Sócrates
Algunos términos técnicos: gnoseología y metafísica
Desde sus orígenes, la filosofía engloba distintos ámbitos que se
distinguen entre sí por el objeto específico de estudio. Los términos
técnicos para designar estos campos pueden generar cierta confusión, y
por este motivo resulta útil ofrecer una descripción preliminar.
La gnoseología, o teoría del conocimiento, se plantea particularmente
dos problemas, conectados entre sí: la definición de qué es el
conocimiento y su justificación. En el primer caso, se plantea cuál es la
peculiaridad del acto de conocer respecto a otras actividades mentales,
como la imaginación, la fe, la creencia o, expresado con otros términos,
¿cuándo podemos afirmar que efectivamente conocemos algo? La
segunda cuestión, en cambio, hace referencia a la manera en que
explicamos nuestros conocimientos: cuando afirmamos conocer algo,
debemos estar dispuestos a presentar pruebas que justifiquen ese
conocimiento. Es evidente que no todas las pruebas tienen el mismo
peso: nuestro modo de tener conocimiento de un accidente y de saber
con mayor o menor precisión cómo ha sucedido varía en función de si
hemos estado presentes en primera persona, si nos lo ha contado un
amigo o si lo hemos leído en un periódico.
Ofrecer una definición de la metafísica es sin duda una tarea más
difícil; en términos generales, con ella se hace referencia al estudio de
las causas y de las estructuras últimas de la realidad. Metafísica deriva
del griego metà tà physiká, es decir, «más allá de la física». Esta
expresión la utilizaron inicialmente quienes reordenaron la obra de
Aristóteles para referirse al conjunto de textos relativos a sus estudios
dedicados a la física; solo en un segundo momento se empleó la
expresión para designar la investigación del filósofo sobre el ser en
cuanto ser (también llamada filosofía primera). Desde este momento en
adelante, en la filosofía occidental el término metafísica indicará
generalmente el estudio de aquellos principios (suprasensibles) que rigen
el universo, e intentará responder a preguntas del tipo: ¿el orden del
cosmos es fruto de un plan inteligente que depende, por tanto, de un ser
superior, o bien de una simple necesidad mecánica? Junto a la palabra
metafísica solemos encontrar otra: ontología. Esto complica aún más la
situación, ya que ontología y metafísica se usan en algunos casos como
sinónimos; en otros, en cambio, por ontología se entiende el estudio del
ser como tal. Así, las preguntas se hacen más específicas: ¿qué es el
ser?, ¿cuáles son sus atributos? Por último, hay estudiosos (como Martin
Heidegger, en el siglo XX) que usarán en cambio la palabra ontología
para referirse a la existencia de los entes (es decir, a la existencia de las
cosas) y la palabra metafísica para hacer referencia al ser, entendido
como aquello que hace existir a las propias cosas. En general, podemos
afirmar que metafísica y ontología tienden a utilizarse de forma
intercambiable, a menos que un autor no especifique que las emplea con
una acepción determinada.