Sin amor (Realismo)
Tercera parte
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—Georgia —dijo, o más bien chilló, una voz, cuando entré en el ensayo de la Sociedad Shakespeare unos días más tarde.
Era nuestro primer ensayo en una verdadera sala de ensayo. Estábamos en el interior de uno de los muchos vetustos y grandes edificios junto a la catedral de Durham que únicamente contenían aulas que estaban disponibles para alquilar como espacios de actividad de las sociedades.
Imaginé que este edificio era como la mayoría de los colegios privados, todo forrado con paneles de madera e innecesariamente grande.
El chillido en cuestión era uno que había llegado a conocer muy bien.
Rooney apareció ante la puerta de una clase vestida con un mono de trabajo color burdeos, que puesto en ella se veía increíblemente a la moda, pero que si yo lo hubiera llevado me habría hecho parecer la empleada de un lavado de coches.
Me cogió por ambos brazos y empezó a arrastrarme hasta la habitación.
El interior estaba prácticamente vacío, excepto por una mesa dispuesta al fondo, en la que estaban sentados Pip y Jason. Jason parecía estar ocupado con alguna lectura de su curso mientras que Pip alzó la vista y obsequió a Rooney con poco más que una mirada de desdén.
—Me estoy muriendo, Georgia —dijo Rooney—. Literalmente. Voy a explotar.
—Por favor, cálmate.
—No, no puedo. Esta mañana me he levantado a las seis para planear el resto del espectáculo.
—Lo sé. Vivimos juntas.
Desde que le informé de que Sunil se había sumado al grupo, había estado un tanto superada con los preparativos de la obra, quedándose hasta tarde para planearla, programando los ensayos semanales para el resto del año y bombardeándonos a todos en un nuevo grupo de chat al que Pip había llamado «Un toque de una noche de verano». Rooney había discutido con ella sobre el nombre del grupo de chat durante varias horas.
—Para empezar, debemos tener el primer par de escenas listas antes del baile Bailey —continuó Rooney—. Eso nos mantendrá en el objetivo.
—Solo estamos a unas semanas.
—Exactamente.
El baile Bailey —el próximo baile que se celebraría en el St. John’s a principios de diciembre— era totalmente irrelevante para nuestra sociedad, pero Rooney había decidido de todos modos fijarlo como fecha clave.
Probablemente solo para asustarnos y que asistiéramos a los ensayos.
—¿Y qué pasa si Sunil después de todo decide no venir? —Bajó la voz hasta que fue solo un susurro—. ¿Y si piensa que esta es una idea de mierda? Está en tercer año. Él sabe cómo son las cosas.
—A decir verdad, no es la clase de persona que vaya a criticar una obra de estudiantes.
Fue entonces cuando Sunil entró en la habitación, vestido con unos chinos oscuros con una raya roja en los costados, un ajustado polo y una chaqueta vaquera. De algún modo, parecía ser inmune a la brutal temperatura del norte en ese mes de noviembre.
Sonrió mientras se acercaba, y yo sentí una incómoda oleada de culpa porque tal vez había venido por hacerme un favor.
Pip y Jason se unieron a nosotros para saludarlo.
—Tú eres el único al que no conocía —dijo Sunil a Jason tendiéndole la mano.
Jason se la estrechó, con gesto un tanto intimidado. Probablemente estaba muy necesitado de la absoluta serenidad que emanaba constantemente de Sunil.
—Hola. Soy Jason.
—Hola, yo Sunil. Eres muy alto, Jason.
—Mmm… Supongo que sí.
—Felicidades.
—¿Eh, gracias?
Rooney dio unas fuertes palmadas.
—¡Está bien! ¡Vamos a empezar!
Jason y Sunil fueron enviados a la otra punta de la habitación para repasar una escena de El sueño de una noche de verano mientras Pip, Rooney y yo nos sentábamos en círculo en el suelo con nuestros ejemplares de Mucho ruido y pocas nueces colocados delante.
