Van Morrison
dos. La historia de Them («The Story Of Them»)
Este capítulo es largo, así que está dividido en 2 partes.
El primer álbum de Them avanzó suavemente hacia lo más alto de las listas irlandesas, y el grupo fue recibido de vuelta a casa como héroes conquistadores. En la fotografía de portada figuraba Peter Bardens, que acababa de sustituir a John McAuley al órgano. Como ya había tocado el órgano para Them en el estudio sin que se le acreditara, tampoco es que fuera una gran novedad. Bardens era un teclista más que competente que se introdujo en los fuertemente psicodélicos Village, con Bruce Thomas, que luego estuvo con The Attractions. Su sencillo «Man In The Moon» es uno de los mejores de la época, y es del sello Head.
Y con eso está dicho todo. Bardens realizó luego dos espeluznantes y subestimados álbumes en solitario, y fundó Camel, una especie de Caravan de segunda división. Bardens sigue entrando y saliendo precipitadamente en la saga de Van Morrison, esa historia cotidiana del folclore musical.
La salida de McAuley fue la primera de muchas, y el árbol genealógico de Them quedaría casi fuera del alcance de la pluma de Pete Frame. En su libro, Steve Turner identifica al menos ocho formaciones, y aún no es una cifra definitiva. Peter Bardens llegó con algo de «valor añadido». Van frecuentaría el piso de su organista, al norte de Londres, compartido con Mick Fleetwood, con quien Bardens había tocado en los Peter B’s Looners con un joven, y sin drogas, Peter Green. En aquel piso, los tres músicos consumirían una dieta rica en lo que rápidamente se conocería como música «soul», aunque ninguno de ellos le había añadido aún la palabra Caledonia.
Además de sencillos de James Brown, las Supremes, los Righteous Brothers, Nina Simone y Wilson Pickett —la saturación llegó a los cincuenta principales gracias a la radio pirata— los tres «soul brothers» pronto entraron en comunión con gente como los Drifters, Fats Domino, Chris Kenner y Bobby Bland, de cuyo álbum Two Steps From The Blues, una colisión de gospel y rhythm and blues de 1962, Van arrancaría «Turn On Your Love Light». Otras joyas tan eruditas se infiltraban en los repertorios de antiguos equipos de rhythm and blues de Gran Bretaña, que ahora lucían y sonaban peligrosamente como grupos pop. Es una época que se recuerda con cariño —para luego darle un giro amargo— en el álbum Get Happy de Elvis Costello que, aún en las copias de segunda mano en mejor estado, siempre tiene una mancha de café. Música de fiesta de la mejor clase.
Todos los tipos de artistas británicos con contrato discográfico probaban el soul por si les convenía. «I Can’t Stand It» y «Every Little Bit Hurts» se habían promocionado con fuerza como sucesivas caras A del Spencer Davis Group. Cilla Black —nada menos— rechinó a su manera con la épica «You’ve Lost That Lovin’ Feelin» que Phil Spector hizo para los Righteous Brothers, un ejemplo de copia tan acertada como un reloj Cartier de Taiwán. En directo, las concesiones de Them al soul fueron muchas. «I’ll Go Crazy», «You’ve Lost That Lovin’ Feelin», «In The Midnight Hour» y «Dancing In The Street», además de «Turn On Your Love Light», «Something You Got», de Chris Kenner, «Out Of Sight», de James Brown, «Helio Josephine», de Fats Domino, y «I Put A Spell On You», de Screaming Jay Hawkins. Todas se grabaron para que figuraran en el venidero segundo LP del grupo, Them Again, junto con una influencia radicalmente nueva.
Them lanzó una versión de «It’s All Over Now, Baby Blue», el adiós de Bob Dylan a la escena folk y a su misma adolescencia. Los Animáis ya habían incorporado en su primer álbum el blues tradicional «House Of The Rising Sun», y lo habían (literalmente) electrificado. Dylan devolvió el cumplido al contratar un conjunto de rock para una cara de Bringing It All Back Home, aunque ya había grabado con un grupo bien pronto, en las sesiones de Freewheelin’, produciendo la crujiente «Mixed Up Confusión». Los Animáis le dieron a Dylan la seguridad para hacerlo en público, aunque las reacciones en el Newport Folk Festival, y en la gira europea de 1966, eran como si él hubiera escupido en la tumba de Woody Guthrie. El mesías convertido en Judas.
No es extraño, pues, que Alan Price aparezca orgullosamente en pantalla en Don’t Look Back. Los Byrds sacaron su arrasadora versión de «Mr. Tambourine Man» de la tosca maqueta de Dylan con Happy Traum —razón por la cual la mitad de la letra no aparece en el exitoso sencillo del grupo— que se ofreció a los Pretty Things y que éstos rehusaron. En palabras de Dylan, aunque por supuesto podía tratarse de una broma, Manfred Mann eran sus intérpretes más eficaces. Hacia el final de Don’t Look Back, es decir, cuando él no está pasando intencionadamente de Joan Baez ni riéndose abiertamente de su clónico Donovan, Dylan se queda mirando extasiado un escaparate de guitarras eléctricas de Denmark Street. Un año después, de gira con los Hawks, la futura The Band, Dylan reescribió el lenguaje de la música rock. Entonces, su actitud respecto a las letras le llevaba a pensar que todo era posible; ningún tema era demasiado arcano, extraño o misterioso para una canción pop y Van Morrison iba a seguir esa estela de manera entusiasta.
Aunque por el momento, «One More Time», la primera cara A de Them compuesta por Morrison, fue un grave fracaso. Bert Berns había regresado a Nueva York para ocuparse de Bang, su nueva compañía discográfica. En su ausencia, Tommy Scott —que dirigía una empresa de producción con Phil Solomon— entró como principal supervisor de Them en el estudio. Él se ocupaba también de una cantautora llamada Twinkle (aunque seguramente sus padres no la llamaban así), cuyas caras B para Decca eran todas obra de Scott. Como explicó una resentida Twinkle: «No podía hacer otra cosa que soportarlo». Scott se benefició también de un casi monopolio a lo Twinkle, en las caras B de Them, y compuso la segunda cara de «One More Time» bajo el seudónimo de «Gillon». Tampoco es que fuera la mejor canción grabada jamás.
