Criptonomicon I, El Codigo Enigma

Neal Stephenson · Capítulo 26 de 37

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Criptonomicon I, El Codigo Enigma

El castillo

En cuanto Lawrence Pritchard Waterhouse baja del tren, algún canalla le golpea de lleno en el rostro con un chorro de agua helada salobre. El aluvión continúa mientras camina y comprende que allí no hay nadie. No es más que una cualidad intrínseca de la atmósfera local, como la niebla en Londres.

La escalera que lleva sobre los carrilles a la terminal de Utter Maurby está protegida por un tejado y paredes, formando un órgano gigantesco que resuena con una vibración infrasónica al ser aporreado por el viento y el agua. Al llegar a la parte baja de la escalera, la tormenta desaparece de pronto de su cara y puede permanecer de pie durante un momento y admirar el fenómeno con la atención que merece.

La tormenta ha combinado el viento y el agua en lo que esencialmente es una espuma caótica. Un micrófono sostenido en el aire registraría únicamente ruido blanco: ausencia total de información. Pero cuando el ruido golpea el tubo largo de la escalera, produce una resonancia física que se manifiesta en el cerebro de Waterhouse como un zumbido grave. ¡La física del tubo extrae una estructura coherente del ruido inútil! ¡Si Alan estuviese aquí!

Waterhouse experimenta cantando los armónicos de ese tono grave fundamental: octava, quinta, cuarta, tercera mayor, y siguiente. Cada uno resuena en la escalera en mayor o menor grado. Es la misma serie de notas producida por un instrumento de metal. Saltando de una nota a otra, Waterhouse consigue tocar en la escalera unas llamadas de corneta bastante pasables. La diana le sale bastante decente.

—¡Qué encantador!

Se da la vuelta. Hay una mujer de pie tras él, sujetando una maleta del tamaño de una bala de heno. Tiene como unos cincuenta años, con aspecto de estufa, y llevaba una bonita permanente nueva de gran ciudad hasta segundos antes de bajar del tren. El agua salada le corre por la cara y cuello y desaparece bajo el férreo vestido de lana gris de Qwghlm.

—Señora —dice Waterhouse.

A continuación Waterhouse sube la maleta hasta lo alto de la escalera.

Eso los sitúa a los dos, y a todo el equipaje, en un puente estrecho cubierto que pasa sobre los raíles y llega hasta el edificio terminal. El puente tiene ventanas, y Waterhouse sufre un asqueroso ataque de vértigo al mirar por ellas y a través de la media pulgada de lluvia y agua salada que pasa a cada momento frente a ellos en dirección hacia el océano del Atlántico Norte.

Ese gran cuerpo de agua está sólo a un tiro de piedra e intenta con todas sus fuerzas acercase aún más. Debe tratarse de una ilusión óptica, pero las partes altas de las olas parecen estar al mismo nivel que el plano donde se encuentran ellos a pesar del hecho de que está al menos a veinte pies del suelo. Cada una de esas olas debe pesar tanto como todos los trenes de carga de Gran Bretaña juntos, y corren hacia ellos implacablemente, golpeando con furia las rocas. Hace que Waterhouse quiera sufrir un ataque, desplomarse y vomitar. Se tapa los oídos.

—¿Es usted músico? —pregunta la dama.

Waterhouse se vuelve para mirarla. La mujer recorre con la vista el uniforme, comprobando las insignias. A continuación lo mira a la cara y le dedica una sonrisa de abuela.

Waterhouse comprende, en ese preciso instante, que la mujer es una espía alemana. ¡Por todos los santos!

—Sólo en tiempos de paz, señora —dice—. Ahora la Marina tiene otros usos para hombres con buenos oídos.

—¡Oh! —exclama—, escucha cosas, ¿no?

Waterhouse sonríe.

—¡Ping! ¡Ping! —dice, imitando el sonido del sonar.

—¡Ah! —responde ella—. Mi nombre es Harriet Qrtt. —Le ofrece la mano.

—Hugh Hughes —dice Waterhouse aceptándola.

—Es un placer.

—El placer es mío.

—Supongo que necesitará un lugar para alojarse. —La mujer enrojece visiblemente—. Perdóneme. He asumido que se dirige a Exterior. —Ese Exterior es el de Qwghlm Exterior. Ahora mismo están en Qwghlm Interior.

—En realidad, es del todo correcto —dice Waterhouse.

Como cualquier otro topónimo en las Islas Británicas, QwghlmInterior y Exterior son nombres increíblemente inexactos de orígenes antiguos y posiblemente cómicos. Qwghlm Interior ni siquiera es del todo un isla; está conectada por un banco de arena que solía ir y venir con las mareas, pero que ha sido aumentado con un paso elevado que contiene una carretera y una línea de ferrocarril. Qwghlm Exterior está a veinte millas.

