La rosa de los vientos

Ursula K. Le Guin · Capítulo 12 de 21

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La rosa de los vientos

Cenit

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Intracom

CAPITÁN: Buenos días, buenos días, buenos días a todo el mundo.

¿Cuántos somos ahora a bordo de esta nave espacial? Bien, veamos. Les habla el capitán, claro. La tripulación está formada por… el segundo oficial, que tiene, digamos, algo… distinto. Y

no son precisamente las orejas. He visto segundos oficiales con orejas bastante graciosas, pero no es ése el problema del nuestro.

Bien, luego está el ingeniero jefe, cuyo vocabulario se limita a los síntomas de averías valvulares. Y el suboficial loco, que está encerrado en el salón de recreo de la tripulación consagrado a arrancar el relleno de butacas y sofás y a tirar bolas de billar a las instalaciones de iluminación indirecta. Luego está el oficial de comunicaciones, siempre con los auriculares puestos, atento siempre a la susurrante radio. Supongo que el susurro es el ruido que hacen las estrellas. Es un ruido bastante fuerte aquí fuera. ¿Y

ésos somos todos? Creo que sí. Somos una tripulación pequeña, pero selecta, integrada exclusivamente por oficiales. Así que esto hace un total de… seis, ¿no es así?

SEGUNDO OFICIAL: Cinco.

CAPITÁN: ¿Sólo cinco? ¿Está usted absolutamente seguro, señor Bolas?

SEGUNDO OFICIAL: Afirmativo.

CAPITÁN: Muy bien. Pues cinco entonces. Sé que se le dan a usted bien las matemáticas. Es que… no sé, tengo la impresión de que

hay alguien más a bordo.

SEGUNDO OFICIAL: Tal vez piense usted en sí mismo en su calidad de cocinero, señor.

CAPITÁN: Señor Bolas, no me llame «señor». De acuerdo entonces, aquí estamos, todo el personal de la nave espacial Mary Jane Hewett, Clase F, b-1.951, tipo 36-25-38, tamaño 13, en ruta desde la Tierra (Terra, Solis 3), en viaje de exploración, rumbo al Brazo Sur de Orion, con un cargamento de árboles del pan; llevamos recorrida ya una gran distancia, años y años luz, aunque a veces parece que ni nos movemos.

Discúlpeme, ahora he de ir a preparar el almuerzo.

Es bastante difícil alimentar al suboficial loco, pues ha obstruido el conducto de alimentación con relleno de sofá. Hemos hecho un agujero en la puerta del salón de recreo, como la hendidura de un buzón. Esperaremos a que se duerma, porque cuando está despierto, si nos oye en la puerta, mete las manos por la rendija y hace gestos obscenos con el dedo corazón de la mano izquierda o nos tira bolas de billar. Cuando está dormido o enfadado, aprovechamos para echarle la comida por la abertura. Y

al cabo de un rato, pegando el oído al panel inferior de la puerta, puede oírsele comer. Luego devuelve las sobras por la abertura.

Últimamente casi no devuelve nada. Se lo come todo o da otro destino a las sobras. Alguna que otra vez me he preguntado si no habría alguien con él ahí dentro. Me parece que come demasiado para ser como es un suboficial loco hembra de talla media.

Ingeniero jefe, antes de que me vaya a la cocina, deme, por favor, el informe diario de vuelo.

INGENIERO JEFE: Siií, bieen. El tanque de hidrógeno comprimido A-30 gotea. Escape no controlado, de momento. Sigue obstrucción conducto delantero FC-599, que provoca aumento de presión en zona central de almacenamiento de refrigeración CCS-2. Fisura capilar en cubierta del aislamiento antimateria; se está investigando ahora con la intención de informar sobre viabilidad de ejecución de procedimientos de reparación.

CAPITÁN: ¿Qué procedimiento se recomienda en caso de que la ejecución de la reparación no sea posible?

INGENIERO JEFE: Autodestrucción automática.

CAPITÁN: Santo cielo.

INGENIERO JEFE: Prosigue informe de vuelo: hélice uno muy dañada por meteoritos; no funciona a plena potencia. Hélice dos reducida 81.000 millas para compensar el giro lento resultante del desequilibrio funcional de las hélices. Los efectos se percibirán en un plazo de cinco a trece días (tiempo de la nave). No funcionan las unidades de autodestrucción automática, debido, según parece, a un cortocircuito que provocó la autodestrucción automática de las unidades de autodestrucción automática.

CAPITÁN: ¿Quiere decir que las unidades de autodestrucción automática se han autodestruido?

INGENIERO JEFE: Siií, ésa es la situación, capitán.

CAPITÁN: ¿Quiere decir que no podemos destruir la nave si aumenta la filtración en el aislante antimateria? Pero, si no podemos autodestruirnos y el aislante antimateria explota, nos llevaremos por delante las cincuenta estrellas más próximas con todos sus planetas… volaremos toda esta región del espacio… y si la antimateria diera con una estrella F-2, ¡la destrucción se convertiría en una reacción en cadena que acabaría con toda la galaxia!

