Eterna tentación
Capítulo 29
29
—¡ ráela, Jake! —grita Brandy—. ¡Muy bien! T
Jake corre por la playa persiguiendo la pelota de tenis más asquerosa que he visto en mi vida y vuelve dando saltitos con ella babeada en la boca. Me la deja a los pies y se sacude, la mar de contento.
—Te toca —dice Brandy con una carcajada.
Hago una mueca y cojo la pelota llena de babas y arena para lanzarla con todas mis fuerzas. Por desgracia, hay un motivo de peso por el que no practico deportes de equipo y la pelota se va hacia donde no quiero. Jake sale tras ella de todas formas, derecho a la orilla, donde chapotea en las olas que rompen cerca.
—Se va a empapar —le digo a Brandy con una mueca.
—No pasa nada —responde ella mientras seguimos paseando—. Ya se secará.
Es sábado, pero no hay mucha gente en la playa. Es lo mejor del otoño: muchísimos menos turistas.
Me pasé todo el día de ayer encerrada, trabajando. Primero revisé el artículo sobre la fundación después de los comentarios de Roger y luego repasé las notas sobre Peter y lo poco que sé sobre cómo se vio involucrado en el tráfico de drogas. Se ha convertido en una historia distinta, una que no estoy preparada para compartir con Roger ni con el resto del mundo. Lo que creía que sería la historia de la caída en desgracia de un hombre que había llegado con toda la inocencia del mundo a Laguna Cortez y que quedó atrapado en una red de narcotraficantes se ha convertido en la historia de un hombre con estrechos lazos con un capo criminal internacional. Un hombre que, pese a la amistad que tenía con él, acabó ganándose la ira de El Lobo. La historia es una tragedia que culminó con la desgracia de una familia y la pérdida de su primer amor en el caso del hijo de El Lobo y el mío.
Una historia personal, desde luego. No pienso dejar de escribirla. Pero ¿publicarla? En fin, todavía me lo estoy pensando.
—… que mató a Peter.
Levanto la cabeza al darme cuenta de que no he prestado atención a Brandy.
—¿Cómo dices?
Menea la cabeza, pero me mira con sorna, no enfadada.
—He dicho que Christopher me ha estado preguntando por tu investigación sobre Peter.
Me detengo mientras ella se agacha para acariciar a Jake en el cuello.
—No se lo has contado, ¿verdad?
Ladea la cabeza para mirarme.
—¿Lo de tu tío? Creía que lo habías hecho tú.
Asiento con la cabeza. He estado investigando sobre mi tío mientras Christopher estaba cerca y alguna vez hemos hablado del tema. Incluso quería compartir mis notas al pensar que eso podría ayudarlo a crear sus personajes.
—No, eso sí lo sabe. Me refería a lo de Devlin. Alex.
Pone los ojos como platos.
—Claro que no.
—Lo siento, lo siento. —Y es verdad. Confío en ella. Plenamente —. Es que… No sé. No estoy segura de si vais en serio…, de momento.
—En fin, me gusta, pero no estamos tan unidos. Eso sí, aunque me estuviera acostando con él, no me metería en la cama, me abriría de piernas y le soltaría todos mis secretos.
Hago una mueca, tanto por el seco tono de su voz como por la cruda imagen mental.
—Lo sé. De verdad. Es que estoy paranoica. Son muchas cosas que soportar.
—Lo estás logrando.
—Sí, pero qui… —El corazón me da un vuelco mientras me trago las palabras y luego añado—: Ahora es más personal.
Me mira, y estoy segura de que va a acusarme de no contárselo todo. En cambio, dice:
—¿Realmente confías en él?
No tengo que pensar para saber que se refiere a Devlin, no a Christopher.
—Huyó de un infierno, Brandy.
—Como muchas malas personas. Te pregunto por lo que te dice el instinto.
Le doy un apretón en una mano.
—Ya sabes la respuesta.
Asiente con la cabeza.
—Cierto. Y, si sirve de algo, pienso lo mismo. —Se encoge de hombros—. Solo espero que ambas tengamos razón.
Una hora más tarde Jake empieza a cansarse y volvemos a casa andando, momento en el que veo a Devlin, que se acerca a nosotras.
—Dos mujeres guapas —nos dice al tiempo que sonríe y se agacha para acariciar a Jake—. Y un perro precioso. Soy un tío con suerte.
—¿Adónde vas?
—He estado trabajando toda la mañana, así que he decidido salir a dar un paseo y tomarme un café. —Ladea la cabeza y me mira—. ¿Te puedo invitar a un café con leche en Brewski? Es una invitación abierta —añade mirando a Brandy, que se echa a reír.
