Flores para Sue

Dina Reed · Capítulo 27 de 33

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Flores para Sue

Cap�tulo 26

Capítulo 26

Y es que no solo estaba feliz por dejar el estudio, sino por descubrir con los ramos de flores que una vez más quien había estado siempre ahí era Bradley.

Y desde el principio…

Cada lunes, desde que le conocía había estado enviándole flores con frases bonitas que no solo le habían alegrado el día sino la semana.

De hecho, durante esos días se había aferrado a esas flores y a esas frases para soportar todo el estrés del trabajo, toda la angustia de las deudas y todas las fatigas que traía la cotidianeidad.

Esas flores y esas notas habían sido su apoyo y su fuerza, un bonito refugio y un acicate tremendo que le habían ayudado a construirse las alas con las que ese día empezaba a volar.

Y todo se lo debía a Bradley, a quién si no…

Muy emocionada, se cogió el bus de vuelta a casa y lo primero que hizo al llegar fue llamar a la puerta de Bradley que ese día libraba.

De hecho, se había empeñado en llevarla al trabajo, pero ella se había negado porque había preferido despedirse sola de esa etapa, a la que por fin había dicho adiós.

Durante el viaje en bus había estado recordando sus primeros días, sus sueños y sus esperanzas, todas truncadas por su jefe del que encima había cometido el error de enamorarse.

Pero quién mandaba en el corazón…

Por desgracia, a ella le había sucedido el infortunio de enamorarse de alguien totalmente inconveniente. Pero por fin con la marcha del estudio había logrado librarse por completo de él.

Atrás quedaba para siempre William Dunkers y ya solo quería olvidar…

Ahora tocaba mirar para adelante, sintiéndose más fuerte que nunca, creyendo en ella, y sabiendo perfectamente qué es lo que quería.

Y desde luego que tampoco iba a torturarse por los errores que había cometido, porque todos habían sido por amor.

Ella pensó que por amor estaba haciendo lo correcto y se equivocó.

Luego, estaba tan acuciada por las deudas que creyó que dándolo todo, que transigiendo y estando siempre dispuesta, siempre iba a estar bien considerada en su puesto de trabajo.

Y no…

Con su estancia en Dunkers había aprendido que el mundo de la empresa es una selva y que o te haces respetar o nunca nadie acaba tomándote en serio.

Y aunque esa había sido una lección durísima que había aprendido con sangre, no iba a olvidarla jamás.

Y así, más que segura que nunca de su capacidad y de su valía, y con más ganas que nunca de luchar por sus sueños, se plantó frente a Bradley que abrió la puerta feliz:

—Por fin estás en casa… —dijo Bradley con una sonrisa enorme.

Sue que iba con la caja en brazos por la que sobresalían las flores, le respondió con otra sonrisa más grande todavía:

—Y vengo con tus flores…

Bradley al darse cuenta de que le habían pillado, le arrebató la caja y replicó divertido:

—Son bonitas…

Sue sacó el ramo de la caja, lo estrechó contra su pecho y preguntó:

—¿Cómo sabías que era mi flor favorita?

—Porque vi que tenías un recorte de un ramo pegado con un imán en el frigorífico.

—¡Dios, el frigorífico! —recordó Sue, aspirando el maravilloso aroma de las flores.

—Supuse que si las tenías era porque te gustaban… Tampoco hay que ser muy listo.

Sue le miró pensando que no podía haber tenido más suerte al encontrarse un hombre como Bradley.

Toda la mala suerte que había tenido con William quedaba compensada con ese amor de hombre que le había enviado el destino.

—Nadie me había regalado flores nunca —reconoció Sue.

—Ya iba siendo hora, ¿no te parece?

Sue asintió con la cabeza y luego le confesó:

—Esas notas eran tan inspiradoras, me han ayudado tanto estas semanas…

—Sí, pero pensabas que eran de William…

—¿Por qué no me dijiste que eras tú quien las mandabas?

Bradley se encogió de hombros y se sinceró:

—Quería que lo descubrieras tú. Y mira que te ha costado…

Sue se echó a reír, porque la verdad era que en su obsesión por su jefe, había perdido hasta la claridad de pensamiento y el buen juicio.

—Pues sí, porque tú siempre estabas ahí… No sé ni cómo pude pensar que mi jefe iba a tomarse la molestia de mandarme flores con notas preciosas.

—Estabas enamorada…

Sue dejó las flores sobre la mesa, se acercó a él, le abrazó feliz de haber vuelto a casa y repuso:

—Estaba obsesionada. Enamorada estoy ahora…

—¿De quién, si puede saberse? —preguntó Bradley alzando una ceja.

—De mi vecino. Un bombero sexy que me trae de cabeza… —respondió ella con una sonrisa pícara.

—Ah, sí. Algo he escuchado en la escalera, por lo visto él está pilladísimo por ella. Vamos, que hasta creo que ha pedido hora en la parroquia del padre Bert para la boda…

Sue puso los ojos como platos y luego se echó a reír:

—¡Qué exagerado!

Bradley entonces se puso muy serio y le dijo convencido:

—Ya sé que puede parecerte un poco pronto, pero sé que estoy frente a la mujer de mi vida.

Sue suspiró porque que ese hombre tan atractivo, bueno, inteligente y de todo, porque para ella Bradley era el mejor hombre del mundo, le estuviera pidiendo matrimonio era como un sueño:

—Yo es que te miro y no me puedo creer que esto sea cierto.

—El que no se lo puede creer soy yo…

Sue le besó en los labios y entonces habló risueña:

—Vaya dos.

—Pues sí, por eso creo que lo mejor es que nos lo vayamos creyendo.

¿No te parece? Y si de paso pedimos hora para casarnos en unos tres meses… mejor todavía.

Sue se quedó atónita, tres meses le parecía a la vuelta de la esquina, además estaba segura de que no podía estar hablando en serio:

—Venga, deja de bromear.

—Te lo digo en serio. Estoy tan seguro de lo que siento que para qué esperar más… Pero bueno, respeto que tú prefieras un noviazgo largo, no mucho por favor…

Sue sonrió solo de pensar cómo había cambiado su vida en tan poco tiempo:

—Espera a que me asiente con lo de mi propio estudio y luego ya vamos viendo lo de la boda.

—Se me va a hacer de largo, pero bueno… Estoy loco por despertar a tu lado todos y cada uno de los días de mi vida. Ya no me valen los fines de semana o días sueltos. Lo quiero todo…

—Puedes venir a mi casa o yo a la tuya…

—Sí, pero tú eres una chica católica, tradicional y chapada a la antigua, con una madre que es exactamente igual.

—Pero mi madre también sabe que los tiempos han cambiado y que no pasa nada por convivir antes del matrimonio. Es además hasta conveniente para conocerse mejor y tal…

Bradley la miró convencido de que ya sabía todo lo que tenía que saber y que estaba enamoradísimo de ella y dijo:

—Pues quédate esta noche conmigo y no durmamos en camas separadas nunca más. Es un tormento que no puedo con él… Me duele demasiado no tenerte.

Sue le besó en los labios y susurró con los labios pegados a los de él:

—Para mí es el mismo tormento…

Bradley entonces le quitó la boina francesa y después todo lo demás…

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