Gente nocturna

Barry Gifford · Capítulo 41 de 96

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Gente nocturna

Marble

 

Earl había oído o leído que cuando la Mafia secuestra a alguien y lo asesina, suele dejar el coche de la víctima en el aparcamiento de un aeropuerto. De modo que eso hizo Easy Earl con su Mercury Monarch, abandonarlo en el aeropuerto de Baton Rouge y subir a un autobús que lo llevó a la terminal de autocares Greyhound. Allí compró un billete a Tampa, Florida, ciudad en la que jamás había estado pero que suponía lo bastante grande como para encontrar un trabajo. Como su autobús no salía hasta al cabo de tres cuartos de hora, Earl compró una salchicha y un Delaware Punch en un quiosco y tomó asiento en la sala de espera.

Una chica blanca, delgada, de unos trece o catorce años, vestida con unos tejanos y una sudadera azul pálido, entró con su pequeña bolsa de lona y fue a sentarse en un banco enfrente al de Earl. La muchacha tenía el pelo rubio, casi blanco, llevaba gafas y examinó la sala de espera con detenimiento y sin que su cara inmaculada reflejase emoción alguna. Earl reparó en ella, pero sus pensamientos estaban relacionados con su propia situación. Earl terminó la salchicha, bebió el ponche y fue a los lavabos. Cuando salió, tras haberse lavado las manos y la cara, la gente ya estaba subiendo al autobús. Él escogió un asiento de pasillo, hacia el fondo del vehículo, al lado de la muchacha blanca.

Hacía cinco minutos que habían salido de Baton Rouge por la interestatal 12 cuando la chica le dijo a Earl:

—Me llamo Marble Lesson y soy de Bayou Goula, aunque mi papá vive ahora en New Roads, y voy a ver a mi mamá y a su nuevo marido que viven en Jacksonville, Florida. Yo nací en Miami County, Kansas, donde la familia de mi padre tenía una granja a las afueras de Osawatomie, pero al perderla nosotros vinimos a Louisiana porque Webb, un primo de mi padre, le consiguió a papá un empleo en una refinería. Mamá se fue de la casa de Bayou Goula hace unos meses, pero yo quería terminar mi semestre puesto que ya lo había empezado, por eso me he quedado con papá de momento. Él no podía vivir en una casa tan grande, de modo que se buscó un sitio en New Roads, bueno, de hecho es en Labarre, en el condado de Pointe Coupée, como le digo, y hace un rato me ha dejado en la parada de autobuses.

»Mi aspiración es llegar a ser escritora. No he sacado otra cosa que sobresaliente en inglés desde cuarto. Soy lo que se llama vulgarmente un observador minucioso, lo cual naturalmente significa que me fijo en detalles que la gente no suele ver. Llevar gafas no me importa. Me las pusieron hace cinco años, cuando tenía nueve, para reanimarme el ojo izquierdo, que lo tengo cansado. Pero yo creo que ése es el que ve las cosas más importantes, mientras que el derecho lo uso básicamente para que me lleve de aquí para allá. El ojo es un fotorreceptor, lo que equivale a tener una cámara si uno puede captar lo que ve y almacenar su imagen en el córtex, que es la capa externa de los hemisferios anteriores del cerebro. Yo tengo un córtex rebosante de cosas captadas, tales como el vómito negro, uno de los síntomas más graves de la fiebre amarilla, como tuve ocasión de ver en una película sobre el tema que pasaron cuando cursaba octavo y que nunca olvidaré. Estoy segura de que me será útil para escribir algún cuento o alguna novela. ¿Y usted adónde va?

—A Tampa —dijo Earl.

—Tendrá que hacer transbordo, porque éste va directo hasta Jacksonville. ¿No se lo han dicho en la terminal? A veces la gente no está muy dispuesta a ofrecer información.

Earl asintió:

—Ya. Me bajo en Lake City.

—¿Le he dicho que me llamo Marble Lesson? Sí, claro que sí. Mi papá se llama Wesson, pero la gente le llama Wes. El nombre de pila de mi mamá es Bird. Su primer apellido de casada era Arden. Después, como ya sabe, fue Lesson. Y ahora es Doig, pero ella dice que nadie lo pronuncia correctamente al verlo escrito, de modo que en Jacksonville la llaman muchas veces Bird Dog. ¿Cómo se llama usted?

—Earl.

—«Oh mis amigos me llaman Speedo pero yo me llamo Mr. Earl…».

—¿Cómo dice?

—Es una canción que me cantaba mamá de pequeña.

—Ah, ya. Me parece recordarla.

Earl cerró los ojos.

—Se le ve cansado, Mr. Earl.

—Creo que lo estoy, Miss Lesson.

—Llámeme Marble, por favor.

—Verá, Miss Marble, si no le importa, voy a evadirme un poquitín, a ver si descanso.

—Le despertaré si aún está dormido cuando lleguemos a Lake City, aunque lo dudo porque aún faltan horas.

Earl se puso la gorra de pana negra con conejitos sobre los ojos y fue deslizándose hacia un paisaje onírico en el que Rita, con ropa interior de encaje negro, aparecía de pie sobre un foso en llamas hurgando algo con un bastón largo. Earl trataba de ver lo que había en el foso, pero no conseguía levantarse lo suficiente. Rita seguía pinchando con el bastón, y entonces ensartaba un objeto y lo sacaba del pozo, sujetando el bastón con ambas manos. Lo que sacaba era un bebé carbonizado, con las extremidades extendidas pero inerte. El fuerte viento iba arrancando pedacitos del cadáver hasta que no quedaba nada. Entonces Rita arrojaba el bastón al fuego.