Nunca te olvidé
Capitulo 7
Jack despertó y palpó la cama para descubrir que estaba solo. Tocó con nostalgia la silueta que ella había dejado en el colchón y no pudo evitar olisquear la almohada que aún tenía su perfume, un olor tan dulce como la miel.
Tras sonreír tontamente se dio la vuelta para encontrarse de frente con el reloj de la mesilla y al ver las manillas se levantó de un salto, eran las diez menos cuarto y habían quedado con Linette a las diez.
Se vistió con unos tejanos y una camiseta gris para ir a por Cole. Juntos fueron a la pequeña casa de madera donde vivía la anciana y llamaron a la puerta, pero nadie contesto.
Estaban a punto de irse cuando el sonido del viejo coche de Linette anunció su llegada. La mujer salió con cara abatida del coche y Jack supo que algo no andaba bien. Solo esperaba que no le hubiera pasado nada malo a Jane.
—Lo siento chicos —se disculpó—. He llegado tarde porque tuve que despedirme de mi nieta Jane —se fijó en la mirada fiera que le dedicó Jack al oír el nombre.
—¿Jane se ha ido? —preguntó Jack con voz extraña sin poder contenerse.
—Sí. Al parecer anoche se escapó de casa y su madre la descubrió.
—¿Y qué dijo ella? —preguntó blanco como la cera.
—Al parecer anoche estuvo con un tal Izan, viendo no se qué estrellas. Eso dijo ella, pero no lo sé —dijo mirándole a los ojos leyendo dentro de su alma, o así le pareció a Jack—. Mi hijo se encolerizó y la ha mandado a
Dallas a estudiar a casa de una tía. Gracias a que era el hijo del de la inmobiliaria porque si hubiera sido otro le hubiera denunciado por abusar de una menor o algo peor.
—¿Estaba bien cuando la vio? —necesitaba saber de ella.
—Tenía los ojos hinchados como dos pelotas de tenis y parecía muy triste.
—Bien —contestó tenso—. Si quiere nos ponemos con lo de la carta —quería acabar con aquello e ir a cualquier sitio para desahogar su rabia, deseaba romper algo para aplacar el dolor que sentía.
—Está bien —concedió la mujer.
En la carta Rose explicaba que tenía un seguro de vida que había contratado años antes y lo había hecho a espaldas de su marido para que no pudiera cobrar en el caso de que algo le pasara. Había designado como beneficiarios a sus hijos para que pudieran tener un futuro mejor cuando supo de su enfermedad.
Indicaba, además, que le gustaría que Cole estudiara la carrera de abogacía que tanto le gustaba, desde que era pequeño veía las series televisivas de Justicia. Sobre Jack pensaba que podía montar un negocio porque sabía que lo de estudiar no le seducía demasiado.
Deseaba que tuvieran un nuevo futuro que nunca habían podido ni soñar, pero que ella quería que lograran.
Tras leer la carta la primera en hablar fue Linette.
—Chicos, creo que vuestra madre tiene razón. Debéis empezar una nueva vida.
—Lo haremos —sentenció Jack con decisión. Era la última voluntad de su madre.
—Tengo otra noticia.
—¿Cuál? —preguntó Cole sorprendido.
—Esta mañana antes de volver me encontré con el Sheriff Cullen —la gravedad de su voz los sobresaltó—. Me contó que había recibido noticias de vuestro padre.
—No nos interesa —Jack no quería saber de él.
—Lo sé, pero creo que deberíais saberlo…
—Está bien —contestó con desgana—. Suéltalo.
—Fue detenido hace un par de días por intento de asesinato.
—¿Qué? —preguntaron ambos al unísono.
—Tuvo una pelea en un bar con un tipo y pasará un tiempo en la cárcel. Siempre pensé que Lee acabaría mal.
—¡Que se pudra allí!
—Lo mismo digo —apuntilló Cory con rabia.
—No es bueno vivir con odio —presagió la mujer con sabiduría.
—Es más fácil decirlo que hacerlo… —contestó Jack.
—Pero se puede —finalizó ella.
