Shjol
Capítulo 18
E l sargento Harris repasó de nuevo el perfil psicológico del asesino. Debía empezar por el comienzo, por su infancia.
El expediente del FBI informaba que nuestro hombre podría presentar el conjunto McDonald o Triada homicida durante edades muy tempranas, que podría indicar rasgos psicopáticos y/o antisociales. Consistía en presentar una triada caracterizada por:
Enuresis: consiste en la micción involuntaria más allá de la edad en que los niños superan este comportamiento. Podría estar relacionada con alteraciones de la personalidad a causa de factores principalmente familiares y emocionales
Maltrato animal (relacionado con el zoosadismo): distinguiendo que, aunque muchos niños pueden ser crueles con los animales, como cortarles las patas a las arañas, los futuros asesinos en serie con frecuencia matan animales más grandes, como perros y gatos, para su propio deleite y no solo por impresionar a sus amigos. Está demostrado que un niño que crece rodeado de agresión contra cualquier ser vivo tiene más probabilidad de violar, abusar o matar a humanos cuando sea adulto.
Piromanía: comenzar incendios invariablemente solo por la emoción de destruir cosas.
Estos tres rasgos indican que el niño podría ser propenso a cometer conductas delictivas, en especial el homicidio en un futuro, de ahí el nombre de triada homicida.
Por ello, mayormente buscaban a un asesino con rasgos de psicopatía infantil, un niño agresivo, impulsivo, con escasos remordimientos e incapaz de socializar. Con toda esta información, decidí que no perdía nada y acudí al único colegio del pueblo, como no el Tin Town School, para hablar con la directora Tracy.
Era un pueblecito pequeño y la Sra. Tracy estaba bastante orgullosa de recordar a cada alumno que había pasado por su escuela en los treinta años que llevaba dirigiendo su amada institución.
—Buenos días, directora Tracy. Aún permanece abierta la investigación por la muerte y desaparición de Laura Clark. No quiero dejar ni un cabo suelto. Me gustaría saber cómo era la vida de Laura en el colegio, sus relaciones, todo lo que usted recuerde de ella. Necesito conocer a la víctima para encontrar quién pudo hacer esto y si la conocía con anterioridad.
—Buenos días, sargento Harris. Lo ayudaré en todo lo que sea posible. Verá, Laura siempre fue una chica muy inteligente, espabilada, la líder del grupo. Destacaba. No pasaba desapercibida, no. Recuerdo que, sobre los seis años, sus padres le contaron que era adoptada. Laura lo asimiló bastante bien, por lo menos en un inicio. No dejaba que ningún niño pudiera reírse o meterse con ella por este motivo, tenía mucho carácter. Pero, ya sabe, los niños son muy crueles a veces. No tienen filtro, lo sueltan todo como les viene a la cabeza. Siempre fue una niña muy madura para su edad. En los primeros años de su adolescencia, se aprovechaba un poco de la situación chantajeando emocionalmente a sus padres. Ellos se sentían un poco culpables al respecto y la consentían en demasía, pero, bueno, no se merecían todo lo que les ha pasado.
—¿Recuerda si había tenido problemas con algún alumno o que algún chico estuviera demasiado involucrado afectivamente con ella? Me refiero a que si dejó huella en alguien lo suficientemente profunda para que este fuese capaz de obsesionarse con ella lo bastante para retener su cuerpo dos años una vez muerto. Ya sé que es horrible pensar en ello, y más pensando que ha estado al lado de estos niños veinte años.
—No sé. No me quiero ni imaginar que algunos de mis niños fuesen capaces de una monstruosidad semejante.
—Reformularé la pregunta: estamos buscando a un individuo con un factor antisocial muy marcado. Podría ser que, de pequeño, antes de los 10 años de edad, incurriese en algún tipo de conducta sádica, como maltrato animal. También es posible que presentara enuresis o le gustase jugar con el fuego. En general, podría presentar una falta de control de sus impulsos, falta de empatía, que no supiese manejar su ira. ¿Recuerda que hubiese algún niño que mostrara este tipo de comportamiento?
—Ahora que lo menciona. Había un niño que mostraba este tipo de problemas. Provenía de un hogar desestructurado y llamé reiteradamente a su familia para hablar con ellos sobre el comportamiento de su hijo. No acudieron a ninguna de las tutorías que les ofrecía. Creo que se trataba de un caso claro de falta de cuidados o malos tratos, pero no lo pude probar. Se metía constantemente en peleas, ya que pensaba que todo el mundo lo criticaba. Tenía baja autoestima y sentimientos de inferioridad. Recuerdo que un día en una exposición de un trabajo se hizo pipí encima. Algunos de sus compañeros se rieron de él y saltó sobre ellos. Le partió el labio a uno de los niños. Sus padres vinieron a hablar conmigo, querían que lo expulsara del colegio, pero me dio pena el chaval. Me prometió que no volvería a hacerlo. Vi que estaba aterrado por la reacción de su familia.
Sobre los doce años, dejó de venir a la escuela de la noche a la mañana. Llamé a los servicios sociales y me dijeron que la familia se había mudado de municipio, así que no pude hacer nada más por él.
—¿Tiene alguna foto en su ficha de alumnos? ¿Se acuerda de su nombre?
—Pues claro, sargento Harris, ¿por quién me toma? Tengo a todos los alumnos archivados tanto en papel como en mi cabeza. Se llamaba Jim. Jim. Mmm… ¡Diantres, me ha pillado, sargento, ahora no recuerdo su apellido! Los años me pasan factura. Buscaré ahora mismo su ficha, ¡más vale un buen papel que una mala memoria!