Sin amor (Realismo)

Alice Oseman · Capítulo 39 de 72

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Sin amor (Realismo)

Lavado de cerebro

Mi primer beso fue con Jason Farley-Shaw en noviembre de mi primer año de universidad, de pie delante del fregadero de la cocina, del pasillo de su colegio mayor.

Por más romántico que aquello pudiera parecer, nunca había pensado demasiado en cómo sería mi primer beso. Echando la vista atrás, ese probablemente debería haber sido un indicador de que en realidad yo no quería besar a nadie. Sin embargo, años de películas, música, televisión, de presión ambiental y mi propio deseo de vivir una gran historia de amor me habían lavado el cerebro hasta hacerme creer que ese momento sería algo increíble, si me atrevía a darle una oportunidad.

Pero no fue increíble.

De hecho, lo detesté. Creo que me habría sentido menos incómoda si alguien me hubiese desafiado a cantar en un transporte público.

Y no fue por culpa de Jason el que no fuera increíble. Yo no tenía otra experiencia con la que compararlo, obviamente, pero, desde un punto de vista objetivo, él era bueno besando. No lo hizo muy profundamente ni tampoco me presionó. No hubo ningún roce de dientes o, ¡Dios nos libre!, de lengua.

Sabía qué clase de sensaciones debía despertar un beso. Había leído cientos, posiblemente miles, de fan-fics sobre ese tema. Besar a alguien que te gustara supuestamente hacía que tu cabeza empezara a dar vueltas, que tu estómago se retorciera y tu corazón se acelerara, y tú, teóricamente, debías disfrutarlo.

Pero no sentí nada de eso. Solo un hondo y vacío pavor en la boca del estómago. Detesté lo cerca que estaba de mí. Detesté la forma en que sentí sus labios contra los míos. Detesté el hecho de que él quisiera hacerlo.

Solo duró unos pocos segundos.

Pero fueron unos segundos muy incómodos para mí.

Y por la mirada de su rostro, también para él.

—Parece como si te hubiera desagradado —me descubrí diciendo. No sabía qué otra cosa decir salvo la verdad.

—Lo mismo te digo —replicó Jason.

—Oh.

Apartó la vista con expresión dolorida. Abrió la boca, pero luego volvió a cerrarla.

—Bueno, creo que lo he fastidiado —dije.

Él negó inmediatamente con la cabeza.

—No, es culpa mía. Lo siento. Mierda. No era el momento adecuado.

Quise reírme. Deseé poder explicar hasta qué punto aquello era culpa mía.

Quizá debería intentarlo.

Pero Jason terminó adelantándose.

—No creo que yo te guste —observó.

Cuando me miró, era como si me estuviera suplicando, como si me rogara que le dijera lo contrario.

—Yo… No sabía bien lo que sentía —expliqué—. Pensé que si…, que si lo intentaba podría hacer que sucediera; solo quería comprobar si sería capaz de enamorarme, y tú eras la persona de la que creí que podría enamorarme si… si lo intentaba.

Cuando lo dije, comprendí con total claridad el peso de lo que había hecho.

—O sea que me… has utilizado como un experimento —dijo Jason, mirando hacia otro lado—. Sabiendo muy bien que tú sí me gustabas.

—No quería hacerte daño.

—Bien, pues lo has hecho —se rio—. ¿Cómo creías que podrías hacerlo sin herirme?

—Lo siento —fue todo lo que pude decir.

—Joder. —Entonces, soltó una espantosa y triste carcajada—. ¿Por qué me has hecho esto?

—No digas nada —pedí con voz ronca.

Jason cerró el grifo y estudió su mano, comparándola con la otra. Parecía varios tonos más roja de lo que debería.

—Creo que ya está bien.

—¿Estás seguro?

—Sí. Quizá vaya a buscar alguna venda para envolverla, solo para estar seguro.

—Oh, claro, sí, por supuesto. —Me quedé ahí un tanto incómoda—.

¿Quieres que te acompañe?

—No.

Joder. Aquello iba cada vez peor.

—De verdad que lo siento —dije, sin saber bien si me estaba disculpando por la quemadura o por el beso. Probablemente por ambas cosas.

Jason estaba sacudiendo la cabeza. Casi parecía haberse enfadado consigo mismo, pero nada de lo que había sucedido esa tarde había sido culpa suya.

—Yo… tengo que irme.

Se dirigió hacia la puerta.

—Jason —dije, pero no se detuvo.

—Voy a necesitar que me dejes tranquilo por un tiempo, ¿vale, Georgia?

Y entonces desapareció.

Jason no merecía nada de esto.

Jason era…

Jason sentía cosas muy reales por mí.

Merecía a alguien que fuera capaz de corresponderle.

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