Them estaban en una pendiente en declive. En agosto, Billy Harrison comenzó a hacerse muchas preguntas difíciles acerca de adónde iba todo el dinero. El grupo estaba «caminando, hablando, comiendo, durmiendo, tocando y montando música todo el maldito tiempo», su único asueto consistía en ver películas de dibujos animados en un cine de baja categoría antes de las actuaciones. Como él mismo declaró en Wavelength: «Salté a la yugular y provoqué un gran escándalo. El grupo estaba de acuerdo conmigo en que las cosas no iban bien, pero cuando saqué a colación el tema me dejaron completamente solo. ¡Como el representante sindical de un sindicato sin afiliados!». Harrison tomó la decisión de irse antes de que lo echaran. Después de unas actuaciones ocasionales con los Pretty Things, se empleó en la Administración General de Correos de Londres, y actualmente, de regreso al Ulster, trabaja como electricista del puerto. Casi como el padre de Van.
Van vivía por entonces en un piso alquilado en Notting Hill, escenario de disturbios raciales diez años antes, suceso ampliamente glosado en la película Absolute Beginners. Él vivía con su novia, una mujer mayor llamada Dee, que algunos sospechaban como una treta del manager, con el fin de proteger a su inversión principal. A decir de todos, era mitad niñera, mitad madre de alquiler, le «ponía la bufanda y le daba dinero para una botella de vino y cigarrillos». Aunque esto no fuera del todo cierto, lo que sí es verdad es que ella dejó una profunda marca en las letras de Van (se dice que la idea de «T. B. Sheets» [«Sábanas tuberculosas»] surgió de la prematura muerte de ella), como también lo hizo el nuevo vecindario, aquel caldero a punto de estallar desde el que se produciría la psicodelia londinense. Un tiempo y un lugar que ya son mitológicos gracias a la narrativa de Michael Moorcock, un veterano residente. El lugar de nacimiento de su antihéroe Jerry Cornelius.
En agosto, Pat McAuley y Bardens también habían abandonado Them, y dos nuevos miembros, el guitarrista Joe Boni y el batería Terry Noone, aparecían en las fotografías promocionales, aunque no grabaron nunca. Mientras tanto, Van y el bajista Alan Henderson volvían a hacer pruebas para una nueva edición de Them, ensayando de nuevo en el Maritime. Nuevos en el redil eran el guitarrista Jim Armstrong de The Melotones, el dieciseisañero John Wilson, batería de The Misfits (y más tarde, de Taste), y Ray Elliott de The Broadways, con su barba a lo Manfred Mann y su gorro de cazador Don Craine. A Elliott se le reclutó por ser capaz de tocar «acordes de jazz» en el órgano y por doblar al saxo, a la flauta y al vibráfono. Un Astral Weeks en embrión.
John Wilson recordaba que «los demás solían reírse de mí, porque yo era tan joven y era influenciable para que me comprara ropa en Carnaby Street y todo ese tipo de historias. Ellos acostumbraban a decir: “No te preocupes, chaval, esta noche quizás puedas cruzarte con una estrella del pop”». Wilson recuerda un grupo cuya inclinación por la bebida iba mucho más allá de sus actuaciones en directo. En declaraciones a Wavelength, Wilson recordaba también lo que, en este libro, parece ser una opinión consensuada: «Pero cuando Van actúa se produce un decidido carisma. Van siempre ofrecía algo más. Tanto si te gusta como si no, nunca podías dejar de lado el hecho de que era diferente de todos los demás seres humanos, y hoy en día, lo sigue siendo».
Wilson recuerda al joven Morrison como siempre creativo, aunque en esa época nadie le respaldaba jamás. «Él era una mercancía más, como una lata de judías.» En septiembre, el grupo nuevo hizo un pase de cuarenta minutos en el Top Hat Club de Belfast. La revista local City Week describía el cambio de dirección desde las filas del rhythm and blues más formal, y lo que Van iba a seguir por siempre jamás. «Se observa un énfasis en el jazz soul que habría levantado más de una ceja si el que tocara fuera cualquier otro grupo local. Ver a Van Morrison y al nuevo elemento Ray Elliott batirse a su manera en los choras de una versión a dos tenores de “The Train And The River” podría haber animado incluso a un fan de la Royal Showband que hubiera venido una noche antes.»
Era una orientación que no satisfacía a todo el mundo, e incluso en una actuación cortaron el suministro eléctrico porque no se trataba del esperado rhythm and blues intenso, sino de algo «ligero y jazzístico». Todo este lío absurdo no afectó al quinto sencillo de Them, «(It Won’t Hurt) Half As Much», extraído de una sesión con Berns, y que tampoco entró en las listas. Después del fracaso británico, la cara B «I’m Gonna Dress In Black» se convirtió en cara A en Estados Unidos, tal como había sucedido con «Gloria» que se había encaramado al número setenta y uno en los cien primeros estadounidenses.
Como el britpop de treinta años después, el beat británico —fuertemente deudor de modelos norteamericanos— volvió a cruzar de nuevo el Atlántico para revitalizar una escena musical moribunda. Los Byrds partieron de la fusión de Merseybeat y de folk contemporáneo que habían hecho los Searchers, mientras que el éxito de los Count Five, «Psychotic Reaction», era un homenaje inconfesado a los Yardbirds. De manera parecida, los Shadows Of Knight hicieron de «Gloria» un éxito en Estados Unidos, después de que le cortaran el órgano, tanto de una manera literal como metafórica. En nombre de la decencia, el verso en que Gloria entra en la habitación del cantante también se suprimió. Entonces Decca hizo una desusada y atrevida jugada al reeditar «Mistic Eyes» en forma de sencillo. Alcanzó el número treinta y tres en la lista de Billboard, con la ayuda del estreno de una película promocional con unos estoicos Them —con el nuevo batería David Harvey— haciendo playback una mañana de principios de otoño, en el Canal de Londres, bajo la recelosa mirada de los transeúntes. Fue el principio de la mayor aventura de Them.