—Mi marido y yo gestionamos una pequeña pensión —dice la señora Qrtt—. Sería un honor para nosotros tener en casa a un hombre asdic. —

Asdic no es más que el acrónimo británico para lo que los yanquis llamar sonar, pero cada vez que se pronuncia esa palabra en presencia de Alan,

adopta una expresión traviesa y comienza a llorar de risa [12].

Así que acaba en la residencia Qrtt. Waterhouse, el señor Qrtt y la señora Qrtt pasan la noche rodeando la única fuente de calor: un calentador de carbón que ocupa el hueco de la chimenea. De vez en cuando el señor Qrtt abre la puerta y arroja más carbón a las cenizas. La señora Qrtt sirve la cena y espía a Waterhouse. Nota su paso ligeramente asimétrico y consigue sonsacarle que en una ocasión tuvo un encuentro con la polio. Él toca el órgano —en el salón hay un armonio a pedales— y ella lo felicita.

Waterhouse ve por primera vez Qwghlm Exterior a través de un imbornal. Ni siquiera sabe para qué sirve realmente un imbornal, aparte de para vomitar. La tripulación del ferry le dio a él y a la otra media docena de pasajeros instrucciones detalladas sobre cómo vomitar antes de que dejasen atrás el rompeolas de Utter Maurby, siendo el detalle más importante que si te inclinas sobre la barandilla casi con toda seguridad te caerás por la borda. Es mucho mejor ponerse a cuatro patas y apuntar a un imbornal.

Pero la mitad de las veces que Waterhouse mira por uno de ellos, no ve agua sino algún punto distante en el horizonte, o a las gaviotas persiguiendo el ferry, o la silueta en tres puntas característica de Qwghlm Exterior.

Las puntas son columnas de basalto llamadas sghrs. Como estamos en medio de la Segunda Guerra Mundial, y Qwghlm Exterior es la parte de las Islas Británicas más cercana a la acción de la Batalla del Atlántico, ahora

está moteada de pequeños cobertizos de radio de color blanco y le han crecido muchas antenas. Hay un cuarto sghr, mucho más bajo que los otros y que se confunde con facilidad con un simple altozano, que se eleva sobre el único puerto de Qwghlm Exterior (y, para ser exactos, único asentamiento sin contar la base naval situada al otro extremo). En lo alto del cuarto sghr se encuentra el castillo, hogar nominal de Nigel St. John Gloamthorpby-Woadmire, que va a convertirse en el nuevo cuartel general del Destacamento 2702.

Un paseo de cinco minutos permite recorrer toda la villa. Un gallo furioso persigue a unas tímidas ovejas por la calle principal. Hay nieve en las elevaciones más altas, pero aquí abajo no es más que un aguanieve gris, indistinguible del empedrado gris hasta que la pisas y caes de culo. La Enciclopedia Qwghlmiana usa profundamente el artículo definido: la Villa, el Castillo, el Hotel, e l Pub, el Muelle. Waterhouse se detiene en el Cagadero para ocuparse de algunas complicaciones posteriores al viaje por mar, y luego sube por la Calle. El Automóvil se sitúa a su lado y le ofrece llevarle; resulta que también es el Taxi. Le lleva dando una vuelta por el Parque donde ve la Estatua (antiguos qwghimianos dando una paliza a desdichados vikingos); el gesto no pasa desapercibido para el Taxista, que se mete en el Parque para que pueda ver mejor.

La Estatua es una de esas que tiene mucho que decir y en consecuencia abarca mucho terreno. El pedestal es una losa de basalto local, cubierto en un lado por lo que Waterhouse reconoce, gracias a la Enciclopedia Qwghlmiana… como antiguas runas de Qwghlm. A ojos de un filisteo ignorante, podrían parecer una interminable serie de caóticas equis, ies, uves, guiones, asteriscos y uves invertidas sans-seríf. Pero es una perdurable fuente de orgullo para…

—No nos impresionaban los romanos con Julio César —comenta el taxista—, y tampoco nos impresionaba demasiado el alfabeto.

La Enciclopedia Qwghlmiana contiene un largo artículo sobre el sistema local de runas. El autor del artículo estaba tan amargado que leerlo es una empresa casi físicamente dolorosa. La práctica qwghlmiana de rechazar el uso de curvas y bucles, formando todos los glifos con líneas rectas, lejos de ser tosca — como han afirmado algunos estudiosos ingleses

— dota a la escritura de una austeridad límpida. Se trata de un estilo de escritura admirablemente funcional en un lugar en el que (después de que

los ingleses talasen todos ¡os árboles) la mayor parte de ¡a clase intelectual sufría de congelación bilateral crónica.

