Nunca te olvidé
Capitulo 5
Jack salió de la habitación con lágrimas en los ojos que no pudo contener. Tras la marcha de su progenitor, su madre había perdido las ganas de luchar sumiéndose en una depresión. El médico en su última visita no le había dado demasiadas esperanzas respecto a su enfermedad y menos con la dejadez de la paciente. Su hermano Cole también estaba sufriendo con la situación y Jack solo podía sentirse desbordado y acorralado a partes iguales.
Decaído se sentó en el raído sillón de cuadros del salón mientras le daba vueltas a lo que iba a hacer cuando su madre faltase y se quedaran solos. Todos sus pensamientos le llevaban irremediablemente a pensar en Jane, lo único bonito que había tenido en su vida en los últimos tiempos.
Quizás por ese dolor y preocupación que le consumía se había comportado así con ella y ahora se arrepentía de lo sucedido. La amaba demasiado y no lo podía negar, él nunca hubiera querido estar enamorado como un tonto, pero la verdad era que lo estaba y nunca le había dicho que la quería.
El día que discutieron la había forzado demasiado al pedirle que se enfrentara a su familia para estar con él. No era un estúpido y sabía que nunca la dejarían salir con él porque era un don nadie. Quizás debía plantearse hacer algo con su vida aparte de chapuzas por un poco de dinero.
Estaba seguro de que si fuera alguien con un futuro prometedor la familia no podría oponerse a su relación.
Suspiró frustrado. Todo aquello eran tonterías. ¿Por qué soñaba con imposibles? Lo mejor era que se fijara en otra
chica a la que no importase que trabajara eventualmente para sacar unos dólares.
***
Jane estaba nerviosa porque faltaba menos de una semana para que se celebrara, como cada año desde la fundación del pueblo, el final del verano. Pensaba ilusamente que si todo se arreglaba con Jack podrían ir juntos al baile. Aquel año el ayuntamiento decidió que la temática de la fiesta fueran los disfraces, creando con ello un gran revuelo entre los ciudadanos. Tenía que encontrar una pareja con la que asistir porque sabía que Jack iría con Megan. Cuando se lo contó Tory a modo de cotilleo sintió la ira crecer en su interior y con más ahínco buscó con quién ir. Al salir de clase de algebra se encontró con Izan Connor.
Le había pedido un par de veces ir al cine, pero ella siempre le había rechazado porque estaba locamente enamorada de Jack. Cuando le escuchó hablar a su lado se sobresaltó.
—Jane.
—¿Qué…? —balbuceó.
—¿Por qué me miras así? —preguntó curioso al notar sus ojos clavados en él poco antes.
—Estaba pensando en el baile de disfraces. Es una lástima que no pueda asistir.
—¿Por qué no vas?
—No tengo pareja —contestó lisonjera.
—No me lo creo. En este pueblo todos deben de estar ciegos, menos mal que yo no, ¿quieres ir conmigo?
—Seguramente ya tengas pareja…
—Aún no había decidido a quién invitar —a Jane no le gustó su comentario porque le pareció prepotente por su parte, pero necesitaba ir a ese baile—. Pero si quieres ir conmigo…
—Tengo un disfraz demasiado bonito para no ponérmelo.
—Entonces ya tienes pareja. Esta tarde ponen una película de acción, podríamos ir al cine.
—Estaría bien —mintió, odiaba las películas de acción.
Pero solo de pensar en poner celoso a Jack consintió en ir a ver una película tediosa.
—¿Te recojo a las siete?
—Perfecto.
—Entonces nos vemos esta tarde —dijo guiñándole un ojo antes de reunirse con sus amigos que ahora bromeaban con él. El rumor de que salían juntos se propagaría con rapidez.