La formación más efímera de los Them, formada por Joe Boni (guitarra solista), Terry Noone (batería), Peter
Bardens (teclados), Van Morrison (cantante) y Alan Henderson (bajo).
En noviembre, en un retrato para City Week, Van citaba como favoritos a Bobby Bland, Sam Cooke, Otis Redding, Booker T. y Stevie Winwood. Sus preferencias eran «las chicas, pasear por el campo, nadar, estar ocupado, las fans, París y la poesía». Su única ambición era «triunfar…». Y para eso era necesario que hiciera su propia travesía del Atlántico.
Decca sacó precipitadamente el segundo y último álbum de Them en enero de 1966. La portada de Them, Again rezumaba truculencia y el habitual rictus sin sonrisas, con Morrison y Elliott apurando cigarrillos hasta la colilla. Van luce elegante aunque informal, con americana, suéter y camisa sin corbata, con mirada huraña, y cabeza de toro: se había hecho un buen corte de pelo después de la portada del primer LP. La nueva formación de la banda tiene un aspecto anónimo, con Alan Henderson luciendo una bufanda universitaria, y las gafas de Jim Armstrong calcadas de las de Peter Asher, del dúo Peter And Gordon. El álbum en sí, más tarde descrito por Van como un «revoltijo» y «no demasiado bueno» es un cajón de sastre de ideas sueltas, con doce títulos. Aquel sentido indefinible de un grupo haciendo música todos juntos, para ellos y para los demás, se había evaporado aún más que en el primer álbum. Se trata de una música interpretada, en gran medida, por músicos de sesión, y sin ninguna noción de a qué público iba destinaba. Aquí no se encuentra la continuidad y el flujo de los primeros álbumes de los Stones, o del primer LP de Manfred Mann. Dicho esto, él álbum no deja de ser un buen ejemplo de rhythm and blues británico. Y tiene en cuenta ciertos aspectos comerciales.
La anónima nota de contraportada centra la atención sobre los cambios que se desarrollan bajo la superficie, y elogia «el esfuerzo de Them por despegarse de la imagen habitual de los grupos pop de pelo largo que agitan las maracas. En este álbum, Them ha introducido el vibráfono, el saxo y la flauta. A ellos no les satisface estancarse musicalmente y se mueven hacia un “sonido” muy cercano al género del jazz. ¡Éste es un álbum para disfrutar! ¡Y para bailar! Pero también es un álbum para entendidos».
Según el propio Morrison, la nota abunda en el notorio problema de Morrison, aunque es perspicaz en cuanto a los motivos. «A veces él lanza a sus consejeros hacia un frenesí de desesperación como para tirarse de los pelos…, malhumorado, impredecible, perverso, a menudo realmente testarudo, aunque siempre creativo. En las sesiones, cuando se le pide que altere el fraseo de una pieza o que acelere el tempo, él replica con rebeldía tranquila: “No, yo siempre canto de esta manera… como lo siento”. Y siempre tiene razón.»
Según la ficha de plástico que se incluía, es «un álbum tormentoso, con la energía de una tempestad, un álbum para los que van en pos de una “experiencia”. Y en cada frase, y en cada nota, un álbum totalmente genial». Como en sus sueños. «I Can Give You Anything», de Tom Scott y Phil Coulter se compuso «a medianoche en plena tormenta. Es un tema agresivo y que pisa fuerte, escrito para la áspera y salvaje voz de Van». Greil Marcus describe la manera de cantar de Van en el disco como «un intento de comunicar todo lo que sabe y todo lo que siente, sin defraudar jamás, sin desperdiciar un verso ni una sola vez», aunque sin acabar de encontrar «la libertad que él busca».
De la oscuridad surgen algunos momentos memorables. «Turn On Your Love Light» se inicia con un órgano de iglesia, y el Van más seductor y suplicante que aúlla como un animal salvaje hasta el estribillo final. Él se inscribe en una cierta ventriloquia vocal: la de Eric Burdon en «Cali My Ñame», de Tommy Scott, tema estrechamente relacionado con «Don’t Let Me Be Misunderstood» y los metales de Stax, o la de un calmado Fats Domino en «Hello Josephine». «Something You Got» es el homenaje particular de Morrison a uno de sus compositores preferidos, Chris Kenner. Aunque en «It’s All Over Now, Baby Blue» Morrison no se parece en nada a Bob Dylan. Un riff de bajo, una sensible guitarra sincopada, una batería suave, y un Van lo más relajado y triste posible. El acento de Morrison es una mezcla extraña de irlandés y americano, aunque el tono general es una dulzura triste, a años luz de la ronquera de Dylan. La canción se apaga con Van que adorna la línea melódica original, como si se perdiera en sus propios pensamientos. Una marca para el futuro, y una nota de lamento por las glorias pasadas, quizás el Them original.
Posteriormente, Greil Marcus, en un artículo para Rolling Stone, compone una sinfonía de palabras para describir ese tema, un ejemplo antiguo de cómo Van puede inspirar a (y, al mismo tiempo, inspirarse en) sus músicos. «El grupo dispone un bajo dominante, muy duro, que trabaja con las notas principales en vez de con patrones, una guitarra acústica, un órgano, una batería y un vibráfono eléctrico en plan de instrumento solista con un doloroso registro agudo. Cada nota se destaca como una creación especial: “Siglos de emoción se reúnen en la simple elección que realiza un músico para pasar de una nota a la siguiente”, esta frase explica la profundidad de esa grabación. Interpretada a buen ritmo, con la voz de Van luchando virtualmente por el mando del grupo, “Baby Blue” surge como una música que a la vez es dramática y aterradora.» Marcus sólo la puede comparar con «Out Of My Mind», de Buffalo Springfield, en la que otro genio tímido, Neil Young, ofrece un relato terrible de la paranoia y la locura incipiente, como música para «la soledad de una noche oscura». La música que, por lo que a mí se refiere, sólo pondría con todas las luces bien encendidas.