Waterhouse ha bajado la ventanilla para ver mejor; aparentemente alguien ha perdido el Limpiaparabrisas. La brisa fría que le golpea la cara comienza a disipar por fin su mareo, hasta el punto que comienza a preguntarse cómo podría entrar en contacto con la Puta.

Luego comprende, con algo de desilusión, que si la Puta tiene medio cerebro en la cabeza, estará al otro lado de la isla, en la base naval.

—¿Quién es el desdichado? —pregunta Waterhouse. Señala una esquina de la estatua, donde un perdedor flacucho y oprimido, portando un collarín de hierro al cuello y una cadena que cuelga, tiembla y se encoge ante la carnicería impuesta por los fornidos machotes de Qwghlmia.

Waterhouse ya conoce la respuesta, pero no puede resistirse a hacer la pregunta.

—¡Hakh! —le suelta el taxista, como si estuviese expectorando flema

—. Sólo puedo suponer que era de Qwghlm Interior.

—Claro.

El intercambio parece haber provocado al conductor un humor resentido y vengativo que sólo puede calmarse conduciendo muy deprisa.

Debe haber como una docena o más de curvas pronuncias en la carretera que lleva al Castillo, cada una de ellas esmaltada de hielo negro y cargada de peligros mortales. Waterhouse se alegra de no ir caminando, pero las curvas y los patinazos del taxi reavivan su mareo.

—¡Hakh! —dice el conductor, cuando ha recorrido tres cuartos del camino y ha habido silencio durante varios minutos—. Prácticamente le pusieron una alfombra roja a los romanos. Se abrieron de patas para los vikingos. ¡Probablemente a estas alturas sean alemanes!

—Hablando de bilis —dice Waterhouse—. Necesito que se haga a un lado de la carretera. Seguiré caminando desde aquí.

El conductor se sorprende y se molesta, pero cede cuando Waterhouse le explica que la alternativa es una larga y profunda limpieza de la tapicería. Él conductor incluso lleva a Petate hasta lo alto del sghr y lo deja allí.

El Destacamento 2702 llega al Castillo como quince minutos más tarde en la persona de Lawrence Pritchard Waterhouse, marine de los Estados Unidos, que ejerce de avanzadilla. El paseo le sirve para perfilar su

historia y meterse en el personaje. Chattan le ha advertido que habrá criados y que éstos ven cosas, y hablan. Sería mucho más conveniente limitarse a enviar a los criados a otra parte, pero sería descortés para con el duque.

—Tendrá —le dijo Chattan— que inventarse un modus vivendi. —

Una vez que Waterhouse hubo consultado el término, estuvo de acuerdo de todo corazón.

El castillo es un montículo de escombros del tamaño del Pentágono. A sotavento han colocado un tejado funcional, cableado eléctrico y otros adornos como puertas y ventanas. En esa zona, que es todo lo que Waterhouse consigue ver la primera tarde y noche, puedes olvidarte de que estás en Qwghlm Exterior y fingir que te encuentras en un lugar más verde y cálido, como las Tierras Altas de Escocia.

A la mañana siguiente, acompañado por el mayordomo, Ghnxh, se aventura por otras partes del edificio y le encanta descubrir que no puedes llegar hasta ellas sin salir al exterior; los pasillos de conexión internos han sido bloqueados con mortero para frenar la migración estacional de los skrrghs (pronunciado de forma similar a «eskerris»), los mamíferos juguetones de ojos brillantes y larga cola que son las mascotas de las islas.

Esa compartimentalización, aunque incómoda, será perfecta para la seguridad.

Tanto Waterhouse como Ghnxh están rodeados de capas y capas de genuina lana de Qwghlm, y éste último carga con la LUCIFER

GALVÁNICA. La Lucifer Galvánica tiene un diseño antiguo. Ghnxh, que tiene ya como un centenar de años, no puede más que sonreír con condescendencia ante la linterna de la Marina norteamericana que lleva Waterhouse. Con el tono de voz sotto voce que uno emplearía para corregir una inmensa metedura de pata social, le explica que la lucifer galvánica tiene un diseño tan superior que cualquier referencia posterior a la linterna de la Marina sólo serviría para avergonzar a todos los implicados. Guía a Waterhouse a una habitación especial tras la habitación tras la habitación tras la habitación tras la despensa, una habitación que existe únicamente para el mantenimiento de la lucifer galvánica y el almacenamiento de sus piezas y suministros. El corazón del ingenio es una jarra esférica de vidrio soplado comparable en volumen a una jarra de un galón. Ghnxh, quien sufre de un caso bastante avanzado de hipotermia o parkinson, mete un embudo de vidrio por el cuello de la jarra. Luego coge un garrafón de

