Manual de vida
98. A cada uno nos conviene una práctica distinta
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A cada uno nos conviene una práctica distinta
«Yo tengo inclinación al placer. Daré un bandazo hacia el lado contrario por encima de lo comedido para ejercitarme». «Tengo rechazo al trabajo. Me machacaré y entrenaré las representaciones en desviar el rechazo de toda esa clase de cosas». ¿Quién es el que se ejercita? El que se aplica a no utilizar el deseo y a utilizar el rechazo sólo en lo concerniente al albedrío y se aplica sobre todo a lo más difícil. Según esto, cada uno ha de aplicarse más a una cosa.
Entonces, ¿qué pinta aquí poner en pie la palma o el llevar de un lado a otro una
tienda de piel y el mortero[16] y la mano del mortero? Hombre, si eres animoso y esforzado, ejercítate en soportar que te injurien, en no afligirte cuando te ultrajen. Así avanzarás tanto que, aunque uno te golpee, te dirás a ti mismo: «Piensa que has abrazado una estatua».
Luego, también en usar con elegancia del vinillo, no para beber mucho (también en eso los hay bien torpes que se ejercitan), sino en primer lugar, para abstenerte, y abstenerte de una muchacha y del pastelillo.
Luego, un día, en una prueba, si llega, te harás entrar a ti mismo en liza en buena ocasión para saber si las representaciones te siguen venciendo igual. Pero al principio huye lejos de las más fuertes: ¡desigual es la batalla entre una muchachita hermosa y un joven que empieza a filosofar! La olla y la piedra —dicen— no se llevan bien.