Redhouse

Lury Margud · Capítulo 9 de 16

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Redhouse

Capitulo 8

Londres, Abril de 1805

EN una casa abandonada de las afueras de Londres se encontraban reunidas las mismas personas que en el baile de mascaras de las cortesanas.

Celina y Charles eran los únicos que tenían el rostro al descubierto, como en aquella ocasión el resto de los asistentes llevaban mascaras.

El mes que viene se prepara una ofensiva importante.— dijo el hombre regordete cuyo alias era Prometeo. Para ese entonces tenemos que tener el código. Necesitaremos también el número total de buques de guerra y sus posiciones.

Me temo que no hemos avanzado mucho con el código.— dijo el gigante, que seguía vistiendo de negro, y como la vez anterior se cubría con una máscara de porcelana completa.— Y en este momento el codificador no está en condiciones de trabajar en una temporada, así que habrá que intentar conseguirlo de otra manera.

¿De qué manera?— preguntó Prometeo.. Robando los libros de claves.

Antes de perder el segundo meñique de sus pies, y el conocimiento, conseguimos que nos diera el nombre de dos personas que tienen un libro de claves.

¿Quiénes son esas personas?— preguntó Celina nerviosa por los largos silencios del hombre de negro.. El conde de Ocam y Lord Sterling.

—¿El marido de tu nueva querida?— le preguntó el militar a Charles.

No dudo que el lord del almirantazgo tenga el código, pero conozco a Ocam. El no estaría metido en algo así.— aseguró Charles. Notó la desconfianza en la mirada de los demás, incluso Celina parecía sorprendida

de que el indolente y aburrido Lord Charles Horton se hubiera tomado la molestia de defender al hombre al que estaba haciendo un cornudo de manera pública.

Es mi opinión.— dijo recuperando su gesto hastiado.— Si es que cuenta para algo. . Limítate a follar.— dijo el militar.— Deja que nosotros nos ocupemos de pensar. Si el insulto afectó a Charles, no lo pareció en absoluto.

Al menos sirve para algo. ¿De qué has servido tú?— le defendió Celina encarándose con el militar.. Estoy proporcionando información útil. No solo os advertí de las maniobras inglesas para coaccionar a España y que esta le declare la guerra a Francia, sino también de las conversaciones entre Inglaterra y Rusia. Pronto habrá una alianza por ese lado. ¿Qué hace Francia con esa información?, no lo sé, pero podría hacer mucho. Tanto en Rusia como en España hay un gran número de librepensadores que ven en las ideas de Napoleón una sociedad diferente. Una sociedad donde los hombres puedan llegar a lo más alto, sin importar su origen ni condición.

Parecía tan convencido de lo que decía, que se hizo el silencio a su alrededor, fue Prometeo quien lo rompió.

Excelente.— dijo.— Sin embargo ninguno de nosotros está en condiciones de decirle a Napoleón como debe manejar la información que le entregamos. Nosotros somos peones en su tablero, y debemos cumplir órdenes, no interpretarlas. Debemos conseguir lo que nos piden. Ahora lo que tenemos que pensar es como conseguirlo.

El gigante de negro se levantó, y se dirigió a la puerta, pero antes se volvió, todos pudieron sentir su mirada a pesar de que esta estaba oculta tras la máscara. . Yo debo encontrar a Redhouse. Ustedes consigan el libro de claves. Si dentro de dos semanas no han logrado nada, habrá que disolver el grupo. Todos entendieron lo que significaba aquello. Sólo había una forma de desmantelar el grupo, con la muerte de sus miembros. La amenaza sobrevoló sobre ellos durante bastante tiempo después de que el gigante se marchara.

Yo me ocuparé de Ocam.— dijo Charles.— Si tiene el libro, lo conseguiré. Nadie dijo nada, así que se marchó después de besar a Celina en los labios. Prometeo se encaminó a la puerta, pero no se marcho, se limito a mirar fuera, cuando comprobó que no había rastro de los dos

hombres se quitó la máscara, lo mismo hicieron el militar y el hombre que tanto en una como en otra reunión había permanecido en silencio.

