Julia desaparece

Catherine Egan · Apéndice

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Julia desaparece

Agradecimientos

 

Al primero que quiero dar las gracias es a mi agente, Steve Malk, que le dio una oportunidad a ese desastroso manuscrito al que yo me atrevía a llamar libro y de quien tanto aprendí durante la relectura. He leído a muchos autores escribir cosas del tipo: «No podría haber escrito este libro sin Fulanito y Menganito», pero, antes de trabajar con Steve, nunca entendí realmente a qué se referían. Ahora sí. Gracias. A mi maravillosa editora, Nancy Siscoe, y a todo el equipo de Knopf que ha trabajado en Julia —podría escribir sonetos enteros ensalzando la labor de los correctores de estilo— y a Amy Black y el equipo de Doubleday Books: tengo muchísima suerte de trabajar con vosotros y me siento infinitamente agradecida. Gracias a Dan Gilman, Samantha Cohoe, Kip Wilson Rechea, Dana Alison Levy y Katie Mei McCarthy, quienes leyeron y criticaron varios fragmentos del libro en diferentes etapas de la escritura. Mi mayor gratitud también a Jim y Janet Hunter, cuya generosidad me obsequió con dos mañanas extras a la semana para escribir y me salvaron de perder eso que suelo llamar cordura. Mis agradecimientos y mi amor eterno a las siguientes personas, que tanto me han leído y ayudado a moldear mi estilo de escritura: mis padres, que no solo me apoyan, sino que, básicamente, son mi sostén; mis hermanos, sin los cuales el amor de Julia por Dek sería una sombra de lo que realmente es; mi abuela Kato Havas, quien tanto me enseñó sobre las alegrías y las penas de dedicarse a la creatividad; Jonathan Service, por ser quien más y menos en serio me ha tomado en los momentos de mi vida en que más lo necesitaba; Gillian Bright: gracias por tus acertadas críticas y tus incansables ánimos; Mick Hunter, mi compañero en lo bueno y en lo malo: gracias por las sesiones de lluvia de ideas, por mantener la calma en medio de todas las tormentas, por encargarte de lo difícil como si fuera lo más fácil del mundo, por hacerme reír todos los días y por todo lo demás, por supuesto. Has conseguido dejar sin palabras a esta mujer de letras. Y, por último, todo el amor del mundo, pero ni el más mínimo agradecimiento, a James y Kieran, quienes se han interpuesto ruidosa, desbordante e irreprimiblemente entre la conclusión de este libro y yo. A pesar de todo, lo conseguí. Mua.