Poesías
Capítulo III
Blanco Cazador descalzo
a través del pasto pánida.
¿No podrías, no debieras
saber algo de botánica?
Temo que confundirías
grillos rojos con cantáridas,
Azul Rhin y Oro de Ríos
y Floridas con Noruegas.
Pero el arte de hoy, querido,
—es cierto — ya no permite
al sorprendente Eucalipto
contorsiones del hexámetro.
Igual que si las Caobas
en la Guayana sirviesen
sólo a cascadas de titíes
con delirios de liana.
En fin, una flor, Romero,
O un lis ya esté vivo o muerto
¿vale una caca de albatros,
las lágrimas de una vela?
¡He dicho cuanto quería!
pero tú, tendido en una
casa de bambú, postigos
echados, tapices persas,
harías floridas chapuzas
dignas de Oises [41] extraños.
Son, Poeta, esas razones
tan risibles como altivas.