Nunca te olvidé
Capitulo 4
Era la fiesta del 4 de Julio y todo el pueblo se reunía para celebrarlo y ver los fuegos artificiales en la pradera junto al lago. Jane se había citado con Jack en la casa de la abuela Linette que en aquel momento estaba con sus padres. Tenía la cuartada perfecta porque se suponía que estaba con Darlene, que a su vez le había pedido que la encubriera con sus padres.
Su hermana estaba nerviosa porque había quedado con un chico del que no había querido hablar. Al poco de llegar a la cabaña sonaron unos golpes en la puerta y al abrir se encontró a Jack, tan guapo como siempre, que vestía unos vaqueros ajustados azules, camisa blanca y botas relucientes. En su mano derecha portaba una delicada rosa blanca que le entregó tras besarle dulcemente los labios.
Con los pétalos de la rosa acarició su mejilla antes de entregársela: —Esto es por nuestro aniversario. Hace exactamente dos meses que te besé por primera vez en mi coche.
—Es preciosa —contestó con emoción aspirando su fragancia—. La guardaré siempre.
—No sé cómo has conseguido que haga lo que tú quieras en este tiempo. Te dije la primera vez que me besaste que te alejaras de mí y no lo has hecho.
—Pasa, tonto —dijo mientras se apartaba de la puerta
—. He traído unos sándwiches y un par de trozos de tarta de chocolate para cenar.
—¿Tu abuela cuando vuelve? —preguntó preocupado.
—Hoy dormirá en mi casa. Mañana papá la llevará a Dallas para visitar a una prima.
—¿En serio? —preguntó sonriendo seductoramente mientras cogía su cintura y besaba la punta de su nariz respingona.
—Tranquilo —dijo separándose de él—. Solo vamos a cenar y a ver una película que alquilé. He quedado con Darlene a las doce y media.
—Si no hay más remedio —dijo con mirada pícara siguiéndola hasta la cocina—. Espero que la película sea de acción…
Por su parte, Darlene estaba en la vieja ranchera de Daniel en una arboleda cercana al lago tras disfrutar de los fuegos artificiales. Después de un beso apasionado Daniel la separó de su cuerpo intentando recuperar la respiración y mirándola solemnemente. Ella se sorprendió por la gravedad de su gesto y la intensidad de su mirada y más aún cuando rebuscó con nerviosismo en uno de sus bolsillos y sacó una cajita forrada en terciopelo azul que le entregó.
—¿Qué es esto? —preguntó Darlene con el corazón palpitando en el pecho.
—¿Tú qué crees? Ábrelo. —era una bella sortija de oro con un pequeño diamante en el centro.
—¡Daniel! —sus manos temblaban con la caja abierta frente a sus ojos—. ¡Dios mío!
—¿Sabes lo que significa? —preguntó tontamente.
—Sí. ¿Pero tu padre? —preguntó dudosa.
—He hablado con él. Se sorprendió cuando le dije que estábamos saliendo y que quería comprometerme contigo.
¿Qué contestas?
—¡Sí! —chilló antes de besarle levemente—. Mis padres van a alucinar.
—Mi padre los quiere invitar el sábado para anunciarlo
¿Serás capaz de aguantar el secreto hasta entonces?
—Preferiría esperar para decírselo a mis padres —algo de temor se filtró en su voz.
—¿Por qué?
—Cuando mi madre se entere de que estamos comprometidos me vigilará como un halcón y no podríamos quedar tanto…
—Tienes razón. Mi rubita —tras un nuevo beso ardiente Darlene miró su reloj de muñeca.
—Tenemos que irnos. En diez minutos tenemos que estar donde quedé con Jane, la pobre estará aburridísima esperando.
—Llegaremos a tiempo. De todas formas no creo que a Jane le importe si llegas algo tarde.
—El otro día estaba algo rara cuando la encontramos en la biblioteca. ¿No te parece?