Mucho ruido es probablemente una de las mejores obras de Shakespeare porque la trama es exactamente como un relato fan-fic de enemigos que se acaban convirtiendo en amantes, con mucha confusión y malentendidos a lo largo del camino. El argumento resumido es el siguiente: Beatriz y Benedicto se odian mutuamente, pero a sus amigos la situación les parece hilarante, así que deciden engañarlos para que se enamoren, y el truco funciona mucho mejor de lo que habían esperado.
Increíble.
Yo había sido elegida por Pip y Rooney para interpretar uno de los papeles románticos, el de Benedicto. Pip hacía de Beatriz. Nos sentamos en un círculo para leer la escena, y confié en hacerlo mejor esta vez. Quizá aquel día se debía a que me sentía incómoda con Jason. Ahora tenía que actuar con Pip en una escena mucho más divertida.
—«Me asombra que aún sigáis hablando, signior Benedicto. —dijo Pip poniendo los ojos en blanco—. Nadie repara en vos».
Traté de poner mi mejor voz de sarcasmo y respondí:
—«¡Cómo! Mi querida señora Desdén, ¿aún estáis viva?».
—El tono un poco menos indignado, creo —recomendó Rooney—.
Como si Benedicto se estuviera burlando de ella. Él piensa que es divertido.
Me encantaban los romances de enemigos que acababan siendo amantes.
Debía esforzarme para tratar de meterme en el papel, aunque hubiera preferido mil veces ver a alguien interpretarlo.
Dejé que Pip leyera su siguiente frase antes de intervenir de nuevo, esta vez tratando de sonar menos irritada.
—«Entonces la cortesía es una oportunista. Porque lo cierto es que todas las damas se prendan de mí, a excepción de vos —dije—. Y quisiera hallar
en mi corazón que mi corazón no fuera tan duro; porque a mi vez no amo a nadie».
—Mmm —murmuró Rooney.
—Bueno —repliqué—. Esta es la primera vez que lo leemos todo seguido.
—Está bien. Quizá este papel no esté hecho para ti.
¿Este y Julieta? ¿Eran solamente los papeles románticos los que no podía hacer? Desde luego que no. Había interpretado muchos personajes románticos en el pasado en las obras del instituto y en el teatro juvenil y lo había hecho bien.
¿Por qué ahora me ponía tan nerviosa por los papeles románticos?
—¡Oye! —ladró Pip a Rooney—. ¡Deja de insultar a Georgia!
—¡Soy la directora! ¡Tengo que ser sincera!
—¡Uf, yo también soy directora y creo que estás siendo una bruja!
—Se avecina un drama —dijo Jason desde el otro lado de la habitación.
Me volví para ver a Sunil arqueando las cejas hacia él, y luego ambos empezaron a reírse.
—Si piensas que Georgia es taaan mala… —la increpó Pip.
—Eso no es lo que ha dicho, pero no importa —intervine.
—Entonces demuéstranos que lo haces mejor, Rooney Bach. A ver si tú no tienes problemas tratando de darle un tono alegre a la escena.
—Oh, yo no tengo problemas con ponerme alegre, Pip-tido —contestó Rooney, pareciendo implicar algo totalmente distinto, algo que Pip advirtió y le hizo retroceder ligeramente por la sorpresa.
—Está bien, veámoslo —dijo Pip.
—De acuerdo —contestó Rooney.
—Vale.
Rooney arrojó de golpe su ejemplar de Mucho ruido contra el suelo.
—Vale.
Me fui a sentar con Sunil y Jason para que todos pudiéramos contemplar a Pip y a Rooney hacer de Beatriz y Benedicto teniendo su primera discusión en Mucho ruido y pocas nueces . Presentía que aquello podía ser o bien increíblemente hilarante o un completo desastre. Posiblemente ambas cosas.
Rooney se puso en pie todo lo larga que era y bajó la vista hacia Pip.
—«Y quisiera hallar en mi corazón que mi corazón no fuera tan duro porque, a mi vez, no amo a nadie».
Ella ni siquiera miraba su ejemplar de la obra. Se la sabía de memoria.
