Sócrates

Beatrice Collina · Capítulo 13 de 46

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Sócrates

La guerra del Peloponeso y el destino de Atenas

Dos años antes de la muerte de Feríeles dio comienzo la guerra del

Peloponeso, que causó estragos en el mundo griego durante casi treinta

años, del 431 a. C. al 404 a. C., y fue testigo del enfrentamiento entre la

Liga del Peloponeso, dirigida por Esparta, y la Liga Delio-Ática,

capitaneada por Atenas. Bajo el mando de Pericles, y violando los

acuerdos precedentes, Atenas estaba imponiendo su propia hegemonía

sobre diversas póleís griegas, recurriendo incluso al uso de la fuerza.

Tras el enésimo episodio de agresión, Esparta decidió declarar la guerra.

El del Peloponeso fue un conflicto que se desarrolló en tres fases. En la

primera, llamada decenal o arquidámica por el rey espartano Arquídamo,

quien Invadió el Ática, tanto Atenas como Esparta obtuvieron diversas

victorias; dadas las condiciones de sustancial paridad, en el 421 a. C. las

dos póleis firmaron la paz de Nicias con la que se comprometieron a

mantener una tregua de cincuenta años. No obstante, ya en el 418 a. C.

se volvió al enfrentamiento, dando lugar a la segunda fase en la que los

espartanos lograron algunos éxitos, aunque no fueron determinantes. La

situación se desbloqueó en el 413 a. C., fecha en que Esparta ocupó

Decelia en Ática, lo que significó el inicio de la tercera y última fase,

llamada deceleica. A estas alturas de la guerra los principales

enfrentamientos tuvieron lugar en el mar. Atenas logró algunas victorias,

como la de las Arginusas en el 406 a. C., que sin embargo se convirtió

en una auténtica cuestión de Estado. A finales del verano de aquel año,

una flota ateniense de 150 naves trirremes y una espartana también de

150 trirremes dirigida por Calicrátidas se enfrentaron cerca de las islas

Arginusas, situadas en el canal entre la isla de Lesbos y el Asia Menor.

La flota ateniense ganó la batalla pero perdió unos veinticinco trirremes.

Debido a las malas condiciones del mar, los estrategos atenienses se

vieron además obligados a abandonar a los náufragos a su propia

suerte. A pesar de la victoria, de vuelta en Atenas, seis de ellos fueron

procesados por la asamblea popular y condenados a muerte. Otros dos,

en cambio, lograron huir. Entre los condenados estaba también el hijo de

Pericles. El proceso representó el momento más crítico de la democracia

ateniense: si bien es cierto que hubo responsabilidades por parte de los

comandantes, quedó igualmente demostrado que el proceso se

desarrolló en modo sumario, sin que se especificaran las culpas de cada

acusado.

El destino de Atenas cambió precipitadamente; de hecho, justo al año

siguiente perdió toda su flota y, por consiguiente, también la hegemonía

marítima. Finalmente, Esparta venció en el conflicto debido a que

Atenas, por entonces exhausta decidió rendirse. Aun así, en realidad

todas las póleis griegas perdieron de resultas de una guerra tan larga y

lacerante, que las empobreció y las debilitó. Tras la derrota sufrida en el

404 a. C., se instauró un régimen oligárquico filoespartano y

antidemocrático constituido por treinta ciudadanos, los Treinta Tiranos,

que destacaron por su ferocidad al perseguir a sus enemigos políticos y

personales. Entre los Treinta sobresalía indudablemente la figura de

Critias, discípulo de Sócrates y tío de Platón. A Sócrates, como veremos,

la ciudad no le perdonaría que fuera el maestro de uno de los tiranos

más despiadados. Sin embargo, el régimen de los Treinta no duró ni

siquiera un año: en el 403 a. C. la revuelta democrática dirigida por

Trasíbulo derribó a los oligarcas y restauró la democracia en Atenas. El

propio Critias encontró la muerte durante aquellos altercados.