Caminaba de vuelta a casa cuando vio a su hermano a lo lejos, hablaba con la dueña de la nueva tienda de la calle mayor y parecía que se conocían, cosa que le extrañó. La joven tenía una larga melena rubia que brillaba con el sol de la tarde y parecía menuda en comparación con su hermano, que era más grande que su padre. Ellos no se percataron de su presencia, a pesar de los pocos transeúntes que rondaban la calle, y seguían con lo que parecía una discusión. En un momento dado su hermano cogió a la joven por la cintura para instarla a entrar por la puerta del comercio. Jane consumida por la curiosidad se acercó hasta el escaparate para encontrarse con una escena que no esperaba, vislumbró como se besaban apasionadamente y poco después la chica le daba un empujón en el pecho antes de darle una bofetada a su
hermano que salió por la puerta como alma que llevaba el diablo. Ni si quiera se percató de la presencia de Jane en la acera, cosa que ella agradeció. Sin pensarlo demasiado entró en la tienda desierta. La chica parecía descolocada, pero la sonrió al verla entrar intentando aparentar normalidad.
—Buenos días, ¿qué deseas? —le preguntó la joven.
—Quería un vestido para la fiesta de disfraces.
—Sería mejor que fueras a…
—Quiero algo especial. Que nadie tenga nada parecido…
—No estoy segura…
—Todo lo que tienes en el escaparate parece mágico.
Solo hay un problema.
—¿Cuál?
—Tiene que ser algo barato, no tengo mucho dinero…
¿Tienes algo así? —preguntó algo avergonzada. No sabía por qué había entrado allí o por qué le había dicho lo del vestido con su bajo presupuesto.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó con una gran sonrisa tierna.
—Jane.
—Yo, Stella. ¿Ese vestido es para alguien en concreto?
—Sí. Quiero que se arrepienta de no ir conmigo al baile —expresó ofuscada.
—Sé lo que quieres. Que él piense “esa chica es Jane y yo soy un idiota”.
—Eso sería maravilloso —sus ojos brillaban con malicia.
—Está bien –observó críticamente el aspecto de Jane, su falda vaquera por debajo de la rodilla y la camisa de
media manga blanca—. ¿Eres clásica vistiendo?
—Más bien la clásica es mi hermana que es de quien heredo ropa elegida “con buen gusto” por mi madre.
Ante su comentario no pudo evitar reír con humor. —
Entiendo. No puede ser arriesgado...
—Sí puede ser arriesgado —afirmó con malicia—.
Quiero estar imponente cueste lo que cueste. Aunque sea a expensas de un castigo de semanas.
—Entonces… —dijo mientras rebuscaba entre las perchas que había a su espalda hasta encontrar lo que estaba buscando—, éste es ideal.
Salió del probador en busca de un espejo y cuando se observó pensó que aquella chica reflejada no era ella. Aquel vestido mostraba a una Jane diferente. El cuerpo del vestido se ajustaba como un guante a sus formas y las mangas transparentes cubrían sus brazos hasta las muñecas donde terminaban en unos bordados de diminutas piedras que brillaban como diamantes. Al llegar a sus caderas el vestido formaba un vuelo de gasas que llegaba hasta el suelo y el escote terminaba en forma de uve sobre su pecho. Le encantaba el color blanco del tejido que resaltaba sobre su piel. El disfraz lo completaba unas bellas alas de color plata.
—¿Qué te parece?
—Precioso, espectacular… ¿carísimo?
—Quizás sea algo caro, pero puedo alquilártelo si me lo cuidas.
—Vale una fortuna —dijo tras mirar la etiqueta.
—Sí, pero me has caído bien. Te pondrás estas sandalias —dijo entregándole una caja roja—, y esta flor para el pelo.
—No debería aceptarlo; estoy abusando de ti.
—No es gratuito —dijo con una sonrisa enigmática—.
Quiero algo a cambio.
—¿Qué? —preguntó sin comprender.
—Quiero información de la familia de Derek Montgomery.
—Eso es pan comido —contestó sonriente.
—¿Por qué?
—Derek es mi hermano.
—¡Vaya! —dijo sorprendida y un tanto avergonzada—.
Sí que es una coincidencia, me gustaría…
—Que fuera discreta. No hay problema.
—Creo que tú y yo nos llevaremos bien.