INGENIERO JEFE: Bieen, estamos trabajando de firme en la avería, capitán.

CAPITÁN: ¿Estamos? ¿Qué quiere decir con lo de estamos? Está usted solo en la sala de máquinas, ¿no es así?

INGENIERO JEFE: Siií. Pero desearía que hubiera alguien más.

CAPITÁN: Ya sé que en momentos como éste lo desearía, «Tornillos».

Pero tenemos fe absoluta en usted. Es usted un ingeniero jefe extraordinariamente bueno, para ser mujer.

INGENIERO JEFE: Gracias, capitán. Ahora vuelvo a mi pequeña avería.

CAPITÁN: Muy bien. Yo voy a la cocina. ¡Qué raro! Juraría que al mirar ahora mismo por encima del hombro he visto a alguien alejándose por el corredor G. Pero el corredor G lleva a una sección de la nave completamente en desuso, la sala de mantenimiento atlético. ¿Quién diablos puede tener que hacer algo allí? ¿Bolas? Señor Bolas, ¿está usted ahí?

SEGUNDO OFICIAL: Estoy en el Centro de Ordenadores, señor.

CAPITÁN: Señor Bolas, haga el favor de no llamarme «señor». Se me hace raro. ¿«Chispas»? ¿Dónde está, «Chispas»? Informe de inmediato al puente por el intracom. ¿«Chispas»?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Ssss. Estoy a la escucha. Recibido, vale.

CAPITÁN: Muy bien. Y «Tornillos» está abajo en el aislante antimateria, y yo estoy aquí en el puente intentando llegar a la cocina. Eso hace cuatro, cinco, ¿quién hace el número cinco? Ah, sí, el suboficial loco; informe enseguida al puente de su situación.

SUBOFICIAL LOCO: Estoy a punto de caer, me aferró con uñas y dientes a un farallón que se alza sobre un rugiente mar de sal agitado por un fuerte viento que lo bate y forma olas, un mar más denso y blanco que ningún mar de agua. Si me suelto, caeré y me estrellaré contra las rocas y quedaré enterrado bajo toneladas de rugiente sal, me ahogaré en el mar seco. Si no me caigo y consigo aguantar aquí, bien agarrado, bien agarrado, ¿para qué? Estoy tan aburrido que me pondría a gritar. Grito muy fuerte, pero el aullido del viento y el batir del mar de sal apagan mis gritos y nadie puede oírme. Espero que los demás disfruten.

CAPITÁN: ¿Qué?

SUBOFICIAL LOCO: Antes de que la nave se autodestruya espero que dediquen el tiempo a diversiones agradables. Ahora creo que me soltaré.

CAPITÁN: ¡Espere! ¡Escuche, «Chiflado»! ¿Hay alguien con usted en la Sala de Recreo?

SUBOFICIAL LOCO: ¡Allá voy! ¡Yaaaauuuuu! ¡Ahí va! Es azúcar.

CAPITÁN: Bien, eso parece sumar un total de seis. Era imposible que hubiera alguien en el corredor G. Eran imaginaciones mías.

SEGUNDO OFICIAL: Capitán, sólo somos cinco personas a bordo.

CAPITÁN: ¿Por qué está usted tan seguro, señor Bolas?

SEGUNDO OFICIAL: Matemáticas, capitán. Pura y simple adición de números reales. Usted, 1; yo, 1; «Tornillos», 1; «Chispas», 1;

«Chiflado», 1. 1 más 1 más 1 más 1 más 1 igual a 5.

CAPITÁN: Tal vez. Todo puede demostrarse estadísticamente. Pero ¿y si hubiera uno que no hubiera usted contado?

SEGUNDO OFICIAL: ¿Quién?

CAPITÁN: Eso es lo que yo le pregunto a usted, señor Bolas.

SEGUNDO OFICIAL: Capitán, ¿podría indicarle, con todo respeto, que es hora de almorzar, o de cenar, o de lo que sea?

CAPITÁN: ¿Y qué me dice de los números irracionales, eh, señor Bolas?

SEGUNDO OFICIAL: Capitán, ¿puedo aconsejarle, con todos los respetos, que nos deje las matemáticas a mí y a los ordenadores de la nave?

CAPITÁN: Muy bien, de acuerdo. ¿Qué quiere para almorzar?

SEGUNDO OFICIAL: Lo que usted quiera, capitán.

CAPITÁN: Estoy hasta la coronilla de pensar en ello y dedicar tanto tiempo a planificar las comidas. Abriré una lata de sopa de arroz con tomate Campbell y si no les gusta se aguantan. Siempre que estoy a punto de entender algo verdaderamente importante, de llegar al fondo de algo, siempre que me siento capitán de una gran nave, he de dejarlo todo para decidir si haré macarrones con queso o pilaf. ¿Es que no puede cocinar otro una temporada?

SEGUNDO OFICIAL: Sólo usted sabe hacerlo.

CAPITÁN: Cualquiera puede calentar una lata de sopa como yo.

