Dolores

Jacqueline Susann · Capítulo 31 de 35

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Dolores

30. Le gustan las mujeres delgadas

 

 

En cierto modo, fue un año maravilloso. Dolores consiguió que Bridget invitara a Barry a la finca de Virginia para el Día de Acción de Gracias, explicándole que se sentía muy solo y que sería un bonito gesto.

—Además —concluyo Dolores—, los gemelos le adoran. Están llegando a una edad en la que necesitan ver a un hombre con quien jugar y hablar. Yo le he invitado algunas veces al apartamento a tomar una copa y…

Bridget asintió con una imperceptible sonrisa de aprobación.

—No importa… —dijo—. Ambos sois jóvenes, sanos y bien parecidos. Me encantará invitarle.

 

Las navidades fueron maravillosas. Dolores envió a los niños a Virginia una semana antes, de modo que Barry y ella pudieron gozar de siete días solos. La víspera de Navidad, él le hizo un regalo de Cartier: un pequeño broche de brillantes en forma de círculo. Dolores sabía que sólo le había costado trescientos dólares. Ella se había gastado mil cuatrocientos dólares en un reloj digital de oro de Tiffany. Al verlo, Barry se alegró como un chiquillo y le dijo:

—Ojalá hubiera podido gastarme más dinero, pero estoy sin blanca. Las pocas veces que no tengo más remedio que asistir a una cena me veo obligado a enviar ramos de flores… Y, además, debo conservar el palco de la ópera, que no estaba incluido en el testamento, pero Debbie y las demás amigas de Constance insisten en que lo conserve… Lo que más me fastidia es que debo invitarlas. ¡Bastante aborrezco la ópera para, encima, tener que soportar a Debbie y a su hermana Eleanora, quien siendo casi tan rica como Debbie está casada con un tipo de la AC-DC! Ya puedes imaginarte las emocionantes veladas que pasamos.

 

En marzo falleció Timothy Ryan. Dolores no tuvo más remedio que permanecer toda la semana con la familia. Estaban a punto de iniciarse las vacaciones de Pascua, razón por la cual sacó a los niños de la escuela y se los llevó a la finca. Los niños se divirtieron muchísimo. También se encontraban allí los niños de Michael y Joyce con su nuevo hijo. Como es lógico, Michael se sacaba de la manga numerosas excusas para desplazarse a Nueva York y algunas noches no regresaba a la finca. Pero Joyce estaba demasiado ocupada con su nuevo hijo y Dolores había pasado a convertirse en la acompañante de Bridget. Una vez finalizadas las vacaciones de Pascua, Bridget le rogó que se quedara. Las demás hermanas tenían que irse, pues sus hijos asistían a las escuelas parroquiales y debían regresar. Dolores dijo que sus hijos también debían reanudar sus clases y Bridget hubo de resignarse, aunque le hizo prometer que acudiría a verla todos los fines de semana. Abrazó a Dolores con fuerza y le dijo:

