Gente nocturna

Barry Gifford · Capítulo 25 de 96

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Gente nocturna

Una buena elección

 

Nada más entrar en el Super Surplus Store de Elvis Steck, en la parte baja de Magazine, Beatífica fue abordaba por un individuo de cara sonrosada y aspecto de treinta y pocos años. El hombre medía aproximadamente un metro ochenta y debía de pesar, según los cálculos de Beatífica, no menos de ciento treinta y cinco kilos. Llevaba unas gafas de aumento con cristales bifocales verdes, unos espesos bigotes y lo que parecía un chándal de goma azul marino ceñido por una cartuchera Sam Browne de nylon elástico. Beatífica no pudo evitar fijarse en la empuñadura marrón del revólver que le pendía oportunamente a la altura de la entrepierna, con su pistolera Hurricane desabrochada.

—Buenas, zeñora —dijo el gigantón—. Elvis Zteck, zeguridad y protección. ¿En qué puedo zervirla?

—Necesito algo que dispare, Mr. Steck; que no funcione con balas pero que pueda parar a un toro.

Elvis Steck sonrió mostrando sus dientes delanteros, uno de los cuales consistía en una funda adornada con la cabeza del águila nacional americana.

—Tengo lo que necesita. Por aquí, por favor.

Beatífica siguió a aquella montaña humana hasta un mostrador auxiliar detrás del cual Elvis Steck consiguió meterse a empujones. El hombre cogió una caja de un estante, la abrió y colocó su contenido a la vista de los dos.

—El último grito: ezcopeta Ztealth Airrow. Con ezto tumbaría al toro aunque fueze debajo del agua. Ziztema de dizparo high-tech; cualquier arco a zu lado parece de juguete. Funciona con aire comprimido, ez decir, CO2. Laz flechaz zalen dizparadaz al doble de velocidad que en una ballezta normal, entre cien y ciento veinte metros por zegundo, pero hay que quitar el regulador. Bola flotante para afinar la puntería hazta trezcientos metros. Gatillos manuales de primera, totalmente ajuztables en tenzión, dezplazamiento y número de dizparos. Zumergible, como le he dicho, muy práctica sobre todo debajo del agua. Todo en aluminio y acero inoxidable con mira globular y acabado en negro anodizado. Mira telezcópica con zoom de uno como cincuenta y cinco por veinte milímetros, dioptrías, cilindro con válvula recargable de ziete onzas, zeis flechas de aluminio de cuarenta centímetros, eztuche impermeable de dieciocho y medio por catorce por cinco y medio. Pezo de todo el paquete, un kilo novecientos gramos. Puntas de cabeza ancha aparte.

—¿Cuánto vale?

—¿Con las puntas extra o zin?

—Sin. Me bastan seis.

—Mil quinientos.

—Me la quedo.

—¿Tarjeta?

—En efectivo.

—La felicito. Ha hecho una buena elección.

Elvis Steck empaquetó la escopeta Stealth Airrow en su caja y Beatífica dejó quince billetes nuevos de cien dólares sobre el mostrador. Al levantar la vista, leyó un letrero que había en la pared:

SI SE MUEVEN,

DISPARA.