ahora somos impares. ¿Con quién emparejo a Nick? Gracias a Dios suena el teléfono y Jo aprovecha para volver a recepción mientras yo suspiro un «hola»
–¡Querida!, ¡Soy yo! – Este «yo» puede ser muchos «yoes», pero en este caso sé, de inmediato, que es Amanda Baker y se me enciende una bombilla.
–¡Amanda! ¡Estaba a punto de llamarte! Ya sé que es muy justo de tiempo, pero es que, ejem -ahora llega el momento de colarle una mentirijilla-, bueno Ed y yo hemos decidido reunirnos con unos cuantos amigos esta noche, ya sé que estás ocupadísima, pero quiero que vengas. No puedo creer que me hayas telefoneado, porque en este momento descolgaba el teléfono para llamarte.
–¡Qué bien! – exclama mientras yo espero conteniendo el aliento-. De hecho esta noche no tengo nada que hacer. Tenía pensado darme un baño y aplicarme infinidad de mascarillas faciales y todo eso, pero me encantaría salir a cenar con Ed McMahon. Y contigo.
–¡Maravilloso! – contesto, sacando el entusiasmo de no sé donde-. ¡Es genial!
–Dime -me interrumpe-, ¿todos los que van están emparejados?
Me pongo a reír.
–Mas o menos, pero también vendrá un soltero, aunque no creo que sea tu tipo.
–No pasa nada. Mientras no sea la única soltera.
–No, no te apures -Y mientras le digo dónde hemos quedado y a qué hora suelto un suspiro, porque ya no tendré que avergonzarme nunca mas de estar soltera.
Recuerdo muy vívidamente aquellos tiempos en los que rehusaba ir a cenas, porque yo siempre era la única que iba sola, aquellos tiempos en los que iba y descubría que la otra persona que también estaba soltera era un tipo espantoso, lo inferior que me sentía en relación con todas aquellas parejitas y como juraba y perjuraba que no iría a ninguna otra cena hasta que tuviese pareja.
Y ahora eso es lo que hago, ya no tengo que preguntar y, por más que mis
amigos me dijesen que estaba siendo ridícula, que cómo podía sentirme inferior a ellos por el mero hecho de estar soltera, por más que en aquellos tiempos los creyese, el caso es que cuando cuelgo después de hablar con Amanda me doy cuenta, y ya sé que eso no habla mucho a mi favor, me doy cuenta de que me siento un poco superior a ella. Yo tengo pareja. Un prometido. Ahora soy, oficialmente, adulta.
Jules dice que son tres las cosas que te convierten en adulta los calefactores, tener ginebra, vodka y whisky en casa y hacerte la cama todas las mañanas, pero yo disiento. Para mi no eres adulta hasta que encuentras a tu media naranja, hasta que dejas de temer al resto de parejas, hasta que puedes dejar de sentir que no eres lo suficientemente buena.
Me aseguro de que Ed y yo lleguemos pronto, que seamos los primeros en llegar, y cuando nos sentamos pedimos champán. Ed me besa y me dice lo guapa que estoy. Con el champán llega Jules y, al poco rato, Olly y Carolyn.
Ed da un beso a Jules y da la mano a los otros, al tiempo que le dice a Olly lo encantado que está de conocerlo después de haber oído hablar tanto de él.
–Estamos todos entusiasmados de ver que Libby se ha decidido a sentar la cabeza -dice Olly guiñándome un ojo-, pero también estamos sorprendidos de lo rápido que han ido las cosas.
–¡Ja, ja! – ríe Ed-. Yo también lo estoy, pero cuando las cosas van bien, van bien.
–Exacto.
–¿Dónde está Jamie? – pregunta Olly mirando a Jules con un interrogante estampado en la frente-. Otro caso de los grandes, supongo.
Jules consigue responder encogiéndose de hombros, un gesto que a todo el mundo parece convencer, menos a mí, yo soy la única que sabe la verdad.
–Ya sabes como son esos puñeteros abogados de los tribunales superiores -
dice con una triste sonrisa.
–Podrías haberle dicho que viniese -le susurro mientras me acerco a ella furtivamente.
–Ya lo sé. Me ha llamado hoy y casi se lo digo, pero no ha sufrido bastante.
Todavía no.
–¿Y qué le has dicho?