—Eso espero.
—No quiero que Derek se entere de esto.
—Entendido. Sobre el precio del alquiler…
—Te lo prestaré sin coste alguno.
—Creo que me vas a caer bien…
—Stella —dijo tendiendo su mano en señal de saludo.
Cuando llegó a casa cargada con una bolsa azul que envolvía el preciado vestido se encontró con que Tory la había llamado por teléfono más de quince veces, estaba extasiada ante la idea de que su amiga fuera a salir con uno de los chicos más guapos y sexys del instituto. Jane no se encontraba tan emocionada como ella, si salía con Izan era para que Jack se enterara, aunque ahora no estaba tan segura de haber hecho lo correcto porque temía que él se enfadase irremediablemente.
Izan llegó puntual a su cita y resultó ser bastante simpático cuando no estaba rodeado de sus amigotes. La película no estuvo mal e incluso se divirtió con su compañía, pero lo malo llegó cuando salieron de la sala y se
encontró que en la acera de enfrente estaba aparcada la camioneta de Jack. Él estaba apoyado en la parte trasera de la furgoneta mirándola con ojos de incredulidad y rabia mal contenida.
Las dos semanas siguientes se convirtieron en una guerra velada entre ambos. Se encontraban en todas partes con sus respectivas parejas. En una ocasión Izan la besó y abrazó estrechamente y Jack hizo lo propio con Megan con tanta pasión que en el restaurante algunos jóvenes silbaron.
Para Jack era un verdadero infierno ver como Jane salía con aquel idiota de Izan, porque sabía que solo lo hacía para fastidiarle, pero aun así tenía que contener las ganas de romperle la cara a aquel guaperas de medio pelo.
Al parecer, a la madre de Jane no le importaba que saliera con Izan porque era un buen partido… maldito fuera todo el pueblo por juzgar a las personas por lo que tenían y no por lo que eran.
Tras dejar en casa a Megan llegó al piso exhausto y sin ganas de nada. Allí encontró a Cole estudiando en la cocina con la mesa repleta de papeles. Cuando le vio entrar levantó la vista de sus apuntes.
—Llegas tarde, mamá estuvo preguntando por ti —le espetó preocupado.
—Estaba con Megan.
—¿Por qué sales con esa chica?
—Es guapa —le respondió.
—Sí, es muy guapa, pero no tiene nada en la cabeza.
—Esta buena y con eso me basta.
—Yo pensaba que cuando sales con alguien tiene que haber algo más aparte de lo exterior. No me engañas
hermanito, creo que lo que pasa es que estás intentando darle celos a alguien.
—Es mentira —negó enfurecido porque su hermano le conociera tan bien.
—Te puedes mentir a ti mismo pero no a mí.
—Eres demasiado listo para tu bien.
—¿Quién es?
—No te lo voy a decir.
—¿Es feísima? —preguntó con humor.
—A su familia no le haría ninguna gracia que saliera conmigo.
—Entiendo a qué te refieres —afirmó con pesar—, pero tú la quieres.
—Cole… eso no es suficiente.
—Creo que estas equivocado.
Jane estaba dando los últimos retoques a su peinado cuando la puerta se abrió precipitadamente. Miró asustada hacía allí pensando que era su madre y que la bronca que le iba a echar iba a ser gorda, pero quien entraba era Darlene que la miró unos minutos entre admirada y alarmada de su belleza porque parecía un hada de los bosques.
—¡Jane! —exclamó agitada mientras cerraba la puerta a su espalda—. ¿De dónde has sacado ese disfraz?
—Me lo ha prestado una amiga.
—¿No te parece demasiado… sexy?
—¿Estoy fea?
—No es eso y lo sabes. Como te vea mamá no te deja salir de casa…
—No, porque tú me vas a dejar tu abrigo largo.
—Se enterará de todas formas.
—Se me hace tarde —dijo ignorando las palabras de su hermana mientras se ponía el abrigo que le tendía—. ¿Nos vamos?