—No la noté nada raro, pero quizás estaba algo colorada. Quizás le gusta alguien que estaba en la biblioteca y por eso se puso nerviosa.
—Puede que tengas razón. Pero esta rara últimamente.
—Tú también debes estar rara desde hace unos meses.
—Tonto. Sabes que llevo enamorada de ti desde que tenía doce años y llevaba trenzas.
Jack la besaba de una forma tan apasionada que se estaba quedando sin respiración, mientras sus grandes manos recorrían su cuerpo por encima del vestido azul.
Se sobresaltó cuando una de ellas tocó su pierna con suavidad, mientras subía por el muslo haciendo que el bello de su cuerpo se erizara con su contacto. Las sensaciones que recorrían su cuerpo la desconcertaron y asustaron a partes iguales por lo que intentó separarle.
—¡Para! Cuando me tocas así no puedo pensar.
—Mejor —dijo mientras seguía besando su cuello.
—Jack. Esto no está bien.
—¿No te gusta lo que te hago? —preguntó perdiéndose en su mirada azul.
—Sí, pero…
—Cuando estamos así no puedo pensar. ¿Cómo lo haces tú?
—Si conocieras a mi madre lo entenderías…
Claro que lo entendía.
—Tranquila, mi amor —dijo sonriendo mientras le daba un último beso antes de levantarse del sofá donde estaban tumbados—. Es hora de recoger esto e irnos, ya falta poco para tu toque de queda y la carroza se puede convertir en calabaza.
—Jack —susurró ya respuesta y sonriéndole con amor
—. Eres un hombre maravillo.
—No digas esas cosas. Estoy tentado de no dejarte salir de esta casa.
—Quizás la próxima vez sea yo quien no te deje salir.
—Ten cuidado con lo que dices, porque podría ser peligroso.
—Todo el mundo piensa que tú eres peligroso, pero yo no lo creo.
—¿Que sea peligroso es lo que te gusta de mí? —
preguntó mientras recogían los restos de la cena en una
bolsa de basura.
—Sí. Además de tu fantástico cuerpo.
—Tu tampoco estas nada mal —le dijo mientras recorría su cuerpo de arriba a abajo.
—Tendré que aceptar eso como un piropo.
—Aunque te dijera más de mil piropos nunca podría expresar con palabras como me haces sentir…
—¿Cómo te hago sentir? —preguntó mientras se acercaba a él lentamente.
—Me haces sentir en paz, feliz, relajado… todo eso y más a la vez —los brazos de Jane le rodearon el cuello antes de besarle.
Cuando el beso se intensificó Jack la separó de su cuerpo intentando mantener el control. —Será mejor que nos marchemos. Tu hermana te estará esperando.
—Aguafiestas —protestó.
Darlene ya la esperaba cuando llegó al cruce del camino donde habían quedado. Su hermana tenía la cara iluminada por una nueva emoción y Jane estaba intrigada, sin percatarse que ella misma mostraba mejillas arreboladas al recordar los besos que había compartido con Jack. Ambas habían notado algo extraño en la otra, pero ninguna de las dos quiso preguntar por miedo a ser rebatidas con nuevas preguntas que quizás resultasen incómodas.
—Jane, ¿te has aburrido mientras esperabas? —le preguntó Darlene por entablar conversación.
—Acabo de llegar. Estuve viendo una película en casa de la abuela.
—Estaba preocupada por ti —confesó sintiéndose culpable por hacerla esperar.
—Has estado con un chico, ¿verdad? —le preguntó sin poder contenerse.
—Me acojo el derecho a la intimidad. No pienso decir nada más.
—¿Me lo contarás alguna vez? —le preguntó queriendo dar lastima.
—Quizás sí, pero no ahora.
—Está bien —contestó Jane con resignación sabiendo que no sacaría nada a su hermana—. Será mejor que nos apresuremos o papá y mamá sospecharán. Sabes cómo se pondría mamá si supiera que la engañamos y salimos por separado.