SEGUNDO OFICIAL: ¿Recuerda cuando lo intentó el suboficial?

CAPITÁN: Bueno, casi cualquiera. Hasta un robot podría hacerlo.

¿Por qué no tendremos robots de cocina? ¿Por qué no nos proyectaron como es debido? El verdadero problema es que esta tripulación es perezosa, incoherente y desordenada. Y el quid de

la cuestión, la verdadera fuente de desintegración, el verdadero obstáculo, es una persona, un solo miembro de la tripulación, y creo que todos saben muy bien a quién me refiero.

SEGUNDO OFICIAL: Afirmativo.

INGENIERO JEFE: Oh, siií.

SUBOFICIAL LOCO: Yo no. Pero el pobre Tom está helado.

CAPITÁN: ¿«Chispas»? ¿Está usted escuchando? «Chispas», conteste, por favor.

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Ssssss. Estoy escuchando la radio.

Recibido. Corto y…

CAPITÁN: ¡No! ¡Quítese ahora mismo esos malditos auriculares y atienda un momento, «Chispas»!

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Capitán, me gustaría quitarme los auriculares. A veces, me gustaría hasta desconectar la radio. Pero no puedo hacerlo. A veces no se oye nada, ¿sabe? Hay veces que no puedo oír nada en varios días, en semanas, en meses, ni siquiera el rumor de las estrellas. Pero hay que estar aquí a la escucha por si vuelven a enviar señales, por si llega un mensaje.

Es lo que pasa ahora. Hace cinco días (tiempo de la nave) que no recibo un mensaje. Pero ¿y si está a punto de llegar uno? ¿Y si llegara un mensaje y yo estuviera en la cocina calentando sopa?

¿Y si llegara ahora precisamente uno y no lo recibiera porque estoy hablando por el intracom? No es que tenga nada contra el resto de la tripulación ni que quiera ser un obstáculo para nadie; pero es que la situación de un oficial de comunicación es así.

Recibido y…

CAPITÁN: No. Permanezca en el intracom y escuche este mensaje.

Las demás naves también tienen oficial de comunicación, ¿sabe?, y ninguno actúa como usted. No se pasan la vida con la cabezota entre los auriculares y con la boca abierta, sino que comunican.

Hablan con otras naves de la flota. Reciben noticias e instrucciones, e intercambian todo tipo de información y charlan amigablemente para animar un poco este eterno aburrimiento del espacio. ¿Por qué usted no lo hace nunca, a ver? ¿Es que no hay

manera alguna de hacerle entender que a los demás nos gustaría hablar con el resto de la flota alguna vez?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Pero es que yo no escucho la longitud de onda de la flota.

CAPITÁN: ¿Por qué?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Porque lo que quiero es captar el mensaje.

CAPITÁN: ¿Qué mensaje?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: El mensaje que no hemos recibido hasta el momento.

CAPITÁN: ¿Para qué?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Pues porque quizá nos indique a dónde nos dirigimos, a dónde vamos… nosotros y todas las demás naves de la flota.

CAPITÁN: Pero ¿qué diablos importa a dónde vamos mientras vayamos? Escuche, «Chispas», no me gusta nada tener que reprenderle. Nos gustaría tener fe absoluta en usted. Es usted un oficial de comunicación excelente, para ser mujer, pero mire…

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Disculpe, capitán. Me llegan sonidos estelares. Recibido y cambio.

CAPITÁN: ¡Maldita sea! Señor Bolas, ¿puede ir usted al puente? Yo estaré en la cocina calentando la comida.

SEGUNDO OFICIAL: Un momento, capitán. Noto algo extraño en el aire. Algo pasa en el sistema de circulación atmosférico de la nave.

CAPITÁN: Debe ser el escape de hidrógeno de «Tornillos».

SEGUNDO OFICIAL: No huele a hidrógeno. Es un olor extraño. ¿O

es una vibración? ¿O es un ruido?

CAPITÁN: ¿Se encuentra bien, señor Bolas? No parece usted el mismo.

SEGUNDO OFICIAL: Afirmativo. Capitán, desearía informar probable presencia alienígena a bordo.

CAPITÁN: ¿Un alienígena?

SEGUNDO OFICIAL: Afirmativo. Alerta. Alerta. Alerta roja. Todos a sus puestos de combate. Se sospecha presencia alienígena en la nave. Ingeniero jefe, informe de la situación en la sala de máquinas.

INGENIERO JEFE: Bieen, pues, todo en orden en la sala de máquinas, señor.

CAPITÁN: ¿Qué tal el aislante antimateria?

INGENIERO JEFE: Capitán, reparamos el diminuto escape con un esparadrapo y quedó como nuevo.

CAPITÁN: ¿Y la capacidad autodestructiva de la nave?

INGENIERO JEFE: Bieen, pues, en ello estamos. Aparte de eso, le diré que las cosas nunca han ido mejor en la sala de máquinas.