Pip se rio y miró hacia otro lado como si se dirigiera a un espectador.
—«¡Una dichosa suerte para las mujeres! Pues de lo contrario se habrían visto perturbadas por un molesto pretendiente. —Se volvió hacia Rooney y entornó los ojos—. Doy gracias a Dios y a mi sangre fría, pues en eso soy del mismo parecer que vos: prefiero oír a mi perro ladrar a un cuervo que a un hombre jurar que me ama».
La boca de Rooney tembló en un gesto sorprendentemente similar a la forma en que lo hacía cuando no estaba actuando.
Dio un pequeño paso para acercarse a Pip y así enfatizar la ventaja de su altura.
—«¡Dios mantenga a vuestra señoría en esa disposición de ánimo! —
Presionó con la mano el hombro de Pip y lo apretó—. Ya que así algún que otro caballero se verá libre de un seguro arañazo en la cara».
—«Arañarla no haría que estuviera peor —replicó de vuelta Pip ladeando la cabeza y mostrando una sonrisa ladina—, y menos en una cara como la vuestra».
¿Cómo es posible que ambas se supieran ya de memoria la escena?
Rooney se inclinó hacia delante aún más, juntando su cara a pocos centímetros de la de Pip.
—«Bien —recitó con tono bajo—, ya se ve que sois una consumada adiestraloros».
Pip aspiró con fuerza una bocanada de aire.
—«Más vale un pájaro con mi lengua que una bestia con la vuestra».
Y Rooney, la rendida admiradora, dejó que sus ojos cayeran hasta la boca de Pip.
—«Desearía que mi caballo tuviera la velocidad de vuestra lengua —
murmuró— y mantuviese también el aliento».
El silencio que siguió fue estremecedor. Jason, Sunil y yo nos quedamos observándolas extasiados. La atmósfera de la habitación iba más allá de una corriente eléctrica, era puro fuego.
Esperamos a que el momento pasara, y fue Pip quien finalmente lo rompió. Se salió del trance con el rostro ruborizado.
—Y así es como se hace, chicos —dijo, con una reverencia. Todos aplaudimos.
Rooney miró hacia otro lado y empezó a ajustarse la cola de caballo, extrañamente callada.
—Entonces vosotras dos vais a interpretar a Benedicto y Beatriz, ¿no es eso? —dijo Jason.
Pip me lanzó una mirada.
—Bueno, si a Georgia no le importa…
—No, por supuesto que no —aseguré—. Ha sido genial.
Quizá demasiado genial, a juzgar por el sonrojo de las mejillas de Pip, que no pude dejar de advertir.
—¿Qué? —dijo Pip, mirando de nuevo a Rooney, que aún seguía ocupada en ponerse y quitarse la goma de la coleta—. ¿Acaso la escena ha sido demasiado sexi para ti?
—Nada es demasiado sexi para mí —replicó. Pero no se dio la vuelta. Se estaba ocultando.
Pip sonrió. Pude advertir que sentía que había ganado.
Pasamos el tiempo restante ayudando a Rooney y a Pip a plantear la escena, añadiendo algunos elementos antes de que lo recitaran todo seguido un par de veces más. Con cada nueva repetición parecían estar más aturdidas, a la vez que incrementaban los intensos contactos visuales y tocamientos en la escena.
Al final de las dos horas, Sunil, Jason y yo apilamos las sillas y luego nos quedamos esperando junto a la puerta, mientras Pip y Rooney continuaban en el centro de la habitación discutiendo sobre un par de frases al final de la escena. Jason se enfundó su chaqueta de borreguito.
—¿Y bien? —le dijo a Sunil—. ¿Estás arrepentido?
Sunil se rio.
—¡No! Ha sido divertido. Me alegra mucho haber podido presenciar…
—Hizo un gesto vago hacia Pip y Rooney— lo que quiera que haya sido esto.
—Te pedimos disculpas por ellas —dije yo.
Él volvió a reírse.
