Sin amor (Realismo)

Alice Oseman · Capítulo 49 de 72

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Sin amor (Realismo)

Cuarta parte

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La mañana después del baile Bailey, Rooney regresó a nuestro dormitorio casi a mediodía. Yo aún estaba dormida, pero ella pateó la puerta con tal fuerza que rebotó contra la pared y, luego, dijo algo sobre que había dormido en la habitación de algún chico, antes de quitarse los zapatos y dejarlos caer, despojarse del vestido por la cabeza y quedarse en el centro de la habitación, mirando fijamente a Roderick, la planta de interior, que básicamente estaba a punto de perecer. Y entonces se metió en la cama.

No hizo un solo comentario sobre lo que había ocurrido conmigo o con Pip.

Pero yo tampoco quería hablar con ella, de modo que, en cuanto me levanté y vestí, me marché a la biblioteca. Me dirigí directamente a la planta superior, donde había mesas situadas detrás de altas estanterías de libros de finanzas y economía, y me quedé allí hasta la hora de cenar, terminando uno de los trabajos que debía entregar ese trimestre e intentando no pensar en nada de lo que había sucedido. Definitivamente, no estaba pensando en nada de lo sucedido.

Cuando regresé al colegio, Rooney se despertó justo a tiempo para la cena en la cafetería del colegio.

Bajamos juntas, sin decir nada, y cenamos también juntas, sentadas al lado de un grupo de estudiantes que identifiqué como conocidos de Rooney; pero ella continuó sin hablar.

Al volver a la habitación, ella se cambió para ponerse el pijama y se metió directa en la cama quedándose dormida rápidamente. Yo permanecí despierta, mirando la chaqueta de Pip en un rincón de la habitación, la misma que se había dejado allí la Semana de los Novatos. La misma que me olvidaba siempre de devolverle.

Cuando desperté ese domingo en nuestra habitación, me sentí muy sucia, pues no me había duchado desde antes del baile Bailey.

Así que me duché, me vestí con una camiseta limpia y una chaqueta de punto gruesa, y salí de la habitación, dejando a Rooney en su cama, de la que solo asomaba su coleta por encima de la colcha.

Volví de nuevo a la biblioteca con intención de terminar otro ensayo.

Mis primeros trabajos del curso debían entregarse antes de las vacaciones de Navidad, y aún me quedaba mucho por hacer. Pero una vez que me adentré en la biblioteca con mi tarjeta del campus y encontré una mesa vacía, permanecí sentada frente a mi portátil, contemplando antiguos mensajes intercambiados con Pip y Jason en nuestro grupo de chat.

Redacté un mensaje por separado para cada uno de ellos. Me llevó dos horas.

El de Jason decía:

Georgia Warr

Siento mucho, mucho, todo lo sucedido. No pensé detenidamente en cómo esto podría afectarte, solo estaba pensando en mí misma. Tú eres una de las personas más importantes en mi vida y me he aprovechado de ello sin pensarlo. Te mereces alguien que te adore. Desearía con todas mis fuerzas poder sentir de ese modo, pero no puedo; yo, literalmente, no siento atracción por nadie, no importa el género. He intentado hacer lo imposible por ser así, pero no lo soy. Siento mucho todo lo sucedido.

Y a Pip le envié:

Georgia Warr

Hola, sé que no quieres hablar conmigo, y lo entiendo, pero me gustaría que conocieras los hechos: Rooney me besó porque me sentía muy confusa sobre mi sexualidad y quería ayudarme a descubrir si me gustaban las chicas. Fue algo muy estúpido por parte de las dos, que además no me ayudó en absoluto, puesto que no era lo que yo quería hacer, y para colmo íbamos pedo. No estamos saliendo juntas y ambas lo lamentamos sinceramente. Así que lo siento de verdad.

Ambos leyeron los mensajes durante la hora siguiente. Pero ninguno me contestó.

A pesar de que vivíamos, literalmente, en la misma habitación, la primera conversación en condiciones que tuve con Rooney después de los sucesos del baile Bailey se produjo el lunes anterior a que terminara el trimestre, en la presentación de una clase de teatro. Yo estaba sentada sola al fondo, lo que era mi sitio habitual, cuando ella apareció en mi visión periférica y se sentó a mi lado.

Iba vestida con su ropa de clase: mallas, un polo del St. John’s y el pelo recogido en una coleta alta, pero sus ojos parecían desquiciados cuando me miró y esperó a que le dijera algo.

Yo no quería hablarle. Estaba enfadada con ella. Sabía que lo sucedido había sido culpa mía tanto como suya, pero estaba enfadada por cómo había reaccionado cuando intenté explicarle mis sentimientos.

Ella ni siquiera se había molestado en entenderlo.

—Hola —dije en tono seco.

—Hola —contestó—. Necesito hablar contigo.

—Yo… no quiero hablar contigo —repliqué.

—Lo sé. No tienes que decir nada si no quieres.

Pero entonces ninguna de las dos pudo hacerlo, porque ambas nos vimos interrumpidas por la aparición del profesor para dar su clase sobre la obra teatral de Harold Pinter «Fiesta de cumpleaños».

