La invitada
Capítulo 46
Helen
13 de septiembre de 2015
Olive era la tataranieta de Hattie. Helen apenas podía creérselo.
Llamó a Riley, pero saltó el buzón de voz.
—He encontrado a Gloria Gray. No te vas a creer quién es. ¡Llámame en cuanto oigas este mensaje!
—Helen, tal vez deberíamos esperar —dijo Nate—. O ir a la policía primero.
Helen se rio.
—¿La policía? ¿Con quién, con el Oficial Amistoso a quien le importa una mierda cuando tratan de asfixiar a alguien con gas? ¿Y qué vamos a decirles? ¿Que un fantasma me pidió que buscara a Lori Kissner? Seguro que ya me tienen registrada como una loca en su sistema.
—No lo sé… Creo que…
—Voy a casa de Olive ahora mismo a hablar con ella. Y con Dustin. ¿Vienes o no?
Se subieron a la camioneta; Helen conducía. Empezó a dar marcha atrás antes de que Nate tuviera tiempo de cerrar la puerta.
—Por Dios, Helen, cálmate —dijo Nate, mientras ella pisaba el acelerador, retrocedía y giraba el volante para salir al camino, y los faros iluminaban su decrépito remolque y la cámara con sensor de movimiento en la orilla del patio que colindaba con el bosque.
Helen lo ignoró y avanzó a toda velocidad; apenas levantó el pie del acelerador cuando llegaron a la carretera y giró a la izquierda, con la camioneta derrapando un poco.
—No podremos ayudar a Olive ni a su madre si nos quedamos atrapados en una camioneta destruida —le recordó Nate.
—Lo tengo bajo control, Nate —indicó ella.
Él se quedó callado. Los faros transformaron el camino en un túnel iluminado de árboles y vegetación que parecía venírseles encima; todo parecía vivo, como si quisiera atraparlos.
Aproximadamente un kilómetro después, llegaron a donde estaba el buzón abollado al final de un largo y empinado camino. Tenía escrito «KISSNER» en blanco.
Helen se adentró en el camino; la camioneta rebotaba en los baches o con los surcos.
Podían ver la casa a lo lejos; todas las luces estaban encendidas.
—Parece que están dentro —dijo Nate.
Aparcaron detrás de una camioneta Chevy. Helen apagó el motor y alcanzó la manija de la puerta. Nate se inclinó y puso una mano sobre su brazo.
—Oye —le dijo—, hay que actuar con calma, ¿de acuerdo? Tal vez Gloria, o Lori, de verdad se fugó con alguien. No sabemos toda la historia. Tal vez nadie necesite que lo salven.
—Sí, puede ser —respondió ella al tiempo que abría la puerta y saltaba del vehículo. Pero sabía que algo iba mal.
Olive estaba en peligro. Podía sentirlo a su alrededor. Prácticamente podía escuchar la voz de Hattie gritándole por el tiempo y el espacio: «¡Sálvala!».
Helen corrió hacia la puerta, que estaba abierta.
—Espera —le ordenó Nate, apartándola para entrar primero—. ¡Hola! — gritó—. ¿Olive? ¿Dustin?
Helen estaba detrás de él. Se encontraban en un pasillo que parecía estar en construcción, con suelo de contrachapado y paredes de entramado descubiertas. El salón estaba a su derecha y la cocina a su izquierda. Todas las luces estaban encendidas. Había una mesa para serrar montada en el salón, paneles de yeso recargados en la pared y herramientas por todos lados.
—Por Dios, parece nuestra casa… ¿Qué estarán haciendo? —dijo Nate.
Helen sacudió la cabeza.
—Olive dijo que hacían algunas reformas. Pero no tenía ni idea de que…
Nate cruzó el salón y subió la escalera. Helen se quedó inmóvil en el salón y oyó sus pasos arriba mientras gritaba:
—¡Hola!
Luego, volvió a bajar.
—Aquí no hay nadie —dijo él.
Helen inspeccionó el baño y la cocina. Ambas habitaciones tenían paredes a medio terminar y cables y tuberías expuestas. La puerta de la cocina estaba abierta. Helen salió y echó un vistazo alrededor del patio. Estaba segura de haber oído algo; una voz que gritaba. Nate salió, se puso a su lado y empezó a hablar. Ella le indicó que guardara silencio.
—¿Has oído eso? —preguntó, y sintió que había vuelto a convertirse en la mujer loca, la que oía gritos en el bosque y veía fantasmas.
—No —dijo Nate—. No he oído nada. Pero…
Y, entonces, una voz atravesó la oscuridad. La voz de un hombre enfadado y no muy lejos de allí.
—¡Ollie! —gritó—. ¡Ollie, vuelve aquí!