—Creo que te quiero más que a mis propios hijos. Te comprendo, Dolores. Mira, cuando mi esposo era joven, yo había tenido cinco embarazos casi seguidos, se enamoró de una escultora preciosa. Su capacidad artística era muy limitada, pero era tan hermosa como una reina de belleza. Él la mantenía con todo lujo, le organizaba exposiciones y obligaba a sus amistades a comprarle obras. Las relaciones duraron diez años, en el curso de los cuales él regresaba a casa los fines de semana, pasaba con nosotros las vacaciones… Pero de la educación de sus hijos tuve que hacerme cargo yo. Después engañó a la escultora con una refugiada, una princesa que no tenía dinero. La dejó muy bien instalada y corren rumores de que el sobrino que súbitamente se quedó a vivir con ella, algunos años más tarde, era en realidad hijo de Timothy. Sé lo que tuviste que pasar con Jimmy, como padre, como hijo. Sé que Michael debe dedicar sus veladas a alguna mujer, pero Joyce es una muchacha muy tranquila, entregada por completo al cuidado de sus hijos, y jamás se le ocurriría pensar que él pudiera tener otra mujer. Al igual que yo, cuenta con el consuelo de la Iglesia… En cambio, me preocupas tú porque, pese a ser católica, no creo que la religión ocupe un lugar demasiado importante en tu vida. Mira, cuando me casé no pude aferrarme más que a la Iglesia. Recuerdo una vez en que, habiendo enfermado una de mis hijas gravemente, de difteria, recé y prometí que iría a misa todos los días si ella se restablecía. Los médicos ya la habían desahuciado, pero ella empezó a mejorar al día siguiente. La Iglesia me ha dado fuerza… ¡Acude a ella, Dolores! Tus hijos crecerán y te dejarán… Tu cuerpo está lleno de pasión insatisfecha, como lo estaba el mío, pero descubrirás que amando a Jesús, Nuestro Señor, se pueden hallar tanto la paz como una fuerza interior capaces de llenar todo tu ser. No será fácil, lo sé, pero recuerda que siempre estaré a tu lado para ayudarte.

Dolores regresó a Nueva York y los niños reanudaron sus clases. Llamó al despacho de Barry y le dijeron que se había ido a pasar las vacaciones de Pascua a las Bermudas. Se tranquilizó. ¿Cómo podía saber Barry cuándo volvería ella? La había llamado al enterarse del fallecimiento de Timothy Ryan, había asistido al entierro y ella le había explicado que tendría que permanecer en la granja durante las vacaciones de Pascua.

Acudió a ver a un sacerdote de una iglesia paulista que siempre se había mostrado amable con ella y parecía más comprensivo que la mayoría. Le dijo que «creía», pero no era cierto. El ministro de Dios intentó aconsejarle. Después, Dolores se confesó, rezó las estaciones del Vía Crucis, pero no experimentó la menor fuerza interior. No… Bridget la había encontrado, aunque lo más probable era que Bridget la hubiera poseído siempre. Si Jimmy no hubiera sido presidente, ella le habría dejado después de su primera aventura. Sin embargo, Timothy Ryan no había sido presidente y Bridget lo había soportado todo, había educado a sus hijos y había hallado su fuerza en la Iglesia.

 

La vida volvió a seguir su curso acostumbrado. Dolores supervisaba los estudios de francés de Mary Lou, la ayudaba con los verbos, miraba la televisión en compañía de los niños y, a las nueve en punto, los mandaba a la cama. Se sentía inquieta. Una noche, a las nueve, oyó el leve toque del timbre anunciando que le habían dejado sus periódicos habituales: el News y el Times. Se dirigió a la puerta, recogió los dos ejemplares y se los llevó al dormitorio. Se metió en la cama… y súbitamente pareció como si le diera un vuelco el corazón. La fotografía de Barry aparecía en la primera plana del News. ¡Se había casado con Debbie Morrow en el transcurso de una sencilla ceremonia en las Bermudas!

Permaneció despierta hasta las tres de la madrugada. En Londres eran las ocho y llamó a su hermana, consiguiendo establecer comunicación inmediatamente.

—¿Dolo? —preguntó Nita molesta por el hecho de que la hubieran despertado—. ¿Qué ocurre? Lamento no haber podido asistir al entierro, pero mandamos flores…

—Quería preguntarte una cosa.

—¿Y no podías haber esperado a una hora más decente?

—Esto no puede esperar. Averigua si el barón Erick de Savonne todavía desea casarse conmigo.

Ahora Nita se había despertado por completo.

—¿Lo dices en serio?

—Totalmente.

—Bueno, pues… Le localizaré y luego te llamaré.

La llamó al cabo de una hora.

—Dice que sí. Será mejor que pierdas diez kilos. Le gustan las mujeres muy delgadas.

—¿Cuándo tendré noticias suyas?

—Envíale un telegrama cuando hayas perdido diez kilos —replicó Nita, colgando el teléfono.