Poesías
Los aduaneros
Los de «¡me cago en Dios!», como los de «¡mecachis!» sorches y marineros, despojos del Imperio, jubilados, nada tienen que hacer frente a los Nuevos Guardias, talando a golpe de hacha un azul de frontera.
Fumando, faca en mano, hoscos, nada dormidos, cuando babea la sombra por los bosques, se largan, atraillando a sus dogos, listos para el ataque,
a celebrar, nocturnos, sus fiestas espantosas.
Marcan con nuevas leyes a nocturnas faunesas,
Atrapando a la vez a Faustos y Fra Diávolos [21]: «¡de eso nada, carcundas, id soltando los bultos!».
Si su serenidad se aproxima a los jóvenes,
se conforma el Agente con cebos controlados.
¡Ay de los Delincuentes que su mano rozó!