Maldito Blanche.— dijo Prometeo.— Es capaz de asesinar a su madre para conseguir el favor de Napoleón.. ¿Conoce el hombre de Blanche, nuestras identidades?— preguntó el caballero que había permanecido en silencio hasta ese momento. Su aspecto y su forma de expresarse indicaban claramente que pertenecía a la aristocracia inglesa.

Me temo que no soy tan valiente para mantener en secreto sus identidades en el caso de que decida torturarme.

—Lo imaginaba.— contestó lacónico. La noticia de la muerte del agregado de la embajada francesa y de la célebre cortesana Madame Celina, apareció dos días después. Los cuerpos habían sido encontrados en la cama de esta última y todo indicaba que se trataba de un crimen pasional. El mismo periódico sensacionalista daba a entender que se sospechaba del amante de la cortesana como el autor del doble crimen.

Lord Charles Horton, se enteró de las noticias mientras esperaba en Tatterhall al conde de Ocam. Comprendió entonces las miradas de desprecio que había estado recibiendo durante su paseo por el parque.

Hace dos días me visitó tu padre.

—Lo imaginaba.

—No puedo acogerte en mi casa.

—Lo entiendo.

Durante aquella conversación Charles no se mostró como el caballero indolente y aburrido que todos conocían.. ¿Qué piensas hacer?

—Me esconderé por un tiempo. Quizás me embarque hacia América.

—Alguien debería saber lo que estás haciendo.

—Sabía en lo que me estaba metiendo. No te preocupes por mí.

—Cuídate muchacho.

—Lo haré.

Ambos hombres se despidieron a la salida del famoso establecimiento, mientras Charles se encaminaba hacia las sombras y la pestilencia del Londres más sórdido, el conde de Ocam se encaminó a la casa de su amigo.

El marqués de Surrey.

A pesar de los últimos escándalos que habían llevado al destierro familiar de Charles, le recibieron como un miembro más de la familia. Le llevaron al salón, donde tomo el oporto que le sirvieron mientras conversaba con las cuatro hijas del marqués, de nada en particular.

Cuando las conversaciones de las mujeres se centraron en la moda y los complementos, el marqués de Surrey se llevo a su amigo al estudio. Le ofreció una bebida más fuerte y ambos se sentaron en dos butacones, relajados y con las piernas cruzadas sobre los tobillos. Permanecieron unos minutos en silencio, disfrutando de la compañía.

Ocam lamentaba tener que renunciar a todo aquello, a su amistad de tantos años que le había llevado a ser parte de esa familia, pero ni siquiera la sensación de pérdida consiguió desviarlo de su propósito.

Ha llegado el momento de que sepas quien soy.— dijo Ocam, parecía buscar las palabras adecuadas.

—Lo de Charles es definitivo.— Atajó el marqués.— Por supuesto no creo ni por un momento que la cortesana fuera tu esposa, sobre todo estando tú allí. Pero…, Pues era Elizabeth. Créelo.. Por Dios, Ocam.—

exclamó horrorizado.— Puedo entender al cabeza de chorlito de mi hijo, incluso puedo entender a “esa mujer”, pero, ¿cómo demonios pudiste permitirlo?

Por ti, por supuesto.

—¿Por mí?

El marqués se incorporó en su butaca, y miró a su amigo tratando de adivinar si estaba bromeando por su expresión.

—Me gustaría que me dieses tu palabra de que vas a escucharme hasta el final. Por mucho que te incomode lo que tenga que decir.

Sinceramente Ocam. No te reconozco.

—Nunca llegaste a conocerme, a eso he venido.

¿Crees que necesitaré la botella de brandy?— era una broma que pretendía poner entre ellos la comodidad que se había pulverizado.

—Trae dos, y cierra la puerta. Nadie debe molestarnos hasta que termine. Por la expresión de su amigo, comprendió que se trataba de algo terriblemente serio, tomo dos botellas de brandy, le entrego una a Ocam y apoyo la otra en su regazo. . Estoy listo para tus últimas confesiones.