—Creo que nos mataría y papá la dejaría con tal de que le dejara ver el partido de los domingos —las dos echaron a andar por el camino entre carcajadas.
Era plena noche pero no tenían miedo, ya que conocían bien la zona porque se habían criado en los campos cercanos a la casa de su abuela desde que eran renacuajos. Muchos veranos los habían pasado allí bañándose en el rio que había junto al establo.
***
Cuando Jack llegó a casa todos estaban acostados.
Tras quitarse las botas para no hacer ruido caminó por el pasillo en penumbra hasta la habitación que compartía con su hermano. Se desvistió sin encender el interruptor para no despertarle ya que veía perfectamente gracias a la luz de la luna que se filtraba por la ventana y se recostó sobre la cama para recordar cada momento vivido aquella noche.
No quería asumirlo, pero Jane se había metido dentro de su piel y no podía hacer otra cosa que pensar en ella. Mil
veces se había dicho que aquella relación no tenía futuro y que pronto ella se cansaría de aquel capricho por él, pero cuando la tenía en sus brazos se sentía feliz como no lo había sido en toda su vida.
La voz de su hermano le sobresaltó.
—¿Por qué tienes esa cara de estúpido? —preguntó con humor.
—Duérmete Cory.
—¿Quién ha sido esta noche la afortunada?
—¿Qué más te da?
—Últimamente estas muy misterioso.
—Deja de decir tonterías. ¿Esta él en casa? —se refería al padre de ambos.
—Hoy tampoco ha venido. Mamá preguntó por él.
—¿Qué le dijiste?
—Que había estado en la tarde mientras ella dormía.
—No es la primera vez que desaparece durante días —
expresó con rabia.
—Hace tres días que no aparece —apuntilló su hermano.
—Cuando se le acabe el dinero, volverá.
—Por mí se puede ir para siempre —Jack sintió la rabia en la voz de su hermano enfureciéndose aún más al ver su sufrimiento. La vida le había hecho un chico maduro demasiado pronto.
—Olvídalo y cállate. Estoy cansado.
—Jack…
—¿Qué?
—Que descanses —le deseó amablemente.
—Igualmente, enano.
***
Jane observaba extasiada el sugerente escaparate de la nueva tienda del pueblo. Tenía un aspecto desastrado con una mezcla de todo tipo de objetos inconexos; ropa colgada de un bonito perchero colonial, collares de colores y pendientes de plata en diferentes cajas de madera labrada, libros nuevos y antiguos. No tenía nada que ver con las aburridas tiendas de la calle mayor.
Sus ojos se quedaron prendados de una figura de cristal con forma de hada que tenía las alas abiertas llenas de purpurina, cuando una mano se posó sobre su hombro sobresaltándola. Al girarse se encontró con la sonrisa de Jack.
—Pequeña, ¿qué miras tan absorta?
—Esa figura que parece mágica.
—Siempre soñando con cuentos de hadas.
—Quizás tengas razón, pero… —las palabras murieron en sus labios cuando se percató que en el lado opuesto de la calle aparecía su padre acompañado por su hermana y Daniel que charlaban amigablemente. Su padre pasó el brazo sobre los hombros de Daniel, justo cuando Jack se giraba preguntando preocupado por su reacción.
—¿Qué pasa?
Al observar la escena Jack sintió que la rabia se apoderaba de su cuerpo al no poder salir abiertamente con Jane. Hubiera deseado que los padres de ella le aceptaran tan bien como lo hacían con Daniel. Le dolía saber que eso nunca sucedería porque su padre era un borracho bueno para nada y todo el mundo pensaba que su hijo llevaría la misma vida de miseria. ¡Pero él no era como su padre!
Había sido un buen estudiante a pesar de sus altos y bajos y si hubiera tenido la oportunidad hubiera ido a la universidad como muchos chicos de su clase que tenían peores notas que él, pero sí suficiente dinero.