–Bueno, que esta noche habías organizado una cena para presentar a tu prometido, y creo que pensó que lo invitaría, pero cambie de tema.
–¿Como te sientes?
–Más sola que la una.
Le rodeo los hombros con un brazo, la abrazo y entonces oigo «¡Libby!» y Sal se apresura a cruzar el restaurante.
–¡Me tienes tan emocionada! – dice agarrándome y dándome un abrazo efusivo-. Paul y Nick están aparcando el coche. Llegarán de un momento a otro -Mira al resto, que ahora están de pie en un extremo de la mesa conversando, y cuando ve a Ed parece mirarlo dos veces-. ¿Es él? –
pregunta con voz de sorpresa.
–Si, ¿por qué? Pareces sorprendida.
Mueve la cabeza.
–Lo siento Libby, lo siento mucho. Es sólo que no es, bueno, no es exactamente lo que creía que era tu tipo.
–¿Te parece feo?
Se me acerca y susurra.
–Creía que detestabas los bigotes.
–Y los detesto -le devuelvo el susurro-. Estoy en ello.
–Pensarás que soy muy mal educada. Parece encantador, lo que pasa es que yo sólo te he visto con… -Se detiene y controla que nadie la oiga cuando articula con los labios- Nick.
–¿Y?
–Y creía que Nick era tu tipo.
–Sal, yo no tengo un tipo de hombre, nunca lo he tenido. Además, Ed es un encanto, ya lo verás.
–¡Pues claro que sí! – dice mientras me aprieta el brazo-. Va a casarse contigo, ¡tiene que serlo!
–¿Ed? – lo llamo para captar su atención-. Ven a conocer a Sal.
Ed se acerca con una sonrisa y le ofrece su mano, pero se avergüenza un poco cuando Sal le da un abrazo.
–Encantada de conocerte -dice-. Hemos oído hablar mucho de ti, aunque supongo que estarás harto de que todo el mundo te diga siempre lo mismo,
¿me equivoco?
Ed se ríe entre dientes.
–En absoluto, en absoluto. Y dime, ¿de qué conoces a Libby?
Mientras Sal se lo cuenta veo que Paul entra en el restaurante con Nick pisándole los talones, y por un momento el corazón me da un vuelco. Lleva sus viejos pantalones de algodón, las Doc Martini y un abrigo viejo y
andrajoso, pero resulta tan familiar, se ve tan guapo, que por un momento tengo la sensación de que voy a echarme a llorar.
–Libby, estas preciosa -dice y me da un besito en cada mejilla-.
Enhorabuena.
–Estoy muy contenta de que estés aquí, Nick -digo y es la pura verdad-. Me preocupaba que, bueno, ya sabes…
–No seas tonta. Somos amigos, ¿no? No me lo hubiese perdido por nada del mundo. Me muero de ganas de ver como es el famoso Ed -Nick se da la vuelta y ve a Ed hablando con Sally.
–No es él, ¿verdad? Por favor, dime que no es él.
–¡Nick! ¿Que quieres decir? ¿Por qué no?
–Libby, ese hombre podría ser tu abuelo.
–Y una mierda -Me echo a reír, porque de pronto me viene a la memoria el sentido del humor de Nick-. Sólo me saca diez años.
–Bonito mostacho -dice Nick-. Humm, siempre he querido tener uno como ése.
–Oh, vamos, cállate. – Le doy una bofetadita-. Además, con suerte no lo llevará mucho tiempo.
–Si yo estuviese en tu lugar me esperaría a que estuviese dormido y se lo afeitaría. Cuanto menos sufra, mejor.
–Quizá lo haga. – Me pongo a reír-. Ven a conocerlo.
–Ejem, ¿hay alguna razón especial por la que hayas dejado una silla vacía a mi lado? – me dice Nick por encima de la mesa-. ¿Acaso mi problema de
higiene personal se ha agudizado?
Me río.
–No. Va a venir Amanda Baker. Llega tarde, debe de estará al caer.
–¿Amanda Baker? – Nick abre los ojos-. ¿Aquí? ¿Esta noche? ¿Sentada a mi lado? Guaauuu.
–Debería haberme imaginado que sabrías quién es. – Vuelvo a echarme a reír-. Eres la única persona que conozco que ve la televisión durante el día.
–Cuando se trata de Amanda Baker -babea-, la palabra salivar me explota en la cabeza. Así que ella es mi cita a ciegas, ¿no?