—Como siempre has estado muy acertado. Pero empezaré por el principio. ¿Te acuerdas cuando nos conocimos?. Por Dios bendito.— gruñó el marqués respirando con alivio.— Me habías asustado, pensé que ibas a contarme algo terrible, y sólo quieres hacer un ejercicio de añoranza.

Vengo a hablarte de Charles, pero para poder hacerlo, tengo que contarte como empezó todo.

El marqués dejó la botella en el suelo junto al butacón después de llenarse la copa, y se dejó caer contra el respaldo.

—Me enamore de ti la primera vez que te vi en Eton. El marqués volteo la cara hacia su amigo, quien miraba en el brandy como si se tratara de una de esas adivinas que veían el futuro en una de aquellas bolas de cristal. No fue capaz de articular una sola palabra, hubiera bromeado, pero sabía que Ocam estaba hablando en serio.

El marqués de Surrey había bebido media botella de Brandy mientras el conde de Ocam le confesaba como fue su infancia y su adolescencia amando a su mejor amigo, permaneció en silencio, sin saber que decir, mientras reflexionaba sobre si le importaba o no ser el objeto de tanta devoción.

Carrick se dio cuenta de todo.— seguía diciéndole.— Supongo que por eso me ofreció trabajar para él, supongo que pensaría que yo guardaría cualquier secreto de estado aunque sólo fuera para que no salieran a la luz mis “tendencias”, pero no pienses que me obligo, sólo que era una garantía para él. Así es como empecé a trabajar para el gobierno a las órdenes de tu cuñado.

El marqués volvió a llenar su copa, pero apenas la probo, no deseaba terminar borracho sin llegar a conocer el final de aquella historia, que se estaba poniendo interesante por momentos.

El conde de Carrick, un hombre de los pies a la cabeza, como su hijo, como tus hijos, al menos Peter y Charles.— el marqués se removió inquieto, pero no dijo nada para que su amigo siguiera hablando.— Cuando Edmund se enamoró de Elizabeth fue tu hermana, Eleanor quien vino a verme. Ella como mujer vio la verdadera naturaleza de mi esposa. ¿Sabes que cuando me casé con ella estaba embarazada?

Después de lo que me has contado, ni siquiera imagino como llegaste a casarte con ella.. Ahora llegamos a eso. Tu hermana vino a verme temiendo

que Edmund acabara casado con ella, a pesar de la oposición de sus padres.

Eleanor vino a verme desesperada, así que me pidió, me rogó, que la cortejara. Por supuesto, mi idea del cortejo era pagar a sus padres por ella.

Estos estuvieron demasiado encantados con la idea, y a Elizabeth no parecía molestarle, lo que me sorprendió bastante, pues por lo que me contó tu hermana, pensaba que Elizabeth y Edmund estaban enamorados.

¿El hijo era de Edmund?. Es lo más probable. Aunque no me enteré de su estado hasta que no la trajeron a casa, casi desangrándose por haber intentado que una mujer le quitara el niño. Supongo que cuando comprendió que no conseguiría acostarse conmigo a pesar de sus intentos, no tuvo más opción que deshacerse del niño.

Si Eleanor lo hubiera sabido, hubiera obligado a Edmund y a su padre, a consentir ese matrimonio.. Tampoco sé eso, pues Eleanor murió un mes después de mi boda. Por eso me llevé a Elizabeth a Escocia, para que Edmund pudiera tapar un dolor con otro. La muerte de su madre con la de su corazón. Pero me estoy desviando de lo que quería contarte.

Llevas desviándote desde que has empezado, así que no te pongas ahora con prisas, y complace mi curiosidad. ¿Cómo consentiste después la relación entre Edmund y tu esposa, cuando te casaste con ella para impedirla?