En lugar de olvidarse del tema, Rooney sacó su iPad de la bolsa, lo colocó en la mesa delante de las dos, abrió la aplicación de notas y lo deslizó suficientemente cerca de mí para que pudiera ver la pantalla.

Entonces empezó a teclear, y supuse que estaba tomando notas de clase, pero de pronto se detuvo y empujó el aparato hacia mí.

Siento mucho lo que sucedió en el baile Bailey. Fue únicamente culpa mía, me porté como una jodida gilipollas cuando estabas intentando contarme algo

importante.

Oh. Vale.

Eso no me lo esperaba.

Miré a Rooney. Ella alzó las cejas e hizo un gesto hacia su iPad, indicándome que respondiera.

¿Qué se supone que debía decir?

Alcé las manos con disimulo y comencé a escribir.

Está bien.

Rooney hizo una pausa y luego empezó a escribir frenéticamente en el teclado.

Sé que estábamos pedo, pero eso no disculpa la forma en que actué. ¿Sabes cuando los chicos hetero descubren que una chica es gay y actúan en plan «Ja, ja, eso es porque nunca me has besado, así que cómo puedes saber que eres gay»? ¡¡¡Pues yo te hice básicamente lo mismo!!! Todo este tiempo he estado dándote el coñazo para que tuvieras una relación y besaras a gente y salieras ahí fuera… No he parado de decirte que intentaras salir con Jason y, cuando quisiste explicarme que no querías nada de eso, ni siquiera te escuché. Y luego pensé que besarte sería una buena idea, ¡¡¡porque yo siempre creo que besar lo resuelve todo!!!

Llevas meses tratando de descubrir tu sexualidad y yo lo he hecho todo mal. TODO.

Tenía demasiadas ideas fijas sobre cómo debe vivir la gente un romance y el sexo y todo eso, pero… solo son un montón de basura y lo siento muchísimo.

Soy una completa idiota y una gilipollas.

Quiero que me digas que soy una gilipollas.

Alcé una ceja y luego tecleé:

Está bien, eres una gilipollas.

Rooney sonrió al verlo.

R —Gracias.

G —De nada.

Ni siquiera esperaba que se disculpase, y mucho menos aún que entendiera que lo que había hecho no estuvo bien.

Pero lo entendía.

Decidí ser clara y escribí:

Pues, por lo que parece, soy una arromántica asexual.

Rooney me lanzó una mirada.

Pero no la mirada de «Qué demonios es eso» que esperaba.

Sino una mirada de curiosidad. Curiosa. Un poco preocupada, quizá, pero no en el mal sentido.

Solo queriendo entender sinceramente qué me estaba pasando.

Ya, yo también me he sentido confundida por ello. Ja, ja.

Significa que no siento atracción por nadie en un sentido romántico o sexual, sin importar su género.

Lo he descubierto hace poco.

Rooney me observó teclear. Entonces se tomó un momento para considerarlo antes de responder.

R —Guau… ¡¡¡Ni siquiera sabía que existiera algo así!!! Siempre supuse que solo…

existía la opción de que te gusten los chicos o las chicas, o una especie de mezcla.

G —Ja, ja, a mí me pasaba igual.

De ahí mi confusión.

R —Parece algo muy difícil de descubrir… ¡¡¡Estoy muy orgullosa de ti!!!

Aquella estaba muy lejos de ser la respuesta perfecta para alguien que acaba de salir del armario. Pero era algo tan propio de Rooney que me hizo sonreír.

R —¿Ahora te sientes mejor?

G —Para ser sincera, aún no.

Pero creo que lo estaré con el tiempo. Me refiero a que… comprender y aceptar que así es como soy es el primero de los pasos y supongo que ese ya lo he dado.

Antes de teclear una respuesta, Rooney simplemente posó su cabeza en mi hombro y la dejó allí durante algunos segundos, en lugar de darme un

verdadero abrazo, lo que habría sido un tanto difícil en mitad de clase.

R —Supongo que no puedo entenderlo del todo, pero aquí me tienes para lo que quieras. ¡Como si alguna vez te apetece despotricar de ello o simplemente hablar del tema!

G —¿En serio?

R —Georgia. Somos amigas.

G —Oh.

R —Me refiero a que nos hemos besado. O algo así. Nos hemos liado platónicamente.

G —Soy consciente.

R —Lo siento por ello. Una vez más. ¿¿¿Realmente te resultó tan terrible???

G —Pues sí. Fue una sensación un poco repugnante.

R —¡Oh!

G —Sin ofender.

F —No, me gusta. Definitivamente eres mi antiyó.

G —Somos personas totalmente opuestas, sí.

R —Muy reconfortante.

G —Me gusta para nosotras.

R —Sabroso.

G —Contenido delicioso.

R —Al cien por cien.

A las dos nos entró la risa tonta y entonces no pudimos parar hasta que el profesor nos tuvo que llamar la atención y nos miramos la una a la otra sonriendo. Todo lo demás podía ser una mierda. Había hecho daño a mis dos mejores amigos y sabía que aún me quedaba un largo camino por recorrer antes de poder empezar a aceptar quién era, pero al menos tenía a Rooney sentada a mi lado, riendo, en lugar de llorar.

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