Poesías

Arthur Rimbaud · Capítulo 37 de 95

Páginas del PDF

Poesías

Los aduaneros

Los de «¡me cago en Dios!», como los de «¡mecachis!» sorches y marineros, despojos del Imperio, jubilados, nada tienen que hacer frente a los Nuevos Guardias, talando a golpe de hacha un azul de frontera.

Fumando, faca en mano, hoscos, nada dormidos, cuando babea la sombra por los bosques, se largan, atraillando a sus dogos, listos para el ataque,

a celebrar, nocturnos, sus fiestas espantosas.

Marcan con nuevas leyes a nocturnas faunesas,

Atrapando a la vez a Faustos y Fra Diávolos [21]: «¡de eso nada, carcundas, id soltando los bultos!».

Si su serenidad se aproxima a los jóvenes,

se conforma el Agente con cebos controlados.

¡Ay de los Delincuentes que su mano rozó!