SEGUNDO OFICIAL: ¡Alerta roja! ¡Alerta roja! Ingeniero jefe, proceda a la inmediata reparación de las unidades de autodestrucción automática en la zona de propulsión central; en cuanto termine la reparación, coloque las unidades de autodestrucción automática en «inminente».

CAPITÁN: ¿Qué es lo que está vociferando, señor Bolas?

SEGUNDO OFICIAL: ¡Hay un alienígena en la nave, capitán!

CAPITÁN: ¿Cómo lo sabe?

SEGUNDO OFICIAL: ¡Un alienígena asqueroso!

CAPITÁN: ¿Lo ha visto, señor Bolas? ¿Acaso está en la sala de mantenimiento atlético?

SEGUNDO OFICIAL: No, no lo he visto. No quiero verlo. Pero lo siento. Y está aquí, capitán. En la nave… algo que no pertenece a la nave. No es de los nuestros. Viene del espacio exterior. Para apoderarse de nosotros. Está esperando, acechando, en algún sitio de las mismísimas entrañas de la nave; está esperando y crece…

CAPITÁN: Muy gracioso. Haga el favor de controlarse, señor Bolas.

SUBOFICIAL LOCO: Ya le dije que el pobre Tom estaba helado.

Ahora está abarrenado.

SEGUNDO OFICIAL: Está ahí, en la sala de recreo con usted, ¿no es cierto, «Chiflado»? Hace días que lo sabe. Ha estado ocultándonoslo. ¡Traidor! ¡Voy a entrar! Voy a entrar ahora

mismo ahí, «Chiflado», y voy a matar a esa cosa, a esa Cosa amorfa y abominable que ha estado usted ocultándonos y alimentando con nuestros alimentos…

CAPITÁN: Señor Bolas. ¿Dónde está? ¿Qué está haciendo?

SEGUNDO OFICIAL: Voy a forzar la puerta de la sala de recreo, capitán. No se preocupe. Y) me encargo de esto. Usted limítese a procurar que todo funcione en el puente, a que la nave siga su curso y demás.

CAPITÁN: Yo no estoy en el puente; estoy en la cocina.

SEGUNDO OFICIAL: ¡Por amor de Dios, capitán, vuelva al puente enseguida! La Cosa intentará apoderarse de la nave si logra huir de mí… Muy bien, «Chiflado», ¿dónde está? ¿Dónde se esconde?

Enséñeme la Cosa o le juro ¡Aaaaah, Aaaaahhh! ¡Oh!

INGENIERO JEFE: ¿Capitán? ¿Capitán cocinero? ¿Algún problemilla ahí arriba?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Por favor, cállense un poco. Estoy recibiendo.

CAPITÁN: Señor Bolas, informe de la situación actual en la sala de recreo. Señor Bolas, informe por favor.

SUBOFICIAL LOCO: Habla el suboficial loco. El segundo oficial está temporalmente incapacitado.

SUBOFICIAL LOCO: Bien, forzó la puerta y entró vociferando que iba a hacerle no sé qué al alienígena; le corté el paso, intentó quitarme de en medio con golpe de kárate. Pero ya usted sabe, capitán, lo extraordinariamente fuerte que soy, aunque sea un suboficial loco. Le di en la cabeza con un ejemplar del I Ching y se desplomó.

CAPITÁN: Informe de la situación actual del segundo oficial, por favor.

SUBOFICIAL LOCO: Está tendido en el suelo. Respira.

CAPITÁN: Muy bien. «Chiflado», será mejor que suba usted al puente y se haga cargo del control de vuelo. La última vez que miré me pareció como si Arturo se hubiera desviado un poco. Si no

termino de preparar el almuerzo creo que acabaremos perdiendo todos el control.

SUBOFICIAL LOCO: De acuerdo, capitán.

CAPITÁN: Ah, por cierto, ¿hay un alienígena a bordo?

SUBOFICIAL LOCO: Oh, sí, capitán.

CAPITÁN: Ya lo sabía yo desde el principio. Sabía que el señor Bolas no podía llevar bien la cuenta. Será mejor que lo lleve con usted al puente y que no le pierda de vista.

SUBOFICIAL LOCO: Capitán, no puedo llevármelo. Tengo que dejarle en la sala de recreo.

CAPITÁN: ¿Por qué?

SUBOFICIAL LOCO: Bueno, verá, aquí está muy bien. Podemos alimentarle por la hendidura de la puerta. La verdad es que estoy contentísimo de poder salir. Esto estaba empezando a estar demasiado lleno. Como advirtió el señor, crece. Es increíble, se lo aseguro. Al principio era una motita de nada.

CAPITÁN: ¿Y cómo está el señor Bolas?

SUBOFICIAL LOCO: Ahora se está incorporando, pero parece un poco catatónico. Es la conmoción. Le llevaré a sus aposentos.

SEGUNDO OFICIAL: Oh, Dios mío, no puedo soportarlo es horroroso repugnante como un gusano gigante asqueroso que se alimenta de nosotros que engorda a costa nuestra que nos invade un vampiro un parásito que nos utiliza y crece crece CRECE

¡sáquenme de aquí sáquenme de aquí alerta roja autodestrucción AUTODESTRUCCIÓN!

