Sócrates

Beatrice Collina · Capítulo 3 de 46

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Sócrates

Algunos términos técnicos: gnoseología y metafísica

Desde sus orígenes, la filosofía engloba distintos ámbitos que se

distinguen entre sí por el objeto específico de estudio. Los términos

técnicos para designar estos campos pueden generar cierta confusión, y

por este motivo resulta útil ofrecer una descripción preliminar.

La gnoseología, o teoría del conocimiento, se plantea particularmente

dos problemas, conectados entre sí: la definición de qué es el

conocimiento y su justificación. En el primer caso, se plantea cuál es la

peculiaridad del acto de conocer respecto a otras actividades mentales,

como la imaginación, la fe, la creencia o, expresado con otros términos,

¿cuándo podemos afirmar que efectivamente conocemos algo? La

segunda cuestión, en cambio, hace referencia a la manera en que

explicamos nuestros conocimientos: cuando afirmamos conocer algo,

debemos estar dispuestos a presentar pruebas que justifiquen ese

conocimiento. Es evidente que no todas las pruebas tienen el mismo

peso: nuestro modo de tener conocimiento de un accidente y de saber

con mayor o menor precisión cómo ha sucedido varía en función de si

hemos estado presentes en primera persona, si nos lo ha contado un

amigo o si lo hemos leído en un periódico.

Ofrecer una definición de la metafísica es sin duda una tarea más

difícil; en términos generales, con ella se hace referencia al estudio de

las causas y de las estructuras últimas de la realidad. Metafísica deriva

del griego metà tà physiká, es decir, «más allá de la física». Esta

expresión la utilizaron inicialmente quienes reordenaron la obra de

Aristóteles para referirse al conjunto de textos relativos a sus estudios

dedicados a la física; solo en un segundo momento se empleó la

expresión para designar la investigación del filósofo sobre el ser en

cuanto ser (también llamada filosofía primera). Desde este momento en

adelante, en la filosofía occidental el término metafísica indicará

generalmente el estudio de aquellos principios (suprasensibles) que rigen

el universo, e intentará responder a preguntas del tipo: ¿el orden del

cosmos es fruto de un plan inteligente que depende, por tanto, de un ser

superior, o bien de una simple necesidad mecánica? Junto a la palabra

metafísica solemos encontrar otra: ontología. Esto complica aún más la

situación, ya que ontología y metafísica se usan en algunos casos como

sinónimos; en otros, en cambio, por ontología se entiende el estudio del

ser como tal. Así, las preguntas se hacen más específicas: ¿qué es el

ser?, ¿cuáles son sus atributos? Por último, hay estudiosos (como Martin

Heidegger, en el siglo XX) que usarán en cambio la palabra ontología

para referirse a la existencia de los entes (es decir, a la existencia de las

cosas) y la palabra metafísica para hacer referencia al ser, entendido

como aquello que hace existir a las propias cosas. En general, podemos

afirmar que metafísica y ontología tienden a utilizarse de forma

intercambiable, a menos que un autor no especifique que las emplea con

una acepción determinada.