Poesías

Arthur Rimbaud · Capítulo 54 de 95

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Poesías

Capítulo IV

Di no las pampas en flor

negras de atroces rebeliones

sino el tabaco y algodón

de sus exóticas cosechas.

Frente que Febo curtió, di

cuántos dólares se embolsa

Pedro Velázquez, en La Habana,

y olvida la mar de Sorrento

donde miles de cisnes nadan;

que tus estrofas sean reclamo

en las talas de los manglares

que hurgan hidras y machetes.

Sume en bosques de sangre tu verso

y ofrece después a los Hombres

nuevos temas de azúcar blanco

con resinas y expectorantes.

Dinos si esos rubios destellos

en Picos nevados del trópico

son desove de los insectos,

o son musgos microscópicos.

Queremos que halles, Cazador,

ciertas perfumadas granzas

que Natura, en pantalones,

para nuestras Armas, forme.

Busca en el fin del Bosque en sueños

flores con boca de dragón

que chorrean pomada de oro

sobre el pelaje de los Búfalos.

Sobre los prados donde tiembla

la plata de las pubescencias

busca copas con Huevos ígneos

que cuecen entre mil aromas.

Busca cardos algodonosos

en que asnos con ojos de brasa

trabajan hilando los nudos,

descubre flores que sillas sean.

Busca en el centro de las vetas

esas flores que son de piedra,

que junto a sus duros ovarios

tienen amígdalas de gemas.

Sírvenos, tú que puedes, Bufón,

en soberbias fuentes de plata

guisos de almibarados lises

que muerden cucharas de alpaca.