***
El genio de Derek estaba a punto de explotar cuando aparcó su coche al lado de la tienda de Stella, que estaba en su interior atendiendo a una mujer que dudaba entre unos pendientes de perla o de fantasía. Entró furioso, cerrando la puerta con estruendo y asustando a la buena mujer. Derek fue capaz de controlarse hasta que la señora pagó y salió por la puerta con prisas.
—¿Se puede saber qué haces? —gritó Stella furiosa por la forma en la que había espantado a la mujer. Si él no hubiera entrado le hubiera vendido los dos pares—. ¿Quién te crees que eres?
—Stella, no estoy de humor —dijo mientras ponía el cartel de cerrado en la puerta—. Tenemos que hablar.
—¿Cómo te atreves…?
—Me atrevo —dijo acercándose a ella con paso lento y cara de furia—, porque me acabo de enterar en la oficina de correos, que estás embarazada.
—¿Qué…? —balbuceó.
—Se lo estaba contando Linda Logan a una amiga por teléfono.
Ella se quedó blanca antes sus palabras. Tras unos minutos finalmente consiguió responder:
—Aunque esté embarazada no es asunto tuyo.
—Lo es —dijo cogiéndola del brazo—, si ese hijo es mío.
—¿Qué te hace suponer que lo es? —intentó ganar tiempo para pensar que hacer.
—Vamos, Stella, se contar dos y dos.
—Podría ser de otro…
—Deja ya de jugar conmigo. ¿Por eso me dejaste? ¿Te entró miedo? —ahora la tenía acorralada contra el mostrador sin escapatoria.
—¿Tan transparente soy? —preguntó rindiéndose.
—Por el amor de Dios. ¿Cuántas veces tengo que decirte que te amo?
—Te creo, pero —dijo mirándolo a los ojos—, tengo miedo… —confesó.
—Es muy simple. ¿Me amas? —notaba su corazón acelerado mientras esperaba su respuesta.
—Yo también te amo. —Derek se quedó sin palabras ante su confesión. Solo fue capaz de cogerla en sus brazos y besarla.
—¡Vamos a ser padres! —exclamó emocionado con la noticia, abrazándola y elevándola en el aire—. Ahora tendremos que casarnos, mi amor.
—Solo hay un problema —dijo ella con contrariedad.
—¿Cuál? —preguntó él sin comprender.
—Conociendo a tu madre, como ya la conozco, armará un buen escándalo.
—Al diablo con mi madre. Tu eres la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida. ¿Me aceptas?
—¡Sí! —exclamó saltando a sus brazos con emoción—.
Te he extrañado tanto…
—Eso te pasa porque no me escuchas cuando te hablo.
Hace tiempo que te dije que te amo, porque te amo. No vuelvas a huir.
—Nunca más me separaré de ti.
—Nunca te lo volveré a permitir.
—Te juro que ahora seré yo la que no te deje escapar.
—Stella, mi corazón te perteneció desde el primer momento.
—He sido una estúpida.
—Quizás los dos lo fuimos.
Cómo presagió Stella, su madre no se tomó demasiado bien el saber que su hijo estaba enamorado de la chica de la tienda rara y que para colmo estaba embarazada. Hubo muchos gritos en la casa aquel día cuando fueron a darle la noticia y Stella acabó llorando, pero él no permitió que su madre humillara a la mujer que amaba. Tras la discusión recogió sus cosas y se fue a vivir con Stella. A su madre casi le cuesta una apoplejía, pero finalmente cedió con tal de no dar un escándalo. Una semana después estaban frente al pastor dándose el sí quiero.
***
Cole estaba solo en su habitación porque aquella tarde de domingo su hermano desapareció. Desde la muerte de su madre estaba muy raro y de eso hacía más de tres meses. La última semana había sido aun más duro si cabía porque el Sheriff Cullen les había entregado el informe de su padre y una bolsa con sus cosas tras su muerte. Eso no había afectado demasiado a los hermanos Rider que, tal cual recibieron los efectos personales, los tiraron a la basura.