De las composiciones originales de Van, «Could You Would You» es la segunda parte de «Here Comes The Night», aunque presenta una batería atronadora y un tono apasionado y suplicante muy propio. «My Lonely Sad Eyes» es como un Jagger de los más lentos, con la nueva técnica de Morrison de elidir una frase entera como si se tratase de una única palabra. El clima de pesar y las alusiones a «una tarde de sol azotada por el viento» prefigura posteriores y más geniales canciones. En la canción anida un adorable sentimiento de otoño agonizante. «Bad Or Good» se interpreta «en un estilo de gospel gritado», con un toque de Mac Rebennack, y palabras sin sentido. Una prima segunda de «Bring It On Home» de los Animáis, con los coros chillones y todo.
Mucho más interesante es la canción de Morrison «Hey Girl», que se inicia con una flauta amable y piano, y cabalga a grandes pasos como un potro que se interna en una vereda campestre. La pieza en su conjunto es un ensayo para «Cypress Avenue», y se dirige a una chiquilla, «tan joven que no sé qué hacer». El coge su mano en la «niebla matinal» —lo que recuerda a «Into The Mystic»— y los dos miran los barcos en la bahía, y luego trepan para mirar hacia «la ciudad ahí abajo». Aquí está en embrión el ambiente misterioso de Astral Weeks, un Belfast mental, y una sexualidad conflictiva. Van dice «chiquilla, quiero pasear a tu perro», un eufemismo tomado de la famosa canción sexual de Rufus Thomas. La canción concluye al vuelo, con Van que cuida de su hermana pequeña. La pieza se parece mucho a «Hey Sweetheart», de Doll By Doll, con el mismo sentimiento intenso de alegría desbordante. La manera en que Van alarga la palabra «sailing», como mínimo al doble de su duración normal, y la voz rota al cantar «little child» por sí solas ya amortizan el precio del LP.
Como señalaban las notas de contraportada, «Hey Girl» la «compuso y cantó Van como una canción de amor conmovedora y melancólica, pero es infinitamente más que eso. Aquellos que conozcan las complejas frustraciones que surgen de las superpobladas ciudades y de la falta de humanidad de una sociedad de neón verán en esta composición una firme y esencial protesta a cargo de un chico atrapado en un mundo indiferente». La canción final, el octavo tema de la segunda cara, suena al principio como un simple delirio. Sin embargo, «Bring ’Em On In», de nuevo, es algo más. «Van cita barrios y lugares de Londres. Queensway en especial, que es muy parecido al Greenwich Village neoyorquino. Casi se podría pensar que Van realmente “va al centro de la ciudad en este tema”.» Aunque Van y Them son chavales irlandeses de Belfast, y comparten el amor por la «madre patria», ahora viven en Londres. «En donde —en palabras de Van— pasa todo.» Van conduce su Jaguar — seguramente ilusionado por entonces— y luego, de repente, camina en dirección a Queensway, en donde encuentra un amigo que le invita, no está claro si a drogas, a sexo o a una taza de café. Un salto más, y él baja del barco de Irlanda, y camina lentamente «como un loco» («out of my mind») hacia el aparcamiento y hacia su amado Jaguar. Una canción en clave.
«Bring ’Em On In» prefigura por completo una carrera futura. Menos mal que, al menos en Gran Bretaña, Them era un grupo en veloz declive. El nuevo sencillo, «Cali My Ñame», de Tommy Scott, hubiera encajado mejor con los Herman’s Hermits. Para colmo de males, EMI publicó una versión de la misma canción por sus competidores de Belfast, The Wheels. Ya nadie sabía casi nada de lo que Them había sido o representado, más allá de la presencia familiar de Morrison.
Esto condujo a una piratería absoluta, con unos Them de pega que hacían las actuaciones, a menudo sin conseguir que los locales se interesaran por contratarles de nuevo. La respuesta de Solomon parecía de película de gángsters. Lanzó una amenaza pública a la agencia responsable: «Nuestros Them han perdido contratos en todo el mundo gracias a la confusión causada por ese otro grupo. Me propongo causar una confusión parecida al ofrecer nuestros duplicados de Fortunes o Pinkerton’s Colours; tengo los nombres registrados. Tan sólo cederé cuando la agencia de Terry King me compense por todo el trabajo perdido». El asunto se arregló rápidamente.
En Estados Unidos, donde Them Again había entrado en las listas, se puso a actuar otra pandilla de impostores con el nombre de Them. Al menos, esto era indicativo de la demanda del mercado, y se preparó una gira por Estados Unidos. Mientras tanto, había unos cuantos puntos que aclarar. Chris Murray relató a Wavelength de la que seguramente fue la última actuación de Them en Inglaterra. Fue en Ashton-Under-Lyne, en el salón de baile local Mecca. Un malhumorado Morrison, que antes de la actuación bebía zumo de naranja, firmó de mala gana un recorte de prensa que informaba de la actuación, después de usarlo para absorber un poco de cerveza derramada. Simpático. Cuando el grupo subió al escenario y después que les solicitaran sus éxitos en sencillos, se enfrentaron a abucheos y silbidos por lanzarse a tocar una serie de desconocidos temas de blues. A medida que la noche avanzaba y el público se reducía, Van «se creció, y cantó el blues a voz en grito, de manera belicosa».
En mayo de 1966, Them aterrizó en el aeropuerto J. F. Kennedy para dar una rueda de prensa, que careció del vivo ingenio que desplegaban las de los Beatles en tales circunstancias (y con una especie de agresividad ambiental a la que Van se ha aferrado desde entonces). Y, luego, directamente a California para unas cuantas entrevistas en la radio, y a un estadio de fútbol americano en Arizona para su primer concierto en suelo estadounidense. ¡Estos grupos modernos, ni ellos mismos saben lo mimados que están! Morrison se tragaba prácticamente el micrófono, ya que tuvo que esforzarse por hacerse oír a través de una megafonía diseñada para comentaristas deportivos.