—No, en serio, ha sido divertido. De hecho es un agradable cambio respecto al caos general y el drama de la Sociedad del Orgullo. Y al estrés del tercer año. —Se metió las manos en los bolsillos y se encogió de hombros—. No sé, pero creo... creo que necesitaba hacer algo así. La universidad está siendo muy estresante. Me refiero a que, cuando era un novato, yo estaba… en una situación muy mala, y luego me pasé todo el segundo año haciendo cosas para la Sociedad del Orgullo y…, bueno, obviamente eso ha continuado durante este año. La orquesta me hace pasar buenos momentos, pero también resulta condenadamente estresante. No creo que me haya tomado tiempo siquiera para… intentar hacer algo solo porque sea divertido. Ya sabes. —Alzó la vista como si le sorprendiera que aún estuviéramos allí escuchándolo—. Lo siento, a veces creo que hablo demasiado.
—No, para nada —repuse, pero sentí que debía añadir algo más—.
Estamos encantados de tenerte aquí.
Jason le dio una palmadita en el hombro.
—Sí. Tienes que venir alguna vez a tomar una pizza con nosotros, para estrechar lazos entre el elenco.
Sunil le sonrió.
—Lo haré. Muchas gracias.
Nos despedimos de él, que tenía que marcharse a una tutoría, y Jason y yo nos apoyamos en lados opuestos de la puerta, esperando a Pip y a Rooney.
Jason empezó a pasar las páginas de su ejemplar de la obra.
— Mucho ruido es una buena obra. Aunque no entiendo el atractivo de las relaciones en las que los protagonistas están hechos el uno para el otro desde el principio.
—Todo se va acumulando hasta el punto en que inevitablemente acaban teniendo sexo salvaje —dije, pensando, sobre todo, en mis relatos fan-fic favoritos de enemigos que acaban siendo amantes—. Eso hace que el sexo eventual resulte más excitante.
—Y supongo que, de paso, se construye una buena historia. —Jason miró una de las páginas—. Es curioso cuántas cosas se mueven alrededor del sexo. Yo ni siquiera creo que lo necesite en una relación.
—Espera un momento, ¿lo dices en serio?
—Bueno, es divertido, pero… no creo que sea algo fundamental, si la otra persona no tiene tanta necesidad de hacerlo. O nada en absoluto, supongo. —Levantó la vista del libro—. ¿Qué pasa? ¿Tan extraño te parece?
Me encogí de hombros.
—No, es una forma muy guay de pensar en ello.
—Si realmente quieres a alguien, no creo que… cosas como esas sean tan importantes. No sé. Creo que todo el mundo se siente un tanto condicionado a obsesionarse por ello, cuando la realidad es que…, ya sabes, solo es algo que la gente hace por diversión. Ahora ya ni siquiera es necesario para engendrar bebés. Y tampoco creo que uno se muera sin ello.
—¿Morir sin qué? —preguntó Pip, que de pronto se encontraba a solo unos metros de nosotros, poniéndose su cazadora.
Jason cerró el libro de golpe.
—¿Pizza?
—Oh, Dios mío, ¿podríamos conseguir una pizza ahora mismo? Creo que podría morir si no me tomo una pizza ahora mismo.
Se marcharon juntos de la habitación, charlando animadamente mientras me quedaba a esperar a Rooney, que se estaba atando los cordones de los zapatos.
¿Existiría alguna clase de tercera opción en lo que se refería a mi relación con Jason? ¿Podríamos estar juntos y simplemente… no tener sexo?
Me quedé allí en la puerta tratando de imaginarlo. Sin sexo, pero con romanticismo. Una relación. Besar a Jason, darme la mano con Jason. Estar enamorada.
Había pasado una gran cantidad de tiempo pensando sobre cómo sentía el amor, pero no tanta sobre tener sexo, porque simplemente asumía que el sexo se convertiría, automáticamente, en una parte de ello. Pero no tenía por qué ser así. Sunil me había explicado que algunas personas no querían tener sexo y, sin embargo, eran perfectamente felices en sus relaciones.
Quizá Jason me gustaba desde un punto de vista romántico y simplemente no quería tener sexo con él.
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