vidrio de un estante. El garrafón, que lleva la etiqueta de AGUA REGIA, está lleno de un líquido explosivo de color naranja. Quita la tapa de vidrio, lo abraza y lo inclina para que el fluido naranja comience a caer en el embudo y dentro de la jarra. Allí donde salpica sobre la mesa, sale algo muy similar al humo mientras come un agujero como otros miles de agujeros que ya hay en la mesa. Los vapores llegan hasta los pulmones de Waterhouse; son asombrosamente corrosivos. Tiene que salir tambaleándose de la habitación durante un rato.

Cuando se aventura a regresar, se encuentra a Ghnxh tallando un electrodo a partir de un lingote de carbono puro. El jarro de agua regia ya está tapado, y en él hay suspendida una variedad de ánodos, cátodos y otras sustancias, sostenidas por abrazaderas de oro. Cables gruesos, rodeados de una cubierta aislante de amianto tejido a mano, salen del jarro y llegan hasta la parte importante de la lucifer galvánica: una ensaladera de cobre cuya boca está cerrada por una lente Fresnel como las que se emplean en los faros. Cuando Ghnxh consigue que el electrodo de carbono tenga la forma y el tamaño adecuados, lo mete por una pequeña trampilla a un lado de la ensaladera, y despreocupadamente le da a un interruptor frankensteiniano.

Durante un momento, Waterhouse cree que una de las paredes del edificio se ha desmoronado, exponiéndoles a la luz directa del sol. Pero Ghnxh se ha limitado a activar la lucifer galvánica, que pronto se vuelve diez veces más brillante, a medida que Ghnxh ajusta un tornillo de bronce.

Aplastado por la vergüenza, Waterhouse vuelve a meter la linterna en la cartuchera del cinturón, y sale de la habitación delante de Ghnxh, con la lucifer galvánica causándole una sensación palpable de calor en la nuca.

—Tenemos como dos horas hasta que se apague —dice Ghnxh como quien no quiere la cosa.

Vaya que si montan un modus vivendi. Waterhouse da una patada a una vieja puerta y a continuación Ghnxh entra en la habitación que hay al otro lado y lanza el rayo de luz como si fuese un lanzallamas, haciendo retroceder a una docena, o un centenar, de eskerris chillones. Waterhouse entra con cautela en la habitación, caminando sobre los restos del tejado o habitación que antes la ocupase. Inspecciona con rapidez el lugar, intentado decidir cuánto esfuerzo sería necesario para hacerlo habitable para cualquier organismo más avanzado.

La mitad del castillo, en un momento u otro, ha sido quemada por una combinación de corsarios beréberes, rayos. Napoleón y fumar en la cama.

Los cosarios fueron los que hicieron el mejor trabajo (probablemente tan sólo porque querían mantenerse calientes), o quizá porque los elementos han tenido más tiempo para descomponer lo que las llamas dejaron. En cualquier caso, en esa sección del castillo, Waterhouse encuentra un sitio donde no hay demasiados escombros a retirar, y donde puede rodear con rapidez un espacio con maderas y lonas. Está diametralmente opuesto a la zona del castillo todavía habitada, lo que la expone a las tormentas invernales pero la protege de los ojos entrometidos del personal.

Waterhouse se mueve para tomar algunas medidas preliminares, luego se dirige a su habitación, dejando que Ghnxh se encargue del apagado de la lucifer galvánica.

Waterhouse bosqueja algunos planos de las obras, dando por fin algo de uso a sus malgastadas habilidades de ingeniería. Redacta una lista de materiales necesarios, lo que naturalmente implica muchos números: 100 8'

2 x 4 es un ejemplo típico. Escribe la lista una segunda vez. usando letras en lugar de números: UN CENTENAR DE DOS POR CUATRO DE

OCHO PIES. Esa forma de expresarlo es potencialmente confusa, por lo que lo cambia para que diga TABLEROS DE DOS POR CUATRO

ENNÚMERO DE UN CENTENAR Y LONGITUD DE OCHO PIES.

A continuación saca una hoja de lo que parece papel de contabilidad, dividido verticalmente en grupos de cinco columnas. En esas columnas transcribe el mensaje, ignorando los espacios:

TABLE ROS DE DOSPO RCUAT ROENN UMERO

DEUNC ENTEN ARYLO NGITU DDEOC HOPIES

Y así con todo. Cuando se encuentra con una J. él escribe una I en su lugar, por lo que JUNTA sale como IUNTA. Sólo usa una de cada tres líneas de la página.