—Deberíamos escondernos —comentó Jane con urgencia mientras cogía su mano y le llevaba a un callejón cercano donde se ocultaron.
—¿Por qué hiciste eso?
—Para que mi padre no nos viera.
—Jane, ¿sabes una cosa? —su voz sonó dura. Jane nunca le había visto tan furioso—. Estoy cansado de esconderme de tu familia. ¿Te da vergüenza salir conmigo?
—Por favor, sabes que no es eso.
—¿Te avergüenzas de mí?
—Jack… —intentó acercársele, pero él se lo impidió.
—Es preferible que lo dejemos —dijo sin mirarla.
—No… —suplicó con lágrimas en los ojos.
—Será lo mejor para los dos. Ya puedes salir con quien quieras. Bueno, mejor dicho, con el chico que le guste a tu mamá —se dio la vuelta para marcharse, pero ella intentó agarrarle del brazo desesperadamente. La miró con odio mientras escupía las últimas palabras que le dirigió antes de desaparecer—. Déjame o armaré un escándalo que todo el pueblo recordará durante mucho tiempo.
Jane permaneció en el callejón con la espalda pegada a la pared de ladrillos llorando porque le amaba con todo su corazón y la había echado de su lado. Él no entendía que si su padre se enteraba de su relación haría lo que fuera para destruirlo por ser ella menor de edad. Frustrada dio una patada en el suelo. ¡No la había dejado explicarse! El odio en su mirada le había roto el corazón.
Aquella noche no pudo pegar ojo, pero lo peor fue al día siguiente, cuanto Gabrielle le conto él último cotilleo que corría por el pueblo sobre Rider. Jack pasó la noche anterior en el único Club del pueblo y se había emborrachado. Jane sintió su corazón acelerado al escuchar aquello porque sabía que Jack odiaba a la gente que se emborrachaba como su padre, se suponía que él no bebía nunca porque odiaba sus efectos y no quería ser igual que él.
—…luego se lió con Megan —exclamó su amiga con estupor—. Es una chica fácil. Aunque ayer tuvo suerte, nada menos que Jack Rider. Uff, ese chico está como un tren…
—Gaby, déjalo ya… —no quería escuchar más.
—Jane, pero eso no es lo peor…
—¿Peor?
—Después de dar el espectáculo con Megan se metió en una pelea y le detuvieron.
—¡Dios mío!
—Te dije que tenía un buen chisme.
Con nerviosismo cogió su bolso con intención de salir corriendo. —Tengo que irme —se disculpó escuetamente.
—¿Dónde vas? —preguntó su amiga extrañada por su comportamiento.
—Lo siento. Se me olvidó que mi abuela quería que la ayudara en casa.
—¿Ahora?
—Sí. Lo siento.
—¡Jane! Habíamos quedado para que me ayudases a hacer algo con mi pelo...
—Lo siento, Gaby. Es importante que vaya. Te juro que mañana vengo.
—Está bien.
—De verdad que lo siento.
Al salir cogió la bicicleta de Gaby, sabía que no le importaría y salió a toda velocidad dirección a la casa de su abuela. Sabía que ella era la única que podía ayudar a Jack.
Cuando llegó por el camino de tierra aún le temblaban las manos y el corazón se le salía del pecho por el esfuerzo físico realizado. Su abuela salía de la casa en aquel momento y al verla tan exaltada corrió preocupada hacía ella.
—Jane, ¿qué pasa? —preguntó conteniendo el aliento.
—Es por Jack.
—¿Jack? —preguntó Linette sin comprender.
—Jack Rider —puntualizó.
—Sé quién es. ¿Qué pasa?
—Le detuvieron anoche.
—¿Qué?
—Se emborrachó en el Club y se peleó con un hombre.
Creo que está detenido en la comisaría.
—Jane, tranquilízate. Vete a casa mientras yo voy a la comisaría.
—Abuela, ¿me llamarás cuando sepas algo? —preguntó con la desesperación pintada en la cara.
