La verdad

Tanya Kyi · Capítulo 10 de 11

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La verdad

Capítulo nueve

Cerramos las cortinas y Scott mete el casete en la máquina. La señora Chan está enojada todavía, pero se sienta y comienza a mirarlo.

Scott ha hecho un trabajo estupendo. El testimonio comienza con mi entrevista en el hospital. Luego, mientras nuestras voces se siguen escuchando, cambia la escena y aparece Ian en el momento de ser golpeado.

Después, viene la entrevista al oficial de la policía y una toma de las botas de Ross. Finalmente, la llamada telefónica a Ian sobre imágenes de la casa donde ocurrió el crimen. Luego aparecemos Scott y yo, y él me pregunta:

“¿Fuiste testigo presencial del asesinato?” “No,” respondo. Scott mira a la cámara y pregunta a la audiencia, “¿Y tú?” Todo se torna negro.

La señora Chan ha observado en silencio. La miramos en la oscuridad del aula para ver su reacción.

—El director debe ver esto —dice finalmente.

—¡No! —gritamos Scott y yo al mismo tiempo.

—Señora Chan —le dice Scott más calmado—, a no ser que todo el mundo lo vea al mismo tiempo, Jen y yo corremos un grave peligro.

—¿Y si nunca lo ponen en el cable? —agrego yo en total pánico—. ¿Y si el director se lo entrega a la policía y Ross se entera?

Se queda callada por unos minutos y dice:

—Voy a hacer una llamada telefónica —Scott y yo nos miramos incrédulos—. Les prometo que no los voy a poner en peligro. Quédense aquí. No me voy a demorar.

Cuando la señora Chan se va, abro las persianas para dejar entra la luz.

Scott y yo nos desplomamos en las sillas.

Yo digo algo primero.

—Scott.

—Dime.

—Tú y yo sabemos que fue Ross quién atacó a Ted Granville, ¿verdad?

—Sí.

—Y sabemos que hay otras dos personas involucradas.

—Sí.

—¿Crees que la segunda persona fue Nate o… Jerome?

Después que hice la pregunta, no quería saber la respuesta.

Scott no me responde. Mira hacia la puerta y me dice:

—Creo que puedes preguntárselo tú misma.

—Jerome —lo veo entrar.

—Te he buscado por todas partes —me dice mientras se me acerca—. No fui yo el único. Vamos, vámonos de aquí.

—No pienso ir contigo a ninguna parte —le digo.

—Escúchame. Ellos saben que tú estás haciendo algo. Y tienen una buena idea de lo que es.

Scott y yo nos incorporamos en las sillas.

—¿Quiénes? ¿Qué es lo que saben?

—Ross y Nate. Ian los vio a ustedes filmando fuera de su casa y se lo dijo. También les dijo lo de la llamada telefónica —dijo, mirando a Scott.

—¿Cómo fue capaz de decírselo? —pregunta Scott.

—Me imagino que les tiene miedo. Pero tenemos que irnos de aquí. No creo que sea seguro que estemos solos aquí.

—Es muy tarde —le digo—. Ross acaba de llegar.

—Jerome —dice Ross—, quítate de mi camino.

—No seas imbécil —le reclama Jerome.

—Apártate.

Jerome no se mueve.

—Venga, Ross. Vámonos. Alguien nos puede encontrar aquí.

—Eso me gusta —dice Ross, mirándonos a Scott y a mí—. Pero nos vamos de aquí todos juntos y entonces yo decidiré qué hago con estos dos.

—Yo no voy a ninguna parte —repito.

—Así que tres contra uno —dice Ross. Y con tremenda calma, saca un cuchillo del bolsillo del pantalón—. Soy yo el que digo quién se va.

—¡Diablos! —dice Scott.

—Te pueden expulsar de la escuela —digo, y enseguida me doy cuenta de lo estúpida que soy. A Ross le importa un comino que lo expulsen.

De pronto, veo a la señora Chan en la puerta. Me quedo perpleja.