El cénit de los dos meses siguientes, igualmente agitados, fue una estancia de tres semanas, en junio de 1966, con dos pases por noche en el Whisky-A-Go-Go del Sunset Boulevard, en Los Angeles, que tenía un aforo de trescientas personas. La incorporación de los instrumentos, de uno en uno, de la primera estrofa de «Baby Please Don’t Go» les permitía a Them presentarse por turnos, con Morrison al final, con la entrada de la armónica. En ese contexto, gracias una vez más al lujo de una estancia prolongada, y a un público semihabitual con quien podían relacionarse, el grupo se reinventó a sí mismo, y resucitó el espíritu del Club Rado. Las fotografías de la época que han quedado muestran a un combo siniestro, con Henderson y sus gafas de sol, y Armstrong totalmente vestido de blanco, que flanquean a Van en el centro, con su corte de pelo mod y su americana de vagabundo congelado. Ellos se agolpan en un diminuto escenario, no más grande que el hueco de un pub. Sólo Ray Elliott, con blazer a rayas y gorra de Sherlock Holmes, esboza la sombra de una sonrisa. La pequeña multitud, de pie y si agolparse, pronto se deshizo de la calma californiana, y asaltó el escenario con ocasión de un «Boom Boom» particularmente vibrante o cuando Van se ocupaba de tranquilizar los ánimos durante el «puente hablado» de «Gloria». Al igual que hacía en el Maritime Hotel, trataba entonces de elaborar y de alargar el monólogo, aumentando la tensión como si estirara el parche de un tambor. De la misma manera que hacía dúos con chiflados de Belfast como Johnny Johnston o Keith McDowell, ahora compartía el micrófono con el cantante de los pantalones de cuero de unos teloneros desconocidos, The Doors, todavía sin contrato con ninguna discográfica.
En su libro Jinetes en la tormenta, John Densmore recuerda que la última noche de la estancia de Them «tocamos “Gloria” todos juntos. Dos teclados, dos guitarras, dos baterías, Alan —el adorable, aunque siempre bebido, bajista— y los dos Morrison». La interpretación en cuestión duró veinte minutos. Las cintas grabadas en el Matrix en marzo de 1967 documentan a los Doors interpretando todavía su versión de «Gloria», junto con estándares de rhythm and blues como «I’m A King Bee».
Volviendo a la primera noche, el Whiskey «zumbaba por anticipado. Los reservados para VIPS del fondo estaban llenos». Lo que incluso afectó a la actuación de esa noche de Densmore, que se aceleró en la batería, en la primera canción del grupo, «Break On Through». Robby Krieger tuvo que levantar y bajar la cabeza al tempo correcto, para tranquilizar a Densmore. Durante el intermedio, se desencadenó una lucha por conseguir un asiento. «Them salió al escenario descaradamente. Soltaron varias canciones, sin solución de continuidad, lo que hacía que no se distinguieran. Van estaba bebido, y muy tenso y violento con el pie del micrófono, con el que golpeaba el suelo del escenario. Cuando él bajaba la mandíbula inferior y la lengua y dejaba ir uno de aquellos alaridos de rabia, mi legado irlandés interior hacía que se me pusiera la carne de gallina. Una angustia ancestral.»
John Rogan deja constancia de un Morrison que amenazaba al público con el pie del micro, y que lo empujaba con fuerza hacia los altavoces, con lo que se producía un chirrido de acople. Una noche se subió a un amplificador tambaleante y movió los brazos como si fueran alas, animándose a sí mismo a volar. Densmore se quedó aturdido del por qué «un tipo con tanto talento tenía que beber para subir al escenario». Conocidos los problemas posteriores de Jim Morrison con el abuso de alcohol, la frase es triste y profética a la vez. Mirando hacia atrás, él no recuerda la actuación de Them, sino «su carisma de borrachos y de extranjeros bravucones. Jim pensaba que ellos eran geniales». Los dos Morrison, Jim y Van, aullarían a coro, al estilo de «llamada y respuesta», en una épica y prolija «In The Midnight Hour». El ir de gira con Ike and Tina Turner había hecho que Mick Jagger aprendiera todo tipo de nuevos movimientos de escena. De la misma manera, Jim Morrison aprendió rápidamente del dominio del escenario de Van, de su temeridad aparente, de su aire de amenaza calmada, de la manera en que improvisaba poesía sobre un ritmo de rock, incluso la costumbre de agacharse cerca del bombo durante los solos instrumentales. El líder de los Doors iba a hacer de esas travesuras algo más cohibido, algo más teatral. Él también aprendió malas costumbres. Como señalaba Armstrong: «En el escenario, Jim Morrison era un típico californiano amante de los porros, mientras que nosotros procedíamos de un ambiente de bebedores, y en cierta forma reacios a adoptar nada de los demás. Así que fuimos los que realmente metimos a Jim en la bebida». Él tenía su propio viaje que hacer hacia el inconsciente, un sendero más siniestro y peligroso que el que tomaría Van, y que, cinco años después, conduciría a Jim a una tumba de poeta en París.
Irónicamente, Jim no estaba presente cuando a Densmore se le ofreció una oportunidad única, la de ver las primeras versiones de lo que se convertiría en Astral Weeks. Como Patti Smith después de él, Jim Morrison estaba obsesionado por la fusión de la poesía con la música de rock. Antes de su prematura muerte, Jim publicó tres folletos con poesía, bastante alejada de sus letras de rock, y había dedicado parte de la actuación de los Doors a su épica pieza narrada «Celebration Of The Lizard». Van iba en la misma dirección, a la velocidad de la luz.
Densmore le acompañó a una fiesta después de la primera noche en el Whiskey. A las dos de la madrugada, todos hablaban y bebían a excepción de Van. «Él se sentó en el sofá, ceñudo y malhumorado, sin decir palabra. De repente agarró una guitarra y empezó a cantar canciones sobre la reencarnación, que estaba en “otro tiempo y lugar”.» La canción es «Astral Weeks». «Era poesía pura mezclada con rock ’n’ roll. Me hubiera gustado que Jim estuviera allí. En el apartamento se hizo el silencio y todos los ojos se clavaron en Van. Al oírle cantar sobre “caminar por jardines húmedos de lluvia” me saltaron las lágrimas. Era como si él no se pudiera comunicar a un nivel de charla normal, y lo pusiera todo en las canciones. Nosotros estábamos fascinados. No parecía adecuado cubrir a Van de halagos, porque su música surgía de un lugar muy profundo. Así que cuando él terminó se produjo un silencio de un minuto o así. Un silencio sagrado. Y luego todos volvieron a hablar o a seguir de fiesta.» Un momento inestimable de la historia del rock, y si la memoria de Densmore es precisa, quiere decir que parte de Astral Weeks es anterior a la desaparición de Them, sin hablar de las sesiones Bang.