—Te lo prometo, pero debes tranquilizarte —su abuela la estudió un segundo descubriendo que algo ocultaban los ojos de su nieta.
—Gracias.
—Y ahora vuelve al pueblo.
Vio marchar a la joven pedaleando antes de entrar en la casa para coger el bolso y las llaves del coche. Debía ir a la comisaría y sacar al chico del problema en el que se había metido. ¿Qué le habría pasado para comportarse así?
¿Había acabado borracho? No lo podía creer. Rezaba porque su viejo amigo, el Sheriff Cullen, le echara una mano y que el muchacho saliera del lío en el que se había metido. Tardó más de una hora en convencerlo de retirar los cargos y soltarle bajo su responsabilidad.
Lo que más le preocupaba en aquel momento era Rose, que apenas podía levantarse de la cama por su enfermedad y más desde que ese cerdo de Lee se había largado para siempre unas semanas antes. Cuando salieron de la oficina del Sheriff arrastró al muchacho hasta el restaurante de Hunter para que comiera algo. Tenía una pinta horrible. Su rostro estaba hecho un cuadro con el ojo morado y algunos arañazos. Cuando la camarera desapareció tras tomarles nota fue cuando la anciana se enfrentó a él sin tapujos.
—Muchacho, ¿se puede saber que tienes en la cabeza?
—No —contestó hermético.
—¿No? Te acabo de salvar el culo hace menos de media hora. He conseguido que Cullen no te abra un historial delictivo…
—Se lo agradezco, pero no me gusta que se meta en mi vida…
—¿Estabas borracho? Aún no me lo puedo creer.
—Fue un error —intentó defenderse—. Estaba enfurecido y no sabía lo que hacía.
—Solo dime porqué lo hiciste.
—Lo siento, señora, pero es un asunto personal.
—¿Una chica?
—Sí —confesó finalmente.
—Muchacho, ahora tienes cosas más importantes de las que preocuparte —le recriminó.
—Lo sé —le respondió arrepentido.
—Pues piensa en ello.
—Lo haré.
—Ahora me tengo que ir y espero que no te metas en más líos. Si tu madre se entera de lo que pasó ayer lo pasaría mal y yo te mataría con mis propias manos.
—Lo siento.
—Eso espero muchacho. Ahora tengo que llamar a mi nieta o me matará.
—¿Su nieta? —preguntó incrédulo.
—Jane me avisó de que estabas en la comisaría y estaba muy nerviosa —no apartó la mirada de su rostro intentando descubrir lo que ocultaba, pero él no dejo translucir nada.
—Dele las gracias de mi parte.
—Lo haré. Parece que tienes mucha confianza con mi nieta.
—Hemos hablado un par de veces, pero nada más.
—Aún no comprendo como ella se enteró de lo sucedido.
—Ya sabe usted que para muchas personas no tengo buena reputación. Cuando hay cualquier tipo de chismorreo sobre mí, corre como la pólvora.
—¿Quién es esa chica que te descontroló? —insistió de nuevo Linette vislumbrando la verdad.
—Megan Dover.
—Tienes muy mal ojo para las mujeres. Te aconsejo que cambies de ahora en adelante.
—Por supuesto.
—Me marcho ya, me has hecho perder mucho tiempo.
—Gracias por todo.
—Vete a casa de una vez.
Cuando el teléfono sonó y escuchó la voz de su abuela, Jane soltó el aliento que había contenido durante todo el día tras saber que él había salido del lío en el que se había metido. Más tranquila y tumbada sobre la cama tuvo tiempo de pensar en todo lo sucedido en las últimas horas.
Ahora fue la rabia la que invadió su cuerpo al saber que Jack la noche anterior había estado con otra chica y nada menos que con Megan Dover. Le odiaba por cambiarla tan fácilmente por aquella chica. Ahora había quedado perfectamente claro que podían salir con otras personas.