–No -digo con rotundidad, sintiendo de pronto náuseas, porque ¿qué pasa si se llevan bien? ¿Qué pasa si Amanda decide que Nick es su tipo? No estoy segura de poder soportar la visión de Nick y Amanda juntos. Oh, mierda,
¿qué he hecho?
–Hablando del rey de Roma -susurra Nick mientras Amanda zigzaguea hacia nuestra mesa.
–¡Libby! – Me besa a mí primero y luego a Ed para luego dar la vuelta a la mesa y sentarse al lado de Nick-. Siento mucho llegar tarde -dice-, pero tenía otra de esas latosas entrevistas. – Espera que alguien haga un comentario acerca de su fama, pero nadie lo hace hasta que Nick interviene para llenar el vacío.
–Siempre te veo en la tele -dice-. No tenía ni idea de que fueses amiga de Libby.
–Sí. ¿Te gusta el programa? – El rostro de ella se ilumina, contentísima ante la oportunidad de hablar de sí misma.
Jules me mira con cara de resignación cuando yo reprimo una risita tonta,
pero observo a Amanda con mucho detenimiento y, aunque está encantada de haber encontrado a un admirador, no distingo ni un atisbo de coqueteo en su voz, ni un parpadeo de interés. Levanto los ojos y descubro que Jules me observa mientras yo observo a la presentadora de televisión, y que levanta una ceja mientras yo me encojo de hombros, y me doy la vuelta hacia Ed, que ahora tiene su mano posada en mi rodilla.
–¿Te diviertes? – pregunta y junta los labios para que le dé un beso. Lo beso y asiento.
–¿Y tú?
Sonríe.
–Por supuesto. – Echa un vistazo alrededor de la mesa-. ¿A quién le apetece un poco más de champán?
–Sí, gracias -dice Sal y le acerca su copa-. Nunca digo que no a unas cuantas burbujas.
Ed vuelve a llenarle la copa y luego le pregunta:
–¿Conoces a Amanda?
–No nos han presentado -responde Sal mientras Amanda levanta la cabeza cuando oye que alguien menciona su nombre-. Hola. Me llamo Sally Cross.
–¿Cómo estás? – dice Amanda con la expresión algo distraída-. Sally Cross.
Ese nombre me resulta familiar. ¿Nos hemos visto antes?
–No, no lo creo -responde Sal.
–¿A qué te dedicas? ¿Trabajas en televisión?
Sal le cuenta a qué se dedica y la voz de Amanda se torna efusiva de golpe.
¡Una periodista! ¡Otra oportunidad para conseguir un artículo sobre ella! Se
ponen a hablar del trabajo y al cabo de unos minutos Amanda se detiene a medio comentario y da un golpecito a Nick en el hombro.
–Disculpa, pero ¿podríamos cambiar un momento de sitio? Resulta de muy mala educación hablar contigo en el medio.
Nick se encoge de hombros, se levanta y Amanda pasa por delante de él para sentarse en la silla que acaba de dejar libre, sin que ella deje de hablar de su carrera como presentadora.
–¿Cómo va el libro? – le pregunta Olly a Nick a voz en grito.
Nick se da un golpecito misterioso en la punta de la nariz.
–Se están moviendo cosas, pero no puedo contarte nada… aún -añade. Olly se echa a reír.
–¿Quieres decir que pronto podremos leerlo?
–Tiempo al tiempo -dice Nick con voz impregnada de misterio.
–¿Eres escritor? – Ed, por primera vez en lo que va de noche, demuestra interés por Nick.
–Aspirante a escritor -dice Nick con una sonrisa.
–¿Todavía no has publicado?
–Todavía no, pero la cosa parece que promete.
–¿Qué tipo de libro has escrito?
–Oh, la típica novela de suspense con polis y asesinos.
–Pues si aún no has publicado, te dedicarás a otra cosa.
–No. Mi única ocupación es ir y volver a la oficina del paro.
–¡Oh, ja, ja! Muy divertido -Ed se ríe y Nick lo mira de una manera extraña.
–Sí, bueno, me gusta que pienses que es divertido, pero por desgracia no se trata de ningún chiste.
–¡Oh, vaya! – Ed se pone rojo como un tomate-. Lo siento muchísimo.
Pensé, supuse que estabas bromeando.