SUBOFICIAL LOCO: Vamos, vamos, Bolas. Ande, cálmese. Ya estamos en sus acogedores y agradables aposentos, ¿ve? Y puede cerrar la puerta con llave y no dejarle entrar y hacer operaciones matemáticas completamente solo.

SEGUNDO OFICIAL: Dios mío, usted es todavía peor que la Cosa ésa. ¡Fuera de aquí! ¡Fuera! ¡Capitán cocinero! ¡Capitán cocinero!

¡Este oficial está loco!

CAPITÁN: ¿Qué oficial?

SUBOFICIAL LOCO: Yo.

CAPITÁN: Oh, vamos, se lo llamamos simplemente porque no suele utilizar procesos mentales secundarios.

SEGUNDO OFICIAL: ¡Capitán cocinero! ¡Ordene al personal de la sala de máquinas que active las unidades de autodestrucción automática! ¡Misión abortada! ¡Misión abortada!

CAPITÁN: ¿Cómo dice?

SEGUNDO OFICIAL: ¡Aborto! ¡Aborto! ¡Una criatura alienígena nos está utilizando para fines desconocidos! ¡Se está apoderando de la mente de los oficiales! ¡Esta nave es un peligro para el universo!

SUBOFICIAL LOCO: ¡Vaya! Habla casi igual que yo.

CAPITÁN: La verdad es que, considerado fríamente, es muy interesante. Me pregunto si no le afectará al señor Bolas la presencia del alienígena porque, en cierto sentido, también él ha sido siempre una presencia extraña en esta nave. Creo que los psicólogos lo denominan fenómeno de «proyección».

SEGUNDO OFICIAL: ¡No puede hacerse idea de lo horroroso que es, horroroso, horroroso!

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Por favor, capitán, dígale al segundo oficial que se calle. No hay quien aguante tanto griterío.

La radio me está transmitiendo un material interesante.

CAPITÁN: ¿De dónde? No me vendría mal algún consejo.

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: No estoy seguro. Parece muy próximo. La señal es fuerte.

CAPITÁN: ¿Qué dice?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: No es en nuestro idioma.

SUBOFICIAL LOCO: Aquí «Chiflado» informando desde el puente.

Todo en orden.

CAPITÁN: Muy bien, atención todos. Hora de comer. Todas las bocas al conducto de alimentación, ¿listos?

SUBOFICIAL LOCO: Listos.

INGENIERO JEFE: Listo.

SEGUNDO OFICIAL: Listo.

CAPITÁN: ¡Ahí va la sopa!

INGENIERO JEFE: Ahhhh.

SEGUNDO OFICIAL: Mmmmmm.

SUBOFICIAL LOCO: Ummmmm.

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Ummmmm.

CAPITÁN: Ummmmm.

SUBOFICIAL LOCO: ¿Y el alienígena?

INGENIERO JEFE: Yo mismo me encargaré del animalito. Mándeme otra ración de sopa, capitán, la pondré en una lata de aceite y la echaré por la hendidura. Bien, aquí llega. Vamos allá. Aquí estoy.

¿Preparado, animalito? ¡Ahí va!

ALIENÍGENA: Ñam, ñam.

INGENIERO JEFE: Eres un animalito muy bueno. Ahora, a dormir.

Capitán, ¿cómo cree usted que entró la criaturita en la nave?

CAPITÁN: Ya lo he pensado.

SUBOFICIAL LOCO: No «entró» en la nave. Es una criatura autóctona. Es nuestra, completamente nuestra.

CAPITÁN: Eso no pasa, «Chiflado». No en naves tan perfeccionadas como la nuestra. Al menos, no sin dispensa especial.

Personalmente, creo que sólo pudo entrar en la sala de recreo por las tuberías cuando nos reunimos con aquel crucero en Deneb.

Las compuertas se abrieron varias veces, no sé si lo recuerdan, durante el intercambio.

INGENIERO JEFE: Oh, sí, una nave encantadora, aquel crucero.

Esbelto, bruñido y ahusado, bastante potente para sacudir circuitos.

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Sí, maldita sea, aún sigue interfiriendo mi recepción. Nos embutió en la radio una sarta de sandeces sensibleras para una semana. Siguieron llamándonos

«Tarro de Miel» en los comunicados.

SEGUNDO OFICIAL: ¿Insinúa usted, capitán, que nos metieron de polizón al monstruo? ¿Un crucero de nuestra flota?

CAPITÁN: Bueno, no, no deliberadamente. Esas cosas ocurren a veces, si no se toman las debidas precauciones. Por ejemplo, si el suboficial se olvidó de activar los campos de fuerza de las

compuertas y de recordarme que revisara el sistema de descontaminación… cosa que ya ha ocurrido antes…

SUBOFICIAL LOCO: No me gusta activar esos campos de fuerza.

Son monstruosos. Me desquician. Hay tantas vibraciones… Y hay que preocuparse de cronometrar exactamente las fases. A la larga, son perjudiciales para la nave. «Tornillos» me sustituirá en eso.

