Manual de vida
106. Aprende a ver el lado bueno de todas las cosas
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Aprende a ver el lado bueno de todas las cosas
Sencillamente, acuérdate de que si estimas cualquier cosa fuera de tu propio albedrío, has echado a perder el albedrío. Fuera están no sólo el desempeñar cargos, sino también el no desempeñarlos; no sólo la ocupación, sino también el ocio. «¿Y ahora he de desenvolverme en semejante barullo?» Así también: «No quiero ocio; es soledad». «No quiero muchedumbre; es barullo». Pero si las cosas vienen de tal modo que hayas de vivir solo o con unos pocos, llámalo tranquilidad y úsalo para lo que se debe. Y si vas a parar a la muchedumbre, llámalo competición, procesión, fiesta, intenta celebrar la fiesta junto con los hombres.
—¡Pero yo quería vivir en paz!
Entonces laméntate y gime como te mereces. ¿Qué castigo para el ignorante y desobediente a los divinos mandatos mayor que el de entristecerse, el de padecer, el de envidiar; sencillamente, el de ser desventurado y desdichado? ¿No quieres librarte de esto?
—¿Y cómo me libraré?
¿No has oído muchas veces que el deseo has de arrancarlo por completo, el rechazo dirigirlo sólo a lo que depende del albedrío, que has de desprenderte de todo, del cuerpo, de la hacienda, de la fama, de los libros, del alboroto, de los cargos, de la ausencia de cargos? Pues te inclines a donde te inclines, te haces esclavo, te subordinas, te sometes a impedimentos, a coacciones, todo tú en manos de otros. Pero ten a mano lo que decía Cleantes:
Condúceme, Zeus, y tú, Destino.