Poesías

Arthur Rimbaud · Capítulo 6 de 95

Páginas del PDF

Poesías

Sol y carne

 

I

El sol, ese reducto de vida y de ternura,

vierte su amor ardiente sobre la tierra en éxtasis, y cuando nos tumbamos en el valle, notamos

que la tierra es doncella y rebosa de sangre;

que su inmenso regazo, alzado por un alma

es de amor como Dios y de carne, cual hembra, y que entraña, preñado de rayos y de savia,

el pulular inmenso de todos los embriones.

Todo crece y asciende.

¡Oh Venus, oh mi diosa!

Yo tengo la nostalgia de la antigua niñez,

de sátiros lascivos y de salvajes faunos.

Dioses que, por amor, mordían los ramajes,

besando a la dorada Ninfa de los nenúfares.

Añoro aquellos tiempos en que la savia cósmica, las linfas de los ríos, el jugo de los árboles,

en las venas de Pan componían un mundo

palpitante, debajo de la hendida pezuña,

y, acercando muy suave la siringa, sus labios

modulaban el himno del amor bajo el cielo.

Cuando, de pie en el llano, oía en torno suyo

la respuesta a su grito que da Naturaleza.

Cuando el árbol callado, que acuna el son del ave y la tierra que arrulla al hombre y al océano

y todas las criaturas, en Dios, querían, querían…

Añoro aquellos días de Cibeles, la grande,

que, enormemente bella, se decía que cruzaba

en su carro de bronce las ciudades espléndidas. Vertía su doble seno en las inmensidades,

el puro deslizarse de la vida infinita, y el Hombre se cogía de su pecho bendito

como un niño muy chico jugando en su regazo. —Y el Hombre, por ser fuerte, era casto y afable.

¡Oh miseria! Ahora dice: «yo conozco las cosas», y va, ciegos los ojos y sordos los oídos.

¡No hay dioses, ya no hay dioses, el Hombre es Rey y Dios! Sin embargo, el Amor es la única fe.

Gran madre de los hombres y los dioses, ¡Cibeles!

Si no hubiera olvidado a la Astarté [1] inmortal que antaño, al emerger de la gran claridad

de la mar, flor de carne que la ola perfuma,

mostró su ombligo rosa, donde nevó la espuma e hizo cantar, Señora de ojos negros triunfales, al ruiseñor del bosque y al amor en los pechos.