—Tú sabrás lo que haces —cedió finalmente Darlene preocupada por ella.
Izan llegó puntual a la cita disfrazado de un elegante Lord del siglo XVIII. Cuando llegaron al recinto y se quitó el abrigo su acompañante se quedó con la boca abierta al ver su nueva apariencia tan diferente a la habitual. Todas sus compañeras de clase la miraban con envidia mal disimulada, incluso la reina de belleza del instituto. A pesar de la atención que había logrado, Jane solo podía otear a su alrededor en busca de Jack, cosa que iba a ser difícil estando todos disfrazados. Al poco tiempo estaba desilusionada por no encontrarle. Solo se había vestido así para él, Izan era divertido y encantador, pero no era Jack.
Estaba tomando un refresco tras dejar a Izan bailando con Tory, cuando alguien se le acercó disfrazado del Zorro y le tendió la mano que ella cogió hipnotizada por esos ojos grises que tan bien conocía siguiéndole hasta el exterior a un lugar apartado.
—Creí que habías venido con Megan —afirmó todavía enfadada.
—Y tú con el duque de Windsor —le contestó con el mismo tono.
—Muy gracioso —dijo alejándose unos pasos de él, su cercanía le afectaba—. Me dijiste que podíamos salir con quien quisiéramos y tú no tardaste ni veinticuatro horas en hacerlo.
—Tu tampoco tardaste mucho en empezar a salir con Izan.
—Tú dijiste que éramos libres… —dijo dándose la vuelta para enfrentarle.
—Estás preciosa. Pareces un hada de los bosques…
—Jack —pronunció su nombre apartándose, pero él no se lo permitió cogiendo su cintura—. No vengas ahora con palabras zalameras.
—Tenemos que hablar.
—¿Sobre qué?
—Tenía que darte las gracias.
—¿Qué? —ahora le miraba sin comprender.
—Por avisar a tu abuela para que me sacara del lío en el que me metí.
—No fue nada. Ahora suéltame, tengo que volver con mi pareja…
—Al diablo con tu duque. Tiene demasiadas chicas a su alrededor y no te echará de menos.
—He venido con él —intentó zafarse de su agarre, pero él no se lo permitió.
—Me importa una mierda…
—No hables así.
—Princesa, se me acabó la paciencia.
—Me tiene sin cuidado que tu paciencia se acabe —por fin logró liberarse de su agarre y alejarse de nuevo de él.
Decidió seguir fingiendo que estaba enfadada, pero en el fondo le encantaba que él sintiera celos de Izan, al parecer su plan había logrado llamar su atención.
—Estás demasiado sexy —le dijo a su espalda—. ¿Te has propuesto volver loco a medio pueblo? Cuando tú madre se entere te matará.
—Merece la pena el castigo que me imponga mi madre porque he conseguido lo que me proponía.
—¿Y qué era?
—Llamar tu atención —le enfrentó. No tenía más ganas de juegos.
—¿Era eso lo que pretendías?
—Sí.
—¿Y qué más pretendías?
—Que un desconocido enmascarado —dijo quitándole el pañuelo negro—, me secuestrase en un baile.
—Cariño, has logrado tu objetivo.
—¿Cariño? ¿Ya no estás enfadado conmigo?
—No lo sé —dudó un momento—, pero estas dos semanas han sido un infierno verte con Izan. Los celos me consumen.
—¿Tú celoso?
—¡Sí! Maldita sea y ahora bésame —le exigió.
—Es lo que más me apetece. —Ella comenzó aquel beso, pero él lo convirtió en algo explosivo.
—Jane —dijo con voz consumida por la pasión—.
Vámonos de aquí.
—¿A dónde?
—Me da igual. Solo quiero estar a solas contigo.
—Podemos ir a la vieja cabaña abandonada del lago —
propuso ella.
—¿Quieres ir?
—Contigo al fin de mundo.
—¿Y tu pareja? —preguntó con humor.
—Solo quería ponerte celoso como hiciste tú conmigo.