Desde que dejó Bletchley Park ha estado llevando varias hojas de papel cebolla en el bolsillo de la camisa; cuando se va a dormir, las pone bajo la almohada. Ahora las saca y elige una de ellas, que lleva un número

de serie mecanografiado en la parte alta y por lo demás está llena de letras cuidadosamente escritas como:

ATHWK COGNQ DLTUI CAPRH MULEP

Y demás, hasta la parte de debajo de la página.

Esas hojas fueron mecanografiadas por la señora Tenney, la ya mayor esposa del vicario que trabajó en Bletchley Park. La señora tiene un trabajo peculiar que consiste en lo siguiente: coge dos hojas de papel cebolla, encaja una hoja de papel carbón entre ellas y las mete en la máquina de escribir. Teclea el número de serie en la parte alta. Luego le da a la manivela de un dispositivo empleado en los bmgos. que consiste en una jaula esférica que contiene veinticinco bolas de madera, cada una de ellas con una letra impresa (no se usa la letra J). Después de dar vueltas a la jaula el número de veces especificado en el manual de procedimiento, cierra los ojos, mete la mano por una abertura en la jaula y saca al azar una de las bolas. Lee la letra y la teclea, luego vuelve a meter la bola, cierra la abertura y repite el proceso. De vez en cuando, unos hombres de aspecto serio entran en la habitación, intercambian algunas galanterías con ella y se llevan las páginas que ha producido. Esas hojas acaban en manos de hombres como Waterhouse, y hombres en circunstancias infinitamente más desesperadas y peligrosas, por todo el ancho mundo. Se les llama cuadernos de uso único.

Copia las letras del cuaderno de uso único en las líneas libres bajo el mensaje:

TABLE ROSDE DOSPO RCUAT ROENN

ATHWK COGNQ DLTUI CAPRH M U L E P

Cuando termina, dos de cada tres líneas están ocupadas.

Al final, regresa a lo alto de la página por última vez y comienza a repasar las letras de dos en dos. La primera letra del mensaje es T. La

primera letra del cuaderno de uso único, justo debajo en la misma columna, es A.

A es la primera letra del alfabeto y para Waterhouse, que lleva demasiado tiempo dedicándose al cifrado, es sinónimo del número 1. De la misma forma, L es equivalente a 19 si trabajas en un alfabeto sin J. Añade 1 a 19 y obtienes 20, que es la letra U. Por lo que en la primera columna bajo la T y la A, Waterhouse escribe U.

El par vertical L, W plantea un problema. Es 11 y 22 que en aritmética normal da 33, que no tiene equivalente en letras; es demasiado grande. Pero ha pasado mucho tiempo desde que Waterhouse realizó aritmética normal.

Ha conseguido entrenar su mente para trabajar en aritmética modular; específicamente, módulo 25, lo que significa que lo divides todo por 25 y te quedas sólo con el resto. 33 dividido por 25 es 1 con resto 8. Le deshaces del 1 y el 8 se convierte en la letra H, que es lo que Waterhouse escribe en la columna correspondiente. Por tanto, el primer grupo de código tiene este aspecto.

TA B L E

ATHWK

UUKHP

Al añadir la secuencia al azar ATHOP sobre la secuencia con sentido TABLE, Waterhouse ha producido un galimatías indescifrable. Cuando ha terminado de cifrar todo el mensaje con ese procedimiento, coge una hoja nueva y copia sólo el texto cifrado: UUKHP y demás.

El duque tiene un teléfono de hierro forjado que está a disposición de Waterhouse. Waterhouse lo levanta, llama a la operadora, realiza una llamada a la base naval al otro extremo de la isla y habla con un operador de radio. Le lee letra a letra el mensaje cifrado. El operador lo repite y le informa a Waterhouse que lo transmitirá inmediatamente. Muy pronto, el coronel Chattan. en Bletchley Park, recibirá un mensaje que empieza UUKHP y sigue en la misma vena. Chattan posee la otra copia del cuaderno de uso único de la señora Tenney. Primero escribirá el texto

cifrado, usando una línea de cada tres. Debajo del texto cifrado copiará el texto del cuaderno de uso único:

U U KHP

ATHWK

A continuación realizará una resta allí donde Waterhouse realizó una suma. U menos A es 20 menos 1, lo que da 19, es decir, la letra T.

Habiendo descifrado el mensaje completo, se pondrá a trabajar y, al final, tableros de dos por cuatro en número de un centenar aparecerán en el Muelle.

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