A Cole le afectó leer el informe que hablaba de las circunstancias de su muerte ya que al parecer había estado enredado con una mujer separada que tenía una hija. Decía que su padre, borracho como era usual en él, le propinó una paliza a la mujer e intentó abusar de la hija. La madre encolerizada le había golpeado con un bate de beisbol que había pertenecido a su ex marido y le había matado. Solo podía pensar en aquella pobre mujer que había sido maltratada por su padre, como antes había hecho con su madre mil veces, y en la pobre chica que había acaparado la mirada lasciva de aquel monstruo.
Cada día estaba más convencido de querer estudiar abogacía, porque quería ayudar a las víctimas que sufrían, como su madre o aquella pobre mujer. Recordó entonces la conversación con su hermano sobre el tema cuando leyeron juntos el informe. Los dos parecían tener dos puntos de vista muy diferentes sobre el asunto.
—Jack ¿Cómo puedes decir eso?
—Es lo que pienso. Me alegro de que esa mujer le quitara del medio.
—Pero él ya estaba fuera de nuestras vidas y esa pobre mujer lo está pagando.
—Comprendo que esa mujer lo matara. Era un monstruo.
—¿Y qué habrá sido de ella?
—¿De quién?
—De su hija…
—Lo siento por esa niña, pero nosotros no podemos hacer nada.
—Lo sé —se dio por vencido finalmente—, pero algún día yo haré algo por mujeres como ella o como mamá.
—Cole, no lo dudo, pero no quisiera que te obsesionaras con esa mujer y su hija. Eres demasiado joven, tienes muchos sueños que cumplir y eso no te ayudaría.
—No me comprendes —exclamó frustrado.
—Quizás tengas razón —esperaba que algún día Cole entendiera que no podía salvar al mundo.
Volvió a sus libros intentando concentrarse en el último examen que tenía, luego iría a la universidad gracias al dinero del seguro y a una beca que había logrado con mucho esfuerzo. La casa estaba un poco revuelta porque ya estaban preparando las cajas para dejar el piso en el que habían vivido toda su vida y empezar de nuevo.
Al día siguiente Jack embalaba los pocos enseres que le quedaban por recoger. Estaba guardando la destartalada vajilla que su madre guardaba de su abuela cuando sonó el timbre de la puerta y al abrir se encontró a Linette.
—Pasé —le indicó con una sonrisa en los labios—.
Estaba envolviendo algunas cosas…
—Lo sé. Venía a ayudar.
—Linette, no se preocupe, ya ha hecho demasiado por nosotros.
—No digas tonterías muchacho.
—Pero…
—Los hombres no saben hacer mudanzas —sentenció mientras cogía un periódico viejo para proteger una taza.
—Yo creo que me estaba apañando —comentó él con humor.
Una hora después Linette decidió seguir con el salón y pensó con tristeza que no había demasiado que mereciera la pena guardar. Al abrir el último cajón del mueble de la televisión encontró un paquete de cartas atadas con un lazo azul, pero cuando las iba a meter en la caja reconoció la letra de su nieta y el corazón le dio un vuelco en el pecho mientras las apretaba en su mano. Siempre había sospechado algo parecido entre Jack y ella. Todos los sobres en color crema estaban sin abrir, al parecer él no había leído ni una sola de ellas. Con el taco en la mano se acercó hasta la cocina donde Jack cerraba la última caja con cinta marrón. Cuando la vio entrar con el fajo en su mano se quedó helado mirándola a los ojos.
—Linette… —fue lo único que salió de sus labios.
—Muchacho, no me digas nada. Hace tiempo que sospechaba que mi nieta estaba enamorada de ti.
—No hay nada entre nosotros… —intentó quitarle importancia al asunto sin demasiado éxito.
—Pero lo hubo.
—Sí —confesó finalmente al ver que no tenía otra salida.
—Te voy a pedir algo —le dijo con pena en sus ojos.
—Disparé —contestó resuelto.
—Veo que no has abierto ninguna.
—Es mejor así —dijo dándole la espalda para dejar la caja junto al resto de las que estaban apiladas en la pared.
—Jane aún es joven y, aunque te ame, no se puede enfrentar a mi nuera.