Tardé bastante en enterarme.— se rio de una broma privada.— es cierto eso de que el marido es el último que se entera. Ella lo confesó cuando volvió a quedarse embarazada, y abortó de nuevo. Durante estos años se ha quitado cuatro que yo sepa, imagino que es más cuidadosa o simplemente no puede concebir después de tanto aborto.

Continúa.. Edmund empezó a trabajar con su padre después de la muerte de Eleanor, y este metió a tu hijo Peter en el asunto. Ellos eran muy buenos amigos, además de primos. Por eso, el conde le regaló a tu hijo su comisión de oficial, y desde entonces todos hemos estado trabajando en interés de la corona.

No puedo imaginar haciendo qué, y menos que a nadie, me puedo imaginar a Charles teniendo algo que ver en este asunto.. Es fácil para mí llevarme a embajadores o secretarios de embajadas extranjeras a cazar, todo el mundo sabe que soy un apasionado de ese deporte. Peter por su

parte es uno de los mejores hombres del almirantazgo en el extranjero, y no me sorprendería si consiguiera un titulo propio cuando acabe la guerra.

El conde de Ocam se incorporó en el asiento y miró a su amigo a los ojos, fuese lo que fuese lo que esperaba encontrar, sintió un gran alivio al reconocer la misma mirada franca y amistosa de todos aquellos años, teñida con el velo de la curiosidad. El marqués se incorporó también, presintiendo que lo que diría a continuación era el verdadero motivo de su visita, y comprendiendo que quizás al contar la verdadera naturaleza de sus sentimientos, cualquier cosa que le dijera de Charles, le parecería bien.

Madame Celina eligió a Charles para usarlo fuera y dentro de la cama.

Cuando digo fuera, me estoy refiriendo a utilizarlo para sus intereses, ella es una espía francesa, nos enteramos de eso gracias a Charles.

El marqués chasqueó la lengua manifestando de esta forma su desagrado e incorporándose rígidamente en el butacón. De repente le pareció que Ocam le estaba tomando el pelo.

Charles no sabía qué estaba haciendo en realidad, y tampoco le importaba demasiado, solía viajar a Francia para entregar dinero a la familia de Celina, eso es lo que él creía, coincidió con Peter en Calais, una de esas veces. Fue en busca de su hermano al enterarse que estaba en la zona. En aquel entonces Charles era bastante despreocupado y después de correrse una juerga, le contó a Peter lo que hacía en Francia. Peter descubrió que en el sobre que contenía el dinero que Charles tenía que entregar había información delicada.

El marqués cerró los ojos y se dejó caer sobre el respaldo.

—No sabía lo que estaba haciendo.

Un murmullo de desaprobación salió de la boca del marqués mientras se incorporó para beber de su copa. Se recostó de nuevo contra el respaldo y con una mano le pidió que dijera lo que tenía que decir.

Peter sospechó inmediatamente de la amante de su hermano, y entre bromas consiguió que Charles le mostrara el mensaje. Según Peter me contó después, nunca antes había visto a su hermano llorar tanto, ni estar tan humillado ni arrepentido. Peter no se atrevió a confiar en ninguno de nosotros, pero si confió en Charles, quien empezó a trabajar para él desde ese momento. Hasta el año pasado ni siquiera yo lo sabía. Fue Peter quien

me envió un mensaje para hablarme de la intervención de su hermano.

¿Recuerdas cuando volvió a casa a recuperarse de una herida de bala?

Como para olvidarlo. Maldije hasta el agotamiento, y aun así no conseguí que dejara el ejercito, es desde entonces que tanto mi padre como yo, dejamos de frecuentar a Carrick, le echamos la culpa, y desde luego que la tiene al poner a dos de mis hijos en peligro.— estaba enfureciéndose por momentos, y la ira y el alcohol estaban consiguiendo pintar su cara de rojo.

Fue entonces cuando Peter pensó que si algo le pasaba, alguien tendría que saber lo que Charles estaba haciendo para que se valorara su servicio a la corona. Hizo un testamento que envió a su primo. Así que deduzco que Edmund también sabe de la implicación de Charles en el asunto.

