Flores para Sue
Cap�tulo 4
Capítulo 4
A Bradley le sentó fatal escuchar la confesión de Sue porque para él si había alguien en el planeta que no se merecía el amor incondicional de un ser tan puro y noble como Sue era el muy cretino de Dunkers.
No obstante, disimuló muy bien su cabreo monumental y se despidió de Sue que no dejó de agradecerle hasta el último momento que hubiera apagado el fuego.
Bradley pensó que el de cocina sí, pero había otro que esa chica había encendido dentro de él y que tenía toda la pinta de que iba a ser imposible de apagar.
Y es que de regreso a casa, no pudo dejar de pensar en ella.
Y no le extrañaba, porque Sue Adams no se parecía a ninguna mujer que hubiera conocido.
Y había conocido unas cuantas…
No era que fuera un golfo, pero tampoco era un santo.
Tenía muchas amigas y había disfrutado mucho del sexo a sus 28 años.
Incluso del sexo en grupo…
Se había encerrado con dos o tres chicas en una habitación y había salido dos días después de gozárselo todo.
Pero aquello no le llenaba para nada, tan solo era piel sin más y él necesitaba cada vez más algo más fuerte.
Implicación emocional, entrega, darse por completo, corazón y alma incluidas.
Amar, por muy jodidamente cursi que sonara.
Él quería amar….
Solo había tenido una relación importante con Diana y acabó como acabó…
No obstante, lo tenía ya superado, tanto que ni le guardaba el más mínimo rencor.
Y por supuesto que ya estaba listo para darse por entero a una mujer…
Pero de momento no aparecía nadie…
Hasta que había llegado Sue…
Joder.
Él no creía en los flechazos, pero dadas las circunstancias todo apuntaba a que acababa de ser víctima de uno y de los grandes.
Porque después del encuentro con su vecina, es que no podía dejar de pensar en ella.
Es más, de hecho no podía dejar de pasar a la cocina con cuidado a ver si conseguía verla a través de la ventana.
Ni que tuviera 15 años, pensó.
Pero era lo que le provocaba esa chica que de verdad que no se parecía a nadie.
Era dulce y fuerte a la vez, tenía las agallas de luchar por sus sueños, de ir con la verdad por delante, de defender y proteger a los suyos, de amar sin esperar nada a cambio, de entregarse sin medida, y además era tan sexy que no entendía cómo el imbécil de Dunkers no le había puesto ya un anillo de pedida en el dedo.
Si esa chica era sencillamente perfecta…
Vale, que no era una modelo de piernas largas y tetas gigantes como las que le solían gustar a Dunkers.
Sue era mucho más que todo eso…
Tenía una bonita figura, una mirada que te penetraba hasta lo más profundo, una sonrisa que iluminaba Nueva York entera y una forma de hablar, de moverse, y de sentir que era auténtica.
No se parecía a nadie, no se esforzaba en aparentar lo que no era, ella era de verdad. Sin trampa ni cartón. Una mujer transparente, generosa y entregada que nada tenía que ver con las actrices y modelos que el cretino de Dunkers tanto frecuentaba.
Sue lo tenía todo, talento, corazón, cabeza, encanto, magia…
Era adorable y él desde luego que podría pillarse totalmente por una mujer así.
Si es que no lo estaba ya…
Porque no solo no podía dejar de pensar en ella, sino que para su horror cuando llegó la noche y después de quedar con los amigos, se metió en la cama y tuvo que tocarse.
Sí, lo que no había hecho en la vida por nadie, de repente le sucedió con Sue Adams.
Pensó una vez más en ella y acabó masturbándose duro y fuerte, hasta que orgasmó gritando el nombre de esa mujer que se le había metido demasiado dentro.
Y encima estaba enamorada del cabrón de Dunkers…
Pero no pensaba rendirse, no sabía cómo pero iba a intentar al menos ser amigo de ella.
Y luego…
Quién sabía…
Él tenía amigos que habían acabado casándose con sus grandes amigas.
Tal vez le podía pasar a él eso con Sue.
La amistad hay muchas veces que es la antesala del amor.
¿Por qué no podía pasarle a él?
Además, Sue parecía que había estado con él muy cómoda, la conversación había sido muy agradable, así que por qué no.
Además, esa chica que estaba atravesando un momento tan malo que si algo necesitaba era un amigo. Y él estaba dispuesto a serlo.
Un amigo de verdad. Y no alguien como el cabrón de Dunkers que solo estaba aprovechándose y jugando con los sentimientos de la pobre Sue.
Eso lo tenía clarísimo. A él sí que no podía engañarle y desde luego que no iba a permitir que ese impresentable se riera de Sue.
Y es que, si de algo estaba seguro era de que iba a hacer todo lo que estuviera en su mano para evitarlo.
Porque esa chica le caía demasiado bien y sentía que de alguna manera tenía que protegerla…
Joder. ¿Qué le estaba pasando? ¿No le estaba dando demasiado fuerte?
No tenía ni idea.
Solo sabía que no podía dejar de pensar en ella…
Y en hacerla feliz…
Sí, por sorprendente que pareciera estaba sintiendo en su pecho la necesidad de hacerla sonreír, de arrancarle un suspiro, de decirle de alguna manera que era una chica excepcional que solo merecía cosas buenas.
Y es que con todo lo que estaba pasando, a pesar de las deudas y los problemas, seguía sonriendo, permanecía fuerte, esperanzada y luchadora.
Caray. Era digno de admiración todo lo que estaba haciendo…
Y luego en el trabajo seguía con los sacrificios y las renuncias, dándolo todo para el estudio de ese cretino que no merecía tener un ángel así a su lado.
Pero tiempo al tiempo…
De momento, había que esperar y no precipitar nada.
Y con esa idea se quedó dormido, para después soñar con Sue, un sueño muy tórrido y tan hot, que se despertó en mitad de la noche y tuvo que masturbarse otra vez con rabia.
¿Cómo podía haberle impactado tanto esa chica?
De verdad, que ni que fuera un adolescente…
Es más, es que de adolescente jamás le pasó eso con ninguna de sus vecinas o con sus amigas…
Esto era algo completamente novedoso para él…
Tal vez porque Sue, era más que especial…
Tanto que llegó el domingo y esa noche volvió a soñar con ella, volvió a hacerla gozar como nunca en sus fantasías, disfrutaron de un sexo del bueno y sin prejuicios, yendo más allá de todo, derribando hasta el último de los límites y despertó otra vez de madrugada: sudoroso, excitado y tan duro que solo tuvo que tocarse unas cuantas veces para derramarse entero.
Luego se levantó a beber a agua fresca a la cocina y no pudo evitar mirar a la ventana de su vecina.
Estaba todo apagado y seguro que Sue dormía plácida ajena a las guarrerías que le había hecho en su sueño tórrido.
Y es que ardía por dentro, Sue había logrado hacerle despertar la sangre entera, si bien no era solo sexo…
Aquello iba más allá de eso, lo quería todo con Sue.
Necesitaba su cuerpo, pero también todo lo demás. Necesitaba su luz, su fuerza, su valor, su entrega, su calor…
Sue era todo lo que llevaba toda la vida buscando y estaba frente a él.
Por muy precipitado que sonase, o incluso absurdo para algunos, Bradley sintió que nunca había tenido nada tan claro, que sabía perfectamente lo que quería y se llamaba:
Sue Adams.
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