–Nunca haría bromas sobre algo así.
–Es la primera vez que conozco a alguien que vive del paro -comenta Ed.
Yo tengo la impresión de que cada vez mete más la pata. Nick me llama la atención, y no puedo evitarlo, me encojo de hombros y levanto la vista hacia el techo.
–Pues te aseguro que somos unos cuantos -dice Nick mientras decido intervenir y ayudar a que cambie el tema de la conversación.
–Vamos, Nick, cuéntanos de qué va tu libro.
–Seguro que no os interesa -dice.
–¡Sí, sí! Claro que nos interesa -me apoya Jules.
Durante los diez minutos siguientes Nick acapara toda la atención del grupo mientras nos describe la trama del libro y yo lo escucho atónita porque ¡es fantástico! Lo digo en serio, una de las ideas más originales que he oído en años. Me gustaría haber escuchado antes a Nick. Me cuesta creer que nadie haya pensado en desarrollar esa idea.
–¡Es genial! – dice Olly, que ahora también lo escucha-. No tendrías que tener problemas para encontrar editor.
–Estoy de acuerdo -dice Paul-. Yo compraría el libro.
–Eso espero -se ríe Nick, henchido de orgullo por la buena respuesta que ha obtenido-. Espero que todos contribuyáis a mi liquidación por derechos de autor.
Amanda y Sal ya han acabado de hablar de trabajo y la primera da un golpecito a Ed en el hombro.
–Binky Donnell te manda un saludo -dice con una sonrisa-, y te da su enhorabuena.
–¡Binky Donnell! – exclama Ed con los ojos bien abiertos-. Hace tiempo que no oía ese nombre ¿Cómo está ese viejo tunante?
Nick me da un golpe con el codo y articula con los labios «¿Tunante?» Le doy un puntapié por debajo de la mesa, pero reparo en el detalle de que hasta Jules sonríe forzadamente.
–Sigue tan adorable como siempre -dice Amanda-. La semana pasada cené con Binky y Bunny.
Nick me vuelve a dar un golpe con el codo, y esta vez no puedo evitarlo, me entra la risa tonta. Creedme cuando os digo que no puedo creer que vaya a casarme con alguien que tiene amigos que se llaman Binky y Bunny.
–No puedo creer que vayas a casarte con alguien que tiene amigos que se llaman Binky y Bunny -murmura Nick cuando ya se ha recuperado por completo de la sorpresa.
–Vale -digo-, ¿y qué me dices de Alce?
–Al menos Alce es enrollado -dice Nick, haciéndose el ofendido-. Binky y Bunny no son nombres de gente normal.
–No tienes ni idea. Para que lo sepas Binky conduce una Harley de
coleccionista y Bunny es una rockera oxigenada despampanante.
–¿Con las orejas largas y gachas?
–Es posible -resoplo y a los dos nos da un ataque de risa que pasa desapercibido a Ed y a Amanda, porque ahora están encantados de tener tantos conocidos en común. «Tanto mejor para ellos», pienso.
Hasta Jules me mira, extrañada, y yo me limito a encogerme de hombros, más que feliz de ver que Ed ha encontrado un punto en común con al menos uno de mis amigos, aunque Amanda no es que sea exactamente una amiga.
Olly y Carolyn hablan con Sal y Paul por su lado y, en mi opinión, la velada es un éxito. Todo el mundo ha tenido la oportunidad de conocer a Ed, todo el mundo parece llevarse bien y, vale, quizá no todo el mundo ha tenido la posibilidad de hablar con Ed, pero ése es el problema cuando quedas con mucha gente para cenar, ¿me equivoco? Olly, por ejemplo, apenas ha podido cruzar dos palabras con Ed, pero al menos se han conocido y todo es empezar. Por otro lado, sin embargo, tal vez deberían hablar un poco más.
Cuando llega el café me levanto y voy a ver a mi hermano al otro extremo de la mesa.
–¿Por qué no hablas un poco con Ed? Así os conoceréis mejor.
Olly suspira.
–Libby, no tengo muy claro qué decirle.
–¡Olly! ¿Te parece bonito? Ese de ahí es el hombre con quien voy a casarme. Podrías esforzarte un poco ¿Cómo sabes que no tienes nada que decirle?
–Muy bien, tienes razón, pero ya lo he oído hablar mientras cenábamos y…
-Se detiene.