INGENIERO JEFE: Sí, fuerzan las máquinas. Además, ¿por qué hemos de tomar todas las precauciones?

SUBOFICIAL LOCO: Olvidé conectarlos.

SEGUNDO OFICIAL: Son todos ustedes unos psicópatas…

subhumanos. Permiten que este alienígena nos contamine, nos invada, nos domine. Permitieron deliberadamente que sucediera y, ahora que ha sucedido, crece que te crece…

INGENIERO JEFE: Vamos, vamos, pobrecito segundo oficial. No se enfade por eso.

SEGUNDO OFICIAL: ¡Capitán cocinero! ¡Escúcheme! Siempre me ha escuchado usted a veces, siempre ha sido usted extraordinariamente racional más o menos. Piense en ello, piense en ello… en el peligro, el peligro para la nave. ¿No se da cuenta de que se está apoderando de nosotros? ¡Y tenemos una misión que cumplir! ¿Cuánto tiempo va a permitir que esto siga? Cuanto antes actuemos, más seguro y fácil será…

CAPITÁN: Bien, ¿cuánto tiempo lleva a bordo?

SUBOFICIAL LOCO: Unos cincuenta días (tiempo de la nave). O sea, desde que aquel crucero se fue.

CAPITÁN: Eso serán, a ver, un momento, 280 menos cincuenta…

SEGUNDO OFICIAL: 230.

CAPITÁN: Exacto. Sí. Unos 230 días (tiempo de la nave) de viaje.

Siguiendo la pauta normal. Ésta no es la primera vez que un alienígena entra en una nave de la flota, ya lo sabe usted, señor Bolas. Ni será la última. Salvo accidentes, sabemos muy bien qué esperar. No estaría de más que echara usted una ojeada al Manual de alienígenas a bordo para refrescar su información sobre este tema.

SEGUNDO OFICIAL: Pero capitán, ¿no está usted ni siquiera asustado?

CAPITÁN: Señor Bolas, estoy que me cago, pero ¿qué puedo hacer?

SEGUNDO OFICIAL: ¡Librarse de él! ¡Ahora! ¡Mientras aún podemos hacerlo! ¡Antes de que crezca más! ¡Déjeme meterle en el conducto de eliminación! Abran mi puerta… permítame salir, no tardaré nada… el resto de la flota ni siquiera sabrá…

SUBOFICIAL LOCO: Escuche, Bolitas. Ahora estoy yo en el puente.

Y creo que seguiré aquí los próximos 230 días (tiempo de la nave). El capitán es necesario en la cocina. Su puerta está cerrada y así seguirá, hasta que acepte usted la situación. Ya sé que no le entusiasma que yo esté al mando. Sé que no me considera digno de confianza y sólo me cree útil para puestos de subordinado. Lo cual es bastante cierto en condiciones normales y en la mayoría de las situaciones. Soy indigno de confianza, impredecible y tortuoso. Ni siquiera puedo confiar en mí mismo. Cuando salté a un agitado mar de sal rugiente, resultó ser azúcar en polvo.

Cuando miro las estrellas desde el puesto de observación del puente, no veo las estrellas. Veo dragones, cisnes, ballenas, escorpiones, osos, cazadores, carrozas, cruces, señales, presagios e inscripciones en letras enormes que no soy capaz de descifrar.

Cuando aprieto los botones del panel principal, se convierten en zarpas de perro y los dedos me explotan igual que cohetes.

Cuando camino por el puente para comprobar las lecturas de los ordenadores, me es imposible ver el suelo; veo un abismo, una fosa oscura en la que se retuercen formas pálidas y se empujan entre tinieblas, alzando sus inmensos rostros rudimentarios, ojos-motas, bocas-agujeros, hacia mí, su paisana, que pasa melindrosa por el puente sobre ellos por el delgado alambre, tratando de agarrar mi trapecio volante. Yo no pertenezco al puente de mando de una nave de esta clase, excepto durante el turno de noche, cuando usted y el capitán duermen… y en determinadas situaciones especiales… como ésta. Admitidas todas mis

peculiaridades, la cuestión es que en este momento sólo yo puedo controlar la situación.

SEGUNDO OFICIAL: Capitán, capitán cocinero, escúcheme. No haga caso a ese loco rebelde. Escúcheme, capitán. Sabe muy bien que tengo en usted casi plena confianza. Es usted un capitán excelente, para ser mujer. ¡No permita que el suboficial se haga cargo del puente de mando!

CAPITÁN: Señor Bolas, no puedo impedírselo. Supongo que se debe a la influencia del alienígena. ¿No se da cuenta de que todos hemos cambiado?

SEGUNDO OFICIAL: ¿Cambiado?

