Poesías
Rabietas imperiales
El Hombre pálido entre los prados florecidos
marcha con negro atuendo y su puro en la boca: recuerda el Hombre pálido las Tullerías en flor —y su muerta mirada cobra un fulgor extraño.
Borracho está, después de veinte años de orgía. Se dijo: «soplaré sobre las libertades,
muy delicadamente, como sobre una vela».
¡Vuelve la libertad! ¡Y es él el derrengado!
Está preso — ¿Qué nombre entre sus mudos labios palpita? ¿Qué recuerdo implacable le roe?
Con su muerta mirada, no lo sabrá jamás.
Tal vez piensa en aquel compadre de los lentes [18]… Y mira cómo asciende del cigarro encendido
como en Saint-Cloud, de noche, una voluta azul.
A… Ella.