—No gaste saliva —le indicó volviendo a mirar sus ojos sabios—. Sé que sus padres nunca verían bien que su preciosa hijita saliera con una escoria como yo.
—No seas tonto muchacho. Sé que tú eres un hombre bueno, pero ella aún es muy joven.
Le hubiera gustado negar sus palabras pero sabía que tenía razón. —¿Qué quería pedirme?
—Que escribas una carta a mi nieta diciéndole que siga adelante con su vida —vio el dolor en sus ojos grises pero estaba segura que era lo mejor para ambos—. Estos meses que lleva fuera ha estado pasándolo mal. No come ni duerme lo suficiente, sus notas han bajado…
—¿Está enferma? —preguntó con preocupación.
—Ha perdido mucho peso y me tiene muy preocupada.
Jack sintió que su estómago se contraía por el miedo.
No había querido abrir sus cartas porque sabía que si las leía no podría evitar salir corriendo en su busca. Lo mejor era que Jane le olvidase para siempre. Deseaba que ella cumpliera sus sueños, sueños donde él no tenía cabida.
—Lo entiendo. Escribiré esa carta, pero a cambio quiero algo.
—Dime.
—Quiero que me informe de cómo está ella.
—Amas a Jane de verdad… —exclamó la mujer con pena.
—No la puedo mentir. Su dulzura se me metió en la piel.
—Mi pequeña es muy especial.
—Para mí lo es todo. —le confesó.
—Está bien. Te mantendré informado.
—Bien —no podía soportar la mirada triste de aquel muchacho por lo que decidió cambiar de conversación—.
¿Cuándo va Cory a la universidad?
—La semana que viene.
—¿Y tú que vas a hacer? ¿Qué tienes pensado?
—He hablado con el Sheriff Cullen. Me gustaría prepararme para las pruebas del cuerpo, me dijo que tiene un amigo en otro estado y que si las apruebo me puede dar una oportunidad.
—¿ Salvaje Jack policía? —preguntó Linette con humor.
—No se ría señora —exclamó furibundo.
—Lo siento —se disculpó—. Solo estaba pensando en lo que dirá la gente cuando te vean con el uniforme del cuerpo.
—Me lo puedo imaginar —a él también le hizo gracia la imagen que se presentaba ante sus ojos.
Linette volvió a mirarle con intensidad antes de hablar, ya sin resto de humor: —Sé que tu madre estaría muy orgullosa de ti.
—Si al menos ella lo pudiera ver... —comentó.
—Lo verá donde quiera que esté. Puedes estar seguro.
***
Jane andaba como alma en pena desde su llegada a Dallas. Cuando se marchó de Ford Creek estuvo deprimida durante semanas y apenas tubo apetito. Su tía intentó consolarla y animarla, pero sin demasiado éxito. Cada semana le mandaba una carta a Jack pero él nunca respondía, hundiéndola más en su pena.
Una tarde de noviembre, llegó del instituto y abrió el buzón en busca de la ansiada carta. Su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró con aquel abultado sobre blanco con la firme letra de Jack en el remitente. Sintió que el corazón se le quería salir del pecho por la emoción y tras guardarla en su cartera entró en la casa para saludar a su tía, que estaba en el salón viendo una de sus series favoritas
de
televisión,
y
subió
las
escaleras
atropelladamente hasta llegar a su habitación. Ya en el interior de su cuarto se tumbó sobre la cama y rompió el sobre con nerviosismo para sacar todas las cartas que ella le había mandado, aquello hizo que su corazón se encogiera ya que estaban todas cerradas. Rebuscó entre ellas hasta que encontró una escueta cuartilla que leyó ávidamente.
Jane;
Te escribo estas líneas solo para pedirte que dejes de mandarme cartas. Cuando te fuiste de aquí dejaste muy claro que no había nada entre nosotros. Soy un hombre y no puedo esperarte más. ¿Tan ilusa eres, dulce Jane?...
Al final el lobo se comió a caperucita como te dije que pasaría.
Lo nuestro nunca tuvo futuro y tú lo sabes. Nunca te prometí nada.
He vuelto a salir con Megan, al fin y al cabo ella está aquí y tu no.
Por favor, no me molestes más.