CAPITÁN: Sí. «Chiflado» ha adquirido una gran fuerza (como advertiría seguramente usted cuando le golpeó con el I Ching) y gran resolución. «Tornillos» ha dejado de quejarse de las averías mecánicas y es feliz cantando como una alondra Escoceses dónde estabais… «Chispas» ha perdido completamente el contacto…

¿«Chispas»?… ¿«Chispas»? ¿Lo ve? En cuanto a mí, no sé exactamente en qué consiste el cambio, como no sea que el suboficial empieza a parecerme más sensato que antes y usted no; pero lo que sí sé es que desde que el alienígena está a bordo me siento otro.

SEGUNDO OFICIAL: ¿Y yo, capitán? Yo no he cambiado.

CAPITÁN: No, ése es el problema, señor Bolas. Que no ha cambiado.

En realidad, no está usted equipado para afrontar esta situación.

Pero no es culpa suya; y, a la larga, tal vez sea positivo. Mantiene una cierta continuidad a bordo. Después de todo, no queremos estar completamente alienados.

SEGUNDO OFICIAL: Capitán, aunque no tan civilizado como yo, es usted en gran medida un producto de la civilización (a diferencia del resto de la tripulación). Y no entiendo cómo siendo usted una persona civilizada soporta semejante humillación. La humillación de ser utilizado… como un cubo o una caja de Petri. ¡No somos un simple vehículo, un recipiente para engordar alienígenas, un maldito caldo de cultivo! Somos una nave, una Nave de la Flota,

y realizamos bajo nuestro propio mando el Gran Viaje hacia el Final Ignoto.

CAPITÁN: Pero sabe usted muy bien, señor Bolas, que es probable que no lleguemos.

SEGUNDO OFICIAL: Lo sé. Pero antes había una posibilidad. Y

ahora no. No llegaremos allí; no llegaremos a ningún sitio sobrecargados con ese alienígena y todos ustedes negándose a prestar atención a cualquier cosa exterior a la nave. ¡Seguro que el suboficial no puede darnos ni la posición de una estrella! ¿Cuál es nuestra inclinación respecto a Arturo, «Chiflado»?

SUBOFICIAL LOCO: Bien, veamos… déjeme que pulse esta zarpa de perro aquí, y que encaje ahora esta lombriz. Así. ¿Arturo? No estoy seguro, pero veo una reina muerta sentada patas arriba en una silla, por esa amura de babor.

SEGUNDO OFICIAL: ¿Lo ve? ¿Ve usted?

CAPITÁN: Sí. Y no es que me enloquezca pasarme todo el tiempo en la cocina, tampoco. Pero podemos ser pacientes, señor Bolas. En realidad el alienígena no estará mucho tiempo a bordo. Menos de unos ocho meses a partir de ahora. Entonces, sólo tendremos que remolcarlo durante un tiempo, unos años nada más.

SEGUNDO OFICIAL: ¿Remolcarlo? ¿Llevarlo a remolque?

CAPITÁN: Bueno, claro. Ahora ya es responsabilidad nuestra.

INGENIERO JEFE: Y usted no abandonaría al pobre animalito en el frío próximo al cero absoluto del espacio interestelar, ¿verdad, señor Bolas?

SEGUNDO OFICIAL: ¡Sí! ¡Por la compuerta! ¡Ahora mismo! ¡Por la compuerta! ¡Por la compuerta!

SUBOFICIAL LOCO: ¡Cierra el pico, Bolas!

SEGUNDO OFICIAL: Capitán, ahora le hablo con toda frialdad, ¿ve?,

¿no es así? Veamos, ¿quiere usted decir que cuando al fin nos libremos de ese monstruo, cuando sea ya demasiado grande para la nave y se abra paso hacia el exterior rompiendo quizá toda la sala de máquinas (¿ha pensado en eso, «Chiflado»?), destruyendo quizá la nave por completo, quiere decir que si sobrevivimos a

semejante prueba, se propone usted volver atrás, remolcar a esa cosa inútil e insensata y renquear tras la flota a velocidad media cinco años, diez, veinte años (tiempo de la nave), mientras sigue haciéndose más grande y más fuerte y más astuta y más salvaje?

¡Capitán! ¿Acaso no comprende que eso significará nuestra muerte?

CAPITÁN: Sí, señor Bolas, lo comprendo. Pero ¿sabe?, si no fuera el alienígena sería cualquier otra cosa. Un meteorito, una espora epidémica interestelar, el pozo gravitacional irresistible que rodea a una invisible estrella de neutrones, un destructor enemigo extragaláctico, la colisión con otra nave de la flota… De una u otra forma, señor Bolas, nos pasaría lo mismo. Algún día, en algún lugar del continuo espaciotemporal, hay un punto-instante que lleva nuestro nombre. Así que, ¿qué podemos hacer más que seguir?

SEGUNDO OFICIAL: Pero no tenemos por qué arrastrar con nosotros a la cosa ésa…

CAPITÁN: Si no la ayudamos como es debido, ¿quién llevará nuestros árboles del pan al Final Ignoto cuando nos quedemos sin combustible?

INGENIERO JEFE: He pensado, capitán, que quizá aquel crucero pudiera echarnos una mano con el animalito si supieran que lo tenemos.