Megan es la chica más guapa de la zona…
—No te llega ni a la suela de los zapatos. ¿Nos vamos?
—Por supuesto —dijo tomando su mano.
La vieja cabaña estaba casi en ruinas y parte del tejado estaba hundido. Ya en el interior encendieron unas velas que encontraron en una caja de madera iluminando tenuemente el habitáculo. Todo estaba lleno de polvo y las ventanas rotas, pero a ellos no les importó porque solo tenían ojos el uno para el otro. Jack la cogió en sus brazos y habló con emoción al contemplarla.
—Eres el hada más bonita que he visto en mi vida.
¿Eres real?
—Solo para ti.
—Eso espero —dijo antes de besarla.
—¿De dónde has sacado ese vestido?
—De la tienda nueva de la calle mayor.
—¿Tu madre te ha dejado salir así de casa? —preguntó incrédulo.
—Ella no lo sabe —confesó.
—No tardará en saberlo.
—¿Por qué?
—Has vuelto loco a más de uno en el baile —dijo besando su cuello.
—Jack... te he necesitado tanto —confesó en el tumulto de la pasión.
—Jane —dijo él separándose de ella con la respiración entrecortada porque apenas podía hablar—. Tenemos que parar ahora mismo —no estaba seguro de poder controlarse.
—Jack, no quiero parar.
—No me digas eso porque lo haces más difícil.
—Te amo…
—Yo también mi pequeña, pero luego te arrepentirás y será demasiado tarde.
—No —dijo besando la comisura de sus labios—. Esta noche es mágica. ¿No lo ves? —dijo mientras le besaba el cuello haciéndole temblar—. Por favor.
—Jane…
—Jack. Te deseo y te aseguro que nunca antes he deseado a nadie en mi vida como a ti —el tono en el que dijo su nombre le hizo perder el poco control que tenía mientras la besaba. Con sumo cuidado le quitó las alas plateadas y poco después el vestido blanco.
—Jane, te amo más que a nada en el mundo.
—Y yo a ti…
Un sonido en el exterior los sobresaltó a ambos que ya reposaban sobre las mantas, que él solía llevar en la furgoneta, apenas cubiertos. Jack se puso alerta y salió a inspeccionar el exterior y no vio a nada. Volvió a entrar para tranquilizar a Jane.
—Tranquila mi amor, seguro que era un animal.
—¿Seguro? —preguntó asustada mientras cubría su cuerpo.
—Te lo juro.
A pocos metros unos fríos ojos azules seguían espiándolos con determinación mientras apretaba los puños hasta que quedaron blancos. En su interior sentía una ira incontrolada que amenazaba con acabar con su cordura.
Ella se estaba entregando a Salvaje Jack, su amada y pura Jane, no podía soportarlo y decidió escapar de allí antes de
cometer una locura. Caminó hasta llegar a su coche oculto en la maleza y se metió dentro aún en estado de shock.
Tras la pasión compartida acabaron abrazados bajo las mantas, felices. el momento mágico vivido llenó a Jack, sin embargo no podía evitar sentirse mal por haber tomado a Jane robándole su pureza, la necesitaba demasiado y eso le daba miedo. Desde que Jane estaba en su corazón no hacía más que locuras. Reticente, la separó de su cuerpo porque debían volver al baile antes de que los echaran en falta.
—¿No podemos quedarnos un poquito más? —
preguntó melosa.
—Tu hermana te estará buscando.
—Me gustaría quedarme aquí contigo para siempre.
—Sabes que no puede ser. —Ya se había levantado y empezó a vestirse aún contemplando a la joven.
—Podríamos fugarnos.
—Mi amor, ves demasiadas películas.
—Te amo.
—Y yo a ti. Pero tenemos que pensar con la cabeza y no con el corazón.
—¿Por qué es tan complicado?
—Tienes que aprender que en la vida nada es fácil.
Cuanto antes lo entiendas menos sufrirás.
—A tu lado nunca sufriré. —Su inocencia le enterneció.
Sin contestar la ayudó a levantarse y a ponerse el vestido olvidado.