—Lo único que haría es estorbar. Además, es la hora de la siesta de Jake. Pero te veo luego.
—La cena la preparo yo —le digo cuando se aleja.
—Que Dios nos ayude —me grita por encima del hombro.
Miro a Devlin con una sonrisa torcida.
—Tiene razón. No sé ni freír un huevo. Creo que prepararé pizza. Tengo entendido que la receta solo consiste en usar un teléfono y una tarjeta de crédito.
Echamos a andar hacia la barra de Brewski, y él pide por los dos antes de apartarse un poco mientras esperamos el pedido para llevar.
—¿Qué haces esta noche?
—Encargar pizza y trabajar, a menos que mejores la oferta.
—Mmm. —Me mira con los ojos entrecerrados —. ¿Y mañana? ¿Tienes planes?
Cruzo los brazos por delante del pecho y lo miro.
—Creo que ahora sí.
—Buena respuesta.
—En fin, ¿qué vamos a hacer?
Me coloca un dedo en los labios.
—Es una sorpresa. Vaqueros. Camiseta de manga corta. Gafas de sol. Una muda. Pide la pizza de Brandy por adelantado.
—Esto se pone interesante, y se me están ocurriendo muchas posibilidades. Tacho el sur de Francia porque no necesito pasaporte.
—Ay, cariño, mujer de poca fe. Tengo mis métodos para saltarme la obligatoriedad de los pasaportes.
Me echo a reír.
—No me cabe duda.
—Paso a recogerte a eso de las dos, ¿te parece?
—Claro. —Cojo las bebidas antes de darle la suya—. ¿Eso quiere decir que ahora me vas a dejar?
—No he terminado mi paseo —responde ofreciéndome un brazo—. ¿Me acompañas?
—Por supuesto.
Llegamos hasta el punto donde la avenida del Pacífico traza una curva cerrada para subir por el cañón hablando de todo un poco. De Jake. De Brandy. De Christopher, que al parecer se ha mudado a la sala de investigación y le ha dicho a Tamra que va a cambiar toda la trama de su libro.
—Deberías escribir libros de suspense —le dejo caer a Devlin—. O debería escribirlos yo. Tú me cuentas todas las historias que te sabes y yo las escribo.
No es una idea descabellada. Si decido escribir y publicar la historia de Peter, seguramente haya suficiente material para un libro.
—Creo que prefiero vivir en tranquilo anonimato.
—De ahí tu inexistencia en las redes sociales.
—No soy muy popular entre los cabecillas de la organización de mi padre.
—Supongo que no. —Recuerdo que me ha dicho que está trabajando para acabar con las redes y los canales de su padre—. Corriste un riesgo tremendo.
—Sí, pero no habría sido capaz de vivir conmigo mismo de no haberlo hecho —replica—. Y tuve ayuda del Gobierno. —Hace una pausa—. Te dije que no estaba en el programa de protección de testigos, y es verdad. Pero hay otros departamentos, además de ese, y me ayudaron a crear una nueva identidad. Pagué el precio con largos interrogatorios, pero salí de allí con una identidad a prueba de bombas.
Meneo la cabeza mientras seguimos andando.
—Ni me imagino lo que tuviste que pasar. Ojalá…
Dejo la frase en el aire. A ninguno de los dos nos interesa oír que me habría gustado estar a su lado, aunque ambos lo sabemos.
Regresamos por el mismo camino, pero por la acera contraria.
—Lo de The Cask & Barrel —le digo—. La primera noche. Me dejaste tirada. ¿Por qué?
—Aún no lo había decidido —contesta.
—Si confiar en mí o no. —Le doy un tirón para que se pare —. Y luego apareciste en las pozas de marea. ¿Qué te hizo decidirte?
Se acaricia el mentón con el pulgar y el índice.
—Me di cuenta de que no había nadie en quien confiara más que en mí.
—Vaaale. —Alargo la palabra sin comprender a qué se refiere.
—Fuiste la primera mujer a la que quise… Joder, eres la única mujer a la que he amado. Confiaba en ti plenamente entonces. Si no confío en ti ahora, no puedo decir que confíe en mí.
—Ah. —Sus palabras me provocan un vuelco en el corazón y me llenan de calidez—. Pero a lo mejor he cambiado.
—¿Lo has hecho?
Levanto la vista para mirarlo a los ojos.
—Los dos hemos cambiado —contesto —. Pero aún puedes confiar en mí.