Entonces desaparece. ¿Fue mi imaginación? Miro rápidamente a Ross y a Jerome, pero veo que no se han dado cuenta.

—Párense —dice Ross, señalando a Scott y a mí—. Recojan todas esas cosas y tráiganlas.

Hacemos exactamente los que nos pide. Yo agarro el casete y Scott la cámara de vídeo.

—Un momento, vamos a calmarnos —Jerome trata de ganar tiempo.

—Éste no es el momento de pasarte para el otro bando —le contesta Ross.

De pronto, el cuchillo apunta en dirección a Jerome. Es un cuchillo de caza y lo pasa tan cerca de mi cara que puedo ver el brillo del filo.

Todo parece suceder en cámara lenta y me pasan un millón de cosas por la cabeza. Nunca había visto a alguien con un cuchillo. En los programas de la tele, probablemente. Pero esto no es lo mismo. Definitivamente no es lo mismo. Me alegro de que no sea una pistola. Éstas son exactamente las situaciones que hacen que la gente se orine en los pantalones. ¡Qué vergüenza! Bueno, si vivo para hacer el cuento. ¿A dónde nos va a llevar Ross?

Por un segundo creo que me estoy imaginando todo esto, pero Ross voltea la cabeza para escuchar algo. En la distancia se escucha una sirena.

¿Cuánto tiempo hace que estamos aquí? Seguro que la señorita Chan llamó a la policía.

Empiezo a temblar y se me cae el casete de la mano con un estruendo.

Ross da un salto y empieza a dar golpes en el aire con el cuchillo.

—Lo siento, lo siento —digo temblando mientras busco el casete sin quitarle los ojos de arriba a Ross. Ross me agarra del brazo con la mano libre y me da un tirón. Jerome y Scott se nos acercan.

—¡Aléjense! —les dice Ross con los dientes apretados. Jerome da un paso atrás inmediatamente. Scott titubea, pero Ross se le acerca y entonces se aleja.

—Nos vamos —gruñe Ross—. Ahora. Ustedes dos irán delante y Jen y yo los seguiremos. ¡Ahora!

—¡POLICÍA! —retumba una voz desde la puerta del aula.

Ross se voltea. Mientra mira a la puerta, Scott lo golpea con la cámara de vídeo. No es un golpe fuerte (tiene sólo una mano), pero es lo suficientemente fuerte para hacerlo tambalear y dar tiempo a que Jerome se le eche encima, tumbándolo al suelo.

Scott me empuja en dirección a la puerta y salgo corriendo de la sala.

Afuera hay armas. Policías y armas.

Unas manos enormes me agarran por los hombros y me llevan al pasillo.

—Sáquenlos de ahí.

¿Sáquenlos? Eso quiere decir a Scott también. El oficial Wells está en el pasillo, la señorita Chan con él, en total estado de pánico. Ella debe de haber sido la que llamó a la policía. Es posible que los llamara a ellos primero, en cuanto salió de la sala. Estaría yo loca si no me alegrara de verlos.

Miro hacia la sala a tiempo para ver a Jerome levantarse de arriba de Ross. Se para con las manos en alto, quieto, como en una vieja película de vaqueros. No hay ningún policía frente a él, y los otros se dirigen a la puerta.

Ross parece estar completamente calmado. Se hace un ovillo en el suelo detrás de Jerome. Mira al policía que está frente a él, calculando la distancia, y levanta la mano con la que sostiene el cuchillo. Parece que se lo va a tirar al policía y que al mismo tiempo va a agarrar a Jerome.

Se oyen disparos. Inmediatamente, el oficial Wells nos agarra y nos lleva afuera. Va casi corriendo y yo voy dando tropezones a su lado. Cuando

llegamos al jardín estoy a punto de caerme. Comienzo a vomitar allí mismo, en frente de la escuela. Pienso que es mejor que orinarse en los pantalones.

Entonces me doy cuenta de que Jerome puede estar muerto.

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