Sin amor (Realismo)
Altos estándares
—Así que tienes unos gustos muy exigentes —dijo Rooney a mi lado, la mañana siguiente, mientras me tomaba una rosquilla en la cama y ella se desmaquillaba delante de su espejo.
Habríamos tenido que hablar de ello la noche pasada, pero me quedé dormida en medio de la lectura de una de mis historietas alternativas, solo para despertarme unas horas más tarde y descubrir que Rooney había regresado y estaba profundamente dormida, aún con el maquillaje puesto y las botas tiradas en medio de la alfombra color agua.
—Eso es… bastante exacto —confirmé. Tenía unos estándares muy altos. No estaba segura de cuáles eran exactamente, pero sin duda eran altos.
—No te preocupes —dijo, aparentemente sin inmutarse—. Tenemos un montón de posibilidades más para que encuentres a alguien. No será tan difícil.
—¿No lo será?
—No. —Su boca se abrió mientras se aplicaba el rímel—. Hay un montón de gente buscando con quien ligar esta semana. Hay cientos de oportunidades para que conozcas gente. No nos costará demasiado encontrar a alguien que te guste.
—Está bien.
—Ya lo verás.
—Está bien.
—¿Cuál es tu tipo? —me preguntó Rooney a la hora de la comida.
La comida en nuestro colegio era como la de cualquier instituto: un bufet de cafetería y mesas redondas con bancos, solo que diez veces peor debido a la presión añadida de tener que socializar con un puñado de personas a las que no conocía demasiado bien. Por más irritante que me pareciera descubrir la facilidad de Rooney para abrirse paso en la universidad, en situaciones así, me sentía encantada de contar con ella.
Por suerte, sin embargo, esta era la primera comida a la que Rooney y yo asistíamos en la que ella no hubiera encontrado a alguien que conociera, así que pudimos sentarnos las dos solas.
—¿Mi tipo? —pregunté, mientras mi mente inmediatamente repasaba los tipos de Pokémon y luego se preguntaba si no sería algún tipo de pregunta culinaria y bajaba la vista a mi pasta.
—Tu tipo de tío —aclaró Rooney con la boca llena.
—Ah. —Me encogí de hombros mientras pinchaba un trozo de pasta con el tenedor—. La verdad es que no lo sé.
—Vamos. Debes de tener alguna idea. Como, por ejemplo, qué tipo de hombres crees que te gustan.
«Ninguno», es lo que probablemente debería haber dicho. «Nunca me había gustado nadie».
—Ningún tipo en particular —contesté al final.
—¿Altos? ¿Empollones? ¿Deportistas? ¿Tatuados? ¿De pelo largo?
¿Chicos que parecen piratas?
—No lo sé.
—Mmm. —Rooney masticó lentamente mientras me miraba—.
¿Chicas?
—¿Cómo?
—¿Prefieres a las chicas?
—Mmm. —Parpadeé—. Bueno… Creo que no. La verdad es que no.
—Mmm.
—¿Qué?
—Es interesante.
—¿El qué?
Rooney tragó y sonrió.
—Tú, supongo.
Estaba casi un ochenta por ciento segura de que estaba empleando la palabra «interesante» como sinónimo de «raro», pero, en fin.
—Se me ha ocurrido una idea —me dijo en un tono muy sincero esa noche.
La habría tomado en serio de no haber estado vestida como un sexi huevo frito para asistir a la fiesta de disfraces del colegio St. John’s. Su atuendo se componía de una especie de cuerpo con forma de huevo frito, con unas medias por encima de la rodilla y unos altísimos tacones. De hecho, me tenía bastante impresionada. Aquello era una forma increíble de decir:
«Quiero tener buen aspecto, pero, a la vez, hacerte saber que tengo sentido del humor».
Yo no pensaba asistir a la fiesta de disfraces. Le había dicho a Rooney que necesitaba tener una noche para mí sola, para poder ver la película de Una cuestión de tiempo inmediatamente seguida por la de La La Land y, para mi sorpresa, me dijo que le parecía estupendo.
—¿Una idea? —dije desde mi cama—. ¿Sobre…?
Rooney se acercó y se dejó caer a mi lado. Me deslicé ligeramente para que la prenda en forma de huevo frito no se aplastara, literalmente, contra mi torso.
—Sobre tu problema de vivir un romance.
—No me preocupa demasiado —repuse, lo que evidentemente era mentira. Estaba total y absolutamente obsesionada, pero, después de mi fiasco del día anterior, había decidido renunciar a la búsqueda antes que volver a pasar por ello de nuevo.
Rooney sostuvo en alto su móvil.
—¿Has probado alguna aplicación de citas?
Miré su teléfono. Nunca había conocido a nadie de nuestra edad que utilizara una aplicación de citas. Vacilé.
—¿Acaso la gente de nuestra edad usa las páginas de citas?
—Yo he estado usando Tinder desde que cumplí los dieciocho.
Al menos, sabía lo que era Tinder.
—No creo que Tinder sea para mí.
—¿Pero cómo lo sabes si no lo intentas?