Una implicación gloriosa, ya que lo tuvo que pasar desde el otro bando.

. Charles ni siquiera sabía que estaba en el otro bando. No seas injusto, Surrey.

Ambos se envararon durante un segundo ante el apelativo amistoso, pero el marqués se encogió de hombros, y con un gesto de la mano le indicó que continuara, no parecía estar convencido de la heroicidad de Charles.

Todos estamos trabajando para acabar con la red de espías que trabajan en Londres, pero ahora todo ha cambiado. Charles corre peligro. La muerte de la cortesana y el agregado francés es una mera puesta en escena, y lo han hecho de tal modo para que parezca que tu hijo es el culpable del crimen. Lo quieren muerto.

Mandaré a buscar a Charles inmediatamente.— dijo el marqués levantándose, pero la mano del conde le agarro la mano y tiro de él hasta que volvió a estar sentado. Enseguida que consiguió su propósito retiro la mano como si quemara.

No puedes intervenir, si te cuento esto es para que si algo pasa, sepas quien es realmente tu hijo. O si algo me pasa a mí. Te he nombrado albacea de mi testamento y quiero que me prometas que usaras de toda tu influencia para conseguir que se respeten mi última voluntad.

Maldita sea, ¿quieres que me quede sin hacer nada después de todo lo que me has contado? Tiene que haber una forma en que pueda ayudar.

—No hay nada que puedas hacer. Durante un par de minutos ambos hombres apuraron dos copas a rebosar de brandy, y después continuaron

bebiendo hasta que la embriaguez empezó a dejarlos medio dormidos.

Eres un auténtico hijo de puta.— dijo el marqués, tenía lágrimas en los ojos aunque trataba de impedir que corrieran por sus mejillas limpiándose con la manga de la chaqueta.

Lo siento.— fue lo único que pudo decir Ocam, y se levantó algo tambaleante, antes de que llegara a la puerta, el marqués le llamó, al girarse para encararlo recibió un abrazo de oso. Después se separó.

Puede que nunca comprenda esa clase de amor que sientes por mí, pero comprendo el amor que ciento por ti, eres mi mejor amigo, y te estaré eternamente agradecido por lo que has hecho por mi familia, y por devolverme un hijo que creía perdido. Gracias.

Cuando el marqués volvió a abrazarle, ambos dejaron que las lágrimas corrieran por sus mejillas. Lágrimas de borrachos emocionados. Lágrimas de amistad. Cuando el conde se marchó, el marqués sintió la necesidad de reivindicar a sus hijos, pero era un hombre sensato y no podía ir de fiesta en fiesta diciendo lo orgulloso que estaba de sus hijos menores, así que visitaría a su cuñado a la mañana siguiente, le demostraría su gratitud rompiéndole la cara al conde de Carrick. Le sobraban motivos para hacerlo, pensó mientras terminaba de apurar la copa de brandy.

El conde de Carrick se había marchado a Corthouse, fue lo único que consiguió sacar al mayordomo, reacio incluso a proporcionarle dicha información.

Apenas regreso a su mansión ordenó que le prepararan equipaje para un par de días, y con su ayuda de cámara se dirigió a Oxford dos horas después.

Durante el trayecto no podía evitar pensar en su cuñado y en la forma en que había puesto a su hijo en peligro, recordó la vez que Peter regreso herido de la península y como su padre y él trataron de convencerlo para que vendiera su puesto en el ejército.

Ciertamente estaba orgulloso, y curiosamente, era Charles del que se sentía en aquel momento más satisfecho, durante aquellos años siempre había tenido la sensación de haberle descuidado a favor del heredero, y sentía como un pecado propio, la culpa de la vida que llevaba Charles con aquella cortesana. Su amigo le había reivindicado haciéndolo honorable a sus ojos y a su corazón. No es que su corazón no sintiera orgullo por Peter,

pero su segundo hijo se había ganado su amor y su admiración desde su nacimiento, y en aquel momento se regodeaba por Charles.

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