CAPITÁN: Sería una ayuda para remolcarlo, no cabe duda, pero el problema es conseguir que «Chispas» envíe un mensaje al crucero. ¡Si al menos tuviéramos un oficial de comunicación normal!

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Cállense, por favor. Estoy recibiendo.

SUBOFICIAL LOCO: ¿De la reina muerta patas arriba?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: NO; ella no dice nada. Creo que este mensaje es del alienígena.

SUBOFICIAL LOCO: ¿Ya? ¡Ja! Siempre dije que una nave podría comunicarse con su alienígena, si prestaba atención. ¿Y qué dice?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Todavía no habla nuestro idioma.

SUBOFICIAL LOCO: ¿Entonces, cuál es el mensaje?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Hipidos.

CAPITÁN: ¿Hipidos?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Tiene hipo. Debe haber sido la comida. Atiendan, voy a ponerle al intracom. Escuchen.

ALIENÍGENA: Hip, hip.

INGENIERO JEFE: Capitán, hay un matraqueo en los conductos delanteros y aumenta la zona central de gran presión. ¿Cree que debo usar bicarbonato?

CAPITÁN: No, no, no utilice nunca sosa habiendo un alienígena a bordo. ¿Acaso no ha leído el Manual? Pruebe Maalox.

INGENIERO JEFE: Sí, sí, capitán.

ALIENÍGENA: Hip.

INGENIERO JEFE: Vamos, pobrecito, pobre animalito.

SEGUNDO OFICIAL: ¡Oh, Dios mío!, si estuviera al menos a bordo de un crucero, que es donde está mi sitio y no aquí. ¡Voy a volverme loco! ¡Están todos locos! Me he vuelto loco.

SUBOFICIAL LOCO: Señor Bolas. Escuche. ¿Le ayudaría a sentirse mejor el que hubiera otro varón a bordo?

SEGUNDO OFICIAL: ¿Otro varón? Claro que me ayudaría. ¡Fuerza!

¡Cordura! ¡Lógica! ¡Pulcritud! ¡Devoción! ¡Virilidad! ¡Sí! ¡Sí!

SUBOFICIAL LOCO: ¿Aunque fuera un alienígena?

SEGUNDO OFICIAL: ¿Un alienígena?

SUBOFICIAL LOCO: Bueno, éste, sabe usted, podría ser un alienígena varón.

CAPITÁN: Sí, hay más de un cincuenta por ciento de probabilidades de que lo sea.

SEGUNDO OFICIAL: Dios mío. Podría, sí. Tiene razón. Podría ser.

CAPITÁN: Fue una excelente idea, «Chiflado».

SUBOFICIAL LOCO: Bueno, no es que a mí me entusiasme especialmente, pero pensé que podría tranquilizar al señor Bolas.

SEGUNDO OFICIAL: Un alienígena varón. Un varón. ¡Válgame Dios! Podría ser. Eh, alienígena, ¿estás ahí?

ALIENÍGENA: Hip.

SEGUNDO OFICIAL: ¿Qué eres, alienígena? Dime. ¿Eres un muchachito alienígena? ¿Eh?

CAPITÁN: Por favor, señor Bolas, tampoco hay que pasarse, compréndalo usted. No olvide sus obligaciones y la oscura dignidad de su cargo. Le necesitamos. Será mejor que se ponga ahora mismo a hacer operaciones matemáticas. En cuanto a mí, voy a preparar la cena enseguida. Suboficial, ¿cómo van las cosas en el puente?

SUBOFICIAL LOCO: De maravilla, capitán. Osos feroces y escorpiones se quiebran en espuma luminosa y se alejan fluyendo esplendorosos de nuestra proa. Por abajo, por encima, por todas partes en el abismo silencioso, lleno de terrores inimaginables, desastres impredecibles, inmerecidas bellezas y muerte inesperada. Avanzamos, si esto es avanzar, como un tallo de artemisa volador surcando los abismos de probabilidad.

CAPITÁN: Muy bien. ¿«Tornillos»?

INGENIERO JEFE: Excelente, capitán. Estamos en combadura cinco y el Maalox va de maravilla.

CAPITÁN: Muy bien. Ahora voy a preparar la cena. Creo que irá bien algo ligero pero nutritivo. Quizá crema china de huevos.

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: Por favor, ¿pueden callarse todos un momento? Recibo señales de las fuentes cósmicas.

SUBOFICIAL LOCO: Oh, yo a veces las oigo sin radio ni nada. ¿Qué dicen?

ALIENÍGENA: Hip.

OFICIAL DE COMUNICACIÓN-, Sssss. Bien, llega ahora mismo un mensaje de una nave hermana de la flota. Dice: Tsk tsk.

CAPITÁN: No se preocupe de eso ahora. ¿Qué dicen las fuentes cósmicas?

OFICIAL DE COMUNICACIÓN: No puedo descifrarlo. Hay mucho ruido estelar y no se fija el código. Enhorabuena, podría ser. O

podría ser algo muy distinto. Cállense, por favor. Estoy a la escucha.

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