—No creo que necesite probarlo todo para saber que no me gusta.
Rooney suspiró.
—Bueno, vale. Solo era una idea, pero Tinder es una muy buena forma de echar un vistazo a los chicos que están ahí fuera, como si los tuvieras en la vecindad. De hecho, no tienes por qué hablar con ellos, aunque te puede ayudar a hacerte una idea del tipo de chico que quieres.
Abrió Tinder en su teléfono y rápidamente me mostró una foto del primer chico que apareció.
—Kieran, 21, estudiante.
Miré a Kieran. Tenía aspecto de rata gigante. O algo así. Esa clase de aspecto que tienen algunas personas.
—No creo que esto sea lo mío —dije.
Rooney se levantó de la cama con un suspiro, y su disfraz de huevo a punto estuvo de volcar el vaso de agua de mi mesilla.
—Era solo una idea. Hazlo si te aburres esta noche. —Se acercó hasta su cama y cogió el bolso—. Arrastra la imagen a la izquierda si es que no, y a la derecha si es sí.
—No creo que…
—¡Es solo una idea! No tienes por qué aceptarlos, solo echar un vistazo por si descubres a alguien del que no te importaría saber más cosas.
Y luego desapareció por la puerta.
Llevaba media hora viendo Una cuestión de tiempo cuando cogí mi móvil y me descargué Tinder.
Definitivamente, no pensaba hablar con nadie. Solo sentía curiosidad.
Solo quería saber si alguna vez vería a algún chico y pensaría: «Sí, este es sexi».
Así que me creé un perfil en Tinder. Escogí cinco de mis mejores selfis de Instagram y pasé otra media hora intentando pensar qué podía escribir en la sección «Algo que te defina», antes de escribir «Experta en comedias románticas».
El primer chico que apareció era «Myles, 20, estudiante». Tenía pelo castaño y mirada lasciva. En una foto salía jugando al billar. Me dio malas
vibraciones y lo arrastré hacia la izquierda.
El segundo tipo era «Adrián, 19, estudiante». Su biografía decía que era un yonqui de la adrenalina y que estaba buscando «a la chica de sus sueños», lo que consiguió que lo arrastrara directamente a la izquierda.
Arrastré a la izquierda a cuatro chicos más y, entonces, advertí que ni siquiera los estaba mirando adecuadamente. Solo estaba leyendo las biografías y sacando conclusiones sobre cómo creía que podríamos llevarnos. Esa no era la cuestión. Se suponía que tenía que encontrar a alguien que me pareciera físicamente atractivo.
De modo que, después de aquello, intenté centrarme seriamente en su apariencia. Sus rostros, sus ojos, sus bocas, su pelo, su estilo. Esas eran las cosas que se supone que tenían que gustarme. ¿Qué me gustaba a mí? ¿Cuál era mi estándar? ¿Cuáles eran mis preferencias?
Después de diez minutos, me topé con un chico que parecía un modelo, así que no me sorprendí cuando al mirar en su información leí: «Jack, 18, modelo». Tenía una mandíbula afilada y un rostro simétrico. Su foto principal era claramente de algún anuncio que había hecho en una revista.
Traté de imaginarme saliendo con Jack, 18, modelo. Besándolo.
Teniendo sexo.
Pensando que, si tenía que hacerlo con alguien, basándome solamente en la apariencia, sin duda podría ser con Jack, 18, modelo, con su bonita chaqueta vaquera y sus hoyuelos.
Imagina besar esa cara.
Imagínalo acercándose a ti.
Imagina su piel cerca de ti.
Mi pulgar vaciló sobre la pantalla durante un momento. Traté de ignorar la sensación nauseabunda en mi estómago ante las imágenes que estaba conjurando en mi cabeza.
Y luego lo arrastré hacia la izquierda.
Georgia Warr
Hola, amiga huevo frito, tengo novedades
He arrastrado a la izquierda a todos ellos, ja, ja Rooney Bach
Ja, ja, ¿qué quieres decir con todos ellos?
Georgia Warr
Simplemente a todos los que he mirado
Rooney Bach
¿Y cuántos han sido?
Georgia Warr
No sé, ¿unos cuarenta?
Creo que Tinder no es para mí, ja, ja
Siento decepcionarte
Rooney Bach
No estoy decepcionada, ja, ja, solo pensaba que podía ayudar CUARENTA
¡Guau!
¡Vale!
Georgia Warr
¿ Son muchos descartes?
Rooney Bach
Desde luego, tienes unos estándares muy altos
Eso no significa necesariamente algo malo, pero al menos ya lo tenemos claro Georgia Warr
¿Y qué hago ahora?
Rooney Bach
Tal vez tengamos que volver al modo antiguo de conocer gente en la vida real Georgia Warr
Uf
Lo odio para mí
Eliminé Tinder de mi móvil y luego volví a poner la película Una cuestión de tiempo , preguntándome por qué imaginarme en ese tipo de situación romántica o sexual me hacía sentir como si quisiera vomitar o salir corriendo, mientras las películas románticas conseguían que mereciera la pena estar viva.
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