Aunque Jim se había perdido ese maná del cielo, el vínculo entre él y Van resistió. Densmore recuerda estar caminando por el Santa Monica Boulevard, unos meses después, cuando se cruzó con Van Morrison: «Él bajó la ventanilla y me dijo que estaba de nuevo en la ciudad y me preguntó qué hacía Jim. Yo sé que Jim admiraba y se preocupaba por Van.» Por entonces, Van se había trasladado de manera permanente a Estados Unidos, como intérprete en solitario.
Mientras tanto, otros pioneros de la psicodelia conocían los lugares extraños adonde podía ir la música de rock, al hacer de teloneros de Them en el Whiskey. Ciertamente, la tensión y la ansiedad de toda la música de Van dejaron su marca en los mal llamados Love, todavía en su fase de garaje, con Arthur Lee insinuándose como un negro, y más frágil, Mick Jagger. Lee era otro rockero cuyas canciones se iban haciendo extrañas, y un hombre que adquiriría su original lirismo, teñido de oscuridad, en Forever Changes de 1967. Otros actuantes en el Whiskey fueron Captain Beefheart And His Magic Band, cuyo singular acercamiento al blues superaba incluso al de Van. Howlin’ Wolf en LSD, desde Neptuno. Otros teloneros eran The Association, suministradores de colocados coros, cuya influencia llegó hasta Inglaterra. El grupo mod The Action versionó las canciones de The Association, en el camino de su rica transformación en Mighty Baby, los Grateful Dead británicos. Estos pocos meses establecieron los parámetros de la música para los veinte años siguientes, quizás para siempre, y es fascinante que la última encarnación de Them gozara de tal compañía.
La música popular era como una gran pelota de playa de colores, en el aire y a disposición de cualquiera. Las múltiples sustancias químicas, un ambiente de optimismo juvenil, y avances como el LP estéreo y la mejora de los sistemas de megafonía, contribuyeron a alimentar la revolución. Allí estaba Van, con la agresividad de Belfast que crujía como un caparazón en los albores del Verano del Amor. Them fueron de Los Angeles a San Francisco para tocar como cabeza de cartel en el Fillmore Auditorium. Un público variopinto se sentaba, con las piernas cruzadas y en silencio, en el suelo, en medio de parpadeantes luces estroboscópicas y proyecciones ectoplasmáticas que estimulaban vislumbres de lo eterno, químicamente inducidos. Todo como parte de la experiencia psicodélica, el tipo de «explosión de la mente» con la que posteriormente Van Morrison no estaría de acuerdo, y a la que su propia música ayudaría a la gente a viajar, y a sobrevivir. Como cualquier otro genio común y corriente, la mente de Van era ya bastante extraña, sin la ayuda de alucinógenos.
El promotor del Fillmore, Bill Graham, iba y venía, igualmente sin tomar drogas, carpeta sujetapapeles en mano, imponiendo un orden propio en medio del caos aparente. Graham provenía del ambiente del teatro de vanguardia, y esa misma noche, entre bastidores, le presentó a Morrison a una joven actriz que, en el más puro estilo hippy, se había reinventado a sí misma como «Janet Planet». Mujer independiente adelantada a su tiempo, Janet combinaba su carrera con la crianza de su hijo Peter, como madre soltera. Sea lo que sea lo que ocurrió entre Van y Janet, empezando por los mismos nombres que rimaban a medias, ella estuvo presente en el resto de las actuaciones estadounidenses de Them.
Aturdidos por el tipo de música que ellos descubrieron de primera mano en California, Van y los demás miembros de Them se enfrentaban a un futuro a la vez incierto y por decidir. Van vio que «por lo que se refería a las ideas y al material, Estados Unidos era el lugar para mí…, la gente comprendía, seguramente por primera vez, lo que yo decía». En aquel momento, ellos ya no eran, de ningún modo, un grupo de sencillos —si es que lo habían sido alguna vez— y sólo interpretaban la aborrecida «Cali My Ñame» si se lo solicitaban expresamente. Tal cosa ocurría muy de tarde en tarde, por lo que la canción no consiguió molestar a los Cien Principales.
Los buitres se agrupaban. Roy Carr del NME describía a Them como «el arquetípico y malhumorado grupo de club británico de rhythm and blues: una pandilla descompensada de vaqueros de bar de carretera sin imagen, con un equipo anticuado que alcanzan algún grado de inmortalidad y de notoriedad a pesar de sus hoscas personalidades». Mientras tanto, el grupo esbozaba una primera versión de «Ballerina», una canción de impresionante belleza inspirada en Janet, que estrenaron en un concierto en Hawai. Con todo, las tensiones llegaban al máximo. Se producían disputas sobre el dinero, y una noche en San Luis, Van se puso a acechar furtivamente a Ray Elliott con un pesado pie de micrófono, con el objeto de causarle un daño físico grave. Elliott y David Harvey ya habían abandonado el grupo, por razones de índole práctica, y eligieron quedarse en Estados Unidos y arriesgarse en el valiente y confuso nuevo mundo del rock underground. Cuando la gira se terminó, Them se dispersó como pétalos en el viento.
Van y Alan Henderson se dirigieron de vuelta a Belfast, y tocaron en dos conciertos finales, en Derry y Dublín, con el batería Sammy Stitt. Durante su ausencia, en junio de 1966, Decca había publicado en sencillo «Richard Cory» —una canción amarga sobre el propietario de una fábrica, al que uno de sus obreros le envidia incluso su suicidio—, de sus sesiones de grabación finales. Compuesta por Paul Simón, la interpretación está próxima al folk-rock, y suena incómoda y sin convicción. Decca incluso canceló una versión competidora a cargo de los recientemente fichados Animáis, para dar preferencia a la interpretada por Them. Con el grupo desplazado en Estados Unidos, e incapaces o poco dispuestos a promocionarlo, el sencillo no entró en las listas, y en este camino hacia un olvido piadoso le acompañó «I Can Only Give You Everything», sacado de Them Again como el único sencillo estadounidense. Aunque no tanto en este último caso, ya que los Troggs tuvieron en alto concepto esta conmovedora paliza como para incluirla en Trogglodynamite, de 1967, y veinte años después aún la usaban como bis.
Them apenas existía ya como un equipo operativo. «A veces el grupo tan sólo se formaba con los que se presentaban», admitía posteriormente Morrison. El lugar de Jim Armstrong lo tomó brevemente Eric Bell, ex de The Shades Of Blue, y que luego fundaría Thin Lizzy. El cada vez menos comprometido Henderson movilizó a un núcleo variable de nuevos miembros en garitos como Crymbles, en los que se congregaban los rockeros de Belfast para pedir equipo prestado, comparar notas, revelar secretos y presumir de inminentes contratos discográficos.
Las necesidades económicas obligaron a Them a cambiarse a cuarteto con Morrison a la guitarra y saxo, además de cantante. La actuación incluía «Gloria» y «Tum On Your Love Light», con arreglos libres en la frontera del pop jazzístico, un estilo post-rhythm and blues que también adoptaron Georgie Fame, The Artwoods y The Mark Leman Four. En la ciudad de Hull, The Rats, con Mick Ronson a la guitarra —otro futuro colaborador de Van— publicaron como caras A «Parchman Farm» de Mose Allison y «Sack O’Woe» de Cannonball Adderley. Era un estilo al que Morrison regresaría en los años noventa. Por el momento, y a la luz de lo que ya se estaba filtrando desde California, gracias a programas como Perfumed Garden, de John Peel, en Radio London, aquellos procedimientos musicales ya sonaban trillados y caducos.
Así fue como «Van Morrison and Them Again» hicieron su primer concierto en julio de 1966 en Square One, un nuevo local de Belfast. Van vestía un manto azul y un traje «flower power» de San Francisco, un mesías de la moda. También musicalmente, ya que hizo pedazos la lista de temas y se lanzó hacia una improvisación de blues. Los músicos contratados se volvían más y más recelosos al tiempo que Morrison probaba canciones nuevas no ensayadas, y asociaciones de formas libres, en un número de funambulismo musical sin red. Habría estado bien si el grupo entero hubiera crecido conjuntamente, pero incluso Captain Beefheart tenía la necesidad de que sus músicos se ejercitaran a fondo, previamente. Bell declaró a Steve Turner que Van era como un músico de jazz, «inventando la letra a medida que cantaba, subiendo el volumen hasta lo más alto para luego bajarlo hasta el fondo». La actuación era más un desorden que una revelación, y parecía que Van había dejado de preocuparse por lo que su grupo o el público pensara de él. La expresión libre se mezclaba con una carencia de cualquier autocensura, incluso entre canciones, y el torrente de palabrotas en el Town Hall de Carrickfergus casi provocó disturbios entre teddy boys que pensaban que dicho lenguaje debía restringirse al pub, y no usarse en un lugar de diversión. Una lluvia de peniques de cobre sumergió al grupo, antes de que los lacerados músicos abandonaran el escenario. El incidente fue lo suficientemente grave para que apareciera en el noticiario de la televisión regional, incluida entrevista con un impenitente cantante solista.
Lo más extraño de todo fue una canción grabada en la sesión de «Richard Cory». «Mighty Like A Rose» —nada que ver con la composición posterior de Elvis Costello— es un poema de salón de finales de siglo musicado. Si la canción se hubiera publicado como sencillo, se podría haber relacionado a Them con el tipo de capricho de tiempos pasados que por entonces dominaba en los veinte principales.
Morrison era como alguien que, ahogándose, se aferraba a cualquier esperanza. Él pensó incluso en unirse a The Wheels, reducidos por entonces a Rod Demick y Herbie Armstrong. Turner narra que Morrison se encontró con Armstrong en el exterior de una tienda de pescado y patatas de Creggah Road, y que le expuso su interés, pero que «él tenía que efectuar una llamada a Bert Berns, a Estados Unidos». Él también hizo una expedición a la caza de talentos, de nuevo en el Club Rado en el que Taste, el nuevo grupo de Rory Gallagher —con John Wilson a la batería— estaba de residente, antes de una estancia de dos años en Alemania.
Por consejo de Phil Coulter, Van se había comprado un magnetófono de dos bobinas de cinta, para grabar maquetas con la clase de canciones-poemas impresionistas que había interpretado ante John Densmore, y que después había probado en escena, de manera desastrosa, con el grupo de aluvión antiguamente conocido como Them. Las maquetas de las canciones nuevas como «Brown Skinned Girl» y «T. B. Sheets» se distribuyeron con más esperanza que ilusión. Y con el agravante de saber que, desgraciadamente, caerían en la red de algún pirata.
Como si tratara de acentuar su aislamiento, cada vez mayor, Alan Henderson tenía una nueva formación de Them de nuevo en gira, con Kenny McDowell, de The Mad Lads, de cantante solista. Ellos editarían cuatro álbumes de mérito decreciente, de entre los cuales el primero, Now And Them, reposa injustamente en el olvido (aunque Zap logró lanzar una reedición en vinilo). Es una obra de transición, mitad rhythm and blues, mitad improvisación West Coast. Este último estilo está más presente en el excelente «Square Room», de influencia oriental, y cercano a las largas excursiones del grupo estadounidense, asimismo infravalorado, Kaleidoscope. Por todo ello, el grupo es como Hamlet sin el príncipe; las notas de contraportada de Carol Deck, de la desconocida revista de rock FLIP, tienen un tono esencial de desesperación. «Estos son Them ahora y ahora es Them. Ellos han sufrido algunos cambios, épocas buenas y malas y de todo ello han aprendido. Pienso que este va a ser el momento de Them. Y creo que Them os gustará.»
Pero no fue así, al menos de manera especial. La desafinada «I Happen To Love You» no ayudó, y el clima de paz y amor —incluso la portada es un flojo pastiche de Milton Glaser— no se corresponde con las descripciones del grupo. Alan Henderson es «un poco duro», mientras que Ray «no confía en la gente» y el batería Dave Harvey «no se destaca en una multitud» y es «lento, en todo».
La canción más interesante es «Walking In The Queen’s Garden», compuesta en parte por Morrison, aunque acreditada sólo a Them, un caso contrario a la práctica habitual. La letra se canta con un acento irlandés fastidiosamente sotto voce, aunque surge lo bastante como para intrigar, con saltos de agua, cucharas de plata, «niebla púrpura» y demás. ¿Pero dónde habíamos oído esta última frase antes? La muy repetida frase «ahora que tú vas al grano, yo voy a por otra aventura» supone la despedida de Morrison a su grupo antiguo. Incluso la apertura surrealista «el duque es un rollo, con su bandera amarilla» podría muy bien haber sido la resolución artística de algún juego de palabras en el camerino.
O no. Tommy Scott declaró a Johnny Rogan que Van «se me acercó en Los Angeles y me dijo: “He compuesto este tema, ¿tú crees que es muy irrespetuoso?”. No creo que él lo haya grabado nunca». Desde luego se inscribe en una no muy larga lista de canciones sobre el Duque de Edimburgo. El horrible In Reality, de 1971, presagia la desaparición de Them, aunque en 1979 se produjo una corta reformulación, cuyo capítulo auditivo ha aparecido recientemente en un CD alemán.
Un grupo disidente, The Belfast Gypsies, contaba con los hermanos McAuley. Su único LP lo grabó Kim Fowley en Suecia, con la portada presumiendo del nombre Them Belfast Gypsies, para confusión de compradores incautos. Finalmente se consiguió una edición británica, en 1978, con las notas de contraportada, típicamente meticulosas, de Brian Hogg, cuyo fanzine Bam Balam mantuvo con vida a nombres como Them durante los años del glam rock. El álbum retoma una alegre y más rápida «It’s All Over Now, Baby Blue» —al parecer con un énfasis suplementario otorgado al verso «olvida tus deudas, no te seguirán»— y el extraño sencillo «Gloria’s Dream». Se trata de una rara apropiación del original, ligeramente más lenta y más lejana. Es una noche de niebla, y la fiesta se está poniendo bien, y Gloria todavía está contenta de subir las escaleras, y todo da más vueltas y vueltas, como si se estuviera drogado. Hay un toque del clima de «The Sinking Of The Titanic», de Gavin Bryars, música refractada desde debajo de las olas.
Jackie se juntó luego con la primera cantante de Fairport Convention, Judy Dyble, en un dúo de voces de corta duración, llamado Trader Horne (nombre de la tía de John Peel, o de la abuela, o de alguna caprichosa familiar). Su único y hermoso álbum está muy buscado actualmente, al igual que el primer trabajo en solitario de McAuley, grabado con prominentes músicos de jazz como Henry Lowther. Jackie acabó por convertirse en el guitarrista y arreglista de Lonnie Donegan, para fundar después el grupo Poor Mouth, nombre sacado de una novela de Flann O’Brien. Dos influencias que da la casualidad que Van Morrison tiene también. En declaraciones a Wavelength, Jackie McAuley recordaba su época con Them, sin salir del circuito de salones de baile: «La gente solía preguntarle a Van: “¿Sabéis alguna canción de Cliff Richard?”. Y él ni les contestaba. Tan sólo les echaba una mirada.»
Them recibió la mejor necrológica en un sencillo póstumo, publicado por el nuevo sello de Phil Solomon, Major-Minor, en septiembre de 1967. Morrison recuerda la época «cuando los amigos eran amigos / y la compañía era grata», riendo, bebiendo, montando «el número» en el Spanish Room de Falls Road. Él también recuerda el Club Rado:
Now, just about this time with the help of the three Js Started playin’ at the Maritime
That’s Jerry, Jerry and Jimmy
And you know they were always fine
They helped us run the Maritime
And don’t forget Kit
Hitting people on the head and knockin’ them out.
That little one sings and that big one plays the guitar with a thimble on his finger runs it up and down the strings The bass player don’t shave much
I think they’re all a little bit touched
But the people came
And that is how we made our name.[2]
Una buena época, incluso si ellos habían sido también «salvajes, sudorosos, rudos, feos y locos». En una entrevista de Roy Carr, en 1973, Van ya hacía un acercamiento a su pasado: «Durante mucho tiempo no me di cuenta de los buenos que eran los discos que hice con Them. En el momento que tú te pones a renegar de algo que hiciste, creo que tienes un problema serio».
Las respuestas que tuvieron las maquetas de Van Morrison sugerían que el auténtico espíritu de Them aún permanecía en el regordete cuerpo de él. Decca mostró interés, y se decidió por cuatro temas en solitario para grabarlos en sus estudios de West Hampstead. Aunque él había vuelto a firmar contrato con Decca, Morrison tenía que seguir el juego de la compañía discográfica, algo que ya había dejado bastante claro que no estaba dispuesto a hacer. Las actuaciones en cabarets y un personaje no conflictivo no figuraban en el camino elegido por él.
Una oferta más tentadora llegó como caída del cielo de parte de Bert Berns, de Bang Records de Nueva York, la llamada que Van debía contestar justo cuando se le presentaba el olvido musical con The Wheels. Ésta era una encrucijada importante en su vida. Para él aún no era demasiado tarde para poder volver de aprendiz a Musgrave and Co. Al principio, sus compañeros de trabajo se hubieran mofado de él por haberse dado aires de superioridad, pero luego él podría actuar los fines de semana con The Wheels, o hacer de telonero de cualquier nombre importante que fuera a Belfast.
La alternativa era un paso hacia la oscuridad, intentar de una vez por todas la carrera en solitario. Estados Unidos era la tierra de las oportunidades, la fuente del rico legado musical de Morrison, un sitio con inmensas posibilidades. Berns era un viejo amigo y aliado. Además, Janet Planet esperaba pacientemente el regreso de Morrison, y era poco probable que ella se mudara de California a Belfast. Realmente no existía dilema alguno